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La ignorancia de Manuel Rivas, el Opio del Pueblo

noviembre 27, 2010

Hoy, en El País, Manuel Rivas escribe sin saber. Su crítica del capitalismo, tan rancia como vulgar, toma a Hayek y su discusión con Keynes, como la excusa perfecta para lanzar una secuencia de peroratas insustanciales con las que se despacha a gusto contra dos fetiches muy comunes entre este tipo de analfabetos funcionales: el “liberalismo” y el “capitalismo” (según él entiende, claro).

Dice cosas que son ciertas, seguramente tomadas de la wikipedia, dada su probada ignorancia sobre el tema y la polémica. También dice cosas que son falsas (las que más). Y por último, muestra sin pudor sus particulares miserias intelectuales envueltas en juicios de valor de lo más repetitivos. Se trata, en definitiva, de culpabilizar a Hayek y lo que Manuel Rivas cree que “Von” Hayek (así viene escrito en El País, lo que denota que o bien el articulista o bien el editor no conocen la naturaleza y el significado del “von”, con minúscula, delante de un apellido, y lo creen un nombre o un apellido más) representa respecto del modelo de intervención económica que nos ha llevado a esta crisis (sí, de intervención). Lo tilda de “monetarista” e identifica al liberalismo con la aplicación de sus teorías. Como oposición, califica a Keynes (Lord) como el creador de “teorías” que sirvieron en su día para superar la crisis de 1929 y crear el Estado de bienestar tal y como hoy lo conocemos. Modelos antagónicos con los que a Rivas le resulta sencillo mostrar sus preferencias: Hayek representa la depredación y la conducta insolidaria, mientras que Keynes defiende un modelo humanista, que hace prósperos a los individuos y de ninguna de las maneras podría ser origen de una crisis económica como la que ahora sufrimos.

Dice el articulista que el keynesianismo ha sido desechado, no sólo en los años de burbuja y exuberancia, sino también como fórmula para superar la crisis. Escribe que la prédica de sus fundamentos es tabú, que nadie habla ya de inversión pública o de política fiscal, que los gobiernos apostaron en su momento por la doctrina planteada por Hayek, y que ahora aspiran a sacarnos de esta crisis también desde sus teorías.

El simplismo con el que se aborda desde este artículo el debate mantenido entre Hayek y Keynes, denominando “pelma” al primero, presentándolo como el causante de esta crisis, o como se aprecia por el autor el presunto dominio de las tesis “monetaristas”, demuestran que es más común de lo que parece que auténticos estúpidos e ignorantes se autoconcedan sobrada autoridad como para opinar acerca de lo que les venga en gana, creyéndose en todo caso portavoces de verdades incontestables con un total respaldo científico. Pues bien, si en algo se diferenciaron Hayek y Keynes fue en el carácter estrictamente científico de sus argumentos. Mientras que el austriaco aportaba razones teóricas controlables y que explicaban los fenómenos controvertidos, el inglés variaba sus fundamentos en virtud de cómo vinieran los hechos, adaptando sus supuestas “teorías” (ideadas ad hoc) a las necesidades que se le planteaban desde el lado estrictamente político, cuando comprobaba que sus propuestas resultarían inútiles o incluso contraproducentes. Lo que debió ser un debate científico, se convirtió en una trifulca desigual donde Keynes tenía las de ganar, diciendo en cada momento lo que políticos y populacho querían escuchar, mientras que Hayek, ingenuamente, se esforzaba en rebatir punto por punto las falacias vertidas por su contendiente.

Rivas utiliza otra falacia, comúnmente aceptada por la opinión vulgar, pese a que los datos y la interpretación más consistente de los mismos afirman todo lo contrario. Y es que el keynesianismo no solo no ayudó a los EEUU a salir de la crisis, sino que contribuyó a su estancamiento económico durante más de una década. Esta afirmación, por parte de Rivas, se debe, seguramente, a que desconoce el lugar común de corte estatista que está más en boga, pese a su idéntica falsedad: de la crisis del 29 se salió gracias a la Segunda Guerra Mundial y la inmensa redistribución de la renta que exigió el esfuerzo bélico. Otra falacia, decía, porque tampoco ésta fue el motivo fundamental de la recuperación, sino que en realidad lo fue un sorprendente incremento del comercio internacional, capaz de movilizar recursos y reajustar malas inversiones relativamente rápido. Si hubiera sido por el keynesianismo de entreguerras, o por los efectos de la masiva redistribución de la segunda gran guerra, la historia habría sido otra bien distinta.

