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Cuestión de pareceres

junio 15, 2010
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        Hay dos tendencias en nuestras espectativas ideológico-conversacionales nacionales:

a) la de deducir apresuradamente que de una opinión sobre un tema concreto se debe adscribir al individuo que la suscribe puntualmente a la izquierda o a la derecha

b)  la de tachar de chaquetero/a a aquellos que se niegan a ser clasificados o que se declaran irreductibles a toda clasificación.

Conversando tranquilamente con una amiga hace cosa de un mes me sorprendí a mí misma (otra vez, y otra vez con ella) en un nuevo atropello, ejerciendo las veces de jueza ideológica, y cayendo en pecado de la categoría a. Hablábamos sobre el burka. Pese a que mi amiga defendía presupuestos que la  hubieran ubicado ideológicamente en determinado grupo en realidad sus argumentos me parecieron razonables, bien expuestos, convincentes y en absoluto dogmáticos. Eran opuestos a los míos. Pese a que defiendo la prohibición de llevar burka la exposición de mi amiga me dio que pensar puesto que hacía hincapié en el hecho de que cualquier prohibición generaría reacción por parte de la comunidad que tal vez podría sentirse agredida. Ni que decir tiene que no comparto lo de la agresión. Tampoco ella lo hacía. Simplemente me sugirió que podría ser utilizado como excusa amén de atentar contra las libertades individuales. Paradoja total. ¿Quién atenta contra tales libertades: el que prohibe o el que prohibe la prohibición? Realmente se tiene que recurrir al dogma (de fé, acaso) para salir de tal aprieto. Me resisto.

Lo cierto es que no paré de darle vueltas al asunto. No me convencen aquellos que estiman que una mujer que lleva burka lo hace por voluntad propia y que en cualquier caso no es el Estado el que ha de cortar las alas a su libre falta de libertad. Eso atenta contra nuestros principios occidentales. Por otro lado, permitir que haya señoras que se paseen por las calles como si fueran perchas tampoco dignifica la posición de la mujer. Permitiríamos acaso que un grupo de personas se vistiesen con uniformes nazis? La respuesta es no, y no lo haríamos (debate monumental entre medias) porque lo que simbolizan tales uniformes va en contra de lo que aceptamos por valores comunes. Que el modelo de estado está en crisis no se me oculta, pero que hay valores que es loable defender pese a los debates que inicien en el seno de nuestra sociedad también es claro.

No debemos dejar que nuestro posicionamiento ideológico general eclipse el juicio en temas particulares. La demagogia siempre ha servido para justificar cualquier postura y sobre todo si se trata de reafirmarse a sí mismo ideológicamente.

Lo que me sorprendió de mi amiga (una conocedora y admiradora del mundo musulmán) fue que pese a lo que había presupuesto que ella pensaría me sorprendió con una lección de coherencia y de genuino pensar más allá de las etiquetas. Ojalá todos fuésemos capaces de quitarnos esa molesta etiqueta que nos persigue a la hora de pronunciarnos sobre temas que afectan a nuestras libertades.

Un saludo

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8 comentarios leave one →
  1. junio 15, 2010 6:39 pm

    A mi me parece que quién atenta contra las libertades es quién prohibe llevar cualquier prenda a otro individuo con la excusa de que vulnera nuestros “valores comunes”, bien sea una camiseta del asesino en serie AKA “el Ché”, un uniforme nazi, el burka o lo que sea.

    Desde un punto de vista libertario, lo único que debe prohibirse y lo único en lo que debería existir la opción, por la parte victimaria, de perseguir mediante la violencia si fuera necesario, es el fraude y la iniciación de la agresión física contra otras personas o sus propiedades legitimamente adquiridas. El que pensemos que sabemos que es lo mejor para otro individuo, o que un comportamiento pacífico (llevar una prenda) nos disguste especialmente, no nos da derecho a imponer por la fuerza nuestros criterios, opiniones o criterios morales a otros, negando así el disfrute de sus legitimos derechos de propiedad.

    Un saludo.

