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La reforma laboral

febrero 6, 2010

Dicen los cuantitativistas, los que analizan la economía en base a agregados, un empirismo grosero y gráficas maquilladas por teorías equivocadas, que el salario mínimo interprofesional únicamente provoca cerca de 70.000 parados en total. Tendrán que revisar sus cifras a la vista de la actual situación, pero ante todo, lo que urge revisar es su concepción del mercado, su manera de estudiarlo, de comprender el tipo de conocimiento e información que permiten coordinar y corregir desajustes, aprovechar oportunidades y favorecer la acumulación de riqueza y prosperidad.

Parece legítimo que un trabajador consiga ciertas garantías ante un eventual despido. En un mercado libre, cada empresa, cada grupo organizado de trabajadores, cada profesional independiente, pactaría sus despidos con total libertad, ajustándose en cada caso a las circunstancias del mercado y la naturaleza del empleo o actividad en concreto. El problema de trazar normas generales en este sentido es que no todos los casos particulares soportan su rigidez.

El despido es un riesgo que empresario y trabajador deben prever y asegurar. El mercado genera mecanismos eficientes para que la garantía frente al despido no se convierta en una carga demasiado onerosa para los que ni despiden ni son despedidos. En el sistema actual todo empleador debe incorporar en su personal planificación económica el coste de despido que realmente puede asumir. Si es rígido y elevado, será su capacidad productiva y de contratación la que se verá afectada a la baja. Si existen subterfugios o evasivas, sin duda acudirá a ellas para conseguir la mayor actividad con el menor coste: ese, y no otro, es el origen de lo que los sindicatos llaman “precariedad” (fórmulas flexibles que el propio sistema genera, por ser demasiado rígido, a fin de corregir sus propios excesos).

La tímida reforma de Zapatero va en ese sentido, como lo fue también la introducción que González hizo de las Ett, u otros mecanismos y parches que enmascaran los defectos del sistema aparente. Al mismo tiempo se subvenciona cierto tipo de contrataciones, haciendo que los empresarios consignen contratos por mera conveniencia fiscal, provocando desajustes terribles en situaciones de crisis como la que vivimos. El resultado, entre normas, contranormas y correctivos e incentivos fiscales, es el fisco actual, generador de un 20% de paro y al mismo tiempo, barrera prácticamente insalvable para una próxima y acuciante recuperación económica, con su consecuente generación de empleo. Es un sistema destructivo y maniaco depresivo. Zapatero ni lo modera ni lo reforma, sencillamente lo empeora.

Los agregacionistas, macroeconomistas neoclásicos y neokeynesianos, se fijan en lo que se ve, o lo que creen ver cuando contemplan la realidad con sus teorías defectuosas. No perciben lo que se deja de hacer, el coste de oportunidad traducido en información y conocimiento que no llega a generarse o ponerse en práctica. Aunque en sus esquemas, tal indemnización por despido (de 45, 20 o 33 días, lo que sea), motiva movimientos de tantos parados a la actividad, en realidad pierden la perspectiva de una realidad económica donde son el conocimiento y la información las claves del dinamismo y la eficiencia. Los datos no están dados, en absoluto, e incluso los que se cree tener perfectamente identificados y clasificados, no son una traducción fiable de lo que contienen.

Un precio mínimo parece proteger a los ofertantes (en el caso de los salarios, a los trabajadores), cuando en realidad lo que hace es impedir que se cierren intercambios por precios inferiores al fijado, dejando a mucho oferente sin liquidar su bien o servicio. La demanda de trabajo se limita a la que soporta dicho coste, que no solo es el nominal del precio mínimo, sino la suma de éste y del resto de costes adicionales incorporados: impuestos, cotizaciones, indemnización por despido, etc. Con los datos presentes y presumiblemente identificados, pueden hacerse las cábalas que se quiera en el sentido de advertir el efecto que tendría mover una o más de una variables en una dirección u otra. El resultado es irreal, no por poco riguroso en la labor de cálculo, sino porque evita incorporar el efecto que efectivamente provoca en el mercado, como gran motor de generación de conocimiento y transmisión de información.

Toda reducción de costes adicionales, o eliminación de precios mínimos, no redunda en el empobrecimiento del trabajador, como tratan de demostrar los sindicatos, sino todo lo contrario, dado que el trabajador no puede ser más pobre de lo que es dentro de un sistema que le obliga a soportarlo todo contra su renta disponible (la que al final le queda después de impuestos, cargas y cotizaciones). Un sistema de despido libre (con indemnizaciones competitivas, y no fijadas por una ley), sin costes fiscales o cotizaciones igualmente predefinidas y ajenas a la singularidad de cada contrato y actividad, será en realidad un auténtico mercado de trabajo, que por definición permitirá la oferta y demanda de una mercancía (el trabajo), ajustando y coordinando las decisiones de todos los agentes en virtud del conocimiento y la información que, de continuo, se cree y transmita descubriendo oportunidades de ganancia, beneficios puros, nuevas actividades y mejores asignaciones de recursos. Todo eso es lo que frena la intervención. El mito de que sin intervención el mercado no sería capaz de sostener el nivel de vida actual, es tan falaz como acientífico. Ya hoy son los trabajadores quienes sufren, al liquidar su salario dejándolo en los huesos de la renta disponible, todas las consecuencias de un sistema viciado e insostenible que es causa única de los niveles de paro y precariedad que tanto lamentan los intervencionistas. Bonita razón para no aplaudir reformas tan groseras e inútiles como la planteada por el Gobierno.

Saludos y Libertad!

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One Comment leave one →
  1. hombredeapie permalink
    febrero 9, 2010 10:15 am

    Una administración con excesivos gastos y una empresa privada con avidez por beneficios rápidos. Falta dinero y hay que recaudar mas. Lo he expesado con humor. http://hombredeapie.wordpress.com/2010/02/01/prolongacion-edad-de-jubilacion/

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