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Sobre hombres y hombras, mujeres y mujeros

octubre 7, 2010

Son muchas y complejas las causas del Cambio Lingüístico pero es la espontaneidad la fuente de la mayor parte de los cambios acontecidos en una lengua dada. Así, la voluntad de “limpiar, fijar y dar esplendor”, tan típicamente dieciochesca, se quedó obsoleta y la RAE comprendió la evidencia que ella misma se había molestado en investigar.

Hay que sospechar mucho de los cambios lingüísticos de origen vertical, es decir, de aquellos cuyo último origen es el Poder, no tanto como ente abstracto sino más bien, como grupo concreto con intereses muy precisos a la hora de introducir un determinado cambio.

Aquellos que gastan hoy en día saliva redundante en los mítines con su muletilla de ciudadanos y ciudadanas, españoles y españoles son los que se hallan detrás de tal proliferación de femeninos en el empleo de los colectivos.

Sospecho de esta utilización partidista puesto que su introducción no persigue un fin necesariamente beneficioso para las mujeres. Soy partidaria de dejar actuar a la espontaneidad y forzar los cambios en el lenguaje me parece vil, aunque las huellas del poder se hayan dejado sentir en todos los idiomas.

         Son otros los ámbitos en los que sí se hace necesaria una reflexión acerca de la mano visible del Estado con referencia a la situación de la mujer en nuestro civilizado occidente. Para los puristas de la no intervención, para aquellos que estiman que introducir modificaciones traiciona la justicia natural, la justicia social y natural, impuesta a sí misma, a fuerza de valía personal siempre y cuando se garantice un marco de acción neutro, para éstos, digo, hablar de discriminación positiva es como hablar de pecado mortal. Sin embargo, son muchos los peros que se pueden poner a esa supuesta justicia social que garantiza el no intervencionismo y entre ellos, que hay colectivos que por causas fisiológicas (no intelectuales) e incluso históricas, no podrían llegar a trepar en la escala.

Nunca he sido partidaria de una desaparición del Estado y hay materias en las que encuentro beneficiosa la acción del mismo. En efecto, se trata de garantizar una igualdad artificial. Los seres humanos no somos iguales pero en esa lucha fiera y complicada por la supervivencia, o por el bienestar, o por el lujo, entran en juego factores que  sacan a la luz lo que de autodestructivo tiene el hombre. Luchar contra ello, se podría aducir, es antinatural. Hay tantas cosas que desde el punto de vista teórico se consideran antinaturales y cuya antinaturalidad, sin embargo, es más que rebatible (la homosexualidad, por mencionar una) que no encuentro ningún problema en defender la labor correctora del estado en aras de un beneficio común.

El de las mujeres ha sido un colectivo socialmente estigmatizado, cuya labor se ha relegado, durante mucho tiempo, al hogar. Circunstancias tales como la aparición de una clase media (y el acceso a un mayor grado de educación por parte de la mujer) en el siglo XIX o la necesaria incorporación al trabajo de grandes contingentes de mujeres tras la Primera y (especialmente) Segunda Guerras Mundiales, movilizaron a este colectivo (hablo de colectivo, lo cual resulta casi irrisorio, pues se trata prácticamente de la mitad de la población humana), tras una toma de conciencia progresiva, lenta pero inexorable, y lo llevaron a reivindicar derechos que antes no le estaban garantizados.

A estas alturas del Siglo XXI (y espero no ser tachada de fasciofeminista por esta obviedad) a una mujer le resulta más complicado trabajar que a un hombre. En primer lugar, la tarea de conseguir trabajo es más ardua. En segundo lugar, los salarios son más bajos. En tercer lugar, se enfrenta al reto de combinar la maternidad con el progreso laboral, casi siempre frenado cuando ésta última llega. Un sinfín de problemas que precisan de un cierto grado de corrección o intervención, sobre todo si se tiene en cuenta el valioso papel de la mujer, que no sólo es madre sino también trabajadora.

Aplaudo las leyes sobre la conciliación de la vida familiar y laboral y también espero que su cumplimiento no sólo sea letra muerta. Se hace imprescindible emprender reformas que protejan a las mujeres frente al acoso laboral (conozco más de un caso, lamentablemente) debido a que la mujer se había quedado embarazada. Falta también facilitar protección a aquellas mujeres a las que encontrar un empleo les resulta una hazaña titánica porque tienen hijos pequeños.

El trabajo es un derecho, y si se quiere fomentar el nacimiento de niños para evitar el envejecimiento galopante de la población (en parte, podemos tirar de inmigración, pero me temo que no es suficiente) se hace preciso apoyar a las madres trabajadoras y facilitar su reincorporación al trabajo.

         No es el cambio lingüístico lo que hemos de perseguir para lograr un impacto en las conciencias y una mejora en las condiciones generales de la sociedad (el beneficio no es sólo para las mujeres, insisto) sino un cambio más profundo, y viable económicamente a la par (no tiene por qué concentrarse la carga en los contribuyentes, puede hacerse en las empresas) que garantice una justicia social que, si no natural al cien por cien, sí dé respuesta a las necesidades de la mujer trabajadora de este nuevo siglo, a la que se le exige trabajar mas en desigualdad de condiciones.

Un saludo.

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12 comentarios leave one →
  1. octubre 7, 2010 10:27 pm

