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De querido, un minero

septiembre 22, 2010

Cuando había menos impuestos y con la productividad de un único trabajador era posible mantener a toda la familia, abundaba la figura de “la querida”, esa amante mantenida, con o sin máquina de coser, que vivía a costa de un santo varón para el que en casa (la oficial), todo eran alabanzas y carantoñas. Las cosas han cambiado: muchas para bien, como el divorcio, la igualdad civil y demás elementos correctivos que limitan la bigamia o el engaño; pero también unas cuantas para peor, como la caída en el poder adquisitivo en términos relativos, la espectacular subida de impuestos, y el incremento de los servicios merced, directa o indirectamente, del Estado. Ahora “los mantenidos”, queridos o no, son otros. Hay de muchos tipos, y no merece la pena hacer aquí un listado minucioso, pero dada la actualidad que han cobrado las reivindicaciones mineras, conviene dirigir nuestra mirada hacia ellos.

Comarcas enteras de zonas tradicionalmente mineras, viven en la desocupación subvencionada. Jubilaciones tempranas y generosas que mantienen los niveles de rente de pueblos enteros. Algunos lo verán como justa compensación por los esfuerzos realizados, o las terribles consecuencias que para la salud tiene el oficio de minero. En realidad se trata de pagas, de ayudas, de pensiones no contributivas que pagamos el resto de cotizantes y contribuyentes. Lo cierto es que, dentro de lo malo, tener una población inactiva pero subvencionada no distorsiona tanto las señales ni perturba gravemente la correcta asignación de recursos. Pero tiene consecuencias relevantes: en vez de tener más hijos, tenemos barrios marginales plagados de chupópteros, mineros, agricultores, pescadores y a la familia Entrecanales, entre otras ilustres estirpes que habitan la Moraleja. Quizá sea este el punto más chocante: de la subvención viven en número más pobres que ricos, pero los ricos que pillan, se hartan a ganar dinero (hablo de energías renovables, por ejemplo).

Estos son nuestros “queridos” por decreto, gentes desagradecidas que nunca se cansan de pedir ni de mamar. Los mineros, no satisfechos con pensiones y ayudas, piden, oh Dios mío!, que parezca que su trabajo realmente vale para algo. Repito, si se tratase únicamente de mantenerles vía trasferencias, perfecto (casi), pero es que además piden que se proteja al carbón español, y esto sí que supone un derroche además de un gravísimo atentado contra el mercado energético. Pero razones no les faltan, porque igual que ellos piden subvención para lo que se sabe caro e ineficiente, hay otros que consiguen mucho más suculentas dádivas so pretexto de invertirlas en energías de similares características en términos de eficiencia.

Y así es, el Estado nos quitó hijos, nos quitó amantes, y a cambio nos obligó a cargar con una prole de chupópteros desatados. Molestan los que se encuentran a niveles más modestos, pero pretenden que se les reconozca un mérito productivo que no tienen. Pero molestan aún más todos esos grandes potentados que pululan entre ayuda y subvención a la caza de gasto público. Esos andan calladitos porque seguro que también de una eventual ayuda al carbón patrio sacarán substancial tajada.

Saludos y Libertad!

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5 comentarios leave one →
  1. atr permalink
    septiembre 22, 2010 8:48 pm

    Fantástico, me he reído mucho.
    Yo de mayor quiero ser minera….

    • yosoyhayek permalink*
      septiembre 23, 2010 8:15 am

      Mujer, puestos a elegir, prefiero ser un “Entrecanales”, no? Los pobres mineros bastante tienen con lo suyo

      • atr permalink
        septiembre 23, 2010 11:14 am

        Yosoyhayek,

        me ha hecho gracia el artículo porque en mi pueblo de Teruel (te he hablado un montón de veces sobre él) hay una central térmica y cuando se decidió traer carbón de África comenzaron las prejubilaciones. Te hablo de que gente de 45 años se prejubilaba con un salario de alrededor de 2000 euros mensuales, a principios de los noventa. Entonces pensaba: por qué mi padre no se metió en Endesa?
        Un saludo

      • Yosoyhayek permalink
        septiembre 23, 2010 1:55 pm

        Pueblos de España en esa situación, mogollón. La gente vive feliz cuando vive de los demás sin perder la soberbia y el orgullo.

  2. Marta permalink
    septiembre 23, 2010 4:21 pm

    Jaja,
    soy minerooooooo. Hombre, yo ni con subvenciones me haría minero, es un trabajo difícil, por no hablar de las consecuencias para la salud.
    Como aquí chupar del bote chupa el que puede, pues por unos pocos más no pasa nada.
    Hablando en serio, dejando de lado el tema de las subvenciones, prejubilaciones escandalosas y demás, es cierto que estas comarcas, o se regeneran y se les da algo decente de qué vivir o se quedan vacías. Teniendo en cuenta además qeu de los mineros subvencionados indirectamente viven otras personas. En fin, habría que remodelarlo todo, ¡es realmente asqueroso prejubilar a alguien con 45 años!
    Es un problemón.

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