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El intervencionismo se paga

noviembre 24, 2010

La realidad es tozuda. Dando un repaso de los últimos años, si analizamos el estallido de la crisis y las políticas aplicadas, resultan evidentes tanto el fracaso de las tesis estatistas como del keynesianismo más recalcitrante que las avalan. Pero sus adalides no se bajan de la poltrona. Un diagnóstico que continúa aferrado a los mitos del subconsumo y que tiene como única receta óptima para salir la de seguir interviniendo. Todos los Estados se lanzaron a salvar indiscriminadamente a la banca. Quién sabe, quizá no se pudo otra cosa, pero lo cierto es que alguno de ellos dilapidó su relativa estabilidad. España, con un gobierno de necios, primero optó por bajar impuestos, luego por volverlos a subir, más tarde por abrir zanjas… Nuestro déficit o nuestros niveles de deuda públicos no son alarmantes vistos en una gráfica comparativa. Pero esto sólo es un espejismo de la realidad: en España han sido los errores cometidos durante el periodo de expansión y burbuja los que han sumido a nuestra economía en el abismo de la mala deuda privada. Para mantener un endeudamiento conjunto (público y privado) que supera ya el 250% del PIB, no basta con mantenerse a flote.

Todos los Estados han hecho lo mismo: expandir su déficit, salvar su maltrecha banca y tratar de tirar de la economía con políticas de gasto. Confiados en que la bonanza de los emergentes lograría amortiguarlo casi todo, las grandes potencias se enfrentan hoy a un gravísimo problema de financiación. Sus administraciones se adaptaron gratamente al periodo de auge y burbuja, cuando la recaudación crecía al mismo ritmo que engordaba su ligereza y prodigalidad. Pero llegaron la desconfianza y el déficit, las quiebras y el descubrimiento de todas las malas inversiones que deja tras todo final de burbuja especulativa.

En periodos de exuberancia irracional, como se suele llamar a la borrachera del crédito fácil provocado por las políticas expansivas de la banca central, es cierto que casi todos, con contadas excepciones, nos volvemos en mayor o menor medida unos auténticos irresponsables. Pero resulta que hay determinados agentes, que por su natural carácter (o como consecuencia del riesgo moral generado en otras crisis), son irresponsables en casi cualquier escenario, lo que les conduce en dichas etapas a un absoluto descontrol. El Estado es el agente más irresponsable de una economía intervenida. Su tendencia natural es a vivir por encima de sus posibilidades. Por eso ahora que toca ajustarse el cinturón los recortes parecen auténticos dramas y los políticos dan tijeretazos sin saber muchas veces lo que están haciendo. Palos de ciego que parecen inasumibles para una sociedad temerosa por securitaria y adormecida. Las revueltas vividas en Londres, y Francia, las huelgas de Grecia, Portugal y España, demuestran que entre los habitantes de estos países reina la confusión, cierto toque de indignación que es asimilable a la de aquel que despierta de un salto tras haber soñado que le tocaba la lotería.

España no puede caer, como tampoco caerá el Euro, y se harán los rescates, públicos o no, cuando toque y sea oportuno. Por capacidad redistribuidora de los Estados no será. Sin embargo sí existirán obstáculos que los más afectados por los costes del salvamento tratarán a de extirpar o corregir. Uno de ellos es Zapatero, que por mucha reforma que emprenda arrastra el signo del fracaso, la indecisión, la falta de fiabilidad. Como siempre sucede en España, los grandes cambios en su política interior suelen proceder desde fuera de sus fronteras, y si ahora no sería inveraz afirmar que estamos intervenidos por Alemania, es muy probable que si Zapatero dimite o se convocan elecciones, también será consecuencia de una decisión ajena a nuestro particular juego de fuerzas políticas. De la noche a la mañana nos levantaremos con la noticia, y cualquier explicación será poca para dulcificar la sorpresa. El problema de España no es precisamente que el Estado esté en quiebra, sino que lo está toda su economía. Y las expectativas no son nada halagüeñas, ya que el impulso que necesita para regresar a un escenario de optimismo y crecimiento requiere de tantas y tan profundas reformas que no llegarán sin que antes se produzca un terremoto político sin precedentes. España no puede permitirse 5 o 10 años a la japonesa. Y si bien nuestras cuentas públicas no están tan aparentemente mal como las de otros países que inspiran algo más de confianza, el problema de deuda español es general, público y privado, y de eso no se puede escapar con simples recortes presupuestarios. Además, y por si fuera poco, padecemos una profundísima tara institucional que impide cualquier atisbo de recuperación. La crisis es gravísima y los cambios resultan ineludibles. España es el epicentro de un terremoto que puede llevarse por delante a todos los demás, y es por ello que me niego a pensar que vayan a dejarle caer. Antes de eso vendrá la propia Angela Merkel en persona para lanzar a Zapatero de la Moncloa.

Saludos y Libertad!

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6 comentarios leave one →
  1. atroma permalink
    noviembre 24, 2010 7:57 pm

    Pues yo no lo creo, antes la merkel saca a Alemania del euro, y allá cada uno. Eso si daría verdadero miedo.

  2. LuisR permalink
    noviembre 25, 2010 12:53 pm

    Solo he echado un vistazo en diagonal al texto y se me han quitado las ganas de leerlo al encontrar un “aragüeñas”; deberíais mostrar un poquito más de cuidado y respeto por vuestros lectores, que no es tan difícil emplear un simple corrector ortográfico.

    • noviembre 25, 2010 2:33 pm

      Gracias por el toque. Precisamente ha sido el corrector del word 2007 el causante de este error (aragüeña está en su diccionario y a falta de alguna letra lo habrá sobre escrito creyéndolo adecuada). Si lo utilizas sabrás de lo que te hablo.
      Dicho esto, creo que eres tú y no yo quien está faltando a los lectores del blog: leerte sólo el último y hacer de lo anecdótico el motivo de tu comentario demuestra a lo que has venido.
      Un saludo!

      • LuisR permalink
        noviembre 25, 2010 6:41 pm

        Pos fale, pos mu bien, pos dacuerdo.

      • noviembre 25, 2010 10:55 pm

        Hombre, es que un fallo lo tiene cualquiera, pero siendo ese, resultando tan obvio, podrías simplemente haberlo comentado, sin recurrir a un juicio de valor tan hiriente, no?

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