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El Madrid Revolucionario

abril 8, 2010

La ciudad de Madrid responde a la perfección al esquema revolucionario que caracteriza la acción de todo Estado totalitario. Sin profundizar en la teoría, aclarar que todo Estado que pretenda mantener en vilo y domeñar a sus ciudadanos, dedicará todos sus esfuerzos en reventar sus instituciones, alterar los rincones consolidados, mover de sitio las cosas y decretar cada cierto tiempo el cambio de valores, principios y reglas comunes. El totalitarismo se nutre de la dependencia de quienes pretende controlar.

Hay varios motivos por los que Madrid ha estado, está y estará siempre en obras. El primero, que es una ciudad abierta y dinámica, mucho más que otras en España, al nivel de algunas de las urbes más punteras del mundo, aunque muy lejos de definir un estilo coherente, propio y maduro que de alguna forma contribuya a equilibrar el cambio con la consolidación de cierta personalidad. El segundo, que Madrid ha sido el centro del poder, el escaparate tanto de su decadencia como de los alardes de modernidad planificada (lo cierto es que Madrid, a pesar de los pesares, y salvo uno o dos iconos del estatismo más descarado,  ha sabido siempre moderar los impulsos más megalómanos, tamizándolos gracias a un genio muy particular). El tercero, y más importante: que tanto su pueblo como sus gobernantes locales (o nacionales en aquellas intervenciones directas sobre la fisonomía de la capital) han demostrado una falta total de apego por los símbolos o hitos de su pasado.

Madrid desprecia lo viejo, lo quiere todo nuevo o remozado. La administración municipal ha cometido y comete tropelías de una envergadura difícil de calificar. Pero no es cosa exclusivamente de lo público. Los agentes privados no han sabido tampoco respetar ciertas señas de identidad, cierto contenido cultural, estilo o forma de expresión popular.psd01en0.jpg

La última demolición ha sido la del pirulí del Parque de Atracciones de la Casa de Campo. No era brillante, pero sí original y característico de una época que todos se empeñan en borrar de nuestras ciudades. Una cafetería volante, símbolo del recinto de entretenimiento desde su fundación en los años 60. Su lugar será invadido por unas sillas voladoras. Supongamos que todo depende de un criterio privado, soberano y libre. ¿No merecía la pena explorar las posibilidades de su conservación? La entrada principal del parque, con la torre al fondo, venía ser su particular castillo encantado, una imagen que todo el mundo era capaz de reconocer y asociar.

Pronto, muy pronto, cuando la crisis le conceda cierto alivio al ayuntamiento, o encuentre éste a algún incauto dispuesto a financiar el proyecto, las seis cúpulas vaídas o baídas, monolíticas de hormigón, que hoy cubren el mercado de la Cebada, caerán demolidas merced de una propuesta arquitectónica de dudosa calidad. No digo que lo que venga sea malo, pero sí que lo hay ahora merece la pena ser conservado. Para otras cosas en seguida se disponen a crear híbridos imposibles, remodelaciones muy acordes con el nihilismo estético de nuestros días. El poder de esas cúpulas está fuera de toda duda. Quizá se merezcan desaparecer por el mero hecho de haber sido, también ellas, verdugo de otro hito arquitectónico singular, como fue el antiguo mercado de hierro, pero eso no impide que se considere su inclusión en el nuevo proyecto de mercado y polideportivo.

Madrid busca símbolos mientras se carga los que tiene. Ni las aceras, ni las farolas, ni los taxis, ni los autobuses, ni el mobiliarios urbano, ni los escaparates… Pero lo peor no es que se desprecie todo lo viejo, sino que en los pocos ejemplos de historicismo estético que han brotado últimamente, el esperpento y la horterada han hecho suyo el amago.

Cualquiera que pasee por Madrid podrá comprobar tres épocas muy definidas: la romántica, que llega hasta entrado el siglo XX (espero que se admita esta terrible simplificación), la moderna, desde los años 10 hasta los 60 o 70, la gris, infiltrada en las dos o tres últimas décadas del anterior periodo, y que dura hasta los años 90, y la última, la era del minimalismo de mercadillo, que aun perdura.

