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El peligroso fiasco de ayer en Barcelona

julio 11, 2010

No me opongo a la independencia de Cataluña. Pero visto lo visto en los últimos 30 años, y en concreto, en lo que viene sucediendo desde 2003 hasta la fecha, me temo que el independentismo en Cataluña no forma parte del consenso social, aunque sí del político (D. Negro). La marcha de ayer sobre las calles de Barcelona es el mejor ejemplo posible. 500.000 ciudadanos concentrados, proclamas soberanistas, orgullo colectivo, instituciones, cargos, partidos políticos, sindicatos, “intelectuales”, fuerzas vivas… Pero ayer no se proclamó el Estat Catalá. Y esto no se debe a que los tiempos sean otros distintos a los del año 34, o a que ahora se hagan las cosas de otra manera y el espíritu decimonónico haya quedado atrás. La razón por la cual la marcha de ayer no concluyó frente a la Delegación del Gobierno en Cataluña, con un Montilla exaltado y arropado por todos, rompiendo con España e inaugurando la independencia catalana del siglo XIX, es muy sencilla: lo que ayer salió a la calle no fue el consenso social de los catalanes, sino el consenso que en torno a la cuestión soberanista existe entre la clase dirigente y una parte enfebrecida de la sociedad catalana. Representan el más notorio de los frentes, la cara visible de un pueblo, algo que los medios retratan y parece imposible no asimilar al conjunto de los catalanes. Pero todo el mundo conoce la verdad: Cataluña no es ya independiente porque no existe ese consenso social indispensable para alterar radicalmente el status catalán y su engarce dentro de la comunidad política española.

Y esa endeble cordura esquizoide la que provoca que en Cataluña, como en el resto de España, se contemple este hito del fascismo catalanista con cierto hastío, mezclado con indiferente resignación. Tres sentimientos que condensan lo que representa la cuestión catalana en toda España, incluida Cataluña: una historia para no dormir que vuelve sobre sí misma, en un bucle cansino y forzado sin final. El mito catalán es recurrente no sólo para el genio propiamente catalán. Y es ahí donde radica el origen de los males recientes: la fascinación que suscita en personas ajenas por completo a la cuestión. Cataluña entroniza el anticentralismo, la capacidad de gobernar toda España sin moverse estrictamente del pueblo de uno, el rechazo comprensible de la casta dirigente madrileña, de la fauna que en Madrid habita, de esa imagen distorsionada de lo que se cuece en la capital de España.

Quien ha encendido esta mecha no es ERC, un CiU expulsado del Poder o un PSC ávido de identidad y reconocimiento. Sin Zapatero nada de esto, de la manera que en los últimos 5 años se está viviendo, menos aún con el desenlace de ayer, habría tenido lugar. Ha sido un leonés culé quien ha desatado las furias soberanistas, quien ha forzado a las instituciones del Estado, haciendo incluso que en Cortes se aprobase un texto manifiestamente inconstitucional. Dejando al PP el papel de malo, resulta que, a pesar de las presiones y la más que cuestionable independencia e integridad del TC, la sentencia ha apuntalado aquella Nación que el presidente del gobierno consideró cuestionada y cuestionable. Lo cierto es que la sentencia del TC no ha zanjado todas las brechas abiertas en nuestro sistema constitucional, pero sí ha venido a demostrar que el recurso del PP fue necesario. Lo que preocupa no esto, sino que el PSOE, siguiendo a Zapatero, tentase al destino avalando y asimilando como propio, el más terrible desafío que en los últimos 70 años se ha lanzado contra el consenso social español.

En Cataluña el Estatut pasó sin pena ni gloria, pocos lo votaron y a pocos les preocupó su contenido. Pretender, como aspira a conseguir su casta dirigente, que la marcha de ayer se convierta en el reflejo del sentir general del pueblo catalán, no es ya una barbaridad propia del totalitarismo más fiero, sino el reflejo de lo que se ha conseguido en España y en concreto en Cataluña durante los últimos años: domeñar a la sociedad y convencerla de la superioridad moral de intelectual de las tesis nacionalistas. Así, aunque no se compartan, tampoco se discuten con vehemencia o determinación. No se movilizan las conciencias ni se aúnan las voluntades. Una minoría de exaltados contrala al resto, y como sucediera en la Alemania nazi, si bien la mayoría no estaban por la labor, hubo guerra y genocidio, desde fuera también se toleró, y nadie, nadie, pudo evitarlo hasta que fue demasiado tarde. Los efectos no son comparables, pero sí el germen que motiva cada situación. Decía que la marcha de ayer no es reflejo del sentir catalán, pero sí la muestra de que existen las bases para un conflicto que nadie quiere, pero tampoco nadie está dispuesto hoy a evitar. A continuación se abren tres escenarios distintos:

