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Terrorismo Fiscal

junio 11, 2010

Increíble, pero cierto: el Estado ha logrado, mediante ritos, propaganda y terror, lo que hasta hace unas décadas se entendería como un robo a mano armada. Los impuestos de la socialdemocracia promueven un Estado capaz de engullir el 50% (o más) de la riqueza generada o transferida por el pueblo. Semejante expolio habría ocasionado revueltas y tumultos en la Edad Media, e incluso en la modernidad, cuando los Estados nacionales comenzaron a tender sus tentáculos sobre prácticamente toda actividad emprendida por sus súbditos. En España, como en otros Estados totalitarios, sociales y democráticos de Derecho (Leed un poquito a D. Negro, Jouvenel, Oakeshott, Hayek…), la propiedad privada es un espejismo, dadas las exacciones fiscales que sufrimos sus ciudadanos, o el férreo control legislativo (y constitucional) al que queda sometida. Un espejismo relativo, porque lo cierto es que dominamos cosas y disfrutamos de la disponibilidad de parte de nuestra renta, pero la cuestión no es esa tanto como la docilidad que demostramos ante el atraco del fisco. Cada día nos sacan nuestros euros del bolsillo (sin contar con la inflación, que es un tipo de latrocinio algo más discreto), pero en fechas señaladas toca “hacer la declaración”. Hacienda somos todos, y a través de campañas publicitarias se nos acostumbra y amodorra. El sometimiento al IVA o al IRPF, que vienen a ser los impuestos más comunes, tiene dos fases: una primera, donde la complejidad formal del tributo nos apabulla y agobia sin límite; y una segunda, donde la administración dulcifica el trámite con aparentes facilidades, del tipo del programa PADRE, el teléfono de ayuda, la cita previa, el Borrador, etc. El contribuyente, feliz de quitarse de encima todo el trajín, puede optar también por una salida mucho más sencilla: recurrir al técnico en la cuestión: un ávido fiscalista. Al cobijo del Estado, en la medida que éste interviene y complica la vida de sus súbditos, surgen los “facilitadores”, encargados de dominar la complejidad inabarcable de requisitos, conceptos, mecanismos, reglas y demás morralla administrativista, ofreciendo sus servicios al público acobardado o comodón.

Terrorismo Fiscal que atravesando una primera fase de auténtico pánico, logra extender el conformismo entre la masa de contribuyentes, que acuden como ganado, cada trimestre, cada año, en cada transmisión inmobiliaria, cada acto jurídico documentado, cada sucesión… y se someten al fisco sin rechistar. Este conformismo tiene un precio, porque lo cierto es que hecha la ley (ley puesta, legislada y materialmente antijurídica, para entendernos), hecha la trampa: el más listo, el más bribón, el que más gana o más tiene que ocultar, siempre encuentra la forma de evadir impuestos. Los Estados, conscientes del fallo mecánico, del “despilfarro” estático, pero también de que al capital hay que mimarlo para que no huya despavorido, propaga la sensación de que quien más gana más paga, cuando en realidad, aceptando que es imposible fiscalizar a la perfección, y mientras tanto, despluma a las clases medias, medias altas y medias bajas (como dicen los cursis).

Esta es la realidad y no otra. El Estado podría sobrevivir en términos de defensa, seguridad o justicia, con poco menos del 10% del PIB anual. El Estado no nos sometería a tantos disgustos sin su capacidad de endeudamiento estuviera limitada constitucionalmente, en cantidad y en oportunidad. El Estado, sin dejar de ser el monopolio del uso de la violencia, podría incluso extender cierta procura existencial, incluso garantizar la instrucción supletoria, constreñido a ese 10% de la riqueza anualmente expoliada… Ya hemos explicado en otras partes porque todo esto resulta utópico e ingenuo de creer: el Estado, por su propia naturaleza, tiende a extenderse sin otro límite que su propia sostenibilidad, siendo esa la fuente que alimenta a la socialdemocracia, consciente de que sólo infantilizando e idiotizando a los ciudadanos, y ajustando periódicamente las relaciones entre Mercado y Estado, puede sobrevivir este último con el sosiego y la relativa prosperidad que no lograron para sí otros tipos de totalitarismo.

Saludos y Libertad!

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6 comentarios leave one →
  1. junio 11, 2010 4:40 pm

    Te salió a pagar…

  2. atroma permalink
    junio 12, 2010 6:31 am

    Compra venta de 20 mil euros, 1400 de impuestos. Aparte notario y registro. Me dicen que tengo 30 días para pagar. Y te lo hacen firmar-

    Devolución del IRPF 831 euros, me dicen que me lo devolverán en el segundo semestre del 2010. Ósea, que puede ser diciembre, como el año pasado. Y eso que es devolver, que como mínimo ya se han beneficiado de él, 6 meses.

    Panda ladrones.

  3. jashondo permalink
    junio 12, 2010 7:43 am

    Pues nada, a seguir votando a Gallardon, que si no vienen los rojos.

    • Benbarme permalink
      junio 14, 2010 1:53 pm

      También podría decirse: a seguir votando a ZP, que si no vienen los fachas!
      No creo que el problema dependa de quién gobierna, sino de cómo los políticos, cuando hacen las leyes (tanto “fachas” como “rojos” han tenido oportunidad de hacer y deshacer a sus anchas), protegen el sistema que les permite hacer de su capa un sayo porque… unas veces serán los otros quienes estén en el poder y hagan lo que quieran… pero otras veces seremos “nosotros”, y nos beneficiaremos de la situación tanto como los otros o más.
      Y así se escribe la historia!

    • Espectador permalink
      junio 15, 2010 7:49 am

      Entre Gallardón y el PSOE encuentro muchas más semejanzas que diferencias, y no solo en su vicio de gastar más de lo que ingresan.

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