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Prórrogas, ciclistas nudistas y quién mató el crecimiento

junio 13, 2010

1. Pepe Blanco, siguiendo el guión y dentro de lo previsible, agota los últimos días antes de la presentación oficial de la esperadísima reforma laboral, tratando de echar balones fuera culpabilizando a la oposición de todos los males que padecemos. Es cierto que desde el PP, pretendida alternativa de gobierno, con las encuestas a favor y un líder mediocre, no conviene mojarse en la descripción de aquellas medidas que ellos adoptarían en caso de tener la responsabilidad de gobernar. Tampoco es justo que sea la oposición, y no el gobierno, quien tenga que rendir cuentas ante los ciudadanos. La situación es desagradable, porque desde el PP se agita al populacho, sin mayor aspiración de convencer a quienes realmente nos preocupamos del acierto de las necesarias y urgentes reformas que deben ser afrontadas. Así se ganan las elecciones, y no con presentaciones pormenorizadas de políticas o modelos alternativos. Pepe Blanco no da prórroga y tiene sus motivos, porque sabe que la credibilidad de España se juega en este partido, antes del 16, a pocas semanas de un momento clave para la sostenibilidad futura del Estado: toca refinanciar una parte importante de nuestra deuda pública, y tal y como la estamos colocando últimamente, la quiebra resultaría más que probable. Pero es que todo esto ya lo veníamos diciendo unos cuantos liberales, estrictos pero realistas: una crisis de deuda (privada, sobre todo), no puede superarse con más deuda, tampoco pública, bajo pretexto de la keynesiana obsesión por la demanda agregada y el estímulo proveniente del Estado, y no del mero ajuste de mercado.

2. En Madrid y otras ciudades de España, han salido a pedalear una panda de nudistas, con la declarada intención de defender el uso de la bicicleta como medio de transporte urbano, frente a otros mucho más contaminantes (y, en ocasiones, menos eficientes). El fondo es bueno, y lo dice alguien que tiene la afición de recorrer Madrid con su bicicleta, pero no la forma de reivindicación. Tratar de captar la atención mostrando sin pudor los cuerpos de un puñado de nudistas, no deja de tener el mérito de juntar a muchos exhibicionistas para entretenimiento del resto de los mortales, poco más. Montar en bicicleta no es apto para quien va desnudo, porque incluso yendo vestido, conviene prestar bastante atención a la comodidad de nuestras posaderas. El gesto es efectista pero absurdo, contracultural y extravagante, sin que finalmente se consiga nada de lo que se solicita: más carriles bici dentro de la ciudad. Gallardón ha mentido dejando sin ejecutar la inmensa mayoría de los proyectos prometidos: no es caro, porque basta con pintar una línea blanca en la calzada o en las aceras, para delimitar un carril bici suficiente. Eso sucede en Europa, y a nadie parece preocuparle que para trazar uno de estos carriles se haya hecho previamente una aparatosa obra, levantando la calle y demás. Todo es mucho más sencillo si realmente el objetivo es facilitar el tránsito ciclista. Dicho esto, desnudarse no sirve de tanto como lanzarse de improviso a colapsar el tráfico, por ejemplo. Circulando por dos o tres vías fundamentales, en línea, impidiendo ser adelantados, un puñado de ciclistas podría hacer valer sus derechos, demostrando la fragilidad, las molestias o la ineficiencia del dominio motorizado. Desnudarse no pasa de ser anecdótico, vulgar y tangencial respecto del objetivo que, presuntamente, dicen defender.

3. Conectando con el final del primer punto, y como comentario adicional a esa idea, decir que Merkel, o cualquier gobierno que se haya lanzado a recortar gastos para no comprometer la viabilidad financiera de sus Estados, está con semejantes medidas perjudicando la recuperación económica, es tan falaz como mezquino, dadas las circunstancias. Resulta que lo que hoy sabemos fracasados, sin que ningún teórico haya tenido nada que ver (muchos lo decían antes incluso de que los Estados se lanzaran al rescate de la economía), es que los Estados son un obstáculo y, además, han podido comprometer, por culpa de sus políticas de gasto, déficit y deuda, esa misma recuperación sobre la que se habla. Los Estados no han sabido afrontar la clase de crisis que nos afecta: sobredimensionamiento, sobreendeudamiento e intervención como fuente de desajustes en los mercados. Como solución lógica, aunque no evidente, y mucho menos obvia para demasiados, recurrir a políticas en direcciones radicalmente opuestas a aquellas que nos condujeron a la crisis: pagar la deuda ya contraída evitando incurrir en nuevos créditos, ahorro como prioridad frente al consumo desaforado, quiebra de empresas, liberación de recursos (incluidos los propios trabajadores), caída de precios inflados durante la fase expansiva, y más libertad en los mercados para que el espontáneo proceso de búsqueda de oportunidades y apuesta por las inversiones realmente más valoradas por los agentes, hiciera el resto. Sin embargo, desde la política que se encaró no fue esta, sino la contraria, la típica, la segunda parte de aquella que en su momento nos condujera al crecimiento insostenible, la crisis y la recesión. Más Estado, más deuda, más gasto, más impuestos, más intervención… Que ahora los gobiernos, por el mero hecho de saberse quebrados, atados de pies y manos, y sin otro recurso a su alcance que el ajuste presupuestario, hayan reculado y adoptado políticas algo más idóneas que las anteriores, no es fruto de la iluminación teórica o la toma de conciencia de los males cometidos, sino la mera necesidad de sobrevivir hasta las respectivas próximas elecciones. Esperemos que de la necesidad se haga virtud, y el torpe ajuste, en lo menos malo y más próximo al acierto, ayude a que todos nosotros, los individuos, en libertad, hagamos el resto.

Saludos y Libertad!

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One Comment leave one →
  1. Arnaldo permalink
    junio 15, 2010 2:54 am

    Que de la necesidad se haga virtud… Ojalá pase de ser una expresión de deseos. Por lo pronto, no creo que la casta política cambie sus costumbres que desde hace tanto tiempo cultivan; tienen todos los incentivos para proceder como siempre lo hicieron. Es decir, aumentar el gasto, vender servicios malos en nombre de la solidaridad y embolsarse una buena parte.

    Saludos

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