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Con la bandera a cuestas

julio 6, 2010
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Me informan de que desde el comienzo del Mundial, y con la escalada de España en el mismo, ha acontecido lo insólito, lo nunca visto, lo no esperable ni esperado: la proliferación y exhibición de la bandera nacional. Las tiendas de chinos deben de estar agotando sus existencias. Y yo me alegro. Lo digo sin sorna. Por fin se pierde el miedo a la bandera. Ahora, esperemos sólo que no ocurra lo contrario: la banderitis.

Lo que en la mayoría de los países del mundo es un gesto de lo más normal, exento de connotaciones, no lo es en el nuestro. Sabemos que la historia, esa mala pécora, tiene parte de culpa. Ella y todos los que la traen y la llevan, los que la utilizan para emponzoñar un presente tranquilo y democrático, no carente de problemas pero al menos un presente que no tiene que vivir en el odio fratricida.
Sacar la bandera sigue estando mal visto, no obstante, por aquéllos que se obstinan en estigmatizar a quien de modo voluntario y sin referencia a lo que en el pasado pudiera representar la bandera deciden sacarla.
Mucho hay que decir sobre la psicología colectiva de esta suerte de epidemia banderológica, pero no me imagino que esté sucediendo de otro modo en Alemania, por poner un ejemplo (y su historia no es precisamente menos luctuosa que la nuestra).

​Que hace no tanto tiempo la exhibición de la bandera constituyese un acto no muy honroso puede entenderse. Y sobre todo cuando nos referimos a gente de determinadas generaciones, a gente que comenzó a trabajar cuando alboreaba la democracia, a gente que vivió en sus carnes los males de un régimen dictatorial y que tuvo la suficiente inteligencia como para hacer posible el cambio y modernizar nuestro país (la transición no sólo la hicieron los Padres de la Constitución sino todos aquellos que vivieron, activa o pasivamente desde el punto de vista democratizador, aquellos años).
La bandera, hoy en día, ha de asociarse con un sentimiento de orgullo nacional no siempre claro (no tiene por qué serlo, los sentimientos no son racionales, aunque se pueden racionalzar), que puede tener su origen en el acontecimiento más trivial del mundo (un Mundial, pongamos por caso) y que muestra la pertenencia a un grupo con una historia y una lengua comunes.
​El orgullo patrio, cuando es positivo, abierto, integrador, tiene un cariz solidario y constructivo. Podemos pensar que no es sino una puerilidad la que hace saltar la chispa de ese nacionalismo futbolero pero el apátrida es un ser triste, un ser que no se entiende ni se explica sino como negación de una identidad en el marco de una comunidad. El apátrida es siempre un impostor.
Que ondeen, pues, las banderas, y que lo hagan hasta el domingo, si se estima que la causa es justa (y parece que lo es) pues tan infantil excusa ha dado prueba de que se van cerrando las heridas del pasado. Esperemos que no se encuentren motivos para abrir otras nuevas.

Un saludo.

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8 comentarios leave one →
  1. julio 6, 2010 5:43 pm

    Se están dando incluso casos muy curiosos. El pasado sábado uno de mis hermanos vio en un bar de las afueras de Vigo a unos paisanos celebrando la victoria de España sobre Paraguay. Nada de particular (aquí lo celebró mucha gente), si no fuese porque los del bar lo estaban celebrando con una bandera española y con otra del BNG (la bandera gallega con la estrella roja). No es la primera vez que alguien me cuenta algo así, por cierto. El nacionalismo gallego es de lo más curioso…

    • ATR permalink
      julio 6, 2010 6:17 pm

      No me parece mal combinar el orgullo por la tierra chica (que es muy frecuente en España ) con el de la patria grande. Yo soy de Madrid y me gusta mucho mi ciudad (mi Comunidad, lo extiendo), pero ello no me impide sentirme española y disfrutar del encanto de nuestro país.
      A los de Vigo les pasará lo mismo, supongo. Habrá que fundar un BNM para Madrid.

      Un saludo

      • julio 6, 2010 11:55 pm

        Hombre… yo mismo tengo en mi cuarto colgada la bandera de España junto a la de Galicia, pero una cosa es la bandera de Galicia, con su escudo, y otra cosa es la bandera de la estrella roja, que es una bandera independentista, usada por el nacionalismo que se dedica a atizar el odio a España. De ahí mi sorpresa.

  2. yosoyhayek permalink*
    julio 6, 2010 5:51 pm

    Pensamos igual

    • ATR permalink
      julio 7, 2010 9:30 am

      Contradicciones de la vida de un regionalista radical, Elentir.

  3. julio 7, 2010 1:18 am

    Otra moda estúpida. El patriotismo no es más que religiosidad de burguer king para los laicistas, idolatría para los religiosos y aburrimiento para los escépticos.

    “apátrida es un ser triste, un ser que no se entiende ni se explica sino como negación de una identidad en el marco de una comunidad. El apátrida es siempre un impostor”.

    Bobadas. La necesidad de formar parte de algo, cualquier cosa, para estar contento con uno mismo, es decir la aceptación acrítica y casual de una identidad como propia, no es más que irracional búsqueda de pseudo-autoestima. La autentica felicidad proviene del logro de los propios valores (monetarios, intelectuales, sexuales, afectivos, etc..) y del orgullo de mantener los propios principios sin traiciones, dado que esto no te lo puede quitar nada ni nadie. No de sentimientos tribalistas. No se trata de negar una identidad, sino de no aceptar una de cartón piedra porque sí y buscar la propia racionalmente. Y cada vez más la gente busca y genera identidades distintas no basadas en vínculos territoriales, casuísticos o estatales.

    A veces es cierto que uno se entristece, pero no por uno, sino por lo desolador que resulta el espectáculo.

    Un saludo

    PD: Confiar en la validez del propio juicio no es caer en la fatal arrogancia, supone aceptar las limitaciones de la mente humana, sin menospreciarla. Decir que la mente humana es competente para percibir la realidad y juzgar en consecuencia, no es igual a decir que puede diseñar la realidad o el orden social e imponer satisfactoriamente dicha utopía.

    PD2: Según las Naziones Unidas un apátrida es “cualquier persona a la que ningún Estado considera destinatario de la aplicación de su legislación”. Si eso es un ser triste, venga a mí tal “tristeza”, oiga 😉

    • ATR permalink
      julio 7, 2010 9:29 am

      La no pertenencia (he señalado la cierta irracionalidad de la misma) a ningún grupo concreto, la no identificación (por muy tribal que ésta sea) es casi imposible. Es una impostura ,vaya. Sólo la gente arrogante (te refieres a la arrogancia, casi diría que citando a Hayek) puede creer que está por encima (o más allá) de lo que no es sino un hecho. La existencia de un sentimiento nacional es lógica y explicable, se cae incluso por su propio peso. La falacia del hombre sin patria, sólo fiel a un conjunto de valores es tan rematadamente utópica que da risa.
      En el devenir humano ha tenido mucho que ver el sentimiento patriótico, que ha movido (a veces para mal) a masas humanas que se sentían (falsamente acaso?) unidas. Yo creo que comparto más con un español que con un francés, pese a que tenemos muchas cosas en común. NO voy a negar que existe una historia común, unos cuantos siglos (y los Pirineos) de avatares.

      Un saludo.

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