Skip to content

Wall Street 2, el dinero nunca duerme

octubre 26, 2010

O cómo hacer una peli de Disney sobre el capitalismo voraz. He visto la última de Oliver Stone, porque lo cierto es que cuanto más sectario es un artista, menos tiendo a serlo yo mismo respecto de su obra, sobre todo cuando Michael Douglas y Shia La Beouf son protagonistas de la cinta en cuestión. También me atrae el tema, y la ciudad en la que se ambiente la historia, y por qué no decirlo, sobre todas las cosas la curiosidad por comprobar de primera mano cómo se trata el tema de la crisis.

El resultado es más que aceptable, porque la película entretiene y a pesar de dos o tres momentos de bajón, recupera tono gracias al atractivo del increíble Gordon Gekko. Tenemos al malo, a la camarilla del malo, al tonto ingenuo, al idealista incorruptible, a la austera izquierdista, y al tipo que nada a dos aguas y termina no siendo tan perverso como parece. Todo ello salpicado por un espíritu tibiamente anticapitalista, que sin atacar al sistema en sí, la emprende a golpes de efecto contra un subsistema cargado de tópicos y descaradamente caricaturizado que Stone maneja a su antojo para dar una sensación de plena comprensión y crítica implacable. Pero en realidad, lo que más se echa de menos, es una teoría seria al respecto. Abunda la superchería, el comentario de lo accesorio, una estrategia de condena que se sirve de lo moralmente despreciable para cuestionar un orden económico que no se llega a comprender.

Jacob recibe una sustanciosa prima de su mentor en el mundo de las finanzas, quien le sugiere la siguiente máxima de tufillo keynesiano: “gástalo, alguien tiene que mantener nuestra economía”. La codicia, que existe en todos los órdenes, incluido el Estado más voraz, se convierte en la única causa discernible de esta crisis. Codicia y especulación, como vehículo de todo mal, y que en combinación con la anterior mueven a los agentes a vivir sobre-endeudados, a operar con un apalancamiento inconcebible. Irresponsabilidad que se traduce en riesgo moral, cuando los más temerarios, los que comercian con productos tóxicos mientras cobran suculentas primas, que les convierten en ricos niñatos, obsesionados por el lujo y enamorados del “dinero”, son salvados, exonerados de sus pecados, una y otra vez, de burbuja en burbuja, sin que los costes de sus acciones se traduzcan en un severo y merecido castigo. Stone bordea lo que se ve y procura no profundizar mucho más, no vaya a ser que la fuente de todo mal se parezca más al dirigismo que al simple mercado libre.

Por supuesto que en la película no se considera igual cualquier tipo de “especulación”, quizá porque en su poco riguroso lenguaje y terminología, “especulación” es sinónimo de aquellos que hace a los ricos más ricos, mientras que apostar por la inversión en energías limpias, tecnológicamente sin desarrollar, y a más de 30 años vista, es un acto desinteresado propio de un altruismo sin tacha. Entonces, depende de cuál sea el objeto de nuestro acto de especulación, tratando de comprar barato hoy para vender más caro mañana, buscando beneficio en la anticipación, en el éxito de nuestra perspicacia, y garantizando así la provisión de un bien o un servicio que sin nuestra personal apuesta no habría podido ser posible. Eso sucede cuando compramos futuros, cuando arriesgamos pensando en ganar: generar un producto del que todos nos beneficiaremos, hay acaso un acto más “altruista” que especular? Juzguemos entonces la decisión, pero no el acto en sí de decidir, de actuar con perspicacia, porque no hay día que no lo pongamos en práctica y no hay orden económico eficiente que no se preocupe de agilizarlo.

La película es interesante y permite poner en práctica el conocimiento teórico que nos proporcionan, sobre todo, los autores de la Escuela Austriaca de Economía. Oliver Stone se queda muy al principio de todo esto, y nos vende un producto con moraleja, con monigotes como el interpretado por Susan Sarandon, ávida de ganancias en el sector inmobiliario, rescatada de continuo por su hijo, que pasó de ser enfermera, a convertirse en una sicótica agente obsesionada con vender viviendas siempre con un buen margen.

Gordon Gekko es un dos caras, que sabía lo que sucedería cuando el resto creía ciegamente en el crecimiento virtuoso, que sabe vender un discurso construido sobre lo evidente y lo clarividente, reconociéndose a sí mismo con un hábil inmoral capaz de aprovechar la crisis para volver a ser el más grande y envidiado del mundo financiero.

En resumidas cuentas, una película de corte Hollywoodiense, con todos los recursos y retoques propios de la gran industria norteamericana del cine, inmejorables actores, personajes más que aceptables, un director haciendo cameos en su propia obra, y un discurso rico en efectos pero pobre, muy pobre en teoría.

Saludos y Libertad!

Anuncios
6 comentarios leave one →
  1. octubre 26, 2010 5:16 pm

    “la emprende a golpes de efecto contra un subsistema cargado de tópicos y descaradamente caricaturizado que Stone maneja a su antojo para dar una sensación de plena comprensión y crítica implacable. Pero en realidad, lo que más se echa de menos, es una teoría seria al respecto. Abunda la superchería, el comentario de lo accesorio, una estrategia de condena que se sirve de lo moralmente despreciable para cuestionar un orden económico que no se llega a comprender.” Creo que esas palabras resumen de manera perfecta y concisa lo que pienso sobre la película, por tanto, nada más que añadir.

    Un saludo.

  2. Juano permalink
    octubre 26, 2010 6:46 pm

    En el guión original el protagonista invertía en bonos del tesoro venezolanos para propagar la causa bolivariana. Se ve que el departamento de marketing triunfó y colocó la fusión fría para no meterse en ciertos charcos… También consiguieron que el director cambiara y la pareja del prota fuera la hija de, en lugar del hijo con barbas y boina tipo Che… 😛

    Afortunadamente no tuve que pagar por verla 🙂

    • octubre 26, 2010 8:46 pm

      Yo tampoco 😉

      • atr permalink
        noviembre 1, 2010 3:38 pm

        He visto Wall Street, la de los 80, y me ha dejado con ganas de no ver la segunda. Oliver Stone no me convence como cineasta. Su guión es simplón, cae en el tópico y en lo meloso, sus caricaturas no son rotundas (como sí lo son las de un libro como La Hoguera de las Vanidades, magnífico retrato del tiburón de Wall Street, lleno de humor y de ácido cítrico). Michael Douglas lo hace bien, pero la película se despeña por flojita y previsible. La segunda? Ni hablar!

      • noviembre 1, 2010 9:03 pm

        A ver, es una película flojita, pero lo interesante es comprobar como un tipo que es capaz de defender a Castro o Chávez frente a casi todo, trata un tema tan complejo como es esta crisis dejándose llevar los los clásicos sofismas. Aun con todo, la película no está nada mal, se puede ver, entretiene, y entre lo obvio puede uno pensar un poquito.

  3. atr permalink
    noviembre 1, 2010 9:21 pm

    Lo he dicho y lo repito: el mejor retrato de Wall Street y los tipos que lo pueblan lo escribió Tom Wolfe. Léete La Hoguera de las Vanidades, que no te defraudará.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: