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El toreo catalán

julio 28, 2010

Según parece, la afición al toreo en Cataluña llevaba años en decadencia hasta que empezaron a sonar las trompetas de la prohibición. Dos son los fallos que tiene esta fiesta sangrienta, si la analizamos en el contexto social que nos toca: por un lado, el nacionalismo español la quiso para sí, haciendo de ella la “fiesta nacional”; por otro lado, el espectáculo consiste en ver precipitarse y morir a un pobre animal sitiado en un coso.

Teniendo en cuenta los tres puntos mencionados (caída del número de aficionados catalanes, carácter españolista de la fiesta, y el ejercicio de violencia contra un animal), parece razonable que el debate sea tan vivo y encendido como para promover prohibiciones del estilo de la que hoy se ha decretado en Cataluña. Podría haberse hecho de otro modo, prohibiendo exclusivamente el maltrato físico y asesinato del animal, como sucede en otros países que mantienen cierta tradición torera, pero los símbolos, en este caso, han pesado mucho más que el animalismo al que se ha recurrido como coartada para la prohibición. Los toros en España tienen un tono nacionalista, lo cual no quiere decir que fuera de España dicho carácter sea idéntico. Cataluña es España, y particularista, de ahí que la precaria vigencia de la fiesta nacional suponga, en todo caso, un conflicto entre nacionalismos.

Quienes apelan a la libertad como mejor defensa del toreo, se equivocan. No sirve decir que el toro nace para morir, porque su muerte, lejos de ser rápida, indolora y exclusivamente por un fin alimenticio, es una muerte celebrada, mareada, angustiosa y en la que cientos o miles de almas se recrean en cada una de las fases del particular vía crucis del astado. Cuando hablamos de libertad para hace algo que otros consideran aberrante, no basta con apelar a la capacidad que estos otros tienen para no presenciar la matanza. Un pedófilo no puede decir, “a quien no le guste, que no mire”, obviamente. Es aquí donde aparece otra de las cuestiones que mayor confusión provocan entre los detractores de este tipo de malos tratos a seres vivos no humanos. Los animales, y eso ya lo he dicho en otro lugar, no tienen derechos, por carecer de personalidad jurídica. Sólo el ser humano merece tal consideración. La dignidad no es atribuible a un animal ni si quiera cuando se hubiese generalizado una intensa deferencia hacia su especie, o una simpatía prácticamente idéntica, y en algunos aspectos “superior” a la que se dispensan los seres humanos entre sí. Los animales no tienen derecho, pero sí son objeto de veneración, respeto, cariño y una particular humanización de su carácter. El Derecho no les concede personalidad jurídica, aunque sí los protege frente a las libérrimas agresiones perpetradas por el ser humano.

Que se prohíba martirizar o asesinar a un toro no debería parecernos un escándalo. Se lleva décadas legislando en esa dirección. Pero es que además, al margen de la intervención sobre las normas, ha sido tradición de todos los pueblos, sobreproteger a determinados animales, incluso contra las acciones del Hombre. Perros, gatos, palomas, caballos, ballenas, delfines, chimpancés, osos, vacas, cerdos… Animal fetiche, animal de moda, simpatía espontánea que nos hace considerarlos prácticamente al mismo nivel que a nosotros mismos.

La prohibición de las corridas de toros en Cataluña ha sido motivada fuertemente por esa razón de choque entre nacionalismos. La afición iba en declive, el auge de las posturas favorables a la extensión a los toros del reconocimiento que ya tienen otros animales en nuestro ordenamiento jurídico, y ha sido la conveniente combinación de estos tres motivos lo que ha hecho noticia.

No soy partidario de prohibir casi nada, aunque comprendo que haya gente ofuscada por erradicar un espectáculo sangriento como son Los Toros en España. Quien crea que es un arte, que defienda este aspecto, dejando a los sentimientos morales de la mayoría la decisión de prohibir o no la muerte del animal. Torear se puede seguir toreando, aunque sin sangre y sin muerte la fiesta pierda parte de su razón de ser. Si es el torero el único que se expone, quizá cada cornada se sienta mucho más por su público, y no quepa la victoria definitiva, sino el vago sentimiento de haber dado cuatro o cinco piruetas más o menos llamativas. Lo que me molesta de los prohibicionistas animalistas es que lo hagan apelando a “los derechos” de estos seres, cayendo así en una grave contradicción que amenaza gravemente con despojar al ser humano de la dignidad que le es propia en exclusiva. Estos mismos defensores de los animales son abiertos partidarios del aborto humano indiscriminado, como también demuestran su culto a la misántropía, considerando las virtudes de todos los seres vivos salvo las de los humanos, a los que consideran destructivos, artificiales y no merecedores de los dones naturales. Retazos esquizoides que les hacen creer en la salvación mundana mediante movimientos de este tipo.

En Cataluña se ha agitado el tema de los Toros para convertirlo en un nuevo motivo de enfrentamiento y ruptura. No por la afición previa, sino por la reacción que ha provocado y provocará. El PP, por lo pronto, ya se ha dejado llevar por la marea, anunciando que desde Madrid, como les gusta decir a los catalanistas, se va a tratar de impedir lo que “democráticamente” se ha aprobado en Cataluña. No acabamos de salir en una para meternos de lleno en otra.

Saludos y Libertad!

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33 comentarios leave one →
  1. atr permalink
    julio 28, 2010 3:30 pm

    Todo lo que huela a España profunda (y me temo que el toreo apesta) es motivo de alergia para los políticos catalanes, que insisten en depurar su raza superior de todo contagio con prácticas de origen meridional.
    Se ha prohibido el toreo, pero no se han prohibido el toro de fuego ni tampoco otras prácticas que suponen un maltrato para el animal (animal que, por otra parte, ha de morir).
    Cataluña es hoy menos libre. Supongo que continuarán su particular limpieza racial a golpe de prohibición. Mientras que no recorten libertades al resto de España, que se ahoguen en su propio discurso antisemita y dictatorial.

    • julio 28, 2010 7:23 pm

      Lo que sucede en Cataluña merece un estudio riguroso, da para mil tesis, es increible…

      • cris permalink
        julio 28, 2010 8:08 pm

        supongo que las tesis estudiarian la relación con españa desde sus inicios asta dia de hoy teniendo en cuenta y considerando, siempre desde el respeto, ambos puntos de vista.
        da para varias tesis… estoy de acuerdo

    • Zdenka permalink
      julio 29, 2010 4:53 pm

      Hola, Soy Zdenka, médica y trabajo en Brasil. Tuve la oportunidad de viajar por varios países como España, Alemania, Francia, Andorra, Bolivia, Chile, Argentina, y Brasil, como para poder obtener una conclusión obvia de lo que se piensa sobre el vergonzoso toreo español.

      Desde aquí mando mi mayor alegría y felicitación por el triunfo de los catalanes. En practicamente todo el mundo se vio ese “deporte” (o no sé como se pueda llamar matar sádicamente a un animal por simple gusto) como un acto de ignorancia dando alución que era parte de la cultura española.

      Mil felicidades Cataluña por prohibir el toreo.

      Continúen por el camino del progreso del siglo XXI. A toda España, todos nosotros esperamos que sigan ese ejemplo como miembros de una sociedad organizada que son.

  2. JJ.Mercado permalink
    julio 28, 2010 4:34 pm

    No creo que pueda decirse que la afición catalana estuviera en declive. Es más, históricamente ha demostrado ser una de las aficiones con más enjundia del panorama taurino. Cosa distinta es que hayan ido, ley tras ley, apagándoles la fiesta poco a poco.
    Tampoco creo que el debate deba estudiarse como un choque entre nacionalismos. Allá cada quien con las historias que quiera vender, pero allá cada cual también con las que quiera comprar. Es verdad que quieren hacer ver la fiesta como algo pseudofranquista, pero es que los hay que pensaban que don Pelayo vestía camisa azul… y a esa gente es a la que se compran este tipo de argumentos. Podrán repetir mil y una vez una patraña. Cosa distinta es que sea verdad.
    Creo además que salir de una corrida y quedarse con que ha sido un espectáculo sangriento y bla bla bla es no haber entendido nada, pero admito la total subjetividad de este punto. Allá cada quien con su estética. Cosa distinta es que quien aborrezca tal espectáculo quiera activamente defender al animal por la única vía posible -mientras exista afición-, que no es sino otorgándole al animal unos derechos. Ni la estética ni la política paleta tienen aquí nada que hacer.
    ¿Tiene el toro derechos? Si los tiene, esto es tortura y asesinato, claro. Pero si no, todo lo demás sobra y allá cada cual.
    Ahora la cuestió es: ¿para cuándo una ley que proteja a las hormigas?, ¿para cuándo la comparación de las granjas de pollo con Austwitz?, ¿para cuándo la prohibición de la venta de cañas de pescar?
    ¿Exageración? No, oiga, coherencia. Lo demás, ruido y boina.

    PD: Sólo en una cosa tienen razón los cazurritos amigos de Bambi: la injusticia de la inversión pública en la fiesta. Claro que de nuevo aquí si incoherencia es manifiesta. La mía, no.

    • julio 28, 2010 7:36 pm

      Hombre, según dicen, Barcelona fue muy, muy torera antaño, pero se había venido a abajo en los últimos años. Pero es que da igual, porque la prohibición siempre arrastra otro tipo de finalidad, más allá de la estrictamente prohibitiva. Me explico: si fuera verdad que la afición iba en declive, qué sentido tiene prohibir lo que de forma espontánea tenía todas las papeletas para perecer? Bastaría con eliminar las subvenciones para que toreros, empresarios y aficionados, prefirieran acudir a otras plazas, por ejemplo las madrileñas, donde la fiesta se promociona con dinero de todos, guste o no.
      Prohibir lo minoritario es fascista, y en este caso, manifiestamente catalanista, es decir, busca extirpar todo lo que pudiera sonar a España o español, aunque la fiesta en sí, despojada de las connotaciones patrioteras (que las tiene, muy a pesar suyo), es mediterránea 100% y quizá la mejor muestra del legado recibido de muchas de las culturas que han habitado este charco desde hace milenios.
      Es una fiesta sangrienta, no lo niegues. Se mata con elegancia, eso sí, con instrumental, poses, disfraces, un ritual calculado, con un público serio (o así debería serlo), que premia, castiga y aplaude. Es cultura y arte, pero también un maltrato a un bestia prácticamente condenada a muerte, por mucho que afine en su resistencia. Está cercado y condenado, eso es así. Lo que sucede es que en el sentir general quizá esté cambiando la consideración que nos merecen estos animales: antes era común verlos con respeto, y entender su muerte en la plaza como la más digna de las posibles, lo cual es cierto, si la comparamos con la muerte de sus primos hermanos… Pero ha crecido entre nosotros la visión que entiende el sufrimiento animal como un mal innecesario, siempre y cuando no se destine al alimento. Es hipócrita, lo sé, porque muy pocos comen pollo de corral, vacas abulenses o gallegas, o cerdos campestres. Pero es lo que hay, y del mismo modo que se han prohibido las peleas de perro, es lógico que haya gente que pretenda la misma cosa respecto de las corridas de toros.
      Que conste que sigo pensando que, dentro de lo malo, prima la cultura y el arte que arrastra el toreo, y que una corrida sin banderillas, estoque y sangre, pierde su razón de ser.
      Saludos!

      • JJ.Mercado permalink
        julio 28, 2010 8:20 pm

        No niego que sea sangriento. Yo critico, primero, quedarse con que eso sea lo sustancial y, segundo, la selección completamente arbitraria de sangres a proteger queriendo hacer de algo puramente estético -que gustará o causará rechazo- el argumento en base al cual prohibir o permitir. Es absurdo debatir esto en tanto que la total subjetividad del asunto no llevaría a ningún sitio. Por eso digo que de lo único que puede discutirse es sobre si los animales -todos- tienen o no derechos. Y yo lo tengo claro… Más allá o más acá de eso, todo es ruido…

  3. Antonio permalink
    julio 28, 2010 4:43 pm

    En las corridas el toro sufre, sin duda. Pero el objeto de las corridas no es hacerle sufrir. No hay sadismo ni mala sangre en el toreo.

    Y por otro lado, ¿cuál era el problema social que planteaba esta cuestión? Pues ninguno.

    Esta prohibición tan sólo representa una vuelta de tuerca más de una flipada puramente ideológica, el animalismo o como se llame, que acabará por imponer el vegetarianismo de aquí a finales de siglo.

    • JJ.Mercado permalink
      julio 28, 2010 6:28 pm

      Para entonces ya habrá algunos visionarios que defiendan los derechos de las plantas… Y lo harán con las mismas razones e idénticos argumentos… ¿Qué diferencia hay entre cortar una manzana y arrancar un brazo? !No a la tortura vegetal!

  4. Alexis permalink
    julio 28, 2010 4:50 pm

    Excelente artículo, suscribo prácticamente todo lo dicho… con una salvedad y no poco importante.

    Las leyes humanas contemplan al ser humano como beneficiario de derechos y obligaciones. Para muchos de los que estamos a favor de derechos para los animales resulta de una prepotencia insoportable. Fruto de un antropocentrismo que ya debería haberse puesto en cuestión desde los tiempos de Copérnico.

    El ser humano es la especie más inteligente del planeta Tierra, sí. Pero no es infalible, y nada ni nadie puede otorgarle la prerrogativa de decidir arbitrariamente lo que le venga en gana sin tener en cuenta todos los aspectos de una cuestión. Por esta misma razón muchos antitaurinos también somos ecologistas. Las agresiones gratuitas a los animales son solamente un elemento más del trato irresponsable que estamos dando al conjunto del planeta.

    Yo espero que con el tiempo se ponga en cuestión todas y cada una de las interacciones con nuestro entorno, tierra, plantas, animales… Y esa sí, es mi creencia. Debería ser origen de un código ético que entre otras cosas sustituya los aberrantes y disfuncionales valores de nuestra sociedad. Pero estamos en camino.

