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“El devenir político”

octubre 28, 2010

Otegui pide lo que comúnmente se conoce como “sentido de Estado”. La política al servicio de la política, sin más. Sucede siempre que el común, lo general, es defendido por encima de lo particular, lo individual. El sentido de Estado es opuesto a la libertad y a la justicia, ha legitimado las decisiones más terribles, y a pesar del sufrimiento que procura a miles, millones de individuos, se mantiene como una verdad inamovible al servicio del poder arbitrario.

Si ETA deja de matar, si entrega las armas incluso, pero no se rinde, no pide perdón y se somete a la ley, habrá logrado rentabilizar las décadas de terror, los asesinados, los mutilados y las víctimas. La política por encima de la dignidad, por encima del reconocimiento del dolor, del merecimiento de justicia, por encima de todas las cosas, incluido el Derecho. Porque cuando la Política no se somete a las leyes, los gobiernos son irresponsables, y sus acciones derivan en conductas igualmente irresponsables por parte de los criminales. Negociar, pagar rescates, admitir cierta reciprocidad en la consideración del terrorista, más allá de las causas que muevan la acción criminal, inmuniza a la bestia, reconoce su inmoralidad entregando ventajas que sólo son posibles a costa de la libertad, la vida y la dignidad de individuos inocentes.

Basagoiti solicita una cuarentena para Batasuna, que aun en el mejor de los casos, pase al menos otros cuatro años de ostracismo institucional. Aznar advierte de las consecuencias de las malas decisiones, mientras que en el PSOE el discurso es confuso e hipócrita, negando lo evidente, que se reúnen y hablan, olvidando sus errores recientes, y confiando en quien ha tenido más de tres décadas para rendirse y someterse a las leyes.

La política, como la entienden los socialistas (de todos los partidos, entiéndase), prevalece sobre el Derecho, dejando a merced del “sentido de Estado”, del “devenir político”, cualquier consideración respecto de las víctimas. No negociar con terroristas es una licencia que sólo puede exigírsele, legal y moralmente, al gobierno. Todos podemos comprender que un particular se entregue al chantaje terrorista, según en qué circunstancias, por supuesto. Pero esta simpatía moral no puede traducirse tampoco en eximente legal, porque el Derecho, repito, en lo que a la conducta exterior se refiere, es el orden principal, el primero y el más importante de todos los concebibles. Y esto mismo es lo que convierte en arbitraria y contrajurídica la decisión adoptada por un gobierno de siquiera tantear la voluntad negociadora de una banda de criminales. Traición, cuanto menos prevaricación, que debería conducir ante los tribunales a quien osara a atreverse. Pero no sucede de ese modo, y las víctimas se amontonan entre medallas, placas conmemorativas y vanas distinciones. Las víctimas merecen justicia, cada una de ellas, sin que otra consideración interfiera en la persecución del criminal.

Cuando el crimen, por ser político, termina rentabilizándose, el mal se apodera de nuestro discernimiento, de nuestro cálculo oportunista, convirtiéndonos a todos en meros espectadores que contemplan la infamia con impasible sorna.

Si Batasuna se presenta a las próximas elecciones, por el mero hecho de que ETA de un paso más o menos relevante, no sólo habrán perdido las víctimas, también el resto seremos menos libres a la par de irresponsables.

Saludos y Libertad!  

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