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Contra natura

octubre 18, 2010

El ecologismo tiene todo lo necesario para convertirse en la nueva fe de un mundo en crisis intelectual. De nuevo el rostro más dañino y fundamentalista de la religiosidad humana comienza a expandir sus tentáculos al cobijo de los rescoldos del aún vivo Dios pagano: El Estado. Todo ha cambiado y ni siquiera las palabras conservan su sentido originario. El ecologismo llama ciencia a su credo y razón a su ciega superchería. Tras de sí siglos de decadencia constructivista que ha dejado al hombre insatisfecho y con un renacido sentido de culpa, conciencia de sí mismo como plaga artificiosa que siembra pena y destrucción a su paso. Y si superamos la confusión del lenguaje y la manipulación de los términos, concluiremos que el Ecologismo comparte con la vieja fe trascendente el mismo veto a la ciencia, como fuente del conocimiento humano. Porque ni los hallazgos ni las hipótesis que plantea el ecologismo forman parte de un espíritu estricto y rigurosamente científico. Se trata de hacer creer al Hombre que su naturaleza es el apocalipsis del orden natural, que desde el gesto más rudimentario que le ayudara a mejorar su existencia, ha de sentirse culpable, inmensamente culpable por el mero hecho de actuar, de respirar, del moldear la realidad que le rodea. El ecologismo sueña con un paraíso inalterable, perfecto e idílico donde el Hombre, en pequeñas manadas, desnudo y arrugado, comparte la precariedad en la existencia con otras bestias asilvestradas. Un Hombre que ya no es Hombre, sino fiera inculta que contra su propia naturaleza, reprime su ser y resiste a duras penas el envite de los elementos. Culpable por haber roturado, por haber techado su morada, por haberse expandido por llanuras y montañas, por haber hecho suyos rebaños enteros de animales, cultivado la tierra, moldeado materiales, avanzado y mejorado su incierta existencia, haciéndose más Hombre, siendo libre y natural en su expresión como ser racional e inteligente. Ese es el pecado, un paso que se dio en un momento indeterminado, que separó al ser humano del resto de seres vivientes, que lo definió como gran transformador del mundo, y no como mero partícipe animado.

Decía Nietzsche que “la fe como imperativo es el veto de la ciencia”, y “la ciencia el primer pecado”. Curiosas son las nueva religiones, tan mundanas como parecen, pero idénticas en su consideración de mera estrategia de salvación del alma, pues quien las practica, quien cree tomar conciencia de la cuestión, dedica su existencia a reinterpretar la naturaleza que le es propia, a renegar de sí mismo e incomprender  incluso los efectos contraproducentes de su particular empeño. El ecologista no pretende conservar lo bello, hacer sostenible el desarrollo y garantizar la salubridad y el equilibrio del avance tecnológico. El ecologista es un fanático, y como tal, desprecia al Hombre y su naturaleza, lo convierte en repulsivo por maligno, en culpable (por mi culpa, por mi gran culpa) de perturbar todo aquello que le es ajeno, que se le niega por completo al considerarlo limpio e impoluto siempre que se guarde sin contaminación humana. “Lo natural” acaba entonces convertido en lo inhumano o lo prehumano. Y “lo científico” en todo aquello que confirma nuestro credo.

Saludos y Libertad!

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13 comentarios leave one →
  1. JFM permalink
    octubre 18, 2010 5:09 pm

    Dice Dostoievski en “Los hermanos Karamazov” “Si Dios no existe entonces todo esta permitido”. Me temo que tenemos la peor de las combinaciones: una religion sin un Dios para poner limites.

    • octubre 18, 2010 9:15 pm

      Si Dios no existe, no es que todo esté permitido. Antes, al contrario: no tenemos manera de escurrir el bulto de nuestra propia irresponsabilidad.

      Y, desde luego, la crítica de yosoyhayek es manifiestamente sensacionalista, pues el ecologismo es un movimiento con tantas facetas y visiones, que reducirlo por entero a la consigna de “volvamos a las cavernas”, sólo demuestra ganas de crear polémica.

      • octubre 18, 2010 9:34 pm

        El 99% de los ecolofundamentalistas no quieren volver a las cavernas, obviamente, pero de su discurso se desprende que les importa más bien nada lo que suceda con el resto de la gente. Es una religión de ricos, no de pobres miserables; una pose de activismo que no atiende a las consecuencias inevitables de su ideario.
        Saludos!

