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El teatro del maltrato

noviembre 25, 2010

No se trata de negar la mayor, aunque sea eso lo que desde la cuadra sexista se quiera ver. La cuestión es si el artificio llamado “violencia machista” es o no útil para combatir el crimen y el sometimiento moral de la mujer. Lo de hoy ha sido emotivo y ridículo a partes iguales. Sembrar la Gran Vía de estrellas “de la fama” con los nombres de las mujeres muertas en lo que llevamos de año no sólo es frívolo sino que ayuda a desafectar a los transeúntes: la primera estrella conmueve, la segunda se pisa y la tercera ni siquiera se ve. Víctimas pisoteadas por culpa de cuatro cursis con ideas a cada cual más absurda. Mientras tanto, la ministra Pajín sacando la tarjeta roja al maltrato, dentro de un acto cutre y tan alternativo que ni siquiera los asistentes tenían cara de entender lo que pasaba a su alrededor. Así se lucha contra este tipo de crímenes: con performances y sobreactuación.

De lo que aquí se trata es de que todos tomemos conciencia: las mujeres, reafirmando su complejo de inferioridad, y los hombres, aceptando su complejo de culpa. Una Sociedad de reproches no tiene mucho recorrido, pero es eso lo que quiere el feminismo y la progresía con este nuevo artilugio combativo: descomponer la confianza y generar tensión en las relaciones íntimas: que sea la ideología, la conciencia de género, un factor determinante para los sentimientos.

Y con tales incentivos, sin pararnos a comentar la lacra de las denuncias falsas, las mujeres se hacen intratables, y entre ellas y los machos arrepentidos, siembran de duda y desconcierto lo que hasta ahora evolucionaba hacia cotas máximas de mutuo reconocimiento. Criminalizar al hombre per se, olvidar el maltrato inverso, esas son las claves de las medidas de reforma social. Y como en el tema de la prostitución, sólo importan ellas, aun cuando actúen voluntariamente, porque no existe tal libertad si depende de un hombre la fuente de ingresos por dicha actividad. Si es hombre el putero, pobres putas y pobres chaperos, que son feminizados cuando más le conviene a este sexismo contracultural que ha logrado imponernos sus miserias intelectuales.

Ya no se habla de crimen pasional, ni de maltrato psicológico padecido también por varones, sólo se habla de muertas a manos de sus parejas masculinas, olvidando incluso que los malos tratos rara vez conducen a este desenlace. Lo que se busca es el titular fácil, el relato de una vida de opresión sometida a un macho dominante. Se ignora casi por completo a la mujer que realmente es víctima de sus sentimientos, o del hombre que no se lanza a tomar una decisión, aterrorizado por verse despojado de sus bienes y vástagos. Las relaciones de pareja son complicadas. También los locos y las locas se ennovian y casan. Esto supone simplificarlo todo a una explicación conspiranoide de la historia, lanzando mensajes castrantes como los de esta mañana, que comprometen los pasos dados en la buena dirección, generando irritación donde antes había justicia.

Se trata de perseguir al criminal, de no tolerar el abuso, de marcar públicamente la línea entre la víctima y el o la verdugo. En eso podemos estar todos de acuerdo, pero no en hacer del sufrimiento un espectáculo, una pose, una bandera ideológica, un reproche perpetuo que exaspere las inevitables pulsiones emocionales que han de darse entre individuos de ambos sexos. Y la Ley, que debe primar la igualdad civil sobre todas las cosas, se ha convertido por culpa del sexismo, en un bálsamo instrumental e inútil, como también en una herramienta de corrupción y falsedad que ocasiona nuevo sufrimiento inmerecido.

Saludos y Libertad!

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4 comentarios leave one →
  1. noviembre 25, 2010 5:21 pm

    Cuanta verdad…
    Gran post, aunque quisiera hacer una observación: discrepo en que la “progresía” haga todos estos numeritos por algun fin maquiavélico ya que creo que es peor, estoy convencido que creen que todo esto es trascendental, incluso lo de las estrellas y las tarjetas rojas.

    Saludos!

  2. Paula permalink
    noviembre 25, 2010 7:56 pm

    Es cierto que buena parte de los actos celebrados acaban por ser contraproducentes. Está demostrado que el exceso de atención a un tema acaba por producir el efecto rebote de la desafección provocada por la saturación o por lo que es peor, la reducción a la normalidad. Si a ello añadimos la vanalización la causa está perdida.

    Desgraciadamente en este caso afecta a un tema que no es baladí. Realmente creo que la violencia hacia las mujeres es una lacra. Lo es en cualquier sociedad pero más aún en una sociedad que pretende ser o verse a sí misma como avanzada. No creo que la violencia física, a menudo acompañada de violencia psicológica, que sufren las mujeres maltratadas sea comparable a otros tipos de violencia psicológica.

    La cuestión que abordas en el post es en realidad el derivado de la impotencia de las instituciones para acabar con uno de los principales problemas de nuestra sociedad. La ley de la violencia de género, que creo se hizo con la mejor intención es efectivamente discriminatoria hacia el varón y no acaba de ser eficaz. Además, ha sido vanalizada desde los propios agentes de la justicia desde el momento en que una solicitud de divorcio acompañada de una denuncia de malos tratos es atendida con mayor celeridad (así se gestó el circo de las falsas denuncias y los inmerecidos desvelos de más de un santo varón).

    Los actos que describes son ejemplo de esos pasos erróneos dados por las distintas instituciones, que se están topando con una realidad: es muy difícil cambiar la mentalidad de una sociedad y más aún cuando los cambios que se abordan entran en el ámbito de lo privado y familiar.

    Es cierto que debe haber una labor de concienciación y, la arma para acabar con la violencia de género, machista o como se la quiera llamar, está en la educación de los más jóvenes: en la escuela. Fuera de ello el problema tiene mala solución, ni se cambia la mentalidad de la gente de la noche a la mañana y no habiendo medios suficientes para evitar agresiones en el espacio público menos aún las habrá para evitarlas en el doméstico. Está claro que denunciar, que es muy importante, no basta y desgraciadamente quitar una vida es algo realmente sencillo. Lo único que queda es proteger a las mujeres que así lo soliciten, castigar a los maltratadores probados, castigar duramente a aquellas personas que interpongan falsas denuncias y concentrar los esfuerzos en educar en igualdad.

    Saludos!

    • noviembre 25, 2010 10:51 pm

      Coincido contigo en lo siguiente: las vejaciones y malos tratos son una lacra. Las mujeres se llevan a la peor parte de este problema, fundamentalmente por dos razones: representan más del 60% de las personas maltratadas por sus parejas (el resto son hombres), pero es que además, arrastran el hándicap de la desigualdad civil y la moral del patriarcado. El tema de la igualdad civil tiene fácil solución, basta con corregir aspectos formales de cuatro leyes e instituciones jurídicas. La cuestión de la moral patriarcal exige algo mucho más difícil: que los individuos cambien su mentalidad adaptándola a un mutuo reconocimiento mucho más intenso. La opción feminista, por constructivista, es la de cambiar el Derecho (que es irresistible por definición) para que cambie la moral (que es de cumplimiento voluntario, también por definición). Es decir, forzar lo que debe ser un cambio espontáneo, paulatino e impulsado por acciones libres y competitivas, a través de actos positivos traducidos en forma de mandatos que alteran y destruyen el bagaje institucional de una sociedad. Ingeniería social, si se prefiere.
      El tema de los malos tratos tiene que ganar en visibilidad y condena pública, pero también en rigurosidad y análisis escrupuloso de los casos más sonados. ¿Qué nos hace creer que el 100% de las mujeres muertas a manos de sus parejas masculinas fueron previamente mal tratadas? De hecho la mayoría no habían denunciado, y muchas veces los propios vecinos y familiares se sorprenden del desenlace. También son muchos los asesinos que liquidan también a sus hijos, o al menos lo intentan, y muchos más los que se suicidan. ¿Pertenecen estos casos al constructo feminista conocido como “violencia machista”? ¿Todas las mujeres mal tratadas son lesionadas de gravedad o corren el riesgo de ser matadas? No, rotundamente no. Cientos de miles de mujeres podrían entrar en la definición de malos tratos, tanto la que acoge nuestro código penal (antes incluso de la ley de violencia de género) como lo que la psicología analítica entiende por ello. Es decir, nos mienten, nos manipulan y conducen a convicciones que no se corresponden con la realidad. ¿Para qué?
      Si queremos evitar que España acabe como Finlandia, no creo que estemos en la buena dirección. Finlandia, creo, es el país donde proporcionalmente más mujeres mueren a manos de sus parejas masculinas (también donde lo hacen más hombres a manos de sus mujeres). ¿Se debe esto a que la sociedad finlandesa es más machista que la española, menos avanzada, integradora o conciliadora para la mujer que es madre, etc? No. Así que serán otras las causas, y no el machismo. ¿Por qué entonces llamar a esta lacra, que lo es, violencia, e incluso “terrorismo” machista? Pues creo que la respuesta habría que buscarla en las intenciones de las y los autores intelectuales, o patrocinadores, del invento. Esa es la crítica que hago en el post. En todo lo demás, sabes que coincidimos, que la violencia, las vejaciones y el abuso merecen mi máxima condena y repulsa. Pero el espectáculo al que hoy hemos asistido es algo más, algo mucho más siniestro y peligroso para todos (y todas).
      Saludos!

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