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¿Qué pasa con Marta Domínguez?

diciembre 9, 2010

Un deporte “limpio” no depende de la igualdad de armas, sino de que se cumplan unas reglas suficientemente claras para los contendientes. Si un deportista se dopa con sustancias prohibidas, parece razonable que se le despoje de sus títulos, si los tuviere, o que se le expulse de las competiciones, pero, ¿debe el Estado convertir esta cuestión en un tema de salud pública y tipificar conductas como delito, haciendo así intervenir a jueces, fiscales y fuerzas de seguridad?

Los deportistas profesionales están sometidos a una máxima exigencia. Se les pide que superen marcas anteriores y ganen competiciones aparentando que todo ese poder emana exclusivamente del tesón y el esfuerzo nunca incrementado con sustancias dopantes. Podemos criticar o no esta circunstancia sin que nuestro juicio interfiera en la consideración del caso que aquí nos ocupa: delitos sin víctima, en términos estrictamente penales. Decía que, de acuerdo con unas reglas preestablecidas, cuando se descubra una infracción en el juego, deben aplicarse medidas correctivas o reintegradoras a favor del resto de contendientes no infractores, que son las víctimas del engaño, y como tales deben ser compensadas o restituidas. Dicho esto, lo absurdo y excesivo es que a Marta Domínguez, embarazada o no, se la aprese y procese por delitos que, más allá de los participantes del juego en cuestión, carece de otras víctimas reales. La detención, toma de declaración o puesta a disposición judicial forman parte de la parafernalia paternalista de nuestro Estado-Sanitario que padecemos. La muestra de su fracaso es que a pesar de la tipificación de conductas, la amenaza, la inspección y la exageración mediática de los casos detectados, muchos deportistas siguen optando por el dopaje como presumible garantía de éxito. Y si la fuerza penal del Estado no logra el sometimiento pretendido, ¿qué sentido tiene incluso que existan reglas privadas antidopaje en el seno de competiciones o federaciones deportivas? La represión unida al fracaso del Estado conduce a los deportistas a una actitud menos recta, más temeraria quizá. El resultado es una comunidad deportiva en decadencia donde cada escándalo relacionado con el dopaje contribuye a desacreditar incluso el mérito cumplidor de algunos deportistas disciplinados.

En consecuencia, opino lo siguiente: conviene ser permisivo con el dopaje a fin de que éste acabe siendo evidente y sea el público quien decida si prefiere o no contiendas entre hipertróficos o infartados deportistas. En este sentido el Estado debe abstenerse de regular nada, dejando que sean las distintas competiciones, títulos, equipos deportivos o federaciones las que exijan y controlen en los niveles que estimen adecuados. Lo que se le está haciendo a Marta Domínguez y al resto de implicados en este asunto tiene tintes de represión ejemplarizante, de exceso mediatizado que roza lo antijurídico, por la manera de las detenciones y los registros. Pero es que la ley apunta en ese sentido, y permite a las autoridades montar estos circos sin otra justificación que la supuesta defensa de la “limpieza” en el deporte.

Saludos y Libertad!

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10 comentarios leave one →
  1. diciembre 9, 2010 5:53 pm

    Hombre, no se que decir. Si toleras el dopaje lo mismo ganan siempre aquellos que tengan mejores “dopadores”, como las atletas de la antigua Europa del Este que de mujeres tenían lo mismo que Carmen de Mairena.

    • diciembre 9, 2010 10:28 pm

      No siempre, porque habría competiciones donde se permitiría mucho dopaje y otras en las que sería menos (la nada es imposible, me temo)… que es lo que viene sucediendo hasta ahora pero en función del deporte de que se trate, o es que acaso son idénticas las exigencias planteadas a un ciclista a las que se le imponen a un jugador de baloncesto de la NBA?
      Luego cada uno paga por lo que prefiera ver, y el Estado se queda fuera, o no?

  2. pitu_lyr permalink
    diciembre 9, 2010 6:03 pm

    Yo creo que lo que nos gusta del deporte es su espíritu,el trabajo y esfuerzo que suponemos que los atletas hacen para conseguir un fin. Es como el ideal de vida,luchar por algo, que ahora no está nada en liza. Así que esperemos que el deporte esté algún día totalmente limpio!!

  3. Eibarrés permalink
    diciembre 9, 2010 6:27 pm

    No creo que sea esa la cuestión. A un deportista que se dopa se le debe castigar por tramposo con una sanción deportiva, no tratándole como a un criminal.

  4. VivalaPepsi permalink
    diciembre 9, 2010 9:57 pm

    Hola,

    Bueno, la solución que propones parece la más sencilla si no imperase lo políticamente correcto y todo lo que el discurso de pensamiento único implica. Se apela constantemente a una supuesta ética del deporte, que ignoro por completo si tiene base legal, así como también qué significa o a qué apela exactamente. También se aduce que es un engaño doparse (¿para quién: el resto de competidores, los espectadores de la competición, las marcas que puedan patrocinar las pruebas, competiciones y deportistas, los medios de comunicación que difundan la prueba, etc?). Yo no detecto un ánimo de engaño en ellos sino más bien me inclino a que están obligados con mayor o menor disposición a mantener una hipocresía en el tema del dopaje, que como señalas se resolvería con su legalización. Siendo honestos, y un poco más atentos, nos damos cuenta de que el rendimiento de los deportistas en en último medio siglo en todos los deportes de alta competición es simplemente espectacular. La frecuente superación de las marcas (ajenas… y propias) ya no es noticia de primera página, sino titular de relleno. A poco que nos demos cuenta toda esta auténtica historia espectacular de superación del estado físico del ser humano en el último medio siglo no es normal, no puede responder a la mera superación física. El debte está planteado, falta abrir o no los ojos y aceptarlo.

  5. Juano permalink
    diciembre 9, 2010 11:04 pm

    Es un tema que debería circunscribirse sólo y exclusivamente a un contrato entre particulares: Para entrar en una competición se establecen unas normas plasmadas en un contrato que ha de aceptar el que quiera participar. En tales normas cabe el prohibir determinado tipo de doping y el establecer unos controles determinados. Habrá deportes o disciplinas que tendrán contratos más o menos estrictos.
    Sólo cabe la intervención de la justicia para dirimir los daños causados por incumplimiento de contrato.

    Simple, barato, libre.

  6. 99fran permalink
    diciembre 10, 2010 10:55 am

    Lo cierto es que a estas alturas de la película, todos sabemos que los deportistas de élite se dopan, pero no digo algunos, sino todos y que cada año juegan al gato y al ratón para que no les pillen. Lo que me duele en este caso en concreto, es la imagen, ahora por los suelos, que tenía Marta ante la sociedad, sobre todo, ante los niños de la escuela de atletismo que lleva su nombre, niños a los que se les caía la baba cuando la veían, y ahora qué, como le explicas a un niño que su héroe no lo es. Bueno así es la vida.

    De todas formas la parafernalia mediática es impresionante, en una ciudad como Palencia, que no Madrid, más bien parece ensañamiento, ganas de figurar, y al fin y a la postre, aunque Marta salga ilesa de esta historia, lo que se dice tocada, la van a dejar bien tocada.

    Estoy en total acuerdo con lo de los contratos privados, sería una solución.

    Vivir para ver

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