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Galliano y Guttenberg

marzo 1, 2011

Dos ceses involuntarios, dos despidos sonados. Galliano, diseñador de Dior, por racista, Guttenberg, Ministro de Defensa alemán, por mentiroso. El prestigio y el buen nombre pueden esfumarse de la noche a la mañana cuando la persona honorable o admirada atenta, de manera flagrante, contra los valores predominantes de una sociedad concreta.

Galliano es de los que frecuentan Le Marais, antiguo barrio judío de París. Cuando visité por primera vez la capital francesa, la zona mantenía aún los olores y detalles del típico barrio judío de ciudad europea. Poco a poco los gorrillos y los tirabuzones dejaron paso a la pluma, la modernez y el snobismo de las tendencias. Des Vosgues es ahora una plaza para dejarse ver, fumar tabaco de liar y competir a ver quién es más retro, vintage o hipster. Es un ambiente en el que Galliano se siente “perfectamente integrado”. Pero claro, retazos quedan, y judíos también, más allá de los dos sitios típicos de kebabs a la israelí (riquísimos, pero carísimos, por cierto). Galliano, en una de esas cogorzas siderales e inspiradoras que esta gente tan creativa y visionaria utilizan para inspirarse, se puso a ensalzar a Hitler, celebrar holocausto y demás giliflauteces. Eso dice la denuncia, aunque salvo los agraviados, no parece que haya muchos testigos que corroboren tal versión de los hechos. Sea como fuere, en Francia está literalmente proscrito practicar el negacionismo, o ser racista, siquiera de refilón. Si te pillán, acabas detenido. Pero lo que es más interesante aún: el ostracismo es general, como forma de reproche moral del que no podría asegurar que es coherente y sentido por quienes lo practican. Lo cierto es que en Francia tienen mucho que esconder en su historia, mucho de lo que avergonzarse, y aunque en cierto modo sigan siendo los mismos, lo políticamente correcto se ha convertido en la mejor penitencia de cara a la galería.

Guttenberg ha caído por mentir, pero sobre todo, por exceso de velocidad en su ascenso a lo más alto del escalafón político de Alemania. Supongo que no es el primero que copia su tesis doctoral, menos aún cuando se trata de políticos que ambicionan un currículum con el que impresionar (no me extrañaría que Pajín o Blanco consiguieran su doctorado tarde o temprano). Este joven de 39 años ha sido ministro de economía y de defensa del Estado más poderoso de Europa. Ojito derecho de Merkel, también sonaba como su delfín. La canciller llora su pérdida, o eso dicen. Honradez, discreción y prudencia, son valores que acaban sirviendo como justificación en estos casos. No dudo de la integridad de los sentimientos morales del pueblo alemán, pero me temo que en política siempre hay algo más y las noticias no salen a la luz por casualidad. No obstante, como sucede en los EE.UU, y en otras muchas democracias mínimamente controlables y decentes, la mentira se paga, la honradez es una virtud y nadie es indispensable en ningún momento de su carrera política. ¿Podríamos decir lo mismo de España?

Saludos y Libertad!

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2 comentarios leave one →
  1. Espectador permalink
    marzo 1, 2011 8:17 pm

    “Están locos estos romanos”, decía Asterix.

    A la vista de esta noticia tendremos que empezar a decir: “Están locos estos germanos”. ¡Un ministro que dimite porque le cogen en una mentirijilla! Si aplicásemos ese criterio aquí, nos quedaríamos sin Gobierno, sin oposición, sin Congreso, sin instituciones en general, de la más alta a a más baja.

    ¡Con lo bonito que es mentir, no de un día para otro, sino de un minuto a otro, como practica con singular donosura el Presidente ZP! ¡Y ahí lo tienen, tan satisfecho de haberse conocido! ¿Ustedes creen que se le ha pasado por la cabeza alguna vez dimitir por ello?

    Están locos estos germanos.

  2. Paula permalink
    marzo 1, 2011 8:20 pm

    No, en España no podemos decir lo mismo. Aquí tenemos tanta “merde” como en otros países pero a diferencia de ellos, lejos de tener un espíritu punitivo (que los notables de ejemplo, bla, bla, bla) somo más de poner un ventilador, exparcir la mierda y dejarla medrar. El nuestro es más el modelo italiano de dejar que la caspa y cosas peores medren y se perpetuen.
    Nuestros políticos están salpicados de corrupción y crecen en las enquestas, porque son unas pobres víctimas de sabe Dios qué conspiraciones. Tenemos a sinvergüenzas exhibicionistas como el tal Sostres (amante de la pelusa), Manolo Lama (que se chotea de los mendigos con un gusto pésimo) o a la inefable María Escario (que recomienda a sus reporteros que se cuiden de la cartera cuando salen en directo rodeados de hinchas futboleros ecuatorianos y colombianos).
    Lo dicho, una mierda!

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