    Un artículo muy interesante, ATR. Creo que tu análisis sobre el uso del lenguaje y la introducción de novedades con clara vocación constructivista, deja muy claro que la lengua, como sucede con el resto de instituciones sociales (moral, dinero, Derecho, mercado…) tienen un origen espontáneo, y es también espontánea la fuente de su adaptabilidad, novación y cambio. Dicho esto, también hay que tener en cuenta las ventajas que ofrece la elaboración de una gramática de referencia, o de un vocabulario básico, por ejemplo, siempre y cuando sean competitivas y no se trate de imponer de manera universal a través de mecanismos de instrucción centralizada y planificada por el poder. Cada escritor, cada hablante, puede convertirse en ejemplo, formar parte de un corriente de uso de la lengua, puede tratar de corregir defectos lógico formales o introducir ciertas novedades, pero siempre, y así ha de ser si se quiere mantener el carácter dinámico y eficiente de un lenguaje, de manera competitiva, sin que un poder irresistible imponga criterios.
    El resto del artículo, aunque noto un fondo que en términos morales (flexibles y de cumplimiento voluntario, como dijiste en otro de tus post) comparto, tengo que decir que no me ha gustado tanto. Sobre todo porque manejas ciertos sofismas que conviene rebatir:
    1. La justicia es, en todo caso, social, porque exige alteridad, y no es “justo” corregir la desigualdad entre dos individuos si la misma no ha sido provocada directamente por la acción ilegítima de uno de ellos, es decir, “lo justo” se dice de aquella restitución o reparación, o estado de cosas, en el que cada cual tiene lo que es suyo, sin más. Buscar una solución justa exige que previamente una acción individual altere la situación, el estado o la integridad de otro individuo. Es decir, no es injusto que alguien nazca menos inteligente, y por tanto para “hacer justicia” se tenga que imponer cierta ayuda, o cierta licencia para él. No es injusto, en términos generales, que las mujeres hayan sido relegadas a un plano secundario durante miles de años, pero sí que ante el cambio social que representa su liberación, se las trate desigualmente en términos formales. Es decir, lo que tú propones, con eso que llaman discriminación positiva, es de por sí “injusto”, en términos estrictos, porque lo que hace es imponer licencia, ventajas o garantías por el mero hecho de ser mujer, sin importar que ya nuestro Derecho se fundamente en la igualdad civil sin consideración sobre el sexo de cada cual.
    2. Lo social niega completamente esa idea hobbesiana de lucha de todos contra todos, de competencia darwiniana por codear al otro en pos de una ventaja inmerecida, fruto de la trampa, el engaño o la coacción. En sociedad, aunque sea esta la más precaria y atávica que pueda ocurrírsenos, las maneras tienden a ser más dulces, moderadas y cooperativas que fuera de ella. Si dos seres humanos aislados se topan en medio de la jungla, sin haber conocido ninguno de ellos sociedad alguna, es mucho más probable que se produzca un enfrentamiento por bienes escasos, que si dicho encuentro sucediese entre ser humanos socializados. Entonces su conducta sería distinta, actuarían sometidos a unas reglas que son en su mayoría incapaces de concebir, pero efectivas y disciplinantes. Es ahí donde podría entenderse injusta cierta situación provocada, juzgando los hechos y las acciones a la luz de esa parte que hemos llegado a descubrir y conocer de las reglas que forman nuestra conducta. Su estudio inmanente y la búsqueda de la solución que mejor devuelva el conflicto al orden moral o jurídico efectivo, representará la idea de justicia misma.
    3. Cuando dices que no ves el problema de que el Estado ejerza una labor correctora te olvidas de algunas cosas: que el Estado es, por definición, un ente de dominación monopolista e irresistible, cuyo criterio responde a un conocimiento parcial y limitado sobre las circunstancias, y lo que es peor, a una intencionalidad parcial, a una finalidad sostenida sobre concretos valores que acaban siendo impuestos a todos los individuos, sin distinción. El Estado es antisocial, porque no es en absoluto lo que ha de ser el poder, en su labor de intermediación. El poder emana de las leyes, mientras que la fuerza del Estado emana de los hombres, de su voluntad constructivista, de sus ansías de acumular más y más poder arbitrario sobre el resto de sus conciudadanos. Ver al Estado como a una fuerza inocua, positiva, afortunada en sus decisiones, y necesaria por esa presunta tendencia inevitable que tiene el hombre hacia la disputa y la violencia, es no entender qué es el proceso social y cuál es su funcionamiento.
    4. Las mujeres han sido estigmatizadas por determinadas ideologías o visiones religiosas del mundo, efectivamente. Y es frente a eso contra lo que ha lucha siempre el defensor de la libertad, la igualdad civil y el pluralismo. Pero no puedes atribuir a razones meramente institucionales, de evolución social, las causas de una supuesta “injusticia” que ahora merece ser reparada mediante la acción interventora e indiscriminada del poder absoluto que encarna el Estado.
    5. Todas las ventajas que ha logrado la mujer proceden de la espontánea evolución social y de la legítima y motivante lucha competitiva de activistas comprometidas con ciertas causas. En el momento que dichas ideas se convierten en ideología, y el objetivo de semejante ideología ronda apoderarse del poder absoluto para imponérselas sin más al resto de individuos, transformando la realidad, recomponiendo el orden moral, político o jurídico con un golpe sobre la mesa, lo que sucederá es que se estará produciendo una injusticia en términos estricto que además representa un serio peligro para que el proceso social mantenga su dirección aperturista. Es decir, las ventajas que consiguen ciertos colectivos por la fuerza, no pasa mucho tiempo hasta que se les vuelven en contra, produciendo nuevas desventajas, desajustes, rechazos, o consecuencias no queridas que hacen de toda intervención una fuente de descoordinación y malestar generalizado.
    5. Las mujeres no son hoy víctimas de la historia, sino que deben dar gracias a manera en la que han ido las cosas en los últimos cinco siglos, siendo posible su liberación e igualdad civil con los hombres. La clave de todo radica en el incremento de la productividad del trabajo, en el crecimiento de la riqueza a la que va unida. Las mujeres fueron necesarias para mantener la producción desde siempre. En la era industrial varió su actividad y muchas comenzaron a trabajar en la industria, aunque desde siempre lo habían venido haciendo a otros niveles. Al crecer la productividad del trabajo en general, que una mujer saliera de casa y trabajase a cambio de un salario, no fue tanto una necesidad provocada por una reducción en la calidad de vida, sino una ventaja, un objetivo a perseguir por parte de los campesinos que abandonaron el campo en busca de una vida más cómoda y mejor. Las mujeres no fueron entonces esclavizadas y maltratadas, no mucho más de lo que vendrían siéndolo merced de sus maridos. La diferencia es que las mujeres adquirieron fuerza con su trabajo, independencia, se sintieron necesarias, y fue entonces cuando pudieron ganar enteros en la búsqueda de igualdad civil.
    6. Si hoy en España las madres trabajadoras, o las mujeres en general a la vista de que pudieran llegar a serlo, sufren barreras de incorporación o salarios más bajos por el mismo trabajo, no se debe a que no exista ya una red de intervención sobre esa idea de injusticia que manejas, o la conveniencia de una discriminación positiva emprendida por parte de un agente monopolista e irresistible. Las mujeres sufren los males de una baja productividad unidos a las desventajas que esas mismas leyes de supuesta protección les imponen. Si el trabajo es poco productivo y la oferta supera a la demanda en la mayoría de los sectores, obviamente se preferirá reducir costes de contratación, por así decirlo, tomando todas las cautelas posibles para que el contratado no ofrezca además muchos más costes de los ya soportados (costes sociales, en forma de cotizaciones, impuestos y “garantías” laborales). Siendo así a la mujer se la verá como potencialmente más costosa, y dado que la oferta es abundante, siempre se tratará de evitar su contratación, o se la relegará a puestos donde su sustitución no represente nuevos costes. Cuantas más leyes se hagan para evitarlo, más improductivo será el trabajo, por falta de inversión, entre otras cosas, y más reticencia suscitará la contratación de mujeres, empeorando su situación en términos generales. Una regulación novedosa exige ulteriores regulaciones que corrijan los muchos efectos no queridos que ésta provoque, y así hasta el infinito.
    7. Las mujeres deberían ser liberales, y favorables al libre mercado, porque todas las ventajas que hoy disfrutan proceden del desarrollo en libertad de una economía capitalista. La mayoría de las grandes “conquistas” no son sino costes mínimos perfectamente asumibles por la media de empresarios, es decir, serían igualmente efectivas aunque no se impusieran por el Estado, esto es, las mujeres podrían solicitarlas del empresario sin que éste tuviera motivos estrictamente económicos para rechazarlas. El resto, esas medidas de conciliación y demás, no son sino parches para dar una apariencia de “estar haciendo algo” para corregir los efectos de otras intervenciones previos. Porque repito, y con esto ya termino, las ventajas de la mujer dependen fundamentalmente de que su trabajo sea cada vez más productivo. Cuanto más lo sea, menos dependencia tendrán de trabajar para lograr un nivel de bienestar adecuado, y por tanto, gozarán de una posición mucho más fuerte para negociar condiciones laborales. Cuanto menos productividad (capital invertido per cápita), más precariedad. Es decir, cuanta menos libertad de mercado, menos dinamismo, menos generación de riqueza, menos inversión, peores salarios y sobrante de mano de obra, lo cual implica que los individuos potencialmente más costosos acaban pagándolo con peores condiciones, entre ellas, el salario.
    Saludos!

