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Alguien tendrá que pagar dos veces por lo mismo

enero 30, 2010

Esto no es poco habitual en las relaciones (sumisas) entre el Estado y el ciudadano. Pero si queremos salir del inmenso lío montado por la Seguridad (estafa) Social, no nos queda otra que asumir que algunos pagarán más que otros, muchos se irán de rositas y los españoles seremos (ya lo somos) menos ricos que si no hubiera existido tamaño invento socialdemócrata (franquista, vaya).

Jesús Huerta de Soto, en su Teoría de la Crisis y Reforma de la Seguridad Social, ya en 1985, describió la situación que hoy parece sorprender a todos: la Seguridad Social era y es un sistema en quiebra técnica. Su propuesta de reforma merece un análisis más preciso, pero se describe en el estudio comparado de los distintos sistemas de previsión colectiva, más o menos diseñados e impuestos por el Estado, que existían (en los ochenta)  en las socialdemocracias del mundo:

España o Italia, cotización pública sobre el 100% del salario a un único nivel (sistema de reparto, no capitalización de las aportaciones);

Francia, pensión mínima garantizada por los presupuestos generales, y cotizaciones sobre un 60-70% del salario, unido a planes de pensiones privados (colectivos y voluntarios) más fomento del ahorro individual;

Inglaterra o Suiza: pensión mínima garantizada por los presupuestos generales, Seguros de Vida y Planes de pensiones privados (Obligatorio hasta nivel 50-60% del salario, voluntario por encima de esos niveles), más fomento del ahorro individual.

Y por fin, el modelo hayekiano (desconozco si Huerta lo llama así, pero se desprende de la propuesta que hizo Hayek en Camino de Servidumbre, de la que se arrepintió parcialmente con el paso de los años): Asistencia social (en base a necesidades demostradas y con cargo a los presupuestos Generales del Estado), Seguros de Vida y Planes de pensiones privados (colectivos y voluntarios) y respeto del ahorro individual.

Desde el Pacto de Toledo, ratificado en 1995, la Seguridad Social española se sabe en quiebra absoluta. Para evitar la evidencia contable se recurrió al burdo falseamiento de los datos:

Cuando cotizamos a la seguridad social (yo no cotizo, a Dios gracias! –privilegios de ser abogado-) lo hacemos por Jubilación, contingencias comunes, contingencias laborales y seguro de desempleo. La reforma separó entre las prestaciones contributivas y las no contributivas o universales, dejando con cargo a la seguridad social sólo las primeras, quedando el resto sufragadas por el resto de impuestos (no por las cotizaciones). Esto se resume de la siguiente manera: quien no contribuye, chupa de los presupuestos generales del Estado, y quien contribuye, pese a que lo hace por cuatro conceptos, de dicha cotización solo obtiene un tipo de prestación, quedando las otras también con cargo a los presupuestos generales del Estado. Las razones de la estafa son muy simples: la Seguridad Social, como sistema de protección individual, donde se realizan aportaciones para recibir prestaciones, no es universal ni es por todos los conceptos que sirven de excusa para completar su cotización. No es sostenible por no ser capaz de cumplir el cometido que justifica su existencia: el sistema de reparto puro es inviable y requiere de semejante falseamiento para mantener, nominalmente, su vigencia. En realidad vivimos en un Estado asistencial con un impuesto singular, llamado cotización a la seguridad social.

La única forma de resolver el carácter piramidal de nuestro modelo de pensiones y demás prestaciones, es abandonar su carácter de reparto, logrando que los partícipes acumulen ahorro, a lo largo de su vida laboral, y lo capitalicen. El espejismo del superávit de la Seguridad Social es un juego de artificio contable que compensa, en su caso, los gastos del presupuesto general. Un Estado con déficit, como España, no puede seguir mintiendo a sus ciudadanos hablando de un superávit inexistente.

Si nos fijamos en los distintos modelos de los que nos habla Huerta en su trabajo, vemos que España está colocado en el peor de los mundos, mientras que los demás sirven a modo de fases hasta alcanzar la meta más liberal (sin renunciar al Estado y una mínima colectivización de la asistencia social… Hayek fue, ante todo, un pensador realista). Lo que se propone es viable en términos de estatismo, no representa una revolución anarquista ni nada por el estilo. Conseguir que sea cada individuo quien planifique su propio ahorro y decida a qué dar prevalencia, es el mejor de los mundos con ventajas evidentes: independencia individual, más ahorro invertido, patrimonios personales crecientes, un mercado de seguros sanitarios, planes de pensiones, seguros de vida y otras contingencias, más dinámico y eficiente. Ante todo, libertad, saneamiento del presupuesto público y desincentivo de la dependencia. Es una propuesta que no desampara las situaciones marginales de necesidad, pero sin comprometer al 90% (o más) de individuos en un sistema insostenible por hallarse en quiebra técnica.

