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Ocurrencias

febrero 26, 2011

Reducir la velocidad máxima en autovía y autopista a 110 km/h so pretexto de ahorrar en el consumo de petróleo representa varias cosas al mismo tiempo: un ataque liberticida que no se justifica siquiera en la mayor seguridad de los conductores, un acto de intervención que no logrará el objetivo propuesto, y además, un burdo intento de recaudar más aún a través de multas por exceso de velocidad. Estas tres circunstancias, unidas, exigen algo más que una réplica contundente.

Primero, la gasolina no se distribuye por el Estado de forma “gratuita” entre los ciudadanos. Ni se dispensa en fuentes abiertas, ni se concede “x” litros/día por español. No se paga con impuestos. Todo lo contrario, se trata de un bien fuertemente gravado que el consumidor adquiere según su necesidad o conveniencia particular, contribuyendo a las arcas del Estado en más de un 60% del precio que finalmente paga por llenar el depósito.

Segundo, en España llevamos 50 años realizando fortísimas inversiones, públicas y privadas, en carreteras de gran capacidad. Objetivo: aumentar la velocidad, reducir la siniestralidad y mejorar los niveles de eficiencia energética. Es mentira que circular a 110 km/h maximice el consumo energético de los vehículos. Éstos se diseñan previendo velocidades de 125 o 135 km/h. Las autovías/pistas se construyen previendo esas mistas velocidades.

Tercero, parece una ingenuidad, pero no lo es, que el gobierno espere que los conductores vayan a reducir sus hábitos de conducción de la noche a la mañana. Por mucho radar y guardia civil, la velocidad media en autovías es superior al límite establecido. Y lo será más, cuanto más se baje éste, ergo, allí donde haya radares o agentes de tráfico, se multará también más.

Si fuera el gobierno quien adquiriese petróleo, para después distribuirlo entre sus súbditos a través de bienes como la gasolina a modo de racionamiento, la voluntad de ahorro se materializaría de otro modo (racionando aún más). Sin embargo, en un escenario donde la gasolina es un bien de consumo que cada cual demanda en función de sus propias valoraciones, el burdo intento de conseguir una reducción general en el consumo mediante cambios en la velocidad máxima, puede que jugando al Sim City el software lo permita, pero en la realidad resulta simplemente imposible.

A pesar de la escalada del precio del petróleo, los propietarios de vehículos continúan llenando sus depósitos. El uso del coche, o el transporte por carretera de personas y mercancías, son tan comunes e indispensables en nuestras vidas, que el ahorro, en situaciones donde los costes se disparan, se nutrirá de otras renuncias. Hay tantísimas cosas en las que gastamos mucho más que en gasolina, que no resulta complicado repercutir el sobrecoste que pueda representar esta última en nuestro esquema particular de consumo. Retraeremos recursos de otros fines y los dedicaremos a llenar el depósito, siempre y cuando no variemos nuestros hábitos de desplazamiento. El gobierno, si lo que pretende es que se ahorre en el gasto energético, tendría que recurrir a decretos mucho más efectivos, a la par que liberticidas y proclives a ser fuertemente contestados por la población. Se puede ser mucho más soviético, si bien las consecuencias sociales y económicas quizá sean mucho más imprevistas y perjudiciales de lo que reducir la velocidad a 110 km/h pueda provocar. No habrá ahorro, sí más multas y cientos de miles de recursos que colapsarán la administración así como la jurisdicción contencioso-administrativa. Qué mejor ejemplo que Zapatero para ilustrar las características del “desgobierno”.

Saludos y Libertad!

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5 comentarios leave one →
  1. Pablo el herrero permalink
    febrero 27, 2011 11:46 am

    “Qué mejor ejemplo que Zapatero para ilustrar las características del “desgobierno”…. más bien…

    Qué mejor ejemplo que Zapatero para ilustrar las características del “TOTALITARISMO SOCIALISTA”

    Pablo el herrero

  2. Iván Moreno permalink
    febrero 27, 2011 12:14 pm

    Estando de acuerdo con el comentario, simplemente un par de puntualizaciones:

    – Poner el límite a 120 en las carreteras estatales no es más ni menos liberticida que ponerlo a 110 en principio. Ambos son puntos arbitrarios sobre los que cada persona estará más o menos de acuerdo. Puede ser más o menos democrático, en todo caso, en el sentido de más o menos cercano al sentir de la población. Lo liberticida es que nos obliguen a mantener dichas carreteras y que no podamos elegir.

    – Conducir a 110, al menos en mi caso, reduce un 10 por ciento el consumo con respecto a conducir a 120, 130. (Ford Focus conducido por mí: 4,2 a 110, 4.6 a 125).

    No creo que haga falta recurrir a dichos argumentos, que considero que erróneos, para criticar la nueva estupidez del gobierno.

    Un saludo

  3. xurxo xabaril permalink
    febrero 27, 2011 2:09 pm

    Por favor!! “un ataque liberticida ” Estoy harto de los liberales que restringen la libertad almercado, ni siquiera a la economía, peor a lo que puedan consumir con su bien o mal habido dinero ¡¡Que feudales !! Si tienen los medios tienen la libertad de hacer lo que les venga en gana, sin mirar alrrededor, y si no tienes nada, tienes la libertad de morirte de hambre, es como decir que si tienes una pistola tienes la libertad de pegarme un tiro en la cabeza.
    Para convivir en sociedad, no sólo se necesita libertad, sinó también acuerdos, normas, leyes, porque no sólo se trata de libertad de comprar o vender, se trata también de derechos, y de derechos de TODOS, no sólo de algunos.
    Cuando en Uruguay se prohibió fumar en lugares cerrados muchos se quejaron de liberticidio, ¿y el derecho de los no fumadores de respirar aire sin tóxicos? ¿el derecho de toda la sociedad de no disponerde unos medios que se necesitan en otras cosas para atender los miles de enfermos por el tabaco? ¿ el derecho de los hijos de no transformarse en huérfanos prematuramente, o no sufrir enfermedades respiratorias, nacer con bajo peso, etc?
    Vamos hombre, madura.

  4. Iván Moreno permalink
    febrero 28, 2011 8:00 am

    Xurxo xabaril:

    Tienes razón. Yo voy a añadir unos cuantos derechos más: ¿el derecho que tenemos a que tu salario se reparta entre los que no nos gusta el tequila? ¿El derecho a entrar en tu casa y llevarnos todos los aparatos eléctricos que puedan causar algún trastorno? ¿El derecho a a obligarte a hacer deporte, comer sano, no arriesgar tu vida haciendo deportes de aventura, a comer la verdura previamente hervida para no gastarnos el salario en cuidarte?

    La pregunta es: ¿dónde pones el límite? Supongo que dirás en el sentido común… ¿y por qué no, mejor, que cada uno decida cuál es su sentido “común”? Al menos, mientras no agreda a nadie.

    Por lo demás, si fumar embarazada, por ejemplo, es una agresión al bebé, lo que se deberá prohibir, en todo caso, es fumar embarazada, no fumar en los bares.

    Un saludo

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