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Cuidado con subvencionar la natalidad

octubre 21, 2010
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Una de las consecuencias más terribles que ha acarreado la socialdemocracia es la crisis demográfica que se deriva de una estrepitosa caída de la natalidad. No se trata de engendrar una docena de vástagos y que gracias a los avances médicos sobrevivan todos. La sociedad capitalista ha traídos consigo la expectativa fundada de poder conseguir o mantener unas comodidades que están reñidas en la mayoría de los casos con la expansión incontrolada de la prole. La racionalización de la natalidad es un hecho inseparable al desarrollo económico y su aparejo moral, pero lo cierto es que hoy en día, y sobre todo desde hace dos o tres décadas, la gente no tiene todos los hijos que quiere fundamentalmente porque dada su productividad y su renta disponible, le es imposible conciliar trabajo con familia. La socialdemocracia ha hecho el resto: so pretexto de garantizar sanidad y educación a un 10 o 20% que en teoría no podría hacerlo con sus propios recursos, introduce a toda la sociedad en un sistema caracterizado por el latrocinio, la prodigalidad y la eterna huída hacia delante, tratando de corregir los efectos perniciosos que tiene toda intervención, no con su eliminación, sino con nuevas políticas públicas que no hacen sino empeorar y amplificarlos, e incluso generar nuevas calamidades. Sucede esto con la natalidad.

Una economía dinámica requiere de un orden institucional en el que difícilmente la conducta de los individuos eluda por completo la tendencia a controlar y limitar la natalidad, ajustándola a las necesidades y expectativas contemporáneas. Esto no impide que la población crezca y se expanda, pero sí que lo haga hasta el límite de provocar el desplome del capital per cápita, y con él, el hundimiento del poder adquisitivo medio de los trabajadores. La socialdemocracia, con sus impuestos y su efecto ralentizador de la actividad económica y la creatividad empresarial, condena a los individuos a tener que soportar un pesado sobrecoste que se traduce en menos productividad, lo que acarrea menos oportunidades para generar riqueza, adquirir una posición de fortaleza en sus relaciones laborales o de prestación de servicios, y por tanto mayor inseguridad a la hora de tomar decisiones tan complejas como es la de tener un hijo o fundar una familia numerosa. Desde que el Estado engulle más del 50% de la riqueza y condiciona el resto, la mujer, liberada gracias al desarrollo económico del capitalismo, vuelve a ser esclava dada su condición natural como gestante. Esta pérdida de margen de maniobra, de productividad y competitividad que provoca el Estado de bienestar, no ha logrado ser corregido por más subvención o política activa de discriminación positiva y presunta conciliación que se haya emprendido. Todas han sido un fracaso, y hoy, tras décadas de intervención, no sólo la natalidad está por los suelos, sino que la trabajadora media, o la que no posee una ventaja comparativa relevante, se halla en una situación de mayor precariedad que su homólogo masculino.

Hablan de recompensar la maternidad (no la paternidad) reconociendo a las madres un número extra de años de cotización aún por concretar, en función de los hijos que hubieran tenido. Se trata de completar el periodo de cotización, de premiar a las mujeres trabajadoras, aunque no se especifique si se trata de mujeres que dejaron de trabajar para cuidar a sus hijos durante cierto periodo de tiempo, o para todas las madres, incluidas aquellas que únicamente disfrutaron de las pocas semanas de recuperación establecidas en la legislación laboral. Sea como fuere, los promotores de esta medida creen estar incentivando la natalidad, demostrando gran ingenuidad si creen que una mujer de 30 a 40 años se va a plantear tener hoy más hijos de los que planeaba por la sencilla razón de que un sistema de pensiones quebrado y que promete recortar las prestaciones, le vaya a premiar dentro de 30 años con un par de años más a la hora de calcular su pensión.

