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Gratis total

abril 26, 2010

Conviene recordarlo de vez en cuando: el Estado no crea riqueza, la redistribuye y, en la mayoría de los casos, la despilfarra. Bien porque expolia a sus ciudadanos, bien porque bloquea la iniciativa privada interviniendo o regulando, el Estado es y será siempre una fuente de distorsión. Esta realidad tiene un perverso efecto en lo que a servicios básicos o indispensables se refiere. Nadie cree en nuestros días que el Estado deba intervenir en el mercado de la alimentación hasta el extremo de ocupar completamente el lugar que hoy dominan cierto tipo de empresas privadas. Hay controles, pero en general los ciudadanos perciben que el mercado más o menos libre funciona en lo que al suministro de alimentos se refiere. El resultado es evidente: híper abundancia, variedad y adaptación a los gustos y necesidades dados y por descubrir.

Sin embargo continúan existiendo al menos tres ámbitos donde la mayoría de los ciudadanos consideran indispensable la intervención del Estado, sea ésta mucha o poca: Sanidad, educación y previsión social. En dichos mercados el Estado ha optado por la máxima regulación e incluso la prestación directa o planificada del servicio. El efecto sobre el sentir general de los ciudadanos es el que sigue: se piensa que todo servicio recibido no representa un coste identificable para quien lo disfruta, es decir, se consideran a esos servicios como gratis total. Cuando alguien va al médico, es intervenido por un facultativo o adquiere cierto medicamento subvencionado, no asume los costes indispensables para que el servicio sea tal y como lo recibe. Sucede lo mismo con la educación o cualquier tipo de pensión, incluso las contributivas. Los ciudadanos desvinculan la carga impositiva sufrida, directa o indirectamente, con el servicio concreto que reciben. Dan por hecho el sistema, y por ello consideran fundamental la cobertura pública al menos en los tres ámbitos comentados.

Pero como decía, el Estado no genera riqueza, por lo que parece imposible que sea capaz de soportar gastos de esa envergadura sin que antes recaude recursos para ser reasignados en aquellas actividades. Obviamente, quien no genera apenas riqueza y por tanto no soporta la losa fiscal, sabe perfectamente lo favorable que es el sistema para su particular situación. El caso marginal define el modelo general, para lo que resulta imprescindible manipular a todos aquellos sí son pagadores netos de los servicios que reciben. Alarmando con su encarecimiento, apelando al atavismo más mezquino, o directamente, haciendo imperceptibles los impuestos que pagamos: retenciones mensuales y cotizaciones, que se descuentan directamente en la nómina que recibimos; pago del iva incorporado al producto o servicio; otros impuestos indirectos… todo ello gracias a la intermediación de las organizaciones productivas y empresariales. Solo el autónomo adquiere cierta consciencia de lo que realmente genera y el coste tributario y “social” que padece. De esta forma, contemplando nuestra nómina, o asimilando los precios en el mercado, el coste de que tiene la intervención del Estado, queda enmascarada, diluida o disimulada.

Como el Estado cubre estos servicios esenciales, de sanidad, educación y previsión, todo lo que ganamos creemos que está destinado al ocio y el disfrute, además de adquirir una vivienda. El Estado, otra vez, manipula el mercado de la vivienda, así como el del crédito, consiguiendo que los ciudadanos opten más por la compra que por el alquiler, y decidan hipotecarse cada vez por más años, confiando que sus rentas futuras serán capaces de cubrir el desorbitado precio de la que termina por convertirse en su única o gran inversión. En realidad, un bien de consumo duradero que difícilmente podrán rentabilizar sin alterar su forma de vida, es decir, que por mucho que su precio suba, siempre necesitarán un techo para vivir, y solo se ganará un rendimiento de su venta, cuando la reinversión de lo obtenido sea en una vivienda distinta, más barata.

Bajo semejante situación, donde se lucha porque todos nuestros ingresos netos puedan ser destinados al ocio, y la vivienda no suponga un desajuste inmediato que rompa nuestros planes de consumo, parece razonable que se ruegue al Estado más y más intervención sobre el sector, más y más promoción pública de vivienda protegida.

La corrupción moral e intelectual provocada por el estatismo o la socialdemocracia genera este tipo de convicciones y creencias populares, capaces de condenar a la mayoría de quienes quedan sometidos a tales intervenciones. El gratis total, irreal y capcioso, es una máxima en la España en que vivimos. Todos queremos nuestra paguita, ninguno quiere perder su turno. Aunque lo más grave es el efecto que puede tener en lo que a la defensa dogmática de la vigencia de ciertos servicios públicos se refiere.

Saludos y libertad!

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9 comentarios leave one →
  1. Liberand permalink
    abril 26, 2010 10:09 pm

    Has dicho algo interesante, el mercado de alimentos no está “tan intervenido” como otros sectores y no hay desabastecimiento de comida, sino todo lo contrario.

    • Pere Cedero permalink
      abril 27, 2010 6:31 am

      Lo mismo sucede con la ropa, por ejemplo… Todo el mundo va vestido por la calle, que yo sepa…

  2. abril 27, 2010 3:28 pm

    os dejo un buena viñeta 😉

    http://desmotivaciones.es/424/Socialismo

  3. abril 27, 2010 3:37 pm

    Coincido contigo en afirmar que el socialismo no es para nada la salida a la crisis que atravesamos. Es más, si la crisis que atravesamos es más dura que en otros lugares es porque estos neoizquierdistas que nos gobiernan no se apean del burro y pretender seguir alimentando ese condenado Leviatán que se llama Estado. Y no es solo crisis económica lo que tenemos ahora, sino también crisis social, moral, de libertad…
    Bueno, saludos…

  4. abril 27, 2010 6:44 pm

    El estado interviene en la sanidad, la educación y la previsión social y está comunmente aceptado como necesario que así sea. Puede que eso tuviera algo de vedad si no fuera por la premisa en la que se basa esta actuación, EL ESTADO ME QUITA LO QUE EL QUIERE PARA DARME LAS PRESTACIONES QUE EL QUIERE. Lo único mío en esta historia es la pasta co la que juegan, y la sensación de estafa.
    GAVION

  5. abril 27, 2010 7:16 pm

    Caray que malo es el Estado.

    • abril 27, 2010 7:17 pm

      Y la socialdemocracia el demonio encarnado. Y el verbo se hizo carne y creo los impuestos progresivos.

      • yosoyhayek permalink*
        abril 28, 2010 7:29 am

        Lo vas pillando, jeje 😉

      • abril 28, 2010 8:20 am

        Sabes que sigo siendo un peligroso socialdemócrata. Pero eso no me impide seguiros y leer vuestras entradas.

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