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Los funcionarios y la envidia

mayo 20, 2010

Más de la mitad de los españoles aspiran o han aspirado en algún momento a ser funcionario. No todos lo consiguen: entre funcionarios y otros empleados públicos, suman 4 millones de trabajadores por cuenta ajena al cobijo directo del Estado. Muchos se quedan a las puertas, y es ahí donde radica la habilidad de la medida de ajuste del gasto público que ha adoptado el gobierno. La envidia y el resentimiento son dos constantes que rigen los destinos de una sociedad como la nuestra. No es tanto desear lo que otro tiene como saberse o creerse incapaz de conseguirlo. El elemento subjetivo, la frustración, invade las conciencias de millones de trabajadores y autónomos que cada mañana sueñan con un idealizado puesto de funcionario. Lo cierto es que en la administración se trabaja menos de lo debido, que son muchos los que se aprovechan de todas las licencias alcanzadas por el cuerpo funcionarial, pero no es menos cierto que, entre el resto de trabajadores por cuenta ajena, al menos en nuestro país, reina la misma baja productividad y cultura del escaqueo. Se ha invertido, y mucho, en el tópico del funcionario vago, cuando en cualquier gran empresa de servicios nos encontramos con trabajadores igualmente aprovechados de todos los subterfugios que le brinda la falta de exposición al riesgo y la irresponsabilidad de su puesto. En realidad se trata de eso: ser responsable de decisiones y resultados. Todas las organizaciones que contratan a personas por cuenta ajena para copar funciones y departamentos, sufren idénticos que quebrantos que la administración: la diferencia es de intensidad, básicamente inspirada en la seguridad que brinda el haber aprobado una plaza de empleo público. Y es eso lo que se envidia: la sensación de impunidad. A ella, dentro del discurso del resentido e envidioso, se incorporan tópicos sobre las prácticas habituales del funcionariado, cuando lo cierto es que salvo por el horario, cualquier trabajador privado tiende a escaquearse lo mismo que uno público. Se trata de un problema de valores y carácter emprendedor, de estructura institucional y forma de entender el trabajo. Su desutilidad es evidente, trabajo es aquello que hacemos asumiéndolo como un coste necesario para lograr otros fines que valoramos por encima del tiempo, el esfuerzo o el coste de oportunidad (no tener tanto) que implicaría no trabajar. Si a esto unimos la sensación de que el Estado está para evitar que pensemos, que preveamos, que tomemos decisiones plenamente responsables, que asumamos riesgos, que valoremos todas las circunstancias… los individuos acaban formando una sociedad dependiente, securitaria y adormecida. Pero no solo en la esfera de lo público y su administración, sino también en la privada. Una población que en más de la mitad aspira a ser algún día funcionario, es una sociedad perdida.

Dicho esto, analicemos la medida adoptada por el gobierno: ¿quién va a salir en defensa de los funcionarios sino ellos mismos? La envidia impide que sintamos lástima por la desgracia de quien es objeto de nuestros malos sentimientos. La envidia convierte a los funcionarios, más en tiempos de crisis, con tanto paro y problemas para llegar a final de mes, en un colectivo odiado al que se le desean todos los males. Pero no se hace por justicia, juzgando que su privilegio es inmerecido y que por tanto deben pagar más que nadie. No en España, aquí se hace por envidia. Y la envidia no es buena consejera, menos aun cuando se trata de evaluar las consecuencias de una u otra decisión. El PP no puede oponerse, aunque sí puede jugar su baza a nivel regional, vendiendo que gracias a él bajarán menos los salarios de los funcionarios. Pero deberá tener en cuenta que si bien esta respuesta le generaría la simpatía de unos cuantos trabajadores públicos, es más que probable que se convirtiera en una mala idea en términos generales de opinión pública. Zapatero ha sabido elegir el recorte más complejo de criticar. Porque lo cierto es que es más que criticable: para recortar gastos, más vale reconsiderar la administración en su conjunto, como ya se ha dicho en otros post, que recurrir a la fácil y antijurídica bajada de salarios. Serán los 6.000 millones más fáciles de vender a la opinión pública, ya que el día que se manifiesten los funcionarios, la mayoría creerá que su actitud es insolidaria, que bastante tienen con que no pueden ser despedidos, o que se lo tienen más que merecido. Estos borbotones de rencor y envidia son comunes en izquierda y derecha, lo que convierte este recorte en un arma perfecta, y además, en un factor de manipulación y propaganda impagable. Mientras que se habla de estas minucias, el Gobierno seguirá errando en sus decisiones. Mientras que la gente se calienta al ver como los funcionarios, aguerridos y orgullosos, defienden lo que creen suyo, Zapatero saldrá airoso de más de una polémica. Y puesto que ningún partido se postulará en su defensa, los funcionarios no podrán elegir entre cambiar su voto o no hacerlo, porque al final, de presuntos privilegiados, pasarán a convertirse en objeto de disputa y cortina de humo. La envidia mueve montañas.