Las subvenciones que sí estimulan la natalidad son aquellas que se conceden de inmediato, desde el mismo momento de dar a luz. Pero debemos plantearnos algo: ¿qué tipo de individuos se sienten realmente incentivados a tener más hijos por el mero hecho de recibir una paga por ello? Obviamente el español medio, con 1.200 euros al año, durante tres o cuatro, no hace nada, ni siquiera se frota las manos. No tiene más hijos. Tendríamos que profundizar mucho en las capas más humildes de la población para que 100 euros mensuales tuvieran efecto y sirvieran de estímulo real. ¿Qué sucedería si en vez de 100 euros mensuales, fueran 500, y en vez de 3 o 4 años, fueran 16? Puestos a subvencionar la natalidad, subvenciónese también la paternidad hasta que el menor tenga derecho legal al trabajo. Semejante medida incrementaría significativamente la natalidad, de eso no hay duda, pero de abajo a arriba, es decir, de personas con menores ingresos, a personas con ingresos medios. Sucede en Alemania que una pareja con cuatro hijos puede sobrevivir, gracias a otras ayudas, sin trabajar y ni siquiera planteárselo. Subvencionar la natalidad cuesta mucho dinero a los contribuyentes, pero es que además provoca un desigual crecimiento de la población, expandiéndose las capas más dependientes, las menos productivas, las que no pagan apenas impuestos pero sí  consumen servicios públicos de todo tipo con prodigalidad.

Subvencionar la “producción” de niños siempre genera un pernicioso efecto que contradice la tendencia de una sociedad próspera: el control libre y personal de su propensión a tener hijos. La expectativa realista de lograr una vida mejor y más cómoda para uno y para sus vástagos, ayuda a que orientemos nuestra conducta hacia formas de familia más contenidas y soportables, en las que todos sus miembros alcancen mejores condiciones de vida y más oportunidades y comodidades. Lo normal es que la población crezca y no se estanque, ajustándose al crecimiento económico que promueve una tendencia de incremento de la productividad. Quizá suene demasiado ingenuo, y seguro que lo es, pero lo cierto es que la alternativa socialista es la que hoy padecemos, y sus desajustes son las causas que provocan más confusión y frustración entre todos nosotros.

Si se subvencionara la “producción” de niños sin que se recorten otras prestaciones públicas, inevitablemente el peso del Estado no haría sino crecer, lo que exigiría más presión fiscal y mayor regulación, o lo que es peor, el estímulo maniaco depresivo al que nos tiene acostumbrado el estatismo monetario y financiero, promoviendo expansiones del crédito que siempre desembocan en crisis de las que pretenden sacarnos a golpe de deuda pública y gasto (luego es cuando los Estados quiebran y no se sabe muy bien donde nos llevarán). La única política que realmente promueve que la natalidad se ajuste con el nivel de vida y las expectativas que hoy tenemos, es la bajada de impuestos. Sólo así, reduciéndose el peso del Estado y su interferencia, hombres y mujeres se beneficiarán de los efectos de una asignación más eficiente de recursos. Sin embargo, cuanto mayor sea la subvención directa por hijo, más intenso será el incentivo de que quien menos tiene más vástagos traiga al mundo, y en esa dirección, más y más familias tratarán de vivir de la subvención a costa de “producir” nuevos individuos que, difícilmente, llegarán a vivir de su propio trabajo, entrando así en una terrible espiral. Esto ya sucede en países como Alemania, y los efectos no son sólo que el gasto público se dispara a la par que crece el abuso y la irresponsabilidad, sino que se crean bolsas de marginalidad al cobijo de la dependencia, muchas veces redundando en otros factores que ayudan a que dichos grupos humanos sean de por sí tendentes a la exclusión social. En España tenemos algunos barrios que son ejemplo de las tristes consecuencias que tiene la perversa moralidad de “la paguita”.

Saludos y Libertad!

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10 comentarios leave one →
  1. amigappc permalink
    octubre 21, 2010 9:59 pm

    No sabia que en Alemania pasase esto tambien, yo vivo en Inglaterra y aqui se cumple a rajatabla lo que cuentas.

    En Inglaterra se dan un monton de ayudas por hijo a madres solteras, incluso se les da casa casi gratis, asi que muchas niñas de incluso de 14 años se quedan embarazadas para poder vivir a cuerpo de rey y sin trabajar nunca. Inglaterra tiene el record de Europa de madres solteras. Asi casarse no sale rentable y muchos padres para recibir ayudas no figuran que viven juntos, asi luego muchos padres se desentienden de cuidar de sus hijos.

    Ademas lo extranjeros de paises pobres vienen a Inglaterra y como tienen muchos hijos reciben muchas ayudas y por supuesto casas practicamente gratis, se ha a dado casos de padres extranjeros pobres viviendo en casas carisimas de Londres porque tienen muchos hijos.