    • ATR permalink
      junio 16, 2010 9:43 am

      No es acaso violencia impedir que una mujer muestre partes de su cuerpo? No te has dado cuenta todavía de que llevar burka daña irreparablemente la visión de las mujeres? Supongo que también tendrá efectos negativos sobre la piel y el cabello. Tal y como uno de los comentaristas señala, hay que ser pragmático cuando el sentido común así lo pide y desde luego, impedir prácticas que atentan contra la dignidad humana.
      En algunos países africanos la ablación es una práctica común. En ocasiones, se dan casos de ablaciones en occidente. La raíz de tal práctica es religiosa y puede causar la muerte (por infección) de las mujeres (niñas) a quienes se les practica. Eso por no referirnos al hecho de que se les impide cualquier placer en la práctica sexual. También debe reprimirse el malévolo y controlador Estado en este caso?

  2. junio 15, 2010 7:39 pm

    He escrito algo sobre este tema, y ya sabes, ATR, que me decanto más por la opción de no prohibir. Lo cierto es que comprendo que los alcaldes, como rectores de una serie de espacios y servicios, incluida la vía pública (aunque esto es más discutible), obliguen a que los usuarios o viandantes sean identificables, es decir, muestren su rostro. Una persona no puede pretender ir totalmente oculta en un espacio de interacción, es absurdo y lo normal es que se la aislase. Esto se traslada, bien en lugares regidos por el poder público, o espacios dominados por particulares, en la prohibición de deambular no siendo identificable.
    En cuanto al pañuelo, o lo que sea, salvo la anterior limitación, lo considero una opción personal. Apelar a una supuesta ” dignidad de la mujer” en referencia al uso de estas prendas, me parece un argumento complejo, incluso peligroso, porque de hecho hay mujeres que optan abiertamente por cambiar sus vidas y envelarse hasta los tobillos, sean éstas monjas, o conversas al islam. Es respetable esto, como debería serlo que por cultura, pudor, o lo que fuera, una mujer se cubra para salir a la calle (salvo el rostro, como decía más arriba). Otra cosa es que nos enteremos de que alguien la está obligando a ello mediante una represión manifiesta y constante con ese objeto concreto.
    Y ahora vayamos a lo de los valores y nuestra forma de vida, o la manera en que ejercemos nuestra libertad civil y el individualismo alcanzado en occidente: creo que no conviene integrar a este tipo de culturas, hábitos y maneras de concebir el pudor o las relaciones entre sexos. Pero esto no debe articularse de manera pública y represiva. Si podría hacerse individualmente, siempre que no conllevase coacción, sino un boicot libre: no hablarles, no venderles, no comprarles, no alquilarles, no contratarles…; y, por supuesto, colectivamente, tratando de convencer a otros para que hagan lo mismo.
    Lo cierto es que esto no sucede, y que las políticas migratorias de los Estados acaban generando guetos, situaciones de exclusión y espacios donde estas personas, en vez de integrarse, a su ritmo y su manera, pero integrarse, prefieren reafirmar la diferencia y convertirse en un grupúsculo enquistado. Esto genera rechazo y alarma, y en eso estamos. Porque lo cierto es que cruzarse con una emburkada no es peligroso, pero sí estéticamente anima cierto resquemor, miedo o sentimientos enfrentados. Y de ahí surge la demanda de “algo” por parte del poder. Y ese “algo” siempre se convierte en arma electoral, en demagogia y en medidas vagamente argumentadas.
    Saludos!