    • JJ.Mercado permalink
      julio 28, 2010 5:29 pm

      Yo me uno al grupo, eh?. Ya estoy deseando pasear desnudo por vírgenes prados -siempre que las leyes vegetales nos lo permitan- y bebiendo leche recién ordeñada -siempre que las leyes vacunas nos lo permitan- mientras sentimos la brisa en nuestras pulcras caras -siempre que las leyes del viento nos lo permitan-… Claro que sí!!! Leyes humanas??? Hombre, por dios, qué nos hemos creído!!!! Paz y amor, Alexis!!! Todos a una!!!!

      • julio 28, 2010 7:39 pm

        JJ, no te veo yo a ti paseándote desnudo ni por vírgenes ni por arados prados, jejeje, aunque todo se andará 😉

  5. Antonio permalink
    julio 28, 2010 5:09 pm

    ¿Eres vegetariano, Alexis?

    Ah, espera. Que las plantas también son seres vivos y parte sagrada de esa conciencia universal; y además el homo sapiens ya dispone de la tecnología para sostener su metabolismo con nutrientes sintéticos.

    Vaya remix, chaval. Qué tendrá que ver la muy deseable y necesaria conservación del planeta con las corridas de toros…

  6. Alexis permalink
    julio 28, 2010 5:42 pm

    Exactamente: qué nos hemos creído.

    La vida de un ser humano es de aproximadamente ochenta años y transcurre su vida en apenas unos quilómetros cuadrados.

    El universo, cuya antigüedad se cifra en trece mil setecientos millones de años, está compuesto de aproximadamente quinientos mil millones de galaxias. La Tierra, es apenas una mota de polvo en una de ellas.

    Repito: que coño nos hemos creído, cuando la vida de un ser humano es apenas un suspiro.

  7. julio 28, 2010 5:46 pm

    De acuerdo con JJ.

    Oye, y si yo y unos cuantos más consideramos aberrante el fútbol, la presa rosa y la religión, y no nos contentamos con, como dices, “no mirar”. ¿Por qué no prohibirlos? Y si otros tantos sienten lo mismo con respecto a las drogas, los trajes rosas para bebés o los preservativos, pues alé, a prohibir por la misma regla de tres. Menuda “sociedad liberal” que saldría de ahí.

    O los toros tienen derechos o no los tienen. Si no los tienen no pueden tener derecho a una muerte digna, y por tanto cualquier tipo de tortura, malos tratos o lo que sea con respecto a un animal es algo totalmente legitimo. Los animales son bienes apropiables, y por tanto nadie tiene derecho a imponerle restricciones al uso de su propiedad a otro individuo, por mucho que las considere aberrantes.

    • julio 28, 2010 7:44 pm

      No son derechos, sino cierto estatus de protección otorgado por el Hombre. El respeto a cierto tipo de animales es espontáneo, y me temo que los toros acabarían siendo mayoritariamente respetados, aunque la supresión de la fiesta supusiera su extinción, fuera de zoológicos y safaris a la española. De ahí a que una norma lo acabe imponiendo, hay un pequeño paso. Me temo que todavía no ha llegado el momento de prohibir el maltrato a los toros, pero no porque no haya gente que defienda su prohibición, sino porque en general no le quita el sueño a la mayoría. Si así fuera, te aseguro que, con Estado o sin él, el Toro, como el perro o el caballo, pasaría a ser intocable. Pero no por su propio derecho, sino por haberse convertido en un ser respetado socialmente protegido, que es distinto.
      Saludos!

  8. Alexis permalink
    julio 28, 2010 5:52 pm

    Ese es precisamente uno de los aspectos aberrantes.
    Tú puedes decidir si pasas la tarde en el fútbol, es tu tiempo, es tu dinero.
    Pero una cosa muy diferente es decidir sobre cómo, cuando y porqué muere un animal.

  9. Alexis permalink
    julio 28, 2010 6:12 pm

    Yo no soy ni el primero ni el último que piensa así.

  10. Antonio permalink
    julio 28, 2010 6:57 pm

    Alexis, yo censuro moralmente el menoscabo o la destrucción gratuita de la vida, animal o vegetal.

    Pero repito: en el toreo no hay una destrucción gratuita. El objeto de ese espectáculo no es regodearse con el sufrimiento del animal.

    Y por cierto, tus creencias no son nada originales; y además no las has centrado aún, lo que te convierte en un friki. Sintetiza.

    Ah, y no me has contestado. Si podemos nutrirnos a base de leche, huevos y alimentos y suplementos sintéticos, ¿por qué matar plantas?

  11. alberto.djusto permalink
    julio 28, 2010 7:10 pm

    Yo no tengo posición definida; estoy bastante de acuerdo con YSH. Por un lado no defiendo la existencia de derechos de los animales pero por otro me estremece el sufrimiento de los mismos. Imagino que prepondera la primera postura como dice Stewie de modo que si el toro no tiene derechos no hay fundamento para prohibir las corridas.

    Me da miedo el camino al que podemos llegar como apunta JJ. Si somos coherentes deberíamos extender la prohibición ad infinitum y eso es, cuanto menos, preocupante.

    Lo que sí tengo claro es que esta propuesta (popular y animalista en su origen, cierto) no hubiera prosperado si no fuera por el ambiente político que rodea esta decisión. Está más que claro lo que se buscaba hoy: más rechazar lo españolista que defender a los toros.

    Pregunta para YSH: ¿conoces algún teórico del Derecho que otorgue derechos a los animales en base a lo cual se pudiera justificar esta prohibición?’

    • julio 28, 2010 7:52 pm

      Pues no, al menos no a nadie serio. Aunque cualquier puede tener una idea peregrina al respecto. Es que lo difícil es enmarcar el respeto a los animales, jurídicamente reconocido, dentro de la definición de derecho subjetivo. Sería asimilable, en cierto modo, al estatus jurídico de recién nacido (o no tan crecido), un demente o una persona en coma, pero nunca igual, porque dichos sujetos, aunque sin poder reclamar su derecho, sí son reconocidos como esencialmente humanos, por lo que el Derecho les concede igualmente una personalidad y una capacidad jurídicas (no ya de obrar, por razones de tipo cognitivo). Los animales respetados, que no son todos, pero sí algunos, vivirían en un limbo confuso, de ahí que se exija al teórico claridad y rigor en sus aseveraciones. Como es difícil, no creo que ninguno serio se haya atrevido a lanzarse a la pisicina avalando la tesis animalista que aboga por derechos animales. Es que en realidad carecen de subjetividad, más allá de la que un ser humano vea reflejada en sus actos, es decir, que su personalidad se proyecta en todo caso a través de los seres humanos con los que interactúen y coexistan.
      Saludos!

  12. Alexis permalink
    julio 28, 2010 8:03 pm

    Yo no apelo a la ley, por el hecho de ser una norma escrita y regulada. Simplemente apelo al sentido común y a examinar con espíritu crítico nuestras acciones, nuestras decisiones.

    Sé que parece que mi punto de vista resulta a la vista de los demás algo sincrético. Pero deberéis reconocer que no hay nada más arrogante que el dogma injustificado. Y aquí sí que apelo a nuestra herencia científica y humanista, que llevada a un cierto extremo no puede darnos otro fruto que el respeto por toda forma de vida.

    Y respecto a la alimentación, me parece un argumento falaz. Comer animales muertos es una necesidad para muchas especies. Por tanto, no veo porqué se ha de cambiar eso. Harina de otro costal es saber como viven y como mueren esos animales.

    Si algo se puede desprender del vídeo que aquí he colgado es que se puede ser un salvaje y a la vez actuar con un profundo respeto por lo que hemos heredado, es un uso transitorio, no una propiedad. Ese respeto apenas existe en nuestra sociedad y creo que va a ser vital adoptarlo si es que queremos superar este bache económico y de valores.

  13. Ala Alegre permalink
    julio 28, 2010 10:11 pm

    Chavalote, me parece que no tienes la ideas muy claras. Tanto liberalismo y tanta historia, y nos sales con un artículo panplinero: “Qué pena me dan los toritos”. Cinico!! Te preocupas de la deforestación de la Amazonia, o de extinción de las especies en la Tierrra? ¿Has leido como crian a los animales que tu compras en el supermercado, eso si, ya totalmente cortados y limpios, no vay a ser que puedas llegar a pensar que algún día fueron seres vivo? Chavalote, el tema es el siguiente: La tauromaquia es algo de ESPAÑA y por lo tanto los NAZIolastias de Cataluña lo deben erradicar. Igual que erradican el CASTELLANO o la Ñ. Qué pasa que si no escuchas a Jiménez los Santos te quedas sin opinión. Panplinas!

    Lo que te debería escandalizar es que se pueda votar este tema en función de la conciencia de señores burgueses diputados catalanes y en cambio el aborto NO en el congreso de los diputados. Te debería escandalizar que que cada vez te digan los politícos lo que está bien o lo que está mal, lo que debes leer, ver y hasta pensar! Espabila chavalote!