    Asi la gente trabajadora y casada no solo no recibe ninguna ayuda sino que tiene que pagar una barbaridad de impuestos (council tax) para pagar las casas casi gratis de gente que no quiere trabajar ni le compensa y que luego ademas gastan las ayudas en emborracharse y vivir con todo lujo.

    • octubre 22, 2010 7:25 am

      Y sin embargo para determinadas empresas que sus empleados se casen y tengan hijos puede ser tan positivo que lo premien con ayudas y beneficios. Pero es que en este caso nadie pierde para que alguien gane y la ayuda se vincula al rendimiento y la continuidad del empleado, así que no corrompe su conducta ni lo convierte en chupóptero profesional

  2. octubre 22, 2010 5:49 am

    Si se pretende ayudar a la natalidad, considero que lo mejor es ayudar en especial a las familias numerosas (más de 3 hijos), 1º por ser las que más lo necesitan, 2º porque como núcleo familiar estable podrán formar con más garantías y 3º porque el tiempo necesario para formar una impide que alguien se decida a tener una familia numerosa, si antes o ha demostrado su interés durante años (teniendo los dos primeros), no se da un cortoplacismo equivocado.

    • octubre 22, 2010 7:21 am

      Bueno, puestos a ayudar, ayudémonos a todos nosotros bajando impuestos y eliminando cualquier ayuda. La caridad ha de ser voluntaria y asistemática. El mito de la familia numerosa no justifica el expolio y la redistribución a su favor, es más, es discutible que sea la mejor opción… Tres hijos no es numeroso, a no ser que vivamos en un país como el nuestro, en el que uno ya es multitud 😉

      • octubre 23, 2010 6:27 am

        Verás que he comenzado con la cantinela “si se pretende…” ni abogo ni dejo de hacerlo por dichas subvenciones. aunque puestos a subvencionar y viendo el modelo de vida/Estado que llevamos en España, es de las mejores subvenciones que encuentro.

      • octubre 23, 2010 5:10 pm

        No sé si la mejor, pero en muchos casos sí la más razonable

  3. JFM permalink
    octubre 22, 2010 12:30 pm

    El probelma es que una vez se instituyó el sistema de pensiones la gente calculó mas o menos conscientemente que no necesirtaba tener hijos y que estos solo eran un gasto que les impedira pasar las vacaciones en la Ucrania meridional.

    Si se quiere estimular la natalidad en vez de subvencionarla lo que hay que hacer es decir bien claramente a los que llegan a la edad adulta (con los otros no se puede porque habria rotura de “contrato”): “chicos no conteis con el sitema de pensiones asi que haced lo necasario para no necesitarlo”

    • Florecilla Silvestre permalink
      octubre 22, 2010 8:36 pm

      No puedo estar mas de acuerdo con JFM. Papá estado hace todo por nosotros: ahorrar para la vejez, elegir la educación, pagar la sanidad … el resultado es una sociedad irresponsable en continua minoría de edad. Además este tema es parte de un proceso de disgenesia que ha exterminado a los mas inteligentes y trabajadores en favor de los mas antisociales. Aquí os dejo 3 minutos de introducción a una peli de risa que es para tomárselos bien en serio: http://www.youtube.com/watch?v=IAYNHtEDz64

  4. Arnaldo permalink
    octubre 23, 2010 12:40 am

    La decadencia empezó el momento que dejó de considerarse que la decisión de traer hijos al mundo es una responsabilidad individual, que alimentar, criar y educar a los hijos es una facultad y un deber de los padres y de nadie más. En Argentina tenemos la desgracia de soportar las famosas asignaciones universales que le otorgan cerca de 60 dólares por hijo menor de edad (hasta un máximo de cinco) a los eternos desempleados y luego la tarjeta de alimentos, y también las becas para los escolares y que se compren calzado en lugar de libros… Todo un insulto a la gente trabajadora que por una razón u otra se abstiene de tener hijos. Lo que más me alarma es observar la expresión entre airada y sorprendida de los que me escuchan expresar estas opiniones. Hay un largo y difícil camino para tratar de que las ideas de la libertad ganen aceptación.

  5. anveger permalink
    octubre 24, 2010 2:15 pm

    Toda subvención es perniciosa. Mi opinión es que el crecimiento natural de la población se autorregula en función de la tecnología, la cual, puede generar más recursos. En fin: nunca habrá más personas que recursos, pero sí viceversa. Muy buen artículo, desgranando la importancia de estos temas y su historia.

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