    • atr permalink
      octubre 8, 2010 7:48 am

      Hola Yosoyhayek,

      agradezco tu larga respuesta. Siempre es un reto contestar a tus apostillas, pese a que muestra el total desacuerdo entre ambos en esta materia.
      La lengua es nuestro único punto en común.Vamos, que sólo estamos de acuerdo con respecto a lo que he afirmado sobre ella. Me alegro.
      Tus asertos sobre la justicia social son de corte hayekianos. He de confesar que mientras escribí este artículo me acordé bastante del libro que me regalaste: La Fatal Arrogancia. Una se siente tentada a aceptar como verdadera su concepción de la justicia social pero también estimo que si el mundo feliz e ideal, natural, predicado por Hayek; que si el mundo verdaderamente justo y óptimo (él lo piensa como tal) realmente hubiera triunfado el papel de las mujeres hubiera sido muy otro. Leyendo precisamente a Nietzsche, un misógino furibundo, también se tiene la sensación de que lo verdaderamente justo sería que la mujer estuviese relegada al ámbito del hogar, como en Grecia.
      Creo ver una contradicción en tus argumentos acerca de por qué las mujeres deberían ser liberales y favorables al libre mercado, puesto que si esta situación evidentemente las castiga (hablas de productividad, implicando que la productividad de una mujer con hijos baja, lo cual es absolutamente falso, o no tiene por qué ser cierto) y cómo de ésta manera las correcciones serían prolijas e ineficientes.
      Primero, una mujer con hijos no es una lisiada. Es un individuo capacitado para trabajar, al igual que un hombre. El temor de los empleadores es el de: si el hijo se pone malo…. Supuestamente éso afecta la productividad, pero tal impacto no tiene por qué ser siempre negativo. Por otra parte, no se puede exigir a la mujer que traiga hijos al mundo si no va a garantizársele algún tipo de protección frente a esa situación de vulnerabilidad (especialmente en el primer año) en la que queda. Resulta que es beneficioso que la mujer se incorpore al mundo del trabajo pero luego no compensa que cuando sea madre progrese o pueda conseguir un trabajo. El resultado es ominoso: las mujeres optan por no tener hijos, y si lo hacen, los tienen muy tarde. No es acaso el padre responsable? En este blog, a propósito del aborto, se dijeron muchas cosas sobre la voz del padre…. El impacto en la productividad, si se comparten las cargas que conlleva tener un hijo, no es tan grande, pero hay que insistir en el hecho de que para proteger a la mujer (y por cierto, te refieres a los logros de la mujer merced a su lucha espontánea, y ahora también la mujer vuelve a luchar por conseguir mejoras y protección, afortunadamente) es necesario regular, discriminar positivamente, si se quiere.
      Aunque pienses que el mejor de los mundos es el que se deriva de la no intervencción, creo que es imposible y quimérico pensar en un mundo así, pues la naturaleza humana tiende a querer controlar su propia acción, individual y colectiva.

      Un saludo

  2. octubre 8, 2010 8:43 am

    ATR, creo que no me has entendido, y que tampoco has entendido a Hayek, porque en ningún caso se está hablando de perfección, de mundo feliz y natural, sino de libertad. Libertad y respeto de la dignidad individual implica no coacción. Y el mundo que tú propones, anhelando corregir de manera deliberada e ingenua supuestas causas que provocan desventajas, no es sino el mundo de la intervención, el mundo en el que hoy vivimos. Y es hoy cuando la mujer se enfrenta a la precariedad laboral, a una situación difícil, al paro y la baja productividad. Muchas veces parece que estamos hablando de una realidad distinta, y cuando dices que hoy debemos intervenir olvidas que se lleva interviniendo desde hace varias décadas con el resultado que hoy padecemos.
    Una mujer no es menos productiva por ser potencialmente madre, por supuesto, pero sí suscita una mayor incertidumbre que un hombre soltero, por ejemplo. En este sentido, el empleador debe ser libre para contratar a quien mejor se ajuste a sus expectativas o necesidades, y son muchos los trabajos donde la mujer tiene de por sí el perfil más ajustado, o donde la capacidad, formación y destreza de la mujer supera incluso cualquier tipo de reticencias. Si el trabajo es más productivo la demanda crece y con ella el poder de negociación de los individuos, incluidos las mujeres, que logran de ese modo superar la incertidumbre o costes con los que se las pudiera identificar.
    No es que una madre sea más o menos productiva por serlo, sino que posiblemente no pueda rendir tanto durante determinados periodos de su embarazo y maternidad. Esto debe tenerse en cuenta, y la madre que quiera trabajar no merece protección porque sí, y será ella, libremente, en la toma de sus propias decisiones, quien asuma o no el coste de sus decisiones, y en el caso de compartir la maternidad con una pareja, el padre normalmente, deberá negociar con él la distribución de obligaciones. No se trata de proteger a la madre, sino al hijo, y en eso son igualmente responables ambos progenitores. Cuando esa cultura se extienda, el empleador no tendrá más reticencias hacia la mujer que hacia el hombre, y en cada caso preferirá personas casadas o solteras, con o sin hijos, porque dicho sea de paso, hay empleadores que valoran la paternidad como un mérito o una circunstancia que induce a una mayor dedicación y responsabilidad con el puesto de trabajo y el ascenso en busca de mejores condiciones.
    La cosa es que no sabemos lo qué sucedería si no se tratara de proteger a la mujer por el mero hecho de serlo, sin redistribuir la riqueza o levantar límites y barreras inicialmente a favor de las madres. Tenemos experiencia suficiente para confirmar lo que en términos abstractos ya conocíamos: toda intervención genera efectos no deseados y exige nuevas invertenciones para corregirlos, terminando por realentizar o frenar el proceso social en las parcelas intervenidas, perjudicando así a quien se dice proteger. Eso es la realidad de hoy, y me niego a creer que no lo veas, porque llevamos décadas interviniendo y todas las ventajas de las mujeres siguen proviniendo del mercado, y nunca de las leyes de discriminación positiva. Analiza la realidad y verás que la mujer que pacta con el padre la asunción efectiva de responsabilidades, siempre logra abrirse camino y no necesita ni ayudas a la contratación, ni cheque bebé ni nada.
    Y repito, si la economía fuera más libre, seríamos todos más productivos, podríamos trabajar menos por más y la necesidad de tiempo para criar a un niño dejaría de ser un inconveniente para nadie. Y esto no es un mundo feliz, es un mundo libre, no es un mundo perfecto, sino una realidad menos corrompida y perturbada que aquella que emana del diseño inteligente, la coacción y la planificación sinóptica.
    Saludos!

