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Juerga

septiembre 29, 2010

Hoy me he dedicado a hacer gestiones y trabajo a pie de calle, por eso de ahorrarme el hacinamiento en el metro, lo que en torno al medio día me ha situado en pleno centro de Madrid. Debe ser que ya ando curado de espanto, y que la indignación me la guardo para temas mucho más graves. Los piquetes frente a El Corte Inglés o FNAC han provocado en mí mucha más vergüenza ajena que contrariedad. El espectáculo se resume en lo siguiente: veinte policías, 15 piqueteros. Señoras tratando de entrar en el sacrosanto templo del consumo nacional (es el ministerio que nunca cambia de nombre y sobrevive a todos los gobiernos), y cuatro liberados con banderitas, pitos y eslóganes cutres y mal cantados. Mientras marchaban por Preciados o Gran Vía, una vez avanzaban, los cierres se alzaban y el comercio regresaba a la cuasi normalidad de cualquier día laborable. La huelga, casi juerga, quedaba reducida a un grupúsculo encarnado de liberados y espontáneos con ganas de echar la mañana creyéndose los reyes del mambo por unas horas. Como casi no podía contener la risa, he vuelto enseguida a mis quehaceres y destinos olvidando por completo que hoy había sido convocada Huelga General por los sindicatos.

El gobierno no discute las cifras, aunque deje entrever su satisfacción por saberse claro vencedor en esta contienda. Resulta obvio que todo estaba pactado de antemano. Los sindicatos querían instantáneas y sensaciones, falsas sensaciones. Por eso se acordaron servicios mínimos en el transporte, decidiendo a priori gran parte del impacto de la convocatoria, o se han dirigido todos los esfuerzos por sembrar de pegatinas y alboroto el centro de las cuatro o cinco capitales más importantes del país. Por lo demás, salvo en polígonos industriales o grandes factorías, el seguimiento de la huelga ha sido bajo o muy bajo comparado con anteriores ocasiones. Los sindicatos pueden sacar pecho mientras que a nadie se le ocurra demostrar con datos y cifras el fracaso sufrido. El gobierno calla, como lo hace su televisión pública, dejando que transcurra el día y aguardando un pasado mañana de encuentros y teatralización de nuevos pactos.

El sindicalismo habla de jornada “democrática”, de apuesta “social” por una España “más justa”, y también de lucha contra el mayor recorte de derechos sociales que jamás hayamos visto. Son pancartas facilonas, eslóganes sencillos de vender, y sin embargo los españoles, masivamente, han decidido no hacer huelga. No está el horno para bollos, habrá pensado la mayoría, aferrados a sus puestos de trabajo y preocupados más por conservarlo que por una eventual indemnización por despido, que no es sino pan para hoy y hambre para mañana. Barreras de salida son barreras de entrada, y puesto que tenemos la experiencia reciente de que todo el que ha tenido que ir a la calle ha acabado siendo despedido, lo que ahora preocupa es tratar de que se firmen nuevos contratos de trabajo con las menores trabas posibles. Este sencillo razonamiento no convierte en acertada la reforma del gobierno, pero sí extiende la convicción sobre su inevitabilidad. No sabemos todavía qué propone el PP para reactivar el mercado laboral, y mucho menos qué hará para que volvamos a crecer.

Esta huelga podría calificarse como carente de propuestas realmente atractivas para la mayoría de los españoles. De ahí que haya fracasado, que ni siquiera el odio a ZP haya suscitado una adhesión oportunista, con la nariz tapada pero un objetivo claro. Tampoco han querido los sindicatos agitar demasiado, lo suyo ha sido puro teatro, en perfecta coordinación con los intereses mediáticos del gobierno. Y quedará en eso y poco más. En todo caso, el éxito del Presidente no puede negarse.

Saludos y Libertad!

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3 comentarios leave one →
  1. septiembre 29, 2010 8:10 pm

    Una huelga fracasada y unos sindicatos radicales, mediocres, panzasllenas y FRACASADOS

    • septiembre 29, 2010 9:46 pm

      Veremos si el gobiernos les deja o no caer… Pero sí, el fracaso es evidente 🙂

  2. Espectador permalink
    septiembre 30, 2010 6:29 am

    El asco que da ZP solo se ve superado por el que dan estos sindicatos gubernamentales.

    Los chicos de Alphonse Capone que “ofrecían” protección a los tenderos de Chicago tenían mejores modos y hacían algo por sus protegidos; estos en cambio cobran su extorsión y se desentienden luego. Están demasiado ocupados con sus cruceros bálticos y sus almuerzos de trabajo en el Villamagna.

    ¡Y luego se extrañan de que la gente no les quiera y les insulte!

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