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El Modelo Austriaco

abril 12, 2010

C.R.Braun ha aclarado (en onda cero, esta misma noche) que el gobierno no se ha vuelto loco, o peor, Austriaco. El modelo de indemnización por despido que pretende importar Zapatero de Austria no busca incorporar a nuestro sistema las aportaciones hayekianas con respecto al mercado laboral y los sindicatos, sino introducirnos en una nueva tropelía contra los trabajadores de este país.

Al parecer la reforma, patrocinada por CCOO, consiste en la genialidad de que los empresarios soporten una aportación forzosa a un fondo universal cuyo destino será abonar las indemnizaciones de despido. De esta forma se pretende que un despido no se convierta en un drama, sino en un hecho asegurado. Lo cierto es que no se asegura (en sentido estricto= la eventualidad de un despido, sino que se financian vía reparto los despidos de hoy, y vía capitalización, parte de los despidos del mañana. El sistema retrae recursos a empresarios que mantienen estabilidad personal en la contratación, para financiar a quien no lo consigue. El incentivo es perverso, dado que se redistribuye el coste del despido que hoy impone nuestra legislación: de ahí que estas aportaciones a un fondo común de despidos deban considerarse un impuesto.

¿Y quién paga todo esto? Uno de los sofismas económicos más extendidos y complicado de remover es el de “la conquista social”. Se entiende como conquista frente al capital y los capitalistas: los beneficios empresariales pagan tanto la seguridad social de los trabajadores como todas las ventajas logradas en la relación laboral (vía Estatuto de los Trabajadores o Negociación colectiva).

La falacia es tal por una sencilla razón: desconoce por completo los fundamentos de la teoría de los salarios, o el coste por trabajador, que lejos de ser resultado arbitrario de cierta legislación laboral o presión sindical, es en realidad la traslación de la productividad marginal descontada del trabajo, esto es, lo que cada uno aporta con su esfuerzo y conocimiento al valor final del bien producido, pero descontado a fecha de cobro, es decir, el trabajador no recibe la parte íntegra del valor que previsiblemente (según el empresario) alcanzará en el mercado, sino una cantidad que será resultado de descontar la tasa de interés de la economía (en función de la preferencia temporal entre el consumo de bienes presentes respecto del consumo de bienes futuros). Hoy renunciamos a nuestro ocio a sabiendas de que hoy no recibiremos el equivalente a nuestra aportación del valor final del bien que ayudamos a producir, dado que aún no se ha completado el proceso de producción, y por ello, hoy, no puede atribuirse a nuestro trabajo el valor sin que medie cierto descuento.

Pues bien, espero no haberos hecho un lío con la definición (si alguien no la entiende trataré de explicarla mejor o decir dónde puede hallar una explicación más rigurosa y clara), pero lo importante es darse cuenta de que el empresario, cuando paga una nómina no está abonando el valor descontado de la productividad marginal, sino el resultado de restarle a esta cantidad una serie de cargas exigidas por el Estado: impuestos, cotizaciones, la futura aportación al fondo de despidos, pero además, el prorrateo de los días que no se trabaja (fines de semana y vacaciones), además de la previsión de bajas y otras contingencias. Cuantos más trabajadores tiene una empresa más claro es el cálculo. Hasta ahora, el despido también era un coste previsto y repercutido, en sentido negativo, contra el coste total que cada trabajador representa para el empresario. Ya lo he dicho más veces, pero conviene repetirlo: el salario neto que recibe un trabajador por cuenta ajena no llega a ser el 50% del valor de su productividad marginal descontada, es decir, el trabajador no recibe su salario íntegro, sino el resultado de descontarle una serie de cargas impuestas arbitrariamente por el Estado.

El modelo austriaco que propone Zapatero no ayudará a flexibilizar el mercado, ni servirá para que cada trabajador sea consciente de cuánto gana y cuánto destina a sufragar el Estado de Bienestar. Esto haría que la mayoría de los trabajadores se dieran cuenta de que todo lo que dejan de ganar nunca les será reintegrado, sufriendo un altísimo coste de oportunidad. Si pudieran disponer de dicha exacción, y la invirtieran con normalidad, todos seríamos más ricos y responsables.