    • Pablo el herrero permalink
      octubre 8, 2010 10:28 am

      Amigo yosoyhayek, estupenda argumentación en referencia a la entrada de tu amiga ATR y ante la cual no puedo estar más en contra y no sólo por razones liberales. Es una pena que ahora no tenga tiempo de estenderme en ello, pero a buen seguro que tu amiga nos dará ocasión nuevamente en otra entrada de volver a los puntos por ella explicitados.

      En cualquier caso en lo que refiere a su defensa de la “discriminación positiva” impuesta por el feminismo más radical y antivarón, decirle, que ahora mismo un familiar mío en proceso de separación, su queridísima esposa para conseguir lo que pretende con dicha separación, la primera amenaza es “si no me das lo que te pido, te voy a quitar los hijos”. Es la primera amenaza, es decir, no será la última y casos como este hay 250 de media todos los días en España. Por supuesto, para luego quejarse de que la maternidad laboralmente les sale muy cara, pues son ellas las que han de hacerse cargo de los hijos ¿Qué ideología ha creado estas leyes?

      En cuanto a la discriminación salarial, mejor ni hablar la cantidad de falsedades que al respecto se ha inventado el feminismo. Ya hablaremos…

      Yosoyhayek, eso de que vengan ideologías inventándose “deudas históricas” para legitimar “injusticias históricas”, además de resultar fascista, en el caso que hablamos se convierte siempre en un bumerang para las propias mujeres Pero ellas erre que erre con su discurso misándrico de dogmas estigmatizadores del varón y mitificadores de la mujer.

      Seguiremos hablando, pero me ha llegado esté video al respecto del talante misándrico de una tal Aido, disfrútalo:

      Un saludo,

      Pablo el herrero

      • atr permalink
        octubre 8, 2010 10:40 am

        Pablo el Herrero, +
        lamento que haya casos de extorsión en los divorcios. Ni las mujeres son harpías siempre ni tampoco los hombres son deplorables. Hay de todo. Creo que es inmoral extorsionar, amenazar y considero que, especialmente si hay hijos de por medio, se debe buscar un acuerdo entre las partes y dejar de lado las diferencias. De hecho, me ha gustado la medida establecida en Aragón sobre la custodia compartida, absolutamente compartida. Afortunadamente hay gente civilizada y esos ejemplos son honrosos.
        Es un hecho (los datos están ahí, salen continuamente) que las mujeres cobran menos que los hombres. Es un hecho que una mujer desempeñando el mismo puesto que un varón cobra menos. Es patético pero cierto.
        Ni tú ni yosoyhayek habéis tocado el tema de la responsabilidad con respecto a los hijos y la manera de maridarla con el derecho al trabajo de una mujer. No se trata de una guerra de sexos. Me repugna la guerra de sexos, el argumento de yo, por ser mujer, soy mejor o no. Nunca lo he esgrimido. Hombres y mujeres somos diferentes pero seres humanos y hemos llegado (para el bien común, en mi opinión) a una situación en la cual la mujer se ha incorporado a la vida laboral. Para ella ya no es una cuestión de quedarse en casa sino que puede acceder a un trabajo.
        He tratado de expresar mi disconformidad con un estado de cosas que me parece injusto y por cuyo cambio hemos de luchar: la condición de la mujer como trabajadora y como madre, sus desventajas y en qué medida se le carga de unas responsabilidades determinadas sin luego garantizar una compensación en el área laboral. No redunda acaso en beneficio del bien común traer hijos al mundo? Bien, no pongamos a la mujer un escalón más abajo y olvidemos las falacias de la libertad falsamente entendida.

    • atr permalink
      octubre 8, 2010 10:31 am

      Estimado Yosoyhayek,

      creo haber entendido a Hayek. Otra cuestión es que disienta de sus propuestas y también de que la libertad sea lo que él predica o de que sea incluso factible.
      La mujer, dices, ha de ser consecuente con sus decisiones. Es decir, toda la responsabilidad de tener hijos, a todos los efectos, recae sobre la mujer. Es ella (y no el varón) quien ha de pagar con su sueldo, con su trabajo (o falta de él, o acoso en el mismo) el hecho de traer nuevos individuos al mundo. A eso no lo llamo yo libertad. Si no introduces correcciones me temo que no vas a poder contar con que las mujeres tengan hijos.
      Te recuerdo que en el siglo XIX había argumentos para remunerar menos a las mujeres, y que incluso se fundaban en la inferioridad intelectual y productiva de la misma. Se luchó y se consiguieron múltiples mejoras para la mujer. No es eso hacer retoques en el sistema? O la mujer opta por no tener hijos o la mujer lucha por conseguir mejoras que equilibren ese desequilibrio.
      El concepto de libertad no es unívoco, recuérdalo. Está en continua revisión y los hayekistas no estáis en posesión de la verdad absoluta con respecto al contenido del mismo.
      Un saludo

      • yosoyhayek permalink*
        octubre 8, 2010 11:39 am

        Libertad es ausencia de coacción ilegítima, sin más, así que considero que el concepto es bastante claro, otra cosa será lo que tú consideres como coacción legítima, y es ahí donde debe introducirse la idea de justicia, etcétera.
        No creo que haya dicho que deba ser la mujer la única responsable de la decisión de tener hijos, sobre todo cuando, normalmente, dicha decisión depende de dos, así que deben ser esos dos quienes afronten los costes (que los tiene, y eso es inevitable, como muchas cosas en la vida) y las desventajas. Es que no sé de dónde te has sacado que yo condene a la mujer a una doble carga (trabajo dentro y fuera de casa), porque salvo por el embarazo, que hoy por hoy no queda otra que lo soporte la hembra, considero que una vez recuperada físicamente (lo que puede tardar días o semanas, depende del caso) la madre y el padre deben estar en iguales condiciones. La mujer que quiera darle el pecho a su hijo, debe asumirlo como un coste, y eso resulta inevitable, salvo que use un sacaleches. El coste es la paternidad (genérico), y tradicionalmente ha sido la mujer la que más lo ha padecido. Si queremos que la mujer se libere de este estigma, lo realmente útil y legítimo es que cada una trate de ponerlo en práctica en su vida diaria, y aquellos que puedan inspirar al resto lo transmitan de la forma que sea (cine, libros, televisión, representantes políticos, artistas, intelectuales), pero nunca recurriendo a lo fácil: echar mano de la imposición, de la política pública, arruinando así lo que debe ser espontáneo, libre y competitivo. Eso es lo que Hayek descubrio en términos teóricos, y no se corresponde con un juicio de valor sobre el mundo y la deseabilidad de unas u otras medidas, sino con el análisis riguroso y metódico de la realidad social y su funcionamiento.
        Saludos!

  3. atr permalink
    octubre 8, 2010 1:07 pm

    No considero ilegítima una coacción que haga más viable la reincorporación a la vida laboral de una mujer. Hay empresas que facilitan esta conciliación pero hay otras en las que parece ser un delito tener hijos.
    Recuperación física de días? Se nota que no sabes de partos. Optar por dar el biberón? Es mejor dar el pecho y salvo que la mujer no tenga leche o el hijo no sepa succionar así se recomienda. Es que debería recomendarse el biberón acaso para poner en riesgo la saludo de los hijos? Aunque se opte por el biberón la vida para la madre no es tan fácil, por cierto.
    Sigues sin concretar. Expresa claramente tus ideas. Es decir, si lo que piensas es que no se debe ayudar a la mujer a reincorporarse al mundo laboral o a compaginar su tarea como progenitora y trabajadora porque es una opción personal sigues enviando un mensaje implícito: el de que la mujer ha de trabajar en desigualdad de condiciones. Hazlo expreso, por favor.
    Un saludo.

    • Yosoyhayek permalink
      octubre 8, 2010 1:51 pm

      Claro que pienso que debe ayudarse a las mujeres a reincorporarse al trabajo, pero se trata de un deber moral, de cumplimiento voluntario y que no puede ser exigido por la fuerza. Y no lo considero debido moralmente porque considere injusta la dificultad, sino por que creo que tener hijos ya es bastante como para que además se pongan mas peros. Es opinable, es moral y no debe exigirse coactivamente. Soy coherente con mi postura en otros asuntos, espero que lo comprendas.
      Quedarse embarazada de trillizos y al poco tiempo enviudar, por ejemplo, es una putada pero no injusto. En ese sentido si estuviera en mi mano y esa mujer me pidiera ayuda para compatibilizar su maternidad con el trabajo, mi duda sobre qué hacer seria moral.
      La igualdad de condiciones es apreciativa o descriptiva pero no siempre se trata de una cuestión de justicia. Analiza otros ejemplos. Cualquiera me vale para que se comprenda que sólo de una situación injusta y por tanto debidamente antijurídica queda legitimado el apremio, pero no indiscriminado, si no frente a quien haya provocado el mal. Ni “las mujeres” son víctimas porque sì ni “la sociedad” puede ser culpable nunca de nada (en todo caso individuos concretos)

      • atr permalink
        octubre 8, 2010 1:57 pm

        Las obligaciones morales no parecen competencia del empleador, que en general, prefiere lavarse las manos.
        Es verdad que el Estado no es un padre protector y bondadoso, que se compadece de todos y que tiene respuesta activa ante todos porque eso impediría el ejercicio pleno, libre de las capacidades individuales, pero sí es cierto tb que la mujer está expuesta a la inseguridad laboral a causa de su condición de madre.

      • octubre 8, 2010 6:19 pm

        La mejor política para ayudar a la mujer (y al hombre) y al mismo tiempo fomentar la natalidad es bajar impuestos y liberalizar mercados. En poco tiempo toda ayuda será percibida como innecesaria y su contraproducencia quedará diluida y superada por una sociedad de individuos más responsables y productivos. Este no es el mundo feliz utópico que algún liberal loco pinta, sino que representa el coste de oportunidad que hoy mismo tenemos. Más protección y más regulación e intervención, igual a 20% de paro, baja natalidad, improductividad del trabajo y mujeres fastidiadas: cambiemos las cosas de verdad, y para ello, hagamos un buen diagnóstico de la situación de partida en la que nos hallamos.
        Saludos!

  4. Julio Lizárraga Barreda permalink
    octubre 9, 2010 2:24 am

    Me parece un comentario hermoso, ha llegado a traves de él una sensibilidad alentadora hacia mi.
    La belleza que tiene este post proviene de la emotividad y del sentimiento, del romanticismo y no tanto por la escencia intelectual, lo que digo no es un ataque maquillado en halagos vanos, es una seria admiracion por el llevar a la piel de los lectores el tema sensible de la importancia de las mujeres en su doble rol de madres y agentes economicos, es llevarnos al corazon del liberalismo que dentro de los analisis intelectuales se basa en ideales y en respeto de las calidades de las personas por su importancia nacida por su propia humanidad; repito las formas estructurales de tus convicciones no son igual a las mias pero supiste reafirmas las mias. Gracias disfrute la lectura

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