Skip to content

Las Consecuencias del Cambio Climático

julio 7, 2010

Sirva como ejemplo de la propaganda más hueca y efectista que habitualmente rodea el fenómeno conocido como “cambio climático”. En TVE se hacen eco de una noticia que clasifican, desde el primer instante del reportaje, como una muestra más de las terribles consecuencias del cambio climático. Todo trata sobre la desgracia colectiva que padecen los habitantes de una zona fluvial de Bangladesh, que una o varias veces al año sufren las crecidas del río en forma de devastación total de todo lo que tienen. Lo cierto es que la típica noticias que desde hace décadas nos llega desde aquel país situado en plena desembocadura del río Ganges, entre la india e indochina, versan sobre las regulares crecidas que anegan campos y asentamientos urbanos, condenando a los que allí viven a tener que rehacerlo todo una vez al año. Esta es una de las razones que, ante la persistencia del locutor reiterando que las inundaciones sobre las que trataba el reportaje eran consecuencia directa y demostrable del monstruo llamado “cambio climático”. Gracias a quienes sí han tomado conciencia del problema en sus justos términos, las gentes sorprendidas por semejante cambio abrupto en sus condiciones ambientales, reciben la cooperación de caritativas ONGs. Me temo que para hallar financiación para ayudar a rehacer sus vidas a unos cuantos bangladesíes, dada la recurrencia del fenómeno, resulta mucho más efectivo conectarlo con el tema más en boga de nuestros días. Poco importa que el origen de los asentamientos más expuestos a las crecidas de los ríos no se remonten a la espontánea formación, en base a procesos de prueba y error, ajustándose las poblaciones y las formas de vida a las recurrencias del clima habitual. Nada se dice sobre las causas históricas de tales circunstancias, tratando de dibujar un panorama apocalíptico, de un pueblo sorprendido por un fenómeno extraño hasta hace bien poco.

El reportaje continua alabando las virtudes de los cooperantes, que llenos de mérito muestran a los autóctonos que es mejor hacer las casas en alto, los pozos de agua potable aislados, o las letrinas en zonas que impidan su saturación y mezcla con la corriente del río en plena crecida. Todas estas medidas paliativas son comunes en otros ámbitos culturales, donde la gente lleva siglos conviviendo con su medio natural, adaptando así la manera de construir, cosechar, desplazarse… En los países de indochina, es una estampa muy común la de pueblos enteros construidos sobre pilares clavados en el fondo de un río; gente que navega en canoas, y no teme a las crecidas porque son tan regulares, que salvo contadas excepciones, resultan perfectamente controlables en lo que a la protección de sus vidas, bienes y actividad se refiere.

¿Por qué los bangladesíes no han aprendido, adaptándose a lo que es habitual en su zona de asentamiento? Decíamos que quizá se deba al origen migratorio de gran parte de su población, tras la división de la India en dos países (más tarde en tres) en virtud de la religión profesada por sus habitantes, lo que forzó masivos desplazamientos de personas. Otro elemento a tener en cuenta es la mejora parcial en las condiciones de vida y la salud, que aunque a ojos occidentales nos pudieran resulta extremadamente precarias, provocan alteraciones graves en zonas donde el avance tecnológico no es completo, o no se asimila a la par del soporte institucional que lo posibilita en origen. La saturación demográfica de Bangladesh no puede comprenderse sin valorar estas y otras circunstancias, porque en realidad no se trata de una población previa atacada por una pobreza inducida, sino que se podría decir que se trata de una población sorprendida por las incursiones occidentales, su cultura y tecnología, artificialmente formada a partir de procesos migratorios forzados por conflictos políticos y religiosos, que termina por descontrolar la natural tendencia a adaptarse al medio habitual en el que reside.

Pero supongamos que el pueblo retratado en el reportaje no procede de ninguno de los aspectos comentados, y efectivamente desarrolla su vida en el mismo asentamiento desde hace siglos. De igual manera, supongamos que las crecidas recurrentes son muy recientes, de tipo catastrófico, diezmando las existencias, impidiendo la actividad y devorando los bienes de estas gentes. En todo caso, la ayuda es necesaria. El desajuste exige colaboración. Lo que sucede es que el drama de este pueblo se utiliza como munición propagandística para avalar la más que cuestionada y cuestionable hipótesis del cambio climático abrupto de origen exclusivamente humano. Si las inundaciones son algo nuevo, ¿por qué no analizar el entorno en busca de alguna alteración, natural o artificial –provocada por el hombre- que pudiera afectar en el drenado del agua, su curso, o acumulación en determinadas zonas geográficas? Es probable que los seguidores del culto climático hayan errado el tiro, aunque no del todo: la causa, en caso de ser artificial, colocaría al Hombre (en este caso, a hombres concretos, identificables) como pleno responsable de las penurias de un pueblo sorprendido por las crecidas. Basta con se haya talado un gran bosque, o se haya urbanizado una zona próxima al río, o quizá canalizado el agua para evitar inundaciones en otras zonas, para que los efectos no queridos de dichas actuaciones tornen en un súbito e inesperado avance de las aguas en lugares donde esto nunca había sucedido.