Desmontar la gran farsa que padecemos no será fácil, una generación pagará dos veces por lo mismo, reduciendo riqueza, por tener que contribuir tanto al actual sistema de reparto, hasta que sus perceptores se extingan, como a su propia previsión, a través de un sistema de capitalización en forma de ahorro privado, planes de pensiones voluntarios y demás. Esa generación es la mía, la que se jubilará en 40 o 50 años. Durante ese medio siglo tendremos que pagar las pensiones y prestaciones de los nacidos antes que nosotros, y a la vez, ahorrar para pagarnos las nuestras.

El Estado debe liberarnos de gran parte de la carga fiscal que padecemos a fin de facilitar nuestra propia previsión individual. Puede hacerse por fases, reduciendo la base de cotización a la seguridad social y obligando que el resto se invierta en determinados productos o bienes capaces de generar rentas en el futuro. La siguiente fase, reduciendo aun más la base obligatoria, abriría la puerta a la libertad de elección del producto o bien donde invertir.

Debe suprimirse por completo el impuesto de sucesiones, patrimonio, sobre rentas del capital, ganancias patrimoniales… todo lo que obstaculice la formación de ahorro y su inversión. Bastante daño nos ha hecho el Estado ya como para que ponga trabas a la única solución viable para salir de esta estafa: la exención fiscal del ahorro individual.

Saludos y Libertad!

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11 comentarios leave one →
  1. Hiel permalink
    enero 30, 2010 7:10 pm

    Aunque no te libres totalmente de la sangría que implica la palabra Estado en nuestros días y en nuestro país, me alegro de que al menos no pases por caja en eso mal llamando Seguridad Social. A los demás lo único que nos queda es intentar, vía “engaño”, que la Agencia Tributaria nos exprima; así, lo que para unos es ser “defraudador”, para otros es motivo de orgullo pero sobre todo, de sensatez: yo no quiero ser solidario obligado, no quiero pagar para que otros vivan como yo quisiera, y mucho menos para sentir vergüenza de tener el mismo pasaporte que tiene el tipo ese llamado José Luis Rodríguez Zapatero.
    Así que… no se corte nadie: defraudar al Gobierno de España es bueno; lo malo es colaborar, por ejemplo, a que la Seguridad Social se convierta con el tiempo en algo mucho más grave que lo que hizo el tal Madoff, sabiendo además que nadie pisará la cárcel cuando estalle el asunto.
    Saludos.
    YO NO LE VOTÉ: ^^

    • enero 30, 2010 8:43 pm

      Hombre, yo no pago Seguridad Social porque tengo mutua profesional, que es alternativa y obligatoria, pero por lo menos capitalizo mi ahorro, y no participo tanto en la redistribución del Estado. Digo “tanto”, porque todos lo hacemos, tarde o temprano, vía impuestos. Lo que insulta a la inteligencia es que nos sigan vendiendo que existe algo llamado “Seguridad Social”, como ente y proyecto solvente, cuando es el Estado quien responde por todas las prestaciones. El superávit (que es una falsedad contable y formal), deberían devolvérselo a quienes contribuyen a fin de que lo invirtieran en algún tipo de fondo… Eso es lo que se tenía en mente cuando la cosa marchaba, y se buscó a quien gestionarlo, como graciosa concesión de Zapatero, invirtiendo en bolsa y demás. Ahora está en deuda del Estado, por supuesto, así que si se hunde el barco, nos hundimos todos con él.
      Retrasar el año de jubilación no es malo en sí mismo, porque en realidad debería ser cada uno quien decidiera cuándo jubilarse, en función del tipo de actividad ejercida y el ahorro capitalizado a su disposición en forma de rentas periódicas capaces de sostenerlo hasta que muera. Devolver al mercado, a la libertad, la previsión individual, la planificación de nuestro porvenir, el aseguramiento contra el infortunio, la formación de un capital capaz de mantenernos en la inactividad. El Actual sistema devora el ahorro y lo dilapida, comprometiendo a toda la sociedad, a corto, medio y largo plazo. Es un fraude incapaz de alcanzar los fines que el mismo sistema se traza, y que a su vez, le sirven de justificación para proceder al latrocinio más irresponsable que el hombre ha conocido jamás.
      Saludos!

  2. Pablo el herrero permalink
    enero 31, 2010 12:28 pm

    Magnífico artículo. Al respecto le escribí a autono mi opinión (http://www.outono.net/elentir/2010/01/29/pensiones-no-es-una-reforma-es-un-atraco/)… coincidente con la tuya.

    Un cordial saludo,

    Pablo el herrero

  3. Arnaldo permalink
    enero 31, 2010 4:50 pm

    Yosoyhayek:

    Veo que dejas en el sistema propuesto un componente estatista: “asistencia social con cargo a los presupuestos generales del estado”. No seamos mezquinos en los sueños, si de expresiones de deseo se trata (ya que es difícil que se abandonen estos sistemas decadentes y corruptores), entonces propongamos la ausencia total del estado en algo que corresponde a los individuos. ¿¿Si algunos no ahorraron para sustentar su tercera edad entonces por qué obligar a otros que sí lo hicieron a mantenerlos??

    Que se de el sueldo íntegro a las personas y que éstas decidan si lo ahorran o no, si contratan previsión de salud, seguros de desempleo, etc. ¿¿No es sencillo esto?? Menos trabajo para los planificadores rentados y devolver a las personas lo que les corresponde.

    Saludos

  4. Laura permalink
    enero 31, 2010 9:12 pm

    Vaya por delante que no estoy a favor del retraso de la edad de jubilación y que soy de las que tendrá que pagar dos veces por lo mismo. Sin embargo la capitalización tampoco creo que sea la solución. Se critica el sistema de la S.Social porque es un “chorreo continuo” de dinero, sin embargo, la privatización del sistema es justamente lo mismo y más arriesgado si cabe. Si me hago un plan de pensiones el banco decide lo que hacer con mi dinero, cobrando comisiones, claro está!. Además se drenaría muchísima masa monetaria a los bancos y, mediante el mecanismo de creación de dinero bancario fomentaría la formación de nuevas burbujas especulativas y presiones inflacionistas. Los bancos se frotarían las manos!!
    Pd: gracias por citar el libro de Huerta “Ahorro y previsión en el seguro de vida”. He ojeado el libro en su página. Cuando acabe los exámenes será el primero que lea.

    • enero 31, 2010 10:33 pm

      No te fijes en el actual sistema de fondos de pensiones privados, conviviendo con la seguridad social. La capitalización siempre contribuirá a que mejore la inversión y crezca la riqueza, la inflación o las expansiones crediticias tienen causas diferentes que no se verían alteradas, para mal, por el simple hecho de que en vez de redistribuir de forma inmediata, se procediera a invertir todo ese esfuerzo ahorrador de los ciudadanos. Lo más probable es que contribuyera a ajustar y coordinar aun más la intertemporalidad de nuestra economía.
      Es un tema complejo, me alegro mucho de que te interese y de que te fijes en la obra de Huerta de Soto.
      Saludos!

  5. Laura permalink
    febrero 1, 2010 12:16 am

    ” por el simple hecho de que en vez de redistribuir de forma inmediata, se procediera a invertir todo ese esfuerzo ahorrador de los ciudadanos”. No pillo la idea!!Precisamente la no redistribución del ahorro por parte del estado es la que generaría mayor poder a los bancos para crear dinero bancario, que es lo que critica la Escuela Austriaca ¿no?.
    La verdad es que me empezó a interesar cuando fui alumna de César Martinez, un crack! aunque cuesta salir de los modelos Keynesianos…
    saludos!!

    • febrero 1, 2010 3:55 pm

      Voy a intentar no dejarme llevar por el cuantitativismo… aunque la cantidad de dinero de dinero permanezca invariable, esto no implica que el valor de las rentas y las mercancías, o del capital existente en un momento determinado, deba permanecer constante por dicha circunstancia. El valor del dinero se adapta a su oferta y demanda, como cualquier otro bien, es un reflejo nominal de la riqueza existente, no la riqueza misma.
      Supongamos que el dinero en vez de redistribuirse en el cortísimo plazo, a través de un sistema de reparto, se invierte en proyectos a más largo plazo, en busca de un interés a fin de capitalizar el ahorro personal. Esto no varía la cantidad de dinero, aunque sí altera su oferta presente y futura, al margen de la conducta de los bancos expandiendo más o menos el crédito. Si por decreto, de la noche a la mañana, el 20% de la economía deja de reasignarse, en el corto plazo, de renta (del pagador) a renta (del beneficiario), y sin embargo se invierte en proyectos de larga duración, transformando parte de los ingresos (del pagador) en ahorro (también del pagador), cambiará, súbitamente, la estructura intertemporal de la economía, alterándose tanto la oferta como la demanda de bienes, incluido el dinero, presentes y futuros. El tipo de interés caería y los proyectos de inversión se harían más capital intensivos…
      ¿Qué sucedería entonces con la creación de “dinero bancario”? Los bancos, mientras conserven el privilegio de disponer sobre los depósitos a corto, descalzando plazos, invirtiéndolos a largo, serán capaces de expandir el crédito. ¿Qué sucede cuando crece, súbitamente, el volumen de ahorro? Nada, los tipos pueden hacerse negativos, pero los propios bancos deberían contraer su expansionismo tratando de corregir el exceso hasta asimilar el incremento en la demanda de bienes futuros.
      Es difícil pensar contemplando situaciones tan anómalas, pero me temo que más ahorro no implica más dinero bancario, sino todo lo contrario. Del brutal choque inicial, caminaríamos hacia un orden mucho más coordinado intertemporalmente, haciendo mucho más moderada la facultad de los bancos para expandir el crédito.
      A ver si me acuerdo de preguntarle a César sobre el tema. Le veo muy a menudo. Ya le diré lo de que es un crack, 😉
      Espero seguir contando con tus comentarios, Laura.
      Un Saludo!

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  1. Pícaros by Adolfo Domínguez « LA LIBERTAD Y LA LEY

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