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“Los agoreros han intentado anunciar su muerte, pero el cine español siempre resucita”

febrero 15, 2010

Zapatero no ha tardo en hacerse la foto con la comparsa de chupópteros mayor del reino. Y habla de “agoreros”, como si existiesen quienes tuvieran especial interés en que el “cine español” muera; “agoreros”, los llama el Presidente, con Amenábar, director de Ágora justo detrás y haciéndose el loco. Puede que su película, financiada por Telecinco a golpe de mandato legal (las televisiones son obligadas a invertir parte de sus ingresos en cine made in Spain), sea el mejor ejemplo de que “otro cine español es posible”. O no, porque todos los que por aquel film subieron a recoger premio, eran extranjeros. La nacionalidad de una película, algo esencial para hablar de cine en clave regional, depende de su producción, y no ya de que se ruede en un idioma cualquiera o sea protagonizada por extranjeros. Lo ridículo es que se celebre una gala donde a todos se les llena la boca con “el cine español”, y mientras tanto se produzca semejante desfile por el escenario: aquello parecía la ONU.

Buenafuente no me gusta, no me hace gracia, me resulta pedante y soberbio, su repertorio de chistes, guiños y gracietas me aburre. Aun con todo, fue lo mejor de la noche. Bueno, no, lo mejor fue Pocoyo, que se coló en la gala convirtiendo aquello en una memez sin parangón. Ni serio, ni gracioso, ni emocionante, ni nada, los Goya fueron soporíferos, sectarios y tristes.

No he visto ninguna de las películas que competían por la estatuilla. Ni siquiera Ágora, pero es que Amenábar, desde Los Otros, me parece un farsante, más si cabe cuando se le ve más el plumero que a James Cameron en sus esfuerzos por hacer caja mientras vende su particular rollo ideológico. A Amenábar y a Nicolas Cage, los he borrado de mi vida por mero hartazgo.

Estaban Pe y Bardem, la bella y la bestia, aunque la bella esté cogiendo hechuras de cajetilla de tabaco, vaya, que si la sueltan por el mercadillo de Alcobendas nadie tendría la ocurrencia de pedirle un autógrafo.

El discurso de Alex de la Iglesia fue tremendamente ridículo, pidiendo humildad y al mismo tiempo “colaboración”. Todavía no he entendido por qué diablos tengo yo que “colaborar”, aunque sea indirectamente a través de las administraciones públicas, con una industria que, como bien señaló el presidente de la Academia, se debe a su público. “Su público”, es decir, quien quiera verlos, y punto. Esa es la única “colaboración” justa, que no implica ultraje, expolio o arrogancia de quien se embolsa lo que no le pertenece: la “colaboración” del mercado. Porque el problema del cine “español” no es de creatividad o profesionalidad, sino de mercado. Una industria intervenida, subvencionada y dependiente incapaz de detectar los gustos y valoraciones del público. Ese es el problema. Los héroes del mercado cinematográfico español no son los 80 directores que tienen la suerte de recibir espaldarazo cada año, sino los que hacen caja permitiéndose el “lujo” de evadirse de ese ánimo pedigüeño, corporativista y llorica de la Academia.

Lloran porque la gente prefiere ver sus películas en casa, con peor calidad y una pantalla mucho más pequeña, antes de pagar 8 euros. Si ese es el problema del cine quizá no se esté haciendo aquello que por 8 euros la gente está dispuesta a ver. O bajan el precio o hacen más de lo que sí llena las salas, a fin de compensar y mantener la diversidad. Porque el cine es arte, pero el arte, para ser libre, debe vivir del mercado, o del mecenazgo voluntario, y no de una estructura estatal de subvenciones e incentivos. Lo que le falta al cine español, a su industria, es ajustar en clave de mercado, exponerse sin tapujos ante las preferencias de los consumidores, adaptar sus costes, medir la forma de publicitar sus productos…

Mientras tanto, galas de los Goya, donde la guinda es una parejita de actores que se han ido a hacer las Américas y solo vuelven para lucirse, hacerse los simpáticos o trabajar con directores de prestigio internacional como Almodóvar.  

Zapatero recibe a los del cine, se hace la foto, promete más cariño, más protección contra los malos malísimos internautas, más subvenciones, más discursos entre lo mezquino y lo patriotero.

Saludos y Creatividad!

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One Comment leave one →
  1. febrero 15, 2010 8:20 pm

    Me hace mucha gracia lo absolutamente inútiles que son para ver el problema. Si las películas fueran buenas no iban a necesitar subvenciones ni hacer la pelota al político de turno para seguir manteniendo el chiringuito. En ese caso, la gente iría rauda y veloz a ver sus películas.

    No es que me parezcan sólo caraduras, es que no ven que esta posición es contraproducente: lo que van a conseguir es que cada vez haya más ciudadanos hartos de ellos. No es ésa desde luego la mejor manera de tener un público entusiasta, aunque le pagues 7 euros la hora por aplaudir.

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