Pero a los periodistas del reportaje, o a los miembros de la ONG les interesa más la otra conexión, la mística, la hipotética. El cambio climático como primera solución, como presunción irrebatible, recurso mediático con el que atraer subvenciones, convocar a la prensa, y pasear por todo el mundo la bondad de las acciones que realizamos. Un negocio cuadrado, en el que, aparentemente, también salen beneficiados los damnificados de los males descritos. Pero hay algo que no termina de cuadrar, una realidad tozuda que impide que ese pueblo salga adelante sin depender eternamente de la cooperación internacional: las ONG que allí vayan estarán mucho más pendientes de ratificar sus creencias, modelos y convicciones sobre el cambio climático, que de hallar el origen de todos los recientes (si es que lo fueran) males de estas personas. Quizá identificando la infraestructura, urbanización, canalización, presa o deforestación causante, podría también señalarse a los auténticos responsables del daño, reclamándoles su personal responsabilidad sobre los efectos causados por sus actos voluntarios. Esas ONG podrían volcarse en perseguir judicialmente a los promotores, o condenar públicamente al gobierno que permitió la intervención sin los suficientes informes técnicos al respecto. Podría hacerse justicia, colocando a cada uno en su lugar, y rescatando los derechos de aquellos que fueron víctimas de las acciones de otros.

Lo que sucede es que, tristemente, los misioneros del cambio climático, perseguidos por la prensa, ávida de retratar historias y sugerir culpables, realizan estos viajes y emprenden tales campañas de caridad y cooperación, nunca desde el rigor y la consideración estricta, sino desde la búsqueda de pretendidas pruebas materiales que los ratifiquen en su fe. El reportaje terminaba amenazando sobre la futura crecida de un metro! del nivel del mar. Crecida que llegaría si no cumplimos a raja tabla todas las sugerencias del culto climático. Si no fuera así, esa pobre gente fenecería bajo las aguas o tendría que emigrar a otras zonas en busca de tierra firme sobre la que asentarse. Todo excesivamente dramático, afirmando cosas inverosímiles, sin rigor alguno, como parte de una estrategia de intoxicación y terrorismo mediático como nunca se había visto desde que los viejos totalitarismos se sirvieran de la industria del cine como motor de la manipulación de conciencias y el engaño masivo.

Repito, puede que sean hombres los culpables de esta trágica situación. Puede el origen sea institucional, político, derivado de conflictos en los que occidente tiene cierta responsabilidad sobre sus consecuencias. Puede que el origen sea natural, y no haya intervenido n absoluto la acción del hombre. Puede también que se trate de un efecto de la construcción de determinadas infraestructuras. Pero poco importa discernir entre las posibilidades y aplicar un pensamiento crítico y honesto. Los malos de esta historia están muy claros desde el principio: occidente, la industrialización y el capitalismo.

Saludos y Libertad!

Anuncios
3 comentarios leave one →
  1. Liberand permalink
    julio 7, 2010 9:13 pm

    Bangladesh ES practicamente en su totalidad el delta del Ganges y se encuentra por debajo del nivel del mar, inundaciones han sido la constante en toda su historia. A pesar de ello y de ser el septimo país más poblado en una superficie tres veces menor que la de España, su PIB ha crecido en los últimos años y su tasa de pobreza disminuido. El sorprenderse porque haya inundaciones es como hacerlo por un huracán en el Caribe o un tornado en Oklahoma

    • yosoyhayek permalink*
      julio 7, 2010 10:57 pm

      De lo anecdótico hacen un mundo, lo tergiversan, manipulan y propagan como mensaje dirigido a analfabetos funcionales. Bangladesh es anómalo, un orden social descoordinado, y aun así la libertad no deja de proporcionarle ventajas y oportunidades para su gente. Lo que quieren los calentólogos es que nada cambie, continúen los ejemplos de desajuste y los tontos occidentales dejen de ver en Bangladesh un ejemplo del éxito de la libertad, sino una víctima del cambio climático…

  2. Espectador permalink
    julio 8, 2010 6:48 am

    Tratar de razonar con los calentólogos es una tarea tan ingrata y de escasos resultados como tratar de razonar con la izquierda en general.

    Ellos han llegado hace tiempo a unas conclusiones indiscutibles y aceptan o rechazan los datos experimentales según se acomoden o no a ellas. Además, se saben poseedores de la verdad absoluta y de una abrumadora superioridad moral, de forma que todo el que se atreve a discutirles es un facha, un negacionista, alguien a sueldo de alguien, o algo peor.

    La realidad es tozuda, pero algunos no la reconocen aunque les pase por encima y les arrolle. Todos conocemos algún personaje así; algunos llegan a Presidentes de Gobierno.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: