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julio 13, 2010

Nacho Escolar no se equivoca al denunciar la arbitrariedad del gasto en publicidad institucional al que el gobierno Madrileño nos tiene acostumbrados respecto de servicios como el metro o el canal de Isabel II. Como siempre, y ese es uno de sus mayores problemas, Nacho demuestra no manejar teorías ni siquiera regulares: sus argumentos abundan en tópicos, simplones sofismas económicos, y un sectarismo que rezuma odio.

La publicidad es un coste más de la producción. Si de lo que se trata es de ampliar la demanda posible de un bien o servicio, no sólo debemos fabricar dicho bien, y hacerlo como creemos que será demandado por un número bastante de consumidores, a cierto precio, sino que además debemos prever que dicho precio sólo será rentable si soporta costes de producción como el de transporte o el de publicidad, por poner dos ejemplos. En su esquema anticuado e insuficiente, Nacho olvida lo que Mises ya dijera en su Acción Humana, y considera que un servicio como el metro, o un bien como el agua corriente, no necesitan recurrir a la publicidad para ampliar su demanda. Basta con reflexionar sobre la cuestión para darse cuenta de lo incompleto de su argumento.

Dicho esto, y aquí viene la parte de razón que tiene Escolar, cuando el gasto en publicidad no depende tanto de criterios estrictamente empresariales, y sí de mera propaganda política o institucional, es verdad que su dimensión, la del gasto en publicidad, merece ser objeto de crítica. Pero es que esto es algo en lo que los estatistas caen siempre: no condenan el sistema en sí, sino que exclusivamente se persigue al oponente político cuando, haciendo uso de su poder, hace aquello que también harían ellos si gobernasen. De hecho lo hacen allí donde deciden sobre estos asuntos, como también se recurre a “empresas amigas” para llevar el peso (bendito peso) de las campañas y anuncios publicitarios.

Sólo en libertad, en un mercado libre de intervención, el coste publicitario depende de decisiones pacíficas, justas y responsables. Cada empresario decide cuánto gastar, arriesgándose a equivocar el tiro. Si hablamos de metro de Madrid, o del Canal de Isabel II, parece obvio que, siendo gobernados como lo son por políticos, y dependiendo su presupuesto del gasto y el soporte público, sean también instrumentos de propaganda institucional o partidista. Aguirre se ha esforzado muy mucho en vendernos las bondades de sus servicios públicos y políticas intervencionistas. El metro público más moderno y extenso; la sanidad pública mejor dotada y próxima; la educación con más y mejores centros; el agua más limpia y que mejor sabe; y así un largo etcétera que representa la envidia del resto de estatistas que ahora mismo gobiernan en España (especialmente, y esto es curioso, los éxitos de Aguirre son vistos con recelo y admiración desde Cataluña, tan ávida de intervención como colapsada en sus servicios públicos de todo tipo).

Los conductores de metro han convocado una nueva huelga. Lo hacen porque no están dispuestos a renunciar a 30 Euros mensuales en una nómina de 2.000 Euros. Un 1,5% de bajada es la última y generosa oferta del gobierno regional. Podría recortar plantilla, y dejarse de tonterías. Podría hacerlo con cargo a los huelguistas que incumplieron los servicios mínimos, y con ello confirmar el apoyo mayoritario que hoy día recibe de los usuarios del suburbano. Podría incluso privatizar algunas líneas, las más rentables, y dejar que sean sus adquirentes quienes decidan sobre salarios, plantillas y gasto publicitario. Esta última salida es la más liberal, pero también la que menos papeletas tiene a su favor si de Aguirre depende. Porque Aguirre no es ese coco anti-público, sino todo lo contrario, es el estandarte español de las corrientes de reforma del Estado y sus relaciones con el mercado que provienen de la socialdemocracia escandinava. Salvar lo público como sea, esa es la obsesión de Aguirre. Y debería parecernos contradictorio que sea Nacho Escolar, o el diario Público! quienes con más vehemencia y determinación se lancen en cualquier ocasión a criticar a su lideresa preferida. Olvidan que ella, en lo malo, comete las mismas tropelías que otros… y que en “lo bueno” (también según su criterio favorable a la existencia de servicios públicos) es quien está garantizando, al menos a corto plazo, que resista y sea aparentemente sostenible aquello del Estado Social y de Bienestar.

Mientras que Metro de Madrid y el Canal de Isabel II sean de titularidad pública, como sucede con ADIF, AENA, Metro de Barcelona, y un largo etcétera de entidades dependientes de todo tipo de gobiernos e instituciones públicas, nunca sabremos si el coste publicitario se ajusta a lo que el mercado apunta, o es un fiel reflejo de ese necesario autobombo al que todos los políticos recurren, con mayor o menor gusto, descaro o elegancia, para mantenerse en el poder y consolidar su cesarismo ilustrado del siglo XXI.

Saludos y Libertad!

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5 comentarios leave one →
  1. JFM permalink
    julio 14, 2010 9:32 am

    Tambien esta el problema de la eleccion del soporte publicitario: ha sido elegido estrictamente en terminos empresariales (mayor numero de ventas adicionales al menor costo) o en terminos de ecchar una mano a grupos amigos que luego devolveran el favor?

    Creo recordar que las campańas institucionales del gobierno de Espańa post 14-M han manifestado un desequilibrio falgrante hacia quen las habia ayudado tras el 11-M.

  2. Seb permalink
    julio 14, 2010 11:19 am

    A mi lo que no deja de irritarme, son las publicidades de Canal Isabel II con el tema de ahorrar el agua… Es la perfecta ilustración de la mala gestión publica de un recurso. Cada gota de agua que cae del cielo en la comunidad de Madrid pertenece al Canal Isabel II, cada gota de agua que se encuentra en el suelo pertenece al Canal Isabel II… Y con esto, no son capaces de alimentar la gente en agua ??? Que dejen a cualquier persona hacer un pozo, cualquier persona hacer un envase (respectando las leyes de propiedad), y veremos como volvemos a la abundancia !

    Nunca hemos visto una empresa que vende un producto pedir a sus clientes de no consumirlo, y es lo que hace Canal Isabel II…

    Por ultimo, cuando veo todo el agua que se gasta en regar los espacios verdes en Madrid (cesped, y otros arboles) me parece que nos toman por tontos, pidiendo que ahorremos los particulares…

    • julio 14, 2010 8:56 pm

      Es el mejor ejemplo del absurdo de este gobierno. Ese, y el anuncio en el que nos recuerdan que la sanidad, la educación o el transporte, se pagan con nuestros impuestos, y lo dicen justo en periodo de declaración…

  3. blogroll permalink
    julio 14, 2010 6:18 pm

    Cuando veo anuncios del Metro y del canal de isabel II en Telemadrid,me pregunto si estoy gobernado por un partido opuesto al psoe y si el muro se cayo en 1989.A estas alturas lo logico seria que se hubiese privatizado esas tres empresas.Cuando digo privatizar no me refiero a tener un monopolio privado a los amiguetes de Aguirre o de Aznar.
    El unico problema de Escolar es su sectarismo,jamas diria algo asi de cataluña o de andalucia.

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