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¿Bye bye, ETA?

diciembre 30, 2010

El que haya seguid este blog con cierta asiduidad sabrá cuál es la posición de partida que hemos defendido en cuanto al final de ETA. Conviene recordar que el error y la ignominia mayor cometida por Zapatero y quienes lo apoyaron en el marchito “proceso de paz” fue la de plantearlo, antes incluso de que ETA hiciera muestra pública de su predisposición a departir con el gobierno, como una negociación a dos bandas. Dos que negocian parten, en todo caso, de un mutuo reconocimiento de posiciones, aunque sea en su mínima expresión. Obviamente a ETA no le queda otra: el Estado español es una realidad irresistible. Pero al gobierno de España si se le plantean dos opciones: una primera, y totalmente legítima, que consiste en agilizar la liquidación de grupos terroristas mediante la laxa aplicación de la ley en cuanto a las consecuencia de los crímenes cometidos por sus miembros ya apresados o por apresar; y una segunda, en clave acomplejada, que consiste básicamente en considerar o respetar las reivindicaciones planteadas por los terroristas como ideas válidas, discutibles y de legítima aspiración, a pesar del recurso a la violencia. Se trata, por tanto, de elegir entre la derrota paliativa, por existir cierto pacto de último momento, y la negociación política, asumiendo  de alguna manera que los efectos lesivos de la acción terrorista forman parte del conjunto de cesiones necesarias para alcanzar un acuerdo. Esto último representa la rentabilización del terror para quienes lo practican y los objetivos políticos que persiguen.

En este blog se ha defendido la opción primera: derrotar, despedazar y acongojar en extremo al enemigo antes de aceptar su bandera blanca en clave estrictamente oportunista, es decir, agilizando la desmantelación terrorista aplicando la ley vigente, en según qué casos, de la manera más laxa posible. Con ETA no se puede hacer otra cosa. Y de eso ha tomado conciencia hasta el PNV, quien en los últimos años ha probado su propia medicina viendo como el ejercicio de manipulación demostrado por Zapatero y el PSE han servido para desbancar a los nacionalistas de Ajuria Enea. Y dado que la mayoría de la sociedad vasca entiende que ETA ha perdido todo el sentido que muchos pudieron verle en su momento, incluso las medidas más represivas practicadas por el gobierno de España, han comenzado a verse con simpatía. Hablo de encarcelar a Otegui sin la sustancia suficiente como para que parezca legítimo semejante exceso. No ya porque el líder batasuno sea “un hombre de paz”, al que exonerar de sus cargas, como quiso Zapatero en su momento de mayor imbecilidad. Sino porque los hechos de los que se le acusa, sólo bajo un Estado represivo y abusivo en la aplicación de normas excesivamente “grises”, como lo son muchos de los tipos penales de nuestro código, resultan tan graves y merecedores de prisión. Otegui sería fácilmente calificable como “preso político”, de acuerdo con la retórica abertzale. Pero lo cierto es que no les faltan razones para verlo de esa manera.

ETA acabará cuando el PNV y sus votantes lo deseen con la suficiente intensidad y coherencia. No basta con que el Estado ponga todo su empeño en ello. Ni siquiera con las leyes se definan oportunamente como instrumentos de represión extrema contra lo que Garzón denominó “el entorno de ETA”. La ley de partidos no necesitaba ser reformada para conseguir que una organización integrada en la estructura de un grupo terrorista no pudiese concurrir a unas elecciones democráticas. Lo que se ha venido haciendo desde aquella polémica reforma, es apuntalar el poder arbitrario del gobierno y la Audiencia Nacional para decidir si ANV es o no “legal”, si Otegui debe o no permanecer en prisión, y tantas otras decisiones impulsadas, claramente, por la voluntad humana, al margen de la estricta observancia de unas leyes que deberían ser de todo menos flexibles.

Confío en que ETA pase a la historia, y considero que vivimos el mejor momento para que este deseo se haga realidad. Zapatero mordió el polvo con su proceso de negociación, a pesar de las advertencias y de la infamia de su planteamiento. Lo que vino después fue el éxito del descrédito de ETA, la expulsión del PNV del gobierno vasco, y los gestos desde la izquierda abertzale en el sentido de abandonar la violencia terrorista como método para conseguir sus objetivos políticos. Viven una crisis moral, logística y “militar” que necesariamente se ha visto reflejada en un periodo de reflexión. Si todo sigue como es debido y ETA no logra colarse en las próximas elecciones, quizá su rama más suave y proclive a la rendición, acabe dominando e imponiendo su visión. 2011 será un año decisivo. Todo dependerá del acierto en las decisiones del gobierno. Es suya la responsabilidad de que todo acabe en buen puerto. El único obstáculo, me temo, podría ser el propio Zapatero.

Saludos y Libertad!

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One Comment leave one →
  1. rufo29 permalink
    enero 1, 2011 4:05 pm

    No creo que ETA termine mientras no tengamos un Gobierno que le apriete de verdad las tuercas. De hecho, tengo entendido que a finales de los 70 hubo un par de oportunidades para destruirla de raiz y no se hizo porque no resultaba conveniente a nivel politico. En cualquier caso, reconozco mi ignorancia en este tema. Solo hablo de oidas.

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