Si de lo que se trata es de afirmar que esta crisis procede de la falta de intervención, ausencia de inversión pública, regulación de mercados, o planificación central monetaria y financiera, Manuel Rivas demuestra que vive de espaldas a la realidad cotidiana que le rodea. Si lo que pretende es tachar a Hayek de dogmático salvaje, inmoral y anarcoide, se equivoca, porque si bien Hayek, como científico, defendió teorías que sus enemigos no han sido capaces de rebatir, no ya en sus aspectos fundamentales, sino ni siquiera en todo lo demás, como pensador de su época, sensible a los acontecimientos y turbulencias políticas y sociales que arreciaban durante un periodo de más de cinco décadas, presentó propuestas y formas de intervención, consideradas por él mismo como mucho menos liberticidas y perfectamente asumibles por las socialdemocracias occidentales. Por esta razón no son pocos los que desde el lado más libertario llegan incluso a tachar al genio austriaco de “socialista”. Son tan falaces éstos como aquellos que, como Manuel Rivas, quieren ver en él un estandarte de esa quimera maligna representada por la voracidad de un inhumano e insolidario “mercado libre”.

Curiosamente, si hoy ha sobrevivido el Estado de Bienestar, tal y cómo a Manuel Rivas parece gustarle, ha sido gracias a propuestas de sostenibilidad no muy alejadas de las que Hayek hizo sobre determinadas políticas públicas. Y sin embargo, si en una demostró mantenerse firme y contundente, fue en materia monetaria y financiera, donde sus propuestas de reforma no fueron siquiera tenidas en cuenta. Porque si en algo siguió vivo el keynesianismo como sinónimo de intervencionismo en todos los órdenes, diría más, si en un ámbito de la economía impera todavía la planificación central de corte soviético, es en todo lo que se refiere a la política monetaria y financiera de los Estados occidentales. Manuel Rivas debería sentirse satisfecho de que esto sea así, de acuerdo con las ideas que parece defender en su artículo. Pero si así lo demostrase tendría que asumir a continuación la inevitabilidad de los efectos que tiene mantener al margen del mercado libre dos ámbitos tan importantes como son el dinero y las finanzas. Lo que Manuel Rivas demuestra no entender es que la crisis que vivimos es consecuencia directa e inmediata del intervencionismo de los Estados, principalmente en cuanto a la política monetaria orquestada desde los Bancos Centrales, pero también en cuanto a las distorsiones que el resto de políticas públicas ocasionan en el proceso social. Sin embargo, se despacha a gusto diciendo que la libertad deja incontrolado el espíritu depredador frente a la solidaridad y el humanismo. Cree que mezclando churras con merinas podrá salir airoso del barrizal en el que se ha metido tratando de opinar sobre economía sin que se note su increíble necedad sobre el tema.

Saludos y Libertad!

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4 comentarios leave one →
  1. Liberal clásico permalink
    noviembre 28, 2010 2:56 pm

    Peras al olmo, peras al olmo.

  2. Ashigaru permalink
    diciembre 2, 2010 12:14 pm

    Ciertamente me parece increíble que un lego como yo entienda que efectivamente esta eminencia andaba bastante equivocada…

    Una cosa es verdad. Ya sean una economía libre o keynesiana, la falta de solidaridad, equidad, transparencia y honradez están a la orden del día. Así que la discusión económica del liberalismo para mí queda un poco coja, en segundo término, mientras nadie aborda en serio los aspectos éticos y conductivos que le son inherentes por consecuencia y por necesidad.

    Pero visto está que ni a ciudadanos, ni a políticos, ni a empresarios parece interesarles lo más mínimo. Por tanto, se justifica una cierta intervención del estado para impedir regresar a estadios más propios del antiguo régimen

    • diciembre 2, 2010 3:39 pm

      Lee a Hayek y abandona ese tufillo marxista, el mercado es una institución, un orden de reglas, Morales y jurídicas, y por supuesto resulta posible realizar cierto examen ético de los principios y valores o ethos de dicho orden.

Trackbacks

  1. “Los datos dicen cosas. Pero no las explican” « LA LIBERTAD Y LA LEY

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