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Los pisitos de Aguirre

julio 2, 2010

El urbanismo y la política de vivienda no son su fuerte. Esperanza Aguirre preside el gobierno regional que más vivienda protegida promociona. Ha venido a continuar la política de su antecesor, y ex compañero de fatigas nocturnas por las calles de Lavapiés (juro no haberles visto nunca en ninguno de los garitos que frecuento yo también), el inefable Gallardón, que quiso para Madrid un urbanismo expansivo, granular e híperorganico. Sé que no tiene sentido, pero tampoco lo tiene la lógica adoptada por el planificador urbano de la región capitalina. Veremos por qué razones.

Esperanza, decía, se vanagloria de ser la presidenta que más pisos de protección entrega. Cuando llegó al poder, en aquel 2003 de fabulaciones y traiciones en uno y otro bando, prometió adoptar de inmediato dos medidas urgentes para higienizar la Comunidad Autónoma: reforma de la ley electoral, incluyendo listas abiertas, y reforma de la Ley del Suelo, liberalizando lo más posible todos sus aspectos. Nada de ello prospero. No le niego ímpetu inicial, pero con el tiempo, esos males heredados tornaron en bienes perfectamente incorporables en su personal estrategia de dominación: obra pública, vivienda protegida, sanidad, educación, se convirtieron en su bandera personal, aprovechando la pujanza de la economía madrileña, a la que admitamos que también supo estimular, haciendo de la región la zona más libre y dinámica del territorio nacional. Este ha sido el equilibrio que la izquierda no ha sabido perdonar a Esperanza. Aun hoy perduran sus efectos, y a pesar de la crisis, las cuentas marchan bien y las políticas netamente socialistas emprendidas por Aguirre, siguen produciendo sus frutos y propaganda.

Es gravísimo, y no debemos ignorarlo, porque el momento que vivimos es quizá el que mejor permita adoptar las drásticas medidas de liberalización que el mercado del suelo necesita. Las viviendas no son caras por culpa del precio del suelo o la especulación. Son caras porque el urbanismo es una de las parcelas del orden económico que más intensa intervención y regulación soporta. Un suelo infrautilizado bajo un diseño urbano delirante, que exige extensas infraestructuras y condena millones de metros cuadrados a la condición de islas interurbanas. Los destinos y el diseño de nuestro paisaje urbano no dependen del mercado, las valoraciones y preferencias particulares, y un precio libre del suelo, sino del mandato directo de las administraciones. Aguirre piensa paliar la descoordinación inherente al actual mercado de la vivienda español recurriendo a la subvención y la planificación. De esta forma, aunque los directamente beneficiados disfruten del “privilegio” que supone acceder a una vivienda por un coste algo inferior al que impera a su alrededor en la llamada “vivienda libre”, los perjuicios se extienden por todo el sector, repercutiendo en una mayor atrofia y enquistamiento de desajustes.

Ahora que había estallado la burbuja crediticia, una de las causantes del descontrol urbanístico y la subida de precios, los políticos no han querido que cayeran los precios y quebrasen constructoras e inmobiliarias, hasta que el mercado se liquidara, los precios se ajustasen, y todo pudiera volver a empezar bajo unas señales más acordes con la realidad. Aguirre debería ahora proceder a la liberalización del suelo, suspendiendo toda política de vivienda pública en vigor. Que se hunda el mundo bajo sus pies, porque sólo así podrán los jóvenes, y los no jóvenes, acceder a un bien, la vivienda, a un precio de mercado, que será, sin lugar a dudas, muy inferior a los precios que aun hoy muchos se resisten a olvidar.

Lo que pido es complicado, y tiene implicaciones importantísimas en la estabilidad financiera de nuestra economía, lo sé. Pero semejante complejidad es lo que convierte este tipo de decisiones, en decisiones valientes y consecuentes. Basta ya de regalar pisitos y empecemos por fin a consolidar un auténtico mercado de la vivienda que no vuelva a convertirse en el pozo sin fondo sobre el que verter, y en base al que justificar y promover, la próxima expansión del crédito que este por llegar.

Saludos y Libertad!

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3 comentarios leave one →
  1. julio 2, 2010 11:18 pm

    Suscribo al 100% el artículo, pero seguiría existiendo un problema: la manipulación estatal del dinero. Es la que creó la burbuja inmobiliaria, y la que lo puede volver a hacer. Mira a EE.UU.: su mercado de vivienda es bastante más liberal, y tienen terreno para aburrir, pero la burbuja la tuvieron (casi) igual. Greenspan sabe por qué.

    La suerte que tienen allí es que se la ha dejado pinchar, y aquí no, como bien dices.

    PS: Gallardón y Espe eran compañeros de farra? >)

  2. Juan Van-Halen permalink
    diciembre 19, 2010 4:41 am

    De acuerdo con parte de lo que usted dice, pero otra parte es exagerada o está poco informada. El cambio electoral en Madrid al que se refirió Esperanza Aguirre en su discurso de Investidura en 2003 no ha sido posible porque el Grupo de Izquierda Unida nunca apoyó la división electoral de Madrid en circunscripciones.Y una reforma de ese calado precisa un consenso de todos los Grupos. En cuanto a que Gallardón y Aguirre fueran compañeros de farra en Lavapiés…es sencillamente una fábula que evidencia el desconocimiento de los dos. Los cambios en Urbanismo en Madrid ya se han hecho. El último hace bien poco. La Comunidad de Madrid es pionera de España hoy en la construcción de viviendas de protección, para jóvenes, en alquiler con opción de compra, etc.

    • diciembre 19, 2010 11:19 pm

      Juan, lo de Lavapiés no lo digo yo, sino fue un comentario que hizo Gallardón estando con Aguirre y Rajoy, tratando de limar asperezas.
      En cuanto a que Madrid sea pionera en vivienda protegida, es de lo que va el post, y no creo que sea positivo, por las razones que se explican aquí y en otros lugares de este blog. Todos los defectos de nuestro mercado de vivienda provienen precisamente de ese tipo de políticas y considero un error de libro potenciarlas. Ahora sí que se han tomado medidas coherentes, liberando todos esos metros cuadrados que en los desarrollos urbanísticos debían quedar retenidos para actuaciones de la Comunidad Autónoma. Es una buena medida y la apoyo. Pero lo cierto es que hubiera bastado con emprender algunas reformas justo en 2003, que es cuando la burbuja inmobiliaria comenzó su escalada crítica, para haber amortiguado los efectos de su estallido. No estaba en manos de Aguirre todo lo que se necesitaba, pero sí la efectiva liberalización del suelo, que para algo es la CAM competente en esa materia. No se hizo porque se habría vendido desde la oposición como un ataque a los que menos tienen y demás demagogia sin fundamento. Liberalizar el suelo de alguna forma habría contribuido, en todo caso, a deshacer los vicios institucionales que hacen del mercado inmobiliario un ámbito manifiestamente viciado y descoordinado.
      Como decía, Aguirre ha empezado, ahora sí, a dar pasos en la correcta dirección. Tiene mi total apoyo en ese empeño.
      Saludos!

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