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Yo, sindicalista

mayo 25, 2010

El parasitismo social adopta formas muy variopintas. Sus manifestaciones más típicas las encontramos en el tipo que, pudiendo trabajar, prefiere vivir del paro; también los hay que evaden impuestos, o los que se bnefician, sin precisarlo, de subsidios; existen los que se toman bajas indefinidas, empleando tiempo y dinero ajenos en viajar, o tomar cafés, o pasear. Pero un paso más allá de toda esta retahíla de personajes nos encontramos con un ser curioso: el sindicalista, cuya única actividad conocida es la de fraguar huelgas generales para empantanar aún más a un país con el agua al cuello y la no menos encomiable de entonar La Internacional con el puño en alto en un mano a mano con la cúpula socialista. Esto último sucede de año en año. A esta clase de parásito, el sindicalista, vamos a dedicarnos.

Como parásito, vive perfectamente integrado en la sociedad. Convive con el resto de los mortales y se desenvuelve, pudiera decirse, incluso con más soltura que éstos. No se prodiga en el entorno laboral aunque sí frecuenta la cantina del mismo, donde arenga a los compañeros y les explica cómo trabaja por ellos. Su ociosa vida de parásito es superior porque presume de profesión mientras que el resto de la fauna parásita calla y omite. El que calla, otorga, dicen. El sindicalista nunca calla, tiene esa virtud. El sindicalista cobra, además, porque tiene un trabajo y ello lo sitúa por encima de los demás, no ya sólo de sus compañeros parásitos. Estos seres constituyen el patriciado del parasitismo y son ellos quienes velan por nuestros derechos de trabajadores. Día y noche.

Mas refresquemos nuestra memoria y hurguemos muy rápidamente en los orígenes del sindicalismo. Los llamados Trade Unions surgieron el la Inglaterra del siglo XIX para luchar (y en este caso sí lo hicieron) por garantizar a los trabajadores unas condiciones laborales y de vida dignas. Con sus luchas lograron la reducción de la jornada laboral, la regulación del trabajo infantil y del salario femenino, las jornadas de descanso y las bajas laborales. Herencia de tales luchas fueron las mejoradas condiciones de trabajo que vivió el siglo XX, a lo largo del cuál los trabajadores consiguieron un nivel de vida difícilmente mejorable y cuestionado, por insostenible. No voy a poner en tela de juicio el mantenimiento de los “privilegios” del trabajador pues eso sería materia de otro artículo pero simplemente deseo señalar que la labor de los sindicatos, hoy en día, es muy exigua y debería reducirse a la resolución de conflictos que impliquen una violación del derecho del trabajador en el entorno laboral del mismo. De este modo, el contribuyente se ahorraría el mantenimiento de un elevado número de sindicalistas que están de sobra.

Pero el sindicalista, testarudo como es, no ha parecido colegir que su labor es no sólo supérflua sino perniciosa para la sociedad. Mastica rancios lemas marxistas sin haber leído a Marx y sin haber llegado a comprender los profundos errores de la aplicación del marxismo. Trabaja con cantinelas sobre la opresión del trabajador cuando con su acción subversiva consigue un efecto contrario al de sus lejanos antepasados sindicalistas. El sindicalista es un ser retrógrado y para que mejore la dinámica social sería deseable su desaparición.

Se hace urgente, pues, neutralizar la dañina amenaza de los sindicatos que a voz en grito proclaman que habrá huelga general y boicotean todo conato de reforma laboral en nuestro país. Más vale tarde que nunca, pero más vale sin vivir del bote que entonando una vez más La Internacional.

 Un saludo

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7 comentarios leave one →
  1. mayo 25, 2010 6:05 pm

    Bravo! 🙂

  2. mayo 25, 2010 7:15 pm

    De hecho, el mayor problema de los partidos socialdemócratas en Europa fue el secuestro por parte de los sindicatos.

  3. ATR permalink
    mayo 25, 2010 7:57 pm

    A qué te refieres, David? A que los sindicatos ataron de manos a los partidos? En ese caso te doy la razón, pues se han mostrado serviles con los sindicatos.

    • mayo 25, 2010 9:55 pm

      A eso precisamente el partido laborista británico con Callaghan y el Socialdemocrata sueco de Palme perdieron las elecciones cuando fueron rehenes de las ideologías, acciones y líderes sindicales. De hecho durante la era Thatcher los laboristas fueron presa de las trade unions y Thatcher le hizo al labour un favorazo al cargarse los sindicatos y favoreció el new labour y la nueva tendencia mas socialdemócrata y menos sindicalista

  4. ATR permalink
    mayo 26, 2010 9:38 am

    Sí, fue famoso el zarpazo de la señora Thatcher a los sindicatos.

    • mayo 26, 2010 11:02 am

      Pues le hizo un gran favor a los laboristas. Que se lo digan a Tony Blair.

  5. Lukas permalink
    febrero 18, 2012 9:35 pm

    Estoy de acuerdo con que la mayoria de los sindicalistas son parasitos, que con ciertas huelgas y calentando la cabeza de los que si trabajan se han llegado a cargar empresas…..
    ya que no todo se arregla con huelgas y manifestaciones, y la mejor manera de ayudar a la empresa en la que trabajas tu y 3000 personas mas es seguir trabajando, no parar, no dar la imagen de sector conflictivo y que los pedidos se vallan a otra parte del mundo.

    Pero hay en una cosa que, a mi entender, son útiles y que van a dejar de serlo.. en la negociación colectiva… si va adelante que el empresario pacte con los trabajadores el sueldo de estos…. los últimos, si quieren trabajar tendrán que tragar mucho … mientras que el sindicalista, no esta sujeto a la acción coercitiva del empleador, con lo cual tiene mayor capacidad de negociación.

    Los sindicatos son necesarios son útiles y hay que proteger los medios por los cuales son útiles a los trabajadores, los sindicalistas parasitos, crea huelgas porque sí NO.

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