    • Jose Miguel permalink
      julio 31, 2010 10:24 am

      Cada vez que cataluña respira vais a por ella. En Canarias hace años que no existe el toreo y nadie dice nada. Gracias a Franco, que persiguió el nacionalismo vasco, el gallego y el catalán, ahora estos son mas fuertes, debido a los años de represión. Quien siembra odios recoge lo sembrado. Tanto el fútbol como los toros fueron alimentados por el régimen como propaganda, así que en buena parte es por ello que el nacionalismo moderado(mayoritario) en general rechaza los toros. El nacionalismo español es muy curioso, probablemente sea uno de los pocos que no se reconoce como tal, dado que los mísmos NAZIonalistas(como dices tu) españoles creeis que eso es “lo normal”, y combatís cualquier otro nacionalísmo como una aberración. Por cierto, es verdad que la afición en Catalunya era cada vez menor, lo se por que nací y vivo en Barcelona. Lo de la persecución del castellano… pues mira, hay tres personas, dos catalanes de nacimiento y un inmigrante de otra zona de España que lleva 20 años en Catalunya. Los dos hablan en catalán y el tercero se niega por que dicen que es una imposición. Lleva 20 años en Catalunya y no se ha molestado en aprender nada. Cierto, nadie le obliga… Pero nadie le obliga a quedarse tampoco. La lengua propia y vernacula de catalunya es el catalán, aunque el castellano sea la de todos los españoles. En estos casos el inmigrado debe respetar, e intentar culturizarse y aprender un idioma propio de la tierra a la cual ha ido a vivir. Si yo viviera en Galicia aprenderia gallego. ¿Quien impone nada?
      Por cierto, y para que no te equivoques, no soy nacionalista ni nada, me siento tan catalán como español, si es que así lavo mi pecado original de haber nacido en Barcelona.

  14. julio 28, 2010 11:28 pm

    Matar a un toro para torear está mal porque podríamos matarlo para comerlo.
    Pero matar a un toro para comerlo está mal porque podríamos matar un pollo.
    Y matar un pollo está mal porque podríamos comer la mitad de pollos que comemos.
    Y así hasta el infinito. Cutre razonamiento.

    Ni el pollo ni el toro tienen la propiedad de su vida. Si no, serían humanos.
    Si no tienen la propiedad de su vida, pueden ser propiedad de otros.
    Esos otros (humanos) pueden hacer con sus propiedades lo que quieran, mientras no dañen a terceros (humanos). Esto incluye a los toros, a los pollos, y a otras cosas. Esto es totalmente independiente de lo sangriento de su uso, o de la calidad moral del propietario, o sus gustos particulares. La libertad no consiste en el actuar moralmente (según códigos determinados, como los que consideran algo malo los espectáculos sangrientos). La libertad consiste en que ningún código moral se imponga a nadie excepto aquel que dice “no dañes a otros humanos ni a sus propiedades”.
    Que lo que hagan los otros con sus propiedades esté mal, ¿qué más da? No se busca la libertad para que todo el mundo haga cosas buenas con su libertad, que a todos gustan, y no sangrientas. Se busca la libertad porque es buena en sí misma.

    Creo que el autor de este artículo ha incurrido de nuevo en el error de los enemigos de las sociedades abiertas: pensar que libertad es que los demás hagan lo que a él le gusta. Cuando esto no es así, se siente partidario de la prohibición. Con un escrúpulo blandengue, del que se dice liberal, simplemente dice “eso no es libertad”. Como si los demás fuéramos tontos…

  15. julio 29, 2010 12:30 am

    Creo que de alguna forma todos (o casi todos) nos damos cuenta de que los animales no son una “cosa”, no son como cualquier otra propiedad (cuando son propiedad de alguien).

    Citaré al filósofo liberal Robert Nozick:

    “Los animales sí que cuentan algo. Algunos animales superiores, al menos, deberían ser tomados en alguna consideración cuando las personas deliberamos sobre lo que hacemos. Es difícil demostrar esto (¡también es difícil demostrar que las personas contamos algo!).
    Si sólo las experiencias de placer, dolor, alegría, etc. (y la capacidad para estas experiencias) son moralmente relevantes, entonces hay que tener en cuenta a los animales en los cálculos morales en la medida en que ellos tengan estas capacidades y experiencias”.
    Robert Nozick, _Anarchy, State, and Utopia_ (New York: Basic Books, 1974)

  16. Marti permalink
    julio 29, 2010 6:06 am

    Hablando del sentido común. El derecho a la propiedad y sus relaciones con los humanos tiene una historia y es desigual. No ha existido siempre y tampoco ha sido considerada de igual manera a través de la historia. Existió la esclavitud y unos seres humanos consideraban que otros no deberían tener derechos y por tanto al ser propiedades podían matarlos a su antojo, por ejemplo. Con esto quiero decir que los toros no lo inventamos los hombres, al hombre no lo creo el hombre con lo cual no me parece que se pueda hablar con tanta ligereza que por defecto el hombre deba decidir sobre todo el mundo que le rodea mientras no sea hombre (yo diría que incluyéndolos). ¿Que lo hace por tener la fuerza u organización suficiente para cambiar el curso de la naturaleza? Vale. Pero no creo que sea un argumento definitivo cuando vemos el resultado negativo sobre el medio ambiente en el que debemos sobrevivir. Ahí Alexis expone una verdad y es que las leyes que nos rigen irán cambiando en vías de favorecer un equilibrio con el medio del que nos nutrimos y cambiamos. Sobre todo en un mundo en el que cada vez somos más millones de seres humanos depredando. Pero no creo que aunque esa relación sea autodestructiva el hombre deba o vaya a sobreponer la protección del medio a sus necesidades. Ahora mismo no creo que la lidia del toro vaya a poner en peligro nuestro equilibrio con la naturaleza. Otra cosa es que no nos guste y nos imaginemos como toros en vez de como torero. Ya saben, imaginarnos víctimas desatan nuestros resortes sentimentales. Por otro lado está claro que los nacionalistas catalanes le han sacado partido a ese sentimiento popular antitaurino y con ello eliminan un elemento más de la semiótica española después de una negada nación en el estatuto.