1. Que el fracaso soberanista de ayer (no hubo proclamación formal de la independencia catalana) se quede en eso, y tras la victoria de CiU en las próximas elecciones se vuelva, bien con el PP, bien con el PSOE, a parchear el régimen autonómico en virtud del pacto político, y no desde los propios límites de la constitución (que es lo que se viene haciendo desde 1993).

2. Que la marcha de ayer, aun siendo la prueba del escaso apoyo real que tienen las tesis soberanistas entre los catalanes, se convierta por pura inercia en una bola de nieve capaz de precipitar los acontecimientos y lanzar a Cataluña hasta donde sólo una minoría (dirigente y reconocida) pretende. En este caso, si desde dentro de Cataluña la pasividad resulta idéntica a la del resto de España, el orden constitucional y social español se habrá roto, provocando una descomposición nacional de escasa conflictividad pero terribles consecuencias.

3. Que en la misma situación del punto anterior, sí salte el conflicto, tanto dentro como fuera de Cataluña, y ante hechos consumados, o una primera fase en la se deje hacer al movimiento catalanista, llegue una segunda etapa de lucha y confrontación. Guerra Civil, posiblemente extendida al resto de España y con consecuencias impredecibles.

Sinceramente, espero que sea el primer escenario el que prevalezca. Y me temo que así será, porque lo cierto es que hoy no estamos en las circunstancias del año 34, y menos aún en las del siglo XIX. Hoy los procesos sociales y políticos tienen características muy particulares, y el conflicto abierto o los cambios institucionales severos, tienden a neutralizarse mediante el pacto entre castas dirigentes. Se utiliza al pueblo como acicate, se explotan sentimientos y encienden odios, todo como instrumento de pugna entre quienes gobiernan. El poso que queda es terrorífico, y puede que acabe, por sí mismo y para sorpresa de esos políticos, derivando en un conflicto abierto y encarnizado que ellos mismos nunca habrían deseado.

Saludos y Libertad!

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8 comentarios leave one →
  1. julio 11, 2010 12:58 pm

    No fueron 500.000 sino “sólo” 56.000. Es menos gente que la que fue al Día del Orgullo GAY, por poner un ejemplo, en 2009. Es sistema de recuento Lynce es definitivo.

    http://www.lynce.es/es/manifestaciones.php

    El número de asistentes a la machada/manifestación de ayer (ultranacionalista, antidemocrática, etc) fue similar a la manifa anti-abortista auspiciada por los medios afines al PP. Ultras todos. Lo que opinen o dejen de opinar nos debería dar igual.

    • julio 11, 2010 2:37 pm

      Fueron muchos, y muy notorios, aunque comparto contigo la idea de que no son representativos. Pero admite que no siempre la representatividad es el freno a los movimientos políticos, y que con mucho menos se han organizado grandes terremotos. El País dice que fueron 470.000, pero no suelo prestarle atención a las cifras. Es obvio que a las manifestaciones de la familia no fueron los millones que dijeron, como también es evidente que su trascendencia (poca o ninguna) no dependió del número de forofos que acudieron a ellas. Un buen ejemplo de todo esto fueron las manifestaciones contra la negociación de ETA. Su éxito, que lo tuvieron, no dependió tanto de su número (fueron varias) ni de la cantidad de asistentes (varío de una a otra), sino la capacidad que se demostré de reflejar el sentir general de muchos españoles, preocupados por los términos de la aventura planteada por Zapatero. No fue un éxito del PP, y poco importa su capacidad de convocatoria (a partir de un umbral, claro). Fue la perfecta expresión del consenso social de aquel momento y sobre ese tema concreto. Lo de ayer en Barcelona representa, exclusivamente, la cara más radical de Cataluña (minoritaria en sentido estricto), alentada y alimentada por su clase política e “intelectual”, y poco más. El resto de catalanes anda pendiente del mundial, me temo.
      Saludos!

