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Laplace mejor que Hawking

septiembre 7, 2010

Sobre el tema de si Dios es o no “una hipótesis necesaria” en la explicación del origen del universo, se puede hablar, comentar y discutir ad infinitum, si se quiere. Pero lo cierto es que semejante afirmación en boca (o teclado sonoro, o dictado mecánico-transcriptivo) de una eminencia científica (¡!) como Hawking, suena fatal. Da la casualidad de que mis padres, ambos dos, son astrofísicos. Y a la pregunta de si un físico serio debe o no introducir a Dios como una variable cómoda en sus explicaciones, la respuesta ha sido unánime: no desde que las ciencias naturales definieron su ámbito de acción. Lo cierto es que hasta el propio Newton, más teólogo que físico (dado el volumen de literatura que produjo sobre cada cuestión), no pudo sino apelar a Dios cuando no pudo explicar ciertas anomalías en el movimiento de Júpiter y Saturno. Napoleón, que siendo del cuerpo de artilleros era un tipo muy formado en física, provocó una de las anécdotas más recurrentes y repetidas por la divulgación y la enseñanza de la física. La cosa fue así, y echo mano de la wikipedia que lo cuenta estupendamente:

Napoleón, refiriéndose a su obra Exposition du système du monde, comentó a Laplace: «Me cuentan que ha escrito usted este gran libro sobre el sistema del universo sin haber mencionado ni una sola vez a su Creador», y Laplace contestó: «Sire, nunca he necesitado esa hipótesis». Con ello aludía al hecho de que Newton tuvo que aludir a la voluntad divina un siglo antes para justificar que su ley de la gravitación universal no fuese capaz de explicar las anomalías de los movimientos de Júpiter y Saturno. Napoleón le comentó la respuesta al matemático Lagrange, quien exclamó «¡Ah! Dios es una bella hipótesis que explica muchas cosas»; Napoleón también le contó esto a Laplace, a lo que éste muy astutamente argumentó: «Aunque esa hipótesis pueda explicar todo, no permite predecir nada».

Podría decirse que desde ese momento Dios perdió cabida en la astrofísica seria. Y lo cierto es que en ninguna revista científica de renombre admitirían a un investigador que, llegado al límite de su capacidad explicativa sobre cierto fenómeno, dijera algo así como: “y es en ese lugar, en ese preciso lugar, donde podría hallarse la voluntad de Dios”.

No se trata de plantear un debate filosófico sobre la idea de Dios, lo trascendente, lo sobrenatural, el misticismo o la superchería. Cuando Darwin mostró al mundo su teoría de la evolución de las especies, sencillamente quiso explicar una hipótesis a la luz de concretos hechos. El rechazo a muchas de sus conclusiones provino del oscurantismo, y no tanto del rigor científico, que dentro de su esquema de investigación, únicamente podía tratar de refutarlas con nuevas conjeturas al respecto. Lo cierto es que ni la Ley de Gravitación Universal, ni la Teoría evolutiva de las especies, e incluso la teoría de la relatividad, han resistido incorruptas el paso de los años, porque son eso, hipótesis sometidas a un constante proceso de falsación popperiana.

Un astrofísico serio puede ir a misa los domingos, incluso rezar cinco veces al día en dirección a la meca, confiarse a un santo en cada viaje, o lo que sea, sin que esto interceda en absoluto en lo que es su razón de ser como científico. La ciencia no busca a Dios, y desde Laplace tampoco recurre a él como hipótesis válida para todo. La verdad existe, y ese debe ser el motor de quien se enfrenta al estudio de los fenómenos naturales, pero el conocimiento no es ni será perfecto.

La era Planck, 10 a la menos 43 segundos desde el origen del universo, no puede ser concebida en términos estrictamente físicos como la morada de Dios. Dios es científica irrelevante y no debe ser siquiera mencionado. Que un científico de reconocido prestigio lo haga puede deberse a un ansia de notoriedad, o simplemente a que se ha dejado llevar por sus propias convicciones y creencias. Las ciencias naturales son hoy suficientemente maduras para no admitir polémicas estériles y estallidos pueriles de ateos, o creyentes foribundos, obsesionados con ver o descartar algo que no es de este mundo, y cuya comprensión no compete en absoluto a quienes se presentan a la sociedad como Físicos, Químicos o Biólogos.

Saludos y Libertad!

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8 comentarios leave one →
  1. atr permalink
    septiembre 7, 2010 8:47 pm

    Creo que has expresado muy bien las competencias de la ciencia y lo absurdo de tratar de pronunciarse sobre Dios desde una posición científica.Ni el lenguaje científico, ni sus instrumentos tienen como objeto de investigación a Dios. Si alguien se postula sobre la existencia o no existencia del mismo no puede hacerlo utilizando a título de científico.
    Un fantástico artículo.

  2. Iván Moreno permalink
    septiembre 7, 2010 10:13 pm

    Sigo defendiendo a Hawking:

    ¿Que diferencia ves en la afirmación de Hawking y la de Laplace?

    Yo no veo ninguna. Ambos afirman que las explicaciones sobre el universo no necesitan de Dios.

    La arrogancia en Hawking no es la afirmación de que Dios no es necesario para explicar un hecho científico (que es idéntica a la de Laplace y a la tuya) es la exagerada pretensión de creer que todo es conocido, o que lo que queda por conocer es irrelevante al respecto.

    Aún así, afirmar que Dios no es necesario para explicar el universo no es menos científico (como afirmación lógica, sin entrar a valorar su verdad) que afirmar que no es necesario para explicar la evolución de las especies. La afirmación es formalmente idéntica.

    Hawking no descarta a Dios, simplemente lo convierte en una hipótesis prescindible para explicar la evolución y creación del universo.

    Un saludo

  3. Esporádico permalink
    septiembre 7, 2010 11:23 pm

    Hombre, entonces conocerán, puede que tú también, a Luboš Motl, de quien he leido la, a mi parecer, más certera reflexión sobre la polémica: http://motls.blogspot.com/2010/09/hawking-churches-hit-back-at-heretic.html
    Vía http://plazamoyua.wordpress.com/2010/09/04/dios-contra-hawking/, donde hay unos todavía más certeros matices.
    Un saludo. E.

  4. pepeblai permalink
    septiembre 8, 2010 2:01 am

    Seamos justos: Hawking hizo alguna contribución científica de relavancia hace algunas décadas. Desde entonces, se dedica a ganar pasta con libros seudocientñificos. Es un estupendo vendedor, y poco más.

    La gilipollez esta de que Dios no cabe en las ecuaciones de la física no la había yo vuelto a oír desde que acabé el primer curso de la carrera.

    Éste y el Penrose se han hecho de oro vendiendo seudociencia. Menudos pájaros.

  5. pepeblai permalink
    septiembre 8, 2010 2:14 am

    Por cierto, que se escribe Planck, y no Plank.

    Y ya puestos, permítanme un chiste de físicos-freaks:

    -¿Qué dice un fotón al chocar contra una placa metálica?

    -¡Planck!

    Es un chiste pésimo pero el autor del blog se lo ha ganado a pulso al poner esa ilustración gráfica del big-bang (esa creencia religiosa sostenida por Hawking y otros fieles de la iglesia de la bingbangología).

  6. Marta permalink
    septiembre 8, 2010 10:34 am

    Bueno, comento aquí porque el otro post de ATR tiene muchos comentarios ya.
    Estoy de acuerdo con pepeblai en que no tiene sentido que el Sr Hawking saque ahora este tema tan manido y recurrente. Quizá se deba a la nueva publicación de su libro, un poco de propaganda no viene mal antes de la campaña de ventas.
    Antaño, la gente pensaba que existía un dios que producía los rayos, otro la lluvia, otro la luz y así fueron creciendo las religiones politeístas. Llegó la ciencia poco a poco para poner las cosas en su lugar y cada vez se preocupó menos de Dios y más de intentar desentrañar la verdad de los fenómenos que nos rodean. Introducir a Dios en la ciencia es tan pueril como el ratoncito Pérez de los niños, aunque siempre habrá gente a la que le guste creer en esas cosas.
    Que Dios pertenezca al ámbito privado, como muy bien dice ATR en su post. Quien quiera creer que crea, en Dios y en su ciencia. Pero a la ciencia de ahora, a la que intenta explicar cosas, debe de estar desnuda de prejuicios iniciales. Ahí no puede caber Dios porque sería una ayuda demasiado fácil. Perseguir la verdad tiene que hacerse desde el conocimiento que otros nos han aportado y esto lleva su tiempo.

  7. Ala Alegre permalink
    septiembre 8, 2010 11:14 pm

    Por qué preocuparse por la opiniones de Hawking, si tarde o temprano lo descubrireis vosotros mismos… será vuestro último(primer) experimento … y será cuestión de tiempo y espacio 🙂

  8. Ashigaru permalink
    septiembre 10, 2010 6:01 pm

    Efectivamente desde el punto de vista estrictamente científico Dios no pinta nada. En el sentido de que es una pieza que no encaja en el mecano de lo que conocemos del universo, a menos que se fuerce su presencia, lo que automáticamente lo excluye como elemento necesario para el mismo. Imagino que esto es exactamente lo que vienen a decir Hawking o Laplace.

    Otra cosa es que los que estamos de acuerdo en que esta es la única vía para dar una explicación realista y consistente del origen de todo, la tengamos en cierta forma como fe. Una fe en que aceptamos los preceptos emanados de los científicos y su método, que no hemos podido corroborar por nuestros propios medios. En este sentido no nos diferenciamos mucho los ateos de los teístas. Tenemos nuestros dogmas, entre ellos que Dios es una invención humana. Creado precisamente por el vacío de conocimientos como el que nos ocupa.

    Un saludo cordial

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