    • ATR permalink
      junio 16, 2010 2:54 pm

      Yosoyhayek,

      sé cuál es tu opinión con respecto al burka. Me la has transmitido en varias ocasiones y también la has hecho saber a tus lectores. Diferimos, es cierto. Creo que se desprende de tu comentario que no estás del todo en desacuerdo con que los alcaldes prohiban a las mujeres transitar cubiertas en espacios públicos, aunque tú no lo harías. En todo caso, la marginación espontánea no sólo no surtiría efecto sino que su hipotética materialización resultaría igualmente en un engüetamiento. No te vendo verduras si no me muestras la cara, o no te vendo carne si no haces otro tanto… o no te dejo entrar en mi bar: eso daría pie a que se hablase de racismo. Y no es esa la cuestión. La cuestión es que una mujer no ha de aceptar, ni por imposiciones religiosas ni culturales, cubrirse por completo el rostro y caminar por la calle como si fuera un objeto, como si no tuviera identidad. Se trata de un choque de valores. Quien no esté dispuesto a aceptarlo mejor que vuelva a su país de origen donde no se le va a molestar por ir cubierto o cubierta por completo, donde no se le va a atosigar para que muestre un poco de respeto por su dignidad. Cuando fui a Estambul, tuve que cubrirme al entrar en Santa Sofía. También hube de entrar por un lugar distinto al de los hombres. Sólo me quedaba negarme a visitar la mezquita. Si no, tenía que aceptar la imposición (religiosa, en este caso). Y no me pareció mal. Jamás visitaría un país en el que se me exigiese cubrirme partes de mi cuerpo o de mi rostro, porque no pienso conceder un ápice de mi dignidad. Puede que la misma (la dignidad) sea considerada como algo risible, pero yo la tengo en muy alta estima y los logros de occidente en este aspecto (pese a las muchas maldades) son loables, así que no sólo hay que respetarlos sin que es necesario protegerlos frente a las ofensas que les amenazan.
      Creo en la libertad de la persona y me parece que el Estado no puede actuar permanentemente como una nodriza mas hay ocasiones en las que la iniciativa espontánea no puede contrarrestar una influencia negativa y es ahí donde el Estado, en nombre (paradójico, lo sé) de la libertad, debe actuar.

      Un saludo

      • junio 16, 2010 3:07 pm

        Bueno, es el gobierno la institución natural que defiende la forma de vida y el êthos de un pueblo, así que, siempre que lo haga al margen del Estado, parece razonable que se establezcan determinadas normas, con el fundamento que sea (siempre que tenga justificación): bien la dignidad del individuo, o bien la necesidad de ser identificable cuando se esté en público. No creo que prohibir el burka (no el pañuelo, sino el burka, por ocultar el rostro), sea un ejemplo de prohibicionismo, tal y como debería criticarlo un liberal.
        Saludos!

  3. JUANO permalink
    junio 15, 2010 10:22 pm

    Es suicida y de género tonto permitir conductas que atacan los principios básicos sobre los que se asienta la sociedad. De hecho es el gran pecado del liberalismo, que por miedo a ser tachados de no liberales se han permitido el crecimiento del enemigo hasta que éste ha eliminado las libertades del sistema.
    El convivir en sociedad conlleva ceder una parte de nuestra libertad sí o sí, de lo contrario no hay colectivo, ni grupo ni nada a lo que adscribirse. La anarquía es muy bonita sobre el papel, pero no aguanta un asalto frente a cualquier colectivo mínimamente organizado.

    Tanto en cuanto los liberales (o libertarios si prefieren) no seamos capaces de un mínimo de pragmatismo y dejemos de intentar establecer un sistema totalmente utópico, seremos incapaces de constituir una alternativa seria a la debacle socialista actual…

  4. junio 15, 2010 10:59 pm

    Osea, para que el liberalismo libertario sea viable, prágmatico y una alternativa seria, tiene que “ceder una parte de nuestra libertad sí o sí” y permitir que el estado decida que ropa podemos o no podemos llevar puesta en todo el territorio donde ese estado es supuestamente soberano. Por más que miro no veo la conexión, porque ¿Qué tiene de utópico el dejar que cada cual se vista como quiera mientras respete las normas fruto de los derechos de propiedad de otro (ejemplo: en mi casa no quiero a gente con estrellas rojas)? De utópico no tiene nada, lo que si es utópico es pretender imponer efectivamente este tipo de prohibiciones como si fueran inocuas, y encima en nombre de la libertad.

    Además, las mujeres musulmanas que se encuentren en peor situación seguro que os lo agradeceran a los “prohibicionistas prágmaicos” cuando no puedan ni salir de casa.

  5. Arnaldo permalink
    junio 17, 2010 2:14 am

    Es incomprensible que el estado se atribuya la autoridad de prohibir a los individuos llevar ciertas vestimentas. Si las mujeres musulmanas quieren salir a las calles disfrazadas de momias vivientes que lo hagan; más ridículo aún es creer que el estado tiene la misión salvífica de rescatar a esas mujeres del oscurantismo que supuestamente les imponen sus padres y esposos. Si todavía no se han enterado de que están en un país libre y no en tierras de la Sharia y siendo adultas consienten en esconderse debajo de esas túnicas no es problema del resto de la gente. Que carguen con su ignorancia, perdón, con sus creencias…

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