      • octubre 19, 2010 9:03 am

        Si sustituyes el “volvamos a las cavernas” del 100% por el “les importa más bien nada lo que suceda con el resto de la gente” del 99%, no dejas de ser un reduccionista en la materia.

        Que existen modas, prejuicios, y actos de fe en parte de los que se autoproclaman ecologistas, no lo niego. Como también hay liberalistas, derechistas, izquierdistas e -istas de toda índole que adolecen de lo mismo.

        Pero, hasta donde yo sé, el ecologismo –en general– no aboga por eso, sino cómo conjugar racionalmente actividad humana con equilibrio medioambiental. Y no creo que esto haga al ecologismo digno de ser demonizado.

      • yosoyhayek permalink
        octubre 19, 2010 10:33 am

        No te confundas, la eco-logía, como la eco-nomía, deben aspirar a un conocimiento exacto de la realidad, no a dispensar juicios de valor y servir de excusa para ideologías. Comprender el impacto del hombre en su medio y tratar de hacerlo sostenible sin renunciar al bienestar conseguido va unido a que sigan avanzando conocimiento y técnica. Es decir, se tiende a ser más “ecológico” a la par que eficiente cuando se apuesta por los vehículos a motor antes del transporte con fuerza animal, por ejemplo, siempre y cuando respetemos la naturaleza del ser humano, que vive volcado en mejorar y alargar su existencia. Y se es más ecológico cuando se apuesta por combustibles menos contaminantes (generadores de externalidades negativas) y más eficientes energéticamente hablando, porque esa es la senda que ha seguido la industria de la automoción en el último siglo, o no?
        Esa debería ser la auténtica ecología, y no el credo decadente y pesimista que hoy impera.
        Saludos!

      • JFM permalink
        octubre 19, 2010 10:46 am

        No estoy seguro de eso del 99% de los ecologistas no quiera volver a las cavernas. Te invito a meditar sobre los de “la décroissance” (el decrecimiento), los de ala desindustrializacion y last but not least al movimiento para la eliminacion voluntaria de la especie humana pasando por los maltusaianos que ven en los bebés una amenaza mortal para los objetivos medio-ambientales.

  2. Jaume permalink
    octubre 18, 2010 5:25 pm

    Confundes ecologismo con primitivismo. El ecologismo promulga otra forma de vida y intenta proteger verdaderas agresiones al paisaje y a todo lo que nos rodea. Hay diferentes ecologismos pero compararlo con una religión me parece subrrealista.

  3. LuisR permalink
    octubre 18, 2010 6:30 pm

    Si es que aún siguen añorando su idealizado edén, propio de gente que conoce la naturaleza solo a través de fotografías; pero lo que verdad buye tras todo esto es miedo, auténtico pavor, por lo que pretenden obligarnos a todos a hacer una regresión colectiva al útero materno. No se dan cuenta de que no hay marcha atrás, que desde que el hombre tomó conciencia de sí mismo éste fue expulsado del paraíso.

  4. Zorkki permalink
    octubre 18, 2010 10:00 pm

    Pues en este blog habéis defendido la abolición de las corridas de toros, traicionando así la neutralidad moral del estado y acogiendo los postulados del animalismo, una de las corrientes más en boga de esta nueva religión ecologista.

    • octubre 19, 2010 7:18 am

      Dónde y cuándo?

      • Zorkki permalink
        octubre 19, 2010 12:29 pm

        https://lalibertadylaley.wordpress.com/2010/07/28/el-toreo-catalan/

        Extractos:

        Quienes apelan a la libertad como mejor defensa del toreo, se equivocan.

        Cuando hablamos de libertad para hace algo que otros consideran aberrante, no basta con apelar a la capacidad que estos otros tienen para no presenciar la matanza. Un pedófilo no puede decir, “a quien no le guste, que no mire”, obviamente.

        Los animales no tienen derecho, pero sí son objeto de veneración, respeto, cariño y una particular humanización de su carácter. El Derecho no les concede personalidad jurídica, aunque sí los protege frente a las libérrimas agresiones perpetradas por el ser humano.

        Que se prohíba martirizar o asesinar a un toro no debería parecernos un escándalo.

        Asesinar…

      • octubre 19, 2010 1:01 pm

        Revisa un poco más porque creo que te quedas en lo superficial o en lo que mejor te viene. Hay mucho escrito sobre el tema en este blog, me remito a ello porque creo que se han abordado los aspectos fundamentales de una manera coherente y completa. Aquí nunca se ha defendido que los animales tengan derechos, ni nada parecido.

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