  17. Iván Moreno permalink
    julio 29, 2010 7:48 am

    Sería asimilable, en cierto modo, al estatus jurídico de recién nacido (o no tan crecido), un demente o una persona en coma, pero nunca igual, porque dichos sujetos, aunque sin poder reclamar su derecho, sí son reconocidos como esencialmente humanos, por lo que el Derecho les concede igualmente una personalidad y una capacidad jurídicas (no ya de obrar, por razones de tipo cognitivo)

    Así es, YSH: dada la capacidad de exigir, necesaria por definición para hablar de derecho como tal (aunque el debate terminológico me resulte siempre cansino), el toro sólo puede compararse con los casos que expones.

    Eso sí, creo que equivocas el argumento al decir que nunca serán igual. La cuestión de si serán iguales o no no es una cuestión racional sino pasional. No es una cuestión objetiva sino subjetiva. Por eso, la gente cuya empatía hacia esos animales llegue a ser como la existente con respecto al demente, o al bebé, al menos con respecto al derecho a la vida (llámale respeto si quieres, pero me parece más claro así), se opondrán a toda muerte provocada del animal (sea para la fiesta nacional, sea para comer).

    Aquellos cuya empatía sea menor, podrán estar a favor de que se les mate en ciertas circunstancias, pero se opondrán al maltratao indiscriminado y excesivo.

    Pero todo será cuestión de empatía.

    Exactamente igual, por otra parte, que los derechos humanos, o al menos, su base ética.

  18. julio 29, 2010 12:22 pm

    De acuerdo, en términos generales, con los planteamientos de tu artículo. Me parece acertada la aseveración de que los animales –no humanos, claro está– no tienen derechos: tal término es de cuño netamente humano y sólo aplicable a los asuntos que nos atañen como seres tales –en general, me parece que derechos y deberes no son más que el producto “refinado” de nuestro particular instinto de conservación como especie y de ahí que opine que toda referencia a un presunto “derecho natural” sea de dudosa validez–.

    Pero es más aún: diría que sólo tiene sentido hablar de derecho cuando existe una voluntad capaz de ejercerlo o de acogerse a él, o, en casos muy particulares, cuando dicha voluntad ha existido en el pasado y no es posible hacer uso de ella en el presente por motivos circunstanciales.

    Saludos

  19. julio 29, 2010 12:39 pm

    Por otro lado, y entrando más en el tema de la tauromaquia, particularmente no me agrada que hagan sufrir a un animal bajo diversos pretextos, aunque también reconozco que sin el mundo del toreo no existiría una parte significativa del paisaje y de la cultura peninsulares.

    Dicho esto, por mí, que desaparezca tal “arte” o se transforme en una versión más “light” de sí mismo tampoco me causaría sarpullidos.

    Politiqueos aparte, hay comunidades autónomas que no se sienten representadas en la tauromaquia y que históricamente la han repudiado. Y un claro ejemplo es mi comunidad, Canarias, en la que las plazas de toros que se han construido en ella han acabado en ruinas debido al rechazo popular. Y para ello no ha hecho falta recurrir al Constitucional: simplemente la no asistencia a ellas (salvo para otro tipo de eventos) ha bastado.

    Saludos

  20. julio 29, 2010 9:44 pm

    Estoy de acuerdo con JJ Mercado.

    Dice YSH: “Quien crea que es un arte, que defienda este aspecto, dejando a los sentimientos morales de la mayoría la decisión de prohibir o no la muerte del animal.”

    O sea, que ahora tengo que pedir permiso a la mayoría para poder comerme un filete de ternera o un foie de oca.

    Creo que hemos visto demasiadas películas Disney con animales parlantes.

    Salvador Sostres hoy está muy atinado, copio dos párrafos (en catalán):

    [E]m sembla lamentable que s’hagin prohibit els toros a Catalunya. Primer perquè els animals no tenen drets, tal com s’ha dit i escrit tantes vegades aquests dies. Després, perquè el toro de lídia es el que viu i mor millor de tots els bous que es fan i es desfan, i de fet, sense la lídia no existiria perquè ningú no es dedicari a la seva criança. I per acabar, perquè tot i que alguns només hi veuen carnisseria i salvatjada, la tauromaquia és un art que va molt més enllà de la sang.