Lo que pretende el gobierno recurriendo a la ocultación que supone toda redistribución con forma de garantía o conquista social, es hacer creer a los trabajadores de que si no fuera por sindicatos y legislación laboral, sus salarios serían mucho más bajos y su vida más insegura y precaria. Engañar para convencer y domeñar. En eso conquisten todas estas medidas que adolecen de falta de claridad y una extrema arrogancia: ¿realmente creen que los efectos serán esos que anuncian? Toda intervención requiere de una nueva que corrija los efectos no queridos de la primera, y así sucesivamente. A este parche le seguirán otros.

Saludos y Libertad!

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6 comentarios leave one →
  1. amartinoro permalink
    abril 12, 2010 11:59 pm

    La primera vez que vi un titular con “el modelo austriaco” me sorprendí. Luego ya vi que provenía del país Austria, jaja.
    “La alternativa austriaca” la llamarán… eso me recuerda a esto: http://www.libertaddigital.com/opinion/angel-martin-oro/la-alternativa-austriaca-frente-a-keynes-51203/ 🙂

  2. abril 14, 2010 1:00 am

    No se si os dais cuenta que la sociedad liberal que defendéis y que alabáis ya ha demostrado ser una sociedad con un nivel de pobreza y analfabetismo propio de la sociedad pre-industrial. Hablo del siglo XIX, donde el Estado era casi inexistente y donde la sociedad liberal creaba enormes bolsas de pobreza deseosa de trabajar de sol a sol antes de morirse de hambre, donde el empresariado ponía unas condiciones semiesclavas porque si un obrero no aceptaba había decenas de miles esperando a la puerta. Abogáis por un modelo de sociedad que ya ha fracasado.

    • abril 14, 2010 1:02 am

      Y gracias a Dios que no nos ha tocado vivir en esa sociedad. Tan irónica era la justicia de esa sociedad que dio final a la esclavitud porque resultaba mas rentable malpagar a un obrero que si enfermaba lo echabas y punto que mantener a un
      esclavo. No, si va a ser verdad que la
      historia se repite siempre dos veces, una en tragedia y otra en comedia.

      • abril 14, 2010 4:27 pm

        Hombre David, no digas tanta falacia sin argumentar o dar datos:
        Primero, no es de buen historiador hacer comparaciones como las que haces, ni simplificar tanto los sistemas económicos de cada época. Más pobres, improductivos, supersticiosos y de vida precaria que en la prehistoria, no ha sido nadie, y era entonces donde la redistribución total de la renta y el comunismo eran la forma de regir los destinos de los pueblos.
        El mito del obrero del XIX, condenado en barrios industriales, trabajando sin descanso, mal viviendo, explotado por sus patronos, etc… curiosamente lo inventaron los mismos terratenientes que sí mantenían esclavizados a sus serviles, que corrían despavoridos en dirección a las ciudades, y nunca regresaban a la escasez y la tortura del campo. Mitificar el martirio del obrero es muy fácil, pero también poco riguroso si tenemos en cuenta más circunstancias que una foto fija y la gratuita comparación con lo que hoy vivimos.
        El post deja algo claro: la riqueza se produce, y al margen de su asignación concreta, espontánea y contingente, tocamos a más o menos cuanto mayor capital invertido exista, cuando más dinámico se el mercado y más perspicaces los individuos al descubrir situaciones de malestar y descoordinación, que son la oportunidades de ganancia que acaban generando beneficios para todos. Esto es ciencia, teoría económica. La socialdemocracia es superchería, atavismo y mitología.
        Decir que en el XIX el Estado era inexistente es mucho decir, como afirmar que de la intervención procede la riqueza, o que el socialismo o el mercantilismo han apaciguado a los pueblos, o que el capitalismo se reduce a la existencia de grandes diferencias de riqueza entre los individuos… Es incierto, impreciso y acientífico, todo ello, junto y por separado.
        Ah, y no somos los liberales los que planteamos “modelos”, al menos no los que sabemos que semejante aventura resulta imposible y poco recomendable en sus resultados. Sabemos lo suficiente del proceso social como para apostar por la libertad en todos los frentes. El atavismo moral no debe reblandecer lo el conocimiento científico del orden social nos dice.
        Saludos!

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  1. El Modelo Austriaco | TengoPolitica.com

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