Saludos y Libertad!

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13 comentarios leave one →
  1. mayo 20, 2010 3:40 pm

    Hola.
    Un compañero mio, profesor de lengua castellana, dice que este mal que comentas del escaqueo viene todo de la picaresca. Que lo que nos diferencia de gran parte de Europa es que ante el trabajo uno no piensa como afrontarlo y sacarlo adelante, sino cómo escaquearse. Cuando el jefe te deja un marrón todas las neuronas del puto universo se alinean para pensar ¿cómo me deshago del muerto? Ese es el gran pecado.
    Bueno, otro compañero ante la bajada de suelo dice que trabajará un 10% menos y asi siempre sale ganando.

    • mayo 20, 2010 3:41 pm

      Supongo que la teoría de mi compañero de lengua es de formación profesional…

  2. kulak permalink
    mayo 20, 2010 4:17 pm

    Es cierto tengo envidia porque mis amigos funcionarios cobran mas que yo que soy obrero por cuenta ajena y trabajan menos.
    Tambien me alegro por una cuestión de pura lógica, cuanto mas cobren ellos y cuantos mas haya mas impuestos me toca pagar a mí.
    Aparte tengo también indignación porque en los ultimos años del franquismo había del orden de la tercera parte de funcionarios y había mas o menos los mismos servicios, vamos que me sobran las dos terceras partes de los fucionarios y de los impuestos que pago.

  3. Pepín permalink
    mayo 20, 2010 6:48 pm

    Pero si es que la historia no es si trabajan más o menos. La historia es para qué los queremos. A órdenes de gobierno ¿qué vamos a esperar que hagan que valga la pena?

    Si se fueran todos a la calle no pasaría nada y sería una bendición para todos los demás.

    • mayo 21, 2010 10:54 am

      Sobran funcionarios, es cierto y eso es porque hay tres administraciones que se solapan (la estatal, la regional y la municipal) o cuatro si añadimos la provincial. Pero decir que sobran todos es falso. Sobran algunos y otros están muy mal repartidos, de manera que hay departamentos hipertrofiados y otros que funcionan al límite. Y decir que no pasaría nada si se fueran es una soberana estupidez. La acción de cualquier gobierno, por gordo o delgado que sea ha de llevarla acabo un cuerpo de funcionarios, por abultado o delgado que sea. Y éstos han de ser estables para que el cambio de gobierno no soponga grandes traumas a la población, no como pasaba en el XIX. De hecho en Italia hasta los secretarios de estado son funcionarios, de manera que cuando cambia el gobierno solo cambian los ministros y el presidente. Eso hizo que en 50 años hubiera 45 gobiernos y no se hundiese Italia. Hay que tener más cultura y sensibilidad a la hora de hacer juicios de valor tan categóricos.

    • Espectador permalink
      mayo 21, 2010 11:23 am

      Podría ensayarse, aunque no se ha dado nunca salvo en los sueños de Ayn Rand, o en la interesante utopía anarquista “Los desposeidos” de Ursula K. LeGuin.

      Los médicos podrían ser todos privados, y pagarse con algún tipo de seguro (o sin seguro, si esto parece demasiado colectivista). Los maestros y profesores podrían ser todos privados, y los que más pudieran pagar disfrutarían de una educación mejor para sus hijos; esto ya ocurre, pero al menos hay un mínimo garantizado por funcionarios públicos. Los empleados de ayuntamientos y similares podrían ser privados, aunque su propensión a favorecer a los que les pagasen sería todavía mayor que ahora; o quizás hubiera que prescindir totalmente de los Ayuntamientos y sustituirlas por la ley del más fuerte, o si se quiere ser más civilizado, por decisiones asamblearias para todos los asuntos; difícil en ciudades de millones de habitantes. El ejercito no podría ser privado, pero quizás fuera prescindible, siempre que dispusiesemos de un primo de Zumosol para defendernos en caso de apuro (los malvados EEUU, por ejemplo); la otra opción son las compañías de mercenarios. Las prisiones podrían ser privadas (ya las hay en los EEUU). Los bomberos podrían ser privados, dependientes de compañías de seguros, o cobrando directamente por sus servicios cada vez que fuesen requeridos, …