    De fet, el que ahir es va prohibir a Catalunya no és la “tortura” dels animals. Els animals se seguiran “torturant” en granges de pollastres i estables multitudinaris, en el transport dels porcs que van a ser matats i als mateixos escorxadors, on la mort es pressent d’una manera tan clara que moltes vaques i bous infarten abans que els toqui el torn. La “tortura”- que no és tortura, però vaja- continuarà amb l’embotiment d’oques per extreure’n el foie. El que ahir es va prohibir al Parlament va ser que tu vagis als toros, que t’agradin els toros i que puguis gaudir-ne. Ahir es va prohibir una idea, un plaer, una estètica. Ahir es va legislar a partir d’un prejudici, i això és perilosíssim. Ahir, el que vam viure al Parlament, va ser l’aplicació pràctica de la pel·lícula “La vida dels altres”. Obrir la veda per lesgislar sobre gustos, sobre idees o opinions és perillosíssim, i més en un món en què hi ha esquerres. És inaudit que una majoria pugui prohibir els gustos d’una minoria. Què prohibirem demà? Estic segur que, a Catalunya, hi ha majories disposades a prohibir qualsevol cosa.

    Saludos

    Albert

  21. Iván Moreno permalink
    julio 30, 2010 7:50 am

    Creo que el mejor argumento contra la prohibición es el que expone Albert (y Sostres): mostrar las incoherencias argumentales.

    Si ahora mismo se matan animales de maneras tal vez crueles, se les mantiene en situaciones en ocasiones no muy “dignas” para el animal, la prohibición no deja de ser, en principio, más que una intromisión en la libertad individual.

    También estoy muy de acuerdo en la mentalidad Disney: creo firmemente en que Disney es una de las grandes culpables de la humanización de los animales ;).

    Dicho esto, creo que aún así el debate está lleno de matices. No puede ser lo mismo el trato dado a una gallina de corral que ha vivido libre y se la mata para comer, que el dado a una gallina que ha vivido iluminada y confinada a medio metro cuadrado, ni que el dado a una oca sobrealimentada de manera forzosa durante toda su vida.

    Igual que no toleraríamos, por mucho que sea propiedad de otro, que alguien compre un perro para utilizarlo de punching ball.

    Los límites creo que son difusos, y no creo Albert, que estés dispuesto a admitir todo maltrato animal, pues no sólo entra la consideración del animal como propiedad, sino como ser merecedor de respeto.

    Desde este punto de vista, sí puede ser entendido que ciertas actuaciones puedan ser prohibidas y no otras en función de la sensibilidad de cada persona hacia ellas. No veo nada contradictorio en ello. No podemos aspirar a que los límites del derecho sean siempre nítidos.

    Un saludo

  22. Alexis permalink
    septiembre 2, 2010 7:53 am

    Por favor, no reincidan con lo de que los animales no tienen derechos. A mí este argumento me suena a óxido, idénticamente falaz al que sostiene la iglesia acerca de que la principal diferencia entre humanos y animales es el alma. Los animales no tienen derechos porque la norma la hemos escrito nosotros y punto.

    En mis exposiciones anteriores he tratado de establecer que si bien necesitamos animales para comer o vestirnos eso no significa que se pueda justificar el maltrato. Y créanme cuando digo que entiendo que la única ley válida es la de la naturaleza. Ni leyes humanas ni sandeces, abreviando léanse a Darwin y saquen conclusiones. Es decir, si tenemos la capacidad de dominar y matar un animal las leyes naturales no nos lo van a impedir.

    Otra cosa es el juicio moral que hagamos de tal acción. Y aquí sí que entro yo en tromba y afirmo que no es aceptable matar así. Y lo afirmo sabiendo que otros animales, como orcas o gatos entre otros gustan de jugar con sus víctimas antes de devorarlas. Pero después de todo no somos ni gatos ni orcas, ni necesitamos jugar para mejorar nuestra técnica de caza ¿O sí?… Y esto lo hago extensible a cualquier actividad humana cuyo fin sea la muerte de un animal. Ya sea en una piscifactoría o en un safari africano.

    En todo caso opino que después de todo no se justifica satisfacer el instinto sanguinario que todos en mayor o menor medida poseemos. Un instinto necesario en las prehistóricas condiciones de vida, necesario también en momentos de violencia extrema. Por desgracia, señores, creo que en nuestro caso vamos a tener mucho del segundo en un futuro no muy lejano. ¿Y saben porqué? Porque precisamente nos queremos saltar las leyes naturales a la “torera”, tratando de universalizar inútilmente las nuestras, perpetrando un abuso irracional y lucrativo de plantas, animales, minerales… Si alguien no entiende aún la coherencia de mi razonamiento, por dios que me pregunte dónde se perdió.

    Nota: con el término “leyes naturales” no me refiero a algo abstracto emanado de la bondad de los indígenas, si no a algo tan infranqueable como son las leyes de la física o la física cuántica, que estas sí, son leyes de verdad.

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