Una ciudad que no levanta la vista del suelo, que no sabe reconocer el cambio genial, diferenciándolo de la mera modernez. Que no distingue entre lo típico, el genio o lo vulgar. Que no sabe reconocer la expresión de cada época, que no respeta lo que considera “producto desechable”…

Eso es Madrid, desde sus administraciones hasta sus habitantes, viejos y nuevos, que hacen de nuestra ciudad una revisión constante de sí misma, entregada a que todo parezca de hoy, a que lo viejo no acumule polvo y solera, que de los 40 peores años de su urbanismo y arquitectura general (entre 1940 y 1980), no quede nada, siendo incapaz de distinguir los contados iconos de genialidad, la calidad de una parte de su estética… Los madrileños no nos merecemos la ciudad que, a pesar de todo y de todos, disfrutamos.

Saludos y Libertad!

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8 comentarios leave one →
  1. ATR permalink
    abril 8, 2010 6:25 pm

    Madrid se encuentra plagada de aberraciones arquitectónicas que pueblan no sólo el extrarradio sino también diversas zonas del corazón de la ciudad. No es un fenómeno muy distinto al que sucede en otras capitales (e incluso no capitales, en la costa) pero le resta solera a un lugar lleno de edificios, calles y espacios encantadores en los que el paseante se recrea siempre que busca explorar los entresijos de un Madrid pintoresco y reconfortante. Te olvidaste del Madrid de los Austrias al destacar las épocas de la arquitectura madrileña: creo que es imprescindible.
    Lástima que no haya habido ningún tipo de regulación y que los proyectos nuevos (que son necesarios, pues si no no hay evolución) no hayan sido siempre acertados.Hay, sin embargo, algunas novedades interesantes en nuestra villa y corte, así que no nos pongamos tan pesimistas.

    Un saludo

    • abril 8, 2010 8:12 pm

      No soy pesimista, pero hay crímenes que merecen su castigo.
      La remodelación del Río es un acierto, y no me desagrada el diseño. El Retiro lo han restaurado muy bien. El Prado y Recoletos no lleva mal camino, aunque el mobiliario urbano me parece mediocre. La reforma del centro, en general, está siendo muy acertada. La Plaza de Oriente, perfecta…
      La Castellana es una joya de la arquitectura contemporánea, excepto la aberración de las Torres Kio y las otras cuatro que le han seguido.
      No me olvidaba del Madrid de los Austrias, ni del de los Borbones, pero lo cierto es que fue en el XIX cuando se levantaron la mayoría de los edificios civiles que lo pueblan. He simplificado, lo admito. Mi intención ha sido definir en tres clases el Madrid de hoy.
      Si te fijas mi crítica ha sido general: contra las administraciones públicas y contra los individuos que construyen, reforman edificios, abren comercios… Ellos también son culpables de haber reventado tanto escaparate de los 40, 50 y 60, que merecía pervivir, por ejemplo. O la cantidad de interiores, portales y terrazas cerradas que hay en edificios magníficos de la segunda mitad del siglo XX…
      Bueno, que Madrid da para mucho. Creo que, a pesar de todo, es una ciudad equilibrada, bonita, acogedora y con un clima que es la envidia de todas las capitales europeas.
      Saludos!

  2. abril 9, 2010 12:11 pm

    Por cierto, me ha encantado el titular de la razón “Adiós al pirulí del Parque de Atracciones pierde su pirulí” (he copiado y pegado de la página enlazada) ¿Y para esto hay que ser periodista? No podía estar peor redactado ni apropósito.

    • abril 9, 2010 3:38 pm

      Eso es que el editor estaba dormido… o el redactor había salido la noche anterior. En La Razón sucede muy a menudo, son gente fiestera 😉

  3. Ana Tello Ruiz permalink
    abril 9, 2010 6:18 pm

    A propósito del post de David (con su puntilla), a propósito, locución adverbial, es separado. A lo mejor también estabas de resaca.

    Un saludo

    • Yosoyhayek permalink
      abril 9, 2010 8:08 pm

      Joer, cómo sois! Es un fallo de teclado, a todos nos pasa… Es más, en mi es bastante habitual 🙂

  4. Viva la Pepsi permalink
    abril 11, 2010 11:34 pm

    Yo adoro Madrid y sé que los madrileños conocen muy bien su ciudad, al post me remito. ¿Algún libro interesante sobre la ciudad de Madrid que queráis recomendar? No he visitado aún el Museo de la Ciudad, lo haré en cuanto pueda, espero que no ensalce lo pijoprogre..

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  1. El Madrid Revolucionario | TengoPolitica.com

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