  2. ATR permalink
    julio 11, 2010 4:34 pm

    Por desgracia hubo más de medio millón de personas. Es bien triste comprobar la cantidad de retrógrados que hay en Cataluña. Retrógrados, insolidarios, ajenos a los problemas reales del país, más concentrados dar pábulo a sus propias mentiras, egoístas, radicales, chantajistas, manipuladores…………..

  3. Marta permalink
    julio 11, 2010 5:21 pm

    Totalmente de acuerdo. Además el problema que tiene ahora mismo Cataluña es que están resultando demasiado cansinos. Aburren a las moscas, ya no saben ni qué problemas inventarse para darse publicidad de vez en cuando. En un mundo globalizado, con problemas realmente acuciantes (recordemos que cada 3 segundos muere un niño), que alguien se obstine en reivindicar sin motivo un pensar, sentir y hablar catalán me parece algo pueril, egoista, indigno, repulsivo, vomitivo.
    Yo nací en Madrid pero me hubiera dado igual nacer en Cuenca o en Jaén, en Zambia o en Seúl, es algo circunstancial y jamás se me ha ocurrido reivindicar mis orígenes. Por favor, que a esta gentuza, mucha para la minucia que defienden, se les de lo que piden. Que se queden con su trozo de terruño, que se enzarzen allí en luchas por el poder y que acaben de hundir su creación. Para mí, sería la mejor solución.
    NO LES SOPORTO. DEJADNOS EN PAZ. ADEU CATALANES.

    • julio 20, 2010 8:36 am

      La cuestión es que no nos soportáis, pero nos necesitàis. Ojalá tu “adéu catalanes” fuera compartido por muchísimos más. Nadie quiere formar parte de un grupo en el que es rechazado ¿no?

      • julio 20, 2010 3:13 pm

        Quiénes no soportamos a quiénes? Deja de vulgarizar y generalizar. Aquí no se practica el odio, así que no creas que recurriendo a ese discurso lastimero conseguirás parecer una víctima. Soy partidario de la independencia de cualquier pueblo que así lo sienta y desee mayoritariamente. Mira a tu alrededor a ver si encuentras es deseo o ese sentimiento entre los catalanes. Si así fuera, Cataluña ya sería independiente. Lo que sucede en es región se llama constructivismo nacionalista, es decir, coacción, colectivismo e persecución de todo lo que recuerde la españolidad catalana.
        Si Cataluña llegara a ser independiente, desearía que lo hubiese conseguido sin necesidad de un impulso tan sectario y totalitario como el que hoy representa eso que llaman “catalanismo”. Esa es mi crítica.
        Saludos!

  4. Zumba permalink
    julio 11, 2010 6:37 pm

    Fueron 56.000. Pero es que 56.000 personas, un sábado de verano, son muchas personas. Y desde luego muchas más que las que reuniría cualquier llamamiento constitucionalista o unionista, apenas unos pocos cientos.

    Qué antipáticos se han vuelto, los catalanes y su insufrible complejo de superioridad. Lo que pretenden es como si, en la Unión Europea, los franceses, por creerse hechos de una pasta especial, pretendieran mandar más que nadie, pagar menos impuestos o tener más derechos que los checos o los holandeses.

    El caso es que Cataluña se independizará tarde o temprano, y ello después haber mangoneado todo lo que haya querido y más al estado, gracias entre otras cosas a la supremacía ganada con el Estatut. Lo mejor, pues, sería anticiparse a este designio y expulsarla de España, para que al menos no seamos el resto quienes le paguemos la secesión en cómodos plazos.

    Yo propongo cambiarles diez o quince empresas importantes por una independencia pacífica, sin boicots comerciales ni políticos, y facilitándoles su ingreso en todos los organismos internacionales, incluida la Unión Europea. Además, a ambos lados de la nueva frontera las cosas seguirían yendo más o menos igual, pero todos nos íbamos a sentir mucho mejor.

    Así que: ¡Fuera con ellos! ¡Adiós, Cataluña!

  5. ATR permalink
    julio 12, 2010 10:02 am

    Venga ya, no fuero 56,000. No hay que negar la evidencia.Hay mucho independentista, aunque no tanto si se piensa en el número total de catalanes. Yo me sorprendí por la cantidad de gente que se manifestó. Fletaron autocares desde los distintos puntos de Cataluña.

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