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Derrumbe en el Coliseo

mayo 11, 2010

Poco después de que el gobierno italiano, con ayuda de las lluvias, dejara que una la Domus Aurea de Nerón se desplomara, ha llegado el turno del próximo Coliseo. Lo que parece evidente es que el Estado italiano es incapaz de gestionar el ingente patrimonio histórico y artístico que otros italianos, hace siglos o milenios, tuvieron a bien en dejar para la posteridad. La causa, dicen los responsables, es falta de presupuesto. Y el presupuesto escasea porque no hay de dónde sacar, o eso dicen, para todo lo que deben conservar o restaurar. Es por ello que Italia lleva décadas mendigando ayuda internacional para soportar lo que consideran patrimonio universal. De acuerdo con este razonamiento, para cualquier estatista que se precie, resultaría obvio que se procediera a tamaña redistribución de riqueza a nivel mundial. Esto no solo es producto de todo lo malo que se deriva de la titularidad pública de ciertos bienes o servicios, sino que además forma parte de la típica actitud mendicante, no sé si propia de los mediterráneos en general, pero sí de los italianos en particular. ¿Quién iría a Roma, por ejemplo, si no fuera por sus ruinas, monumentos y obras artísticas? Muy sencillo: nadie. Es una ciudad húmeda, pestilente e imposible de transitar a gusto. Los autóctonos no son especialmente simpáticos, y cada día que pasa se parece más a un parque temático. Entonces, ¿cuál es el problema, si en realidad toda Italia es un gran expositor al que acuden turistas a dejarse sus divisas? ¿Acaso no basta con los ingresos directos o indirectos (vía impuestos) que el gobierno italiano recibe con cargo a semejante afluencia de visitantes? Solo un país mediocre se puede permitir el lujo de no conservar aquello que les da de comer. Sólo hay que poner un precio. Los gobiernos lo tienen fácil: impuestos y entradas a museos o recintos. ¿Cuál es el defecto? Pues hasta ahora, y no creo que lo pueda negar nadie, la naturaleza de quien es titular o responsable de estos bienes y su mantenimiento.

Privaticemos el Coliseo. He ido dos veces a Roma y las dos he visitado el antiguo anfiteatro romano. Lo que queda es una muestra de cómo los individuos son capaces de dar utilidad a casi cualquier cosa: antaño templo de la diversión, durante la edad media se convirtió en cantera de Roma. Semienterrado resistió hasta el Renacimiento, o siglos tan golosos como el XIX, donde quién no tenía o fingía una ruina, no era nadie ni lo merecía. El caso es que aquí lo tenemos, prácticamente indemne en su estructura fundamental, con retazos de fachada y mucho encanto. ¿Qué precio tiene una visita al Coliseo? Un precio justo, sin duda: aquel que se establezca en el mercado. Mercado de ruinas, pero ejerciendo cierto monopolio natural: Coliseo sólo hay uno. Sea como fuere, en manos privadas, seguro que funcionaba mejor que sometido a alta burocracia de Italia, país que desde el 476 no ha levantado cabeza como tal, sino dividido, en competencia… Quizá un poquito de competencia y propiedad privada, esas mismas razones que hicieron de las ciudades estado italianas la fuente del capitalismo (o eso dicen los anticalvinistas), no vendrían del todo mal para salvar el patrimonio artístico que por azar, desidia, romanticismo u olvido, ha llegado a nuestros días. El Estado italiano en apenas 130 años ha contribuido a derribar más ruinas que el peso de tantos siglos de abandono. Tal vez su política de turismo masivo a la par de dejadez en la conservación, sean los mayores enemigos del legado de tantos buenos italianos en el pasado.

Privaticémoslo todo, devolvamos a los italianos lo que se les ha incautado con la excusa de mantener ruinas y monumentos, y dejemos que sean sus consumidores directos aquellos que sufraguen, a precios de mercado, el mejor estado de conservación de esa eterna fuente de riqueza.

Saludos y Libertad!

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2 comentarios leave one →
  1. Marta permalink
    mayo 12, 2010 12:42 pm

    El problema endémico de Italia es la catadura moral de sus políticos. Los Gürtel españoles, al lado de los desmadres de los italianos, parecen monjas de clausura robando pan para comer. Es una pena que el arte sirva de excusa para enriquecer a unos cuantos. Me pregunto qué pensaría Trajano si supiera que 2.000 años después alguien se iba a plantear cobrar por cruzar su arco.

  2. ATR permalink
    mayo 12, 2010 12:55 pm

    Estimado yosoyhayek,

    se nota que no has ido a Grecia, donde el estado del patrimonio es aún más lamentable que en Italia. Por supuesto, en manos del Estado no parece que se conserve del mejor modo, con lo cual apoyo la privatización del mismo. En Italia la cuestión no es el precio (a veces elevado, por cierto) de la entrada a los monumentos sino el modo en que manejan el mismo. La historia se repite en otros países, aunque hay que reconocer que los hay más responsables con su patrimonio.
    Personalmente opino que Roma es la ciudad más atractiva de Europa y no la considero un parque temático sino una especie de testimonio vivo de la historia de nuestro viejo continente. Yo siempre tiro la moneda en la Fontana de Trevi: y hasta ahora, he vuelto.

    Un saludo

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