      Pero, y la Policía, ¿podría sustituirse por compañías privadas de seguridad, sin acabar por ser una policía corporativa al servicio de las grandes compañías?; en muchas antiutopías de Ciencia Ficción ocurre esto, y no suelen ser escenarios demasiado agradables. Y los jueces, ¿podrían cobrar de los que requieren sus servicios sin fallar siempre a favor de quien les pague más? ¿O quizás habría que prescindir por completo de la Justicia Pública, y que cada uno se defienda como pueda?

      Como anécdota, los chinos han dispuesto de una compleja estructura de funcionarios desde hace milenios; los Hunos no tenían funcionarios que yo sepa; yo preferiría vivir en China que con Atila, pero quizás es que soy blandito y comodón. En fin, y por no alargarme más, prescindir de todos los funcionarios me parece una propuesta muy interesante, pero si se ensaya, preferiría que fuese en otro país distinto que aquel en el yo viva.

    • susana permalink
      mayo 28, 2010 9:21 am

      Gracias por la parte que me toca. Soy enfermera en el 061. Funcionaria. Espero que no nos echen a todos a la calle, como tú dices, por el bien de todos los pacientes atendidos que sin este servicio estarían muertos por llegar tarde al hospital. Pensemos un poco antes de generalizar…

  4. The Wickerman permalink
    mayo 20, 2010 7:18 pm

    No es cuestión de envidias, la realidad es que sobran millón largo de funcionarios y punto pelota.

    • Espectador permalink
      mayo 21, 2010 11:37 am

      Totalmente de acuerdo. Muchos han entrado por caminos indirectos, consolidando puestos obtenidos a dedo por razones políticas o familiares (el viejo Nepotismo, existente desde los tiempos de Cornelio Nepote en Roma, y llevado a su plenitud por los gobiernos socialistas como el de Andalucía).

      Pero otros han tenido que pasar por duras pruebas, que aunque no siempre totalmente justas ni objetivas, al menos suponen un cierto control. No parece fácil distinguir entre unos y otros sin entrar en un difícil proceso de pruebas de “limpieza de sangre” (en este caso, “limpieza de acceso”).

      Lo malo es que este año, con la crisis en pleno apogeo, haya seguido aumentando el número de funcionarios, lo cual demuestra la insensatez y sectarismo de “nuestros” políticos.

  5. Isaak permalink
    mayo 21, 2010 1:22 am

    Los funcionarios podrían opinar, igualmente, que sobraban dos millones de albañiles y medio millón de agentes inmobiliarios. Sin embargo, no creo que ninguno se haya alegrado de que se vayan al paro. Es posible que sobren funcionarios, pero con no convocar nuevas plazas ni cubrir las jubilaciones se puede reducir drásticamente su número en pocos años, y reubicar y bien emplear a los que siguen en activo. Es de sentido común.

    Por otra parte, es más honesto luchar por lograr que todos los trabajadores disfruten de la estabilidad y justicia laboral que tienen los funcionarios, que “desear” que sean despojados de ellas. MERCADONA es un buen ejemplo de ello, una de las empresas con mejor política laboral de cuantas existen en la actualidad en este país.

    Saludos cordiales.

  6. alberto.djusto permalink
    mayo 21, 2010 2:26 am

    No había pensado en lo estrátegico de la medida desde un punto de vista de comunicación. Buen apunte.

  7. mayo 21, 2010 3:53 pm

    No ofrecer un mínimo en Educacion y Sanidad me parece caer en lo peor como sociedad.

  8. mayo 21, 2010 8:10 pm

    @yosoyhayek

    La comparación entre la “vaguería” de los funcionarios y de los empleados de empresas privadas es inapropiada y además impropia de este blog. Si bien ambos pueden ser igual de vagos, cosa que no discuto, la diferencia es fundamental: a los primeros los pagamos todos queramos o no, y a los segundos sólo los paga su empleador por lo cual es su problema. Al final una empresa con muchos vagos irá al cierre.

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