Skip to content

Godzilla

marzo 16, 2011

El terror nuclear es propio a nuestro tiempo. Sentimos pánico cuando pensamos en la posibilidad de que se desate una guerra atómica. Hasta 1989 era un tema recurrente que fue diluyéndose durante los noventa. Comenzó entonces el miedo a un atentado terrorista con ese tipo de armas, bien en forma de explosión, o directamente liberando material radioactivo en una gran urbe. No obstante, la tendencia general fue a perderle respeto. En el cine el apocalipsis se centraba en invasiones extraterrestres, asteroides y otras catástrofes naturales. Pero Godzilla seguía vivo en las alcantarillas del imaginario posmoderno. Un demonio surgido de los pecados humanos, su arrogancia, su ciencia… Y no hablo necesariamente de una iguana mutante anidada en el pacífico, sino del mito del cambio climático y otros fenómenos naturales antropocéntricos.

Todos nos dejamos llevar por nuestras particulares tendencias de pensamiento o valoración sobre aquellos aspectos que más controversia suscitan en nuestras sociedades. La energía nuclear es uno de ellos. Superchería contra exceso de optimismo científico. En eso se resume la manera de ver este tema candente, más aún cuando los acontecimientos provocan dudas más que razonables sobre la seguridad y conveniencia de este tipo de tecnología. Los hay que esperan que el desastre de Fukushima se convierta en la puntilla del debate, dejando como vencedor al movimiento antinuclear. Otros, con cada vez más celo y demostrando una mayor desconexión con la opinión pública, se guarnecen, siempre a la defensiva, en las trincheras de la confianza ciega en esta manera de producción de energía. Las razones ya les expuse en otro post: fundamentalmente, porque las aplicaciones técnicas del conocimiento científico logrado por el Hombre en este campo concreto de la física, son el ejemplo más orgulloso del potencial de nuestra razón. Mortales que manejan a su antojo la fuerza que mueve el universo. La tentación es demasiado fuerte para que los técnicos, ingenieros y físicos atómicos no acaben pecando de ese optimismo muchas veces irreal e ingenuo que incluso en el peor de los escenarios nos vienen transmitiendo.

La superchería mora en el otro bando. El bando del miedo y la reacción, del oscurantismo medieval que toma forma en cada argumento y acción atribuible al ecologismo. Un movimiento contradictorio en gran medida, que no busca el mejor engarce de una sociedad libre y próspera en el medio ambiente donde habita, sino la regresión social y la merma de libertades individuales a favor de mitos y deidades pretendidamente seculares, si bien se parecen cada vez más a las viejas historietas animistas.

Fukushima es un problema, un grave incidente que pone en tela de juicio la seguridad de las centrales de su tipo. Las circunstancias han sido extremas, pero no es excusa suficiente cuando la vida y la salud de cientos de miles de personas están en serio peligro de verse terriblemente afectadas. Una cadena de errores, los posibles problemas previos, una mala gestión de la catástrofe, la imprevisión, la mala suerte, o lo que acabe esclareciéndose, son causa de la peor crisis nuclear desde Chernóbil. Nos dicen que los males soviéticos no pueden reproducirse en Fukushima, pero ya hay noticias de fisuras en la bóveda de contención de uno de los reactores. 180 valientes están entre la humanidad y que se abra una puerta al infierno. Eso no puede negarse. Lo sensato es que si todo sale bien, y todo esto acaba bajo control, se depuren responsabilidades no desde la superchería y el miedo irracional, sino desde la evaluación certera de las causas y sus efectos, de los fallos cometidos antes y después del terremoto… Esa investigación deberá ser un rayo de luz y de razón que dará argumentos a quienes luchamos contra la ira tenebrosa que patrocina el terror nuclear. Estamos en el derecho de exigir que todos los que deciden y actúan en la grave crisis que atravesamos, sean transparentes y claros en sus diagnósticos. Siempre ha sido duro enfrentarse al medievalismo. La ciencia y la evidencia son los únicos instrumentos capaces de situar a la opinión pública lejos de la caverna.

Saludos y Libertad!

Anuncios
4 comentarios leave one →
  1. rtwng permalink
    marzo 16, 2011 8:17 pm

    GODZILLA!!!

  2. marzo 17, 2011 11:02 am

    Una cadena de errores, los posibles problemas previos, una mala gestión de la catástrofe, la imprevisión, la mala suerte, o lo que acabe esclareciéndose, son causa de la peor crisis nuclear desde Chernóbil.

    Sí, claro. Ahora, a cortar cabezas que es lo que toca. ¿Y por qué no nos topamos con la realidad y nos damos cuenta de que Japón es un archipiélago volcánico y situado en la confluencia de varias placas tectónicas? ¿Y por qué no nos damos cuenta de que es una insensatez construir plantas de fisión en un lugar semejante? Pues porque la Economía manda sobre la sensatez. Punto.

    Y sí: efectivamente, es inevitable que Japón –que no posee otros recursos naturales– no tenga más remedio que acudir a las nucleares para satisfacer sus necesidades energéticas, pero, entonces, asumamos los riesgos ante la opinión pública sin buscarle las veinte patas al gato:

    1) Aunque las centrales posean más seguridad que Fort Knox, en Japón, un maremoto o un terremoto de suficiente potencia pueden provocar una catástrofe en *cualquier* momento (como es el caso que nos ocupa).

    2) El tiempo juega siempre a favor de las estadísticas, y más en el caso nuclear: por improbable que sea una catástrofe de este tipo (u otras como una guerra o un meteorito), el plutonio-239 generado en las centrales de fisión puede esperar más de 24.000 años, que es su vida media.

    2) Tu valoración sobre los mortales que mueven a su antojo la fuerza que mueve el Universo peca, cuando menos, de ese optimismo ciego a que haces referencia poco después. En el caso de la energía nuclear, el ser humano sólo puede iniciar/detener procesos y canalizarla, pero no puede controlarla como lo hace, por ejemplo, con una combustión convencional. Puede frenar una reacción de fisión o enmascarar un material radiante pero no puede evitar que dicho material siga siendo radiactivo. En suma, el ser humano puede jugar con la energía nuclear mediante procesos tecnológicamente muy complejos pero esto no oculta el hecho de que su control sobre la misma es chapuceramente provisional.

    Para acabar: no estoy en contra de la fisión nuclear, y coincido en que es el medio de producción energética más eficiente, económico y respetuoso con el medio ambiente… pero esto último sólo a corto/medio plazo. Y mientras no exista un método para hacer que un material radiactivo se vuelva inerte en un corto plazo de tiempo (si no inmediatamente), a medio/largo plazo (y, a veces, como acabamos de ver, a corto) es una hipoteca más gorda que la mía.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: