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Otro “copago” es posible

marzo 28, 2011

Hay dos maneras de fundamentar y defender el “copago” educativo o sanitario. Ramón Luis Valcárcel (príncipe murciano) ha optado por la más chusca y difícil de vender ante el gran público. Valiente ha sido, y es de reconocer, pero también contradictorio.

La sanidad y la educación las pagamos todos, en desigual medida, con nuestros impuestos. Si de lo que se trata es de consolidar su presupuesto, resulta sencillo desviar partidas a fin de aliviar el sobrecoste en estos dos ámbitos. También se puede recurrir a la creación de nuevos impuestos, como el céntimo sanitario, o a subir los ya existentes. El argumento de Valcárcel ha sido tan torpe como insustancial: los ciudadanos tienen que ayudar a las administraciones públicas a pagar la sanidad.

Pero, en realidad, ¿qué se esconde detrás de las políticas de “copago”? Muy sencillo: reducir la intensidad redistributiva en la prestación de estos servicios. Dicho para que nos entendamos todos: que el usuario real sea el pagador directo de los servicios que recibe. Aunque pueda interpretarse implícito en lo dicho por el presidente de Murcia, la valentía también se demuestra en la forma de explicar las propuestas. Y es que si seguimos el argumento, dentro de la línea de eficiencia y austeridad en las administraciones, no se trata tanto de perseguir al gasto creando nuevos medios de financiación, sino de estabilizarlo y distribuirlo entre presupuestos generales y usuarios concretos, y no como ahora, sólo con cargo a los primeros. El matiz es importante: un buen gobernante no puede admitir en público que el caballo anda desbocado. Lo valiente aquí es decir que los servicios son más eficientes y sostenibles cuanto más se parecen a lo que sucedería en un mercado libre.

Política y moralmente, España no abandonará el sistema público sanitario y educativo a corto, medio plazo. Las políticas que aspiren a cierto realismo deben asumir este diagnóstico. Bien se haga en aras de controlar el despilfarro y disciplinar la conducta de los usuarios, haciéndoles conscientes del coste de los servicios que reciben, o directamente como pasos privatizadores que culminen en un sistema mucho más libre que el que tenemos, estas políticas deben hacerse bien y explicarse mejor.

Al copago debe ir unido el establecimiento de un techo en las partidas presupuestarias de las administraciones que son titulares del servicio. A continuación, y en función de las necesidades presupuestarias del propio servicio, se fijan precios a modo de tasa por cada prestación, o en el caso de los medicamentos, se recorta la subvención ajustando el precio como fuera necesario. Si lo que se busca es que existan unos mínimos suficientes, pero que el carácter redistributivo del sistema pierda intensidad, este principio resulta primordial.

El copago debe traducirse en menos impuestos y una mayor integración de empresas privadas en el servicio público sanitario. Para que esto sea posible, y como ya sucede con los funcionarios, debe darse la oportunidad de optar por un servicio fundamentalmente privado a cada vez más sectores profesionales, a fin de que la industria sanitaria crezca en volumen de negocio, se aproxime a precios y costes de mercado, y, en un futuro próximo, sea capaz de ir absorbiendo incluso al 80 o 90% de la población.

El copago no debe entenderse como una forma provisional de evitar el inevitable colapso financiero de los sistemas universales de sanidad y educación, a través de la mera búsqueda de nuevas vías de ingreso. Tampoco debería tomarse exclusivamente desde la perspectiva moral, tratando de imprimir en los usuarios cierta disciplina de consumo o acceso al servicio. El copago debe ser, si se hace bien y se soporta en una estrategia honrada  inteligente, la mejor manera de desmontar paulatinamente el modelo redistributivo.

Dar la opción a los funcionarios públicos de acogerse a empresas privadas de sanidad para casi todo, jugó esa doble faceta paliativa y liberalizadora. Primero, alivió de obligaciones y descongestionó al servicio público sanitario, pero, al mismo tiempo, sometió a los funcionarios a la onerosa carga de pagar dos veces por el mismo servicio, dado que la sanidad pública se paga hoy con impuestos, y no con cotizaciones.  Segundo, favoreció la consolidación de una industria sanitaria capaz y rentable que acabó siendo la preferida en casi todo para el resto de ciudadanos, que, poco a poco, asumieron una posición triplemente injusta: consumen sanidad privada, que pagan religiosamente en forma de primas de mercado; con sus impuestos se continua financiando la sanidad pública de la que no suelen disponer, salvo en casos excepcionales; pero es que además, deben soportar el pago de sus cotizaciones sociales, de las que no se desvía absolutamente nada al pago sanitario, pese a que ese debería ser uno de sus destinos principales (esto último se explica en el fraude que representa la seguridad social desde que existe el Pacto de Toledo).

Si lo que busca Valcárcel es añadir ese supuesto “copago” como nuevo parche que, momentáneamente, alargue la vida al sistema público, parece razonable que se le critique por todos. Si, en realidad, pretende avanzar hacia unos mercados, sanitario y educativo, muchos más libres, que lo diga con claridad y decidida voluntad de llevarlo a cabo.

Saludos y Libertad!

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17 comentarios leave one →
  1. ATR permalink
    marzo 28, 2011 4:33 pm

    Se nota que no haces uso de la Sanidad Pública, cuya calidad puede llegar a ser envidiable, por cierto. Se opta por la privada sólo en determinados casos. En otros, desde luego, no.
    La cuestión que hay que analizar también es hasta qué punto un hipotético fin de la sanidad pública satisfaría la demanda (vaya, si el usuario, todos los usuarios, de los distintos estratos económicos, podría costearse un seguro o no).
    Espero, deseo, que la Sanidad PÚBLICA no acabe. Si es cierto que cada vez se hace menos sostenible, pero acaso una semiprivatización sería la solución. Lo mismo digo de la Educación. Indudablemente, surgen cuestiones como la de la libertad que han de tener los progenitores de educar a sus hijos y no bajo la férula y los postulados únicos, pero lo cierto es que hasta las universidades necesitan referentes (es decir, currículums, conjuntos de contenidos) que “algo” o “alguien” ha de establecer.

    un saludo

    • marzo 28, 2011 7:55 pm

      No crees que la calidad sencillamente se busca y se paga sin que tenga que existir un Estado paternal haciendo que lo hace bien?
      Tengo sanidad privada, es un privilegio. Hijo de funcionarios y abogado, que le vamos a hacer (en ambos casos nos permiten elegir, público o privado). Por suerte no tengo que ir, pero cuando he tenido necesidad no he sufrido ninguno de los tópicos que circulan en ambientes estatistas de opinión. En cuanto a la pública, faltaría más! Con lo que cuesta, no me extraña que tenga buenas instalaciones y equipos fantásticos (no siempre, además del inevitable racionamiento), pero admite que lo que le falta es un precio, un referente que ayude a racionalizar los servicios, competir en eficiencia (que no está reñida con la calidad)… Estamos en esa semiprivatización con la que simpatizas. Que en el fondo es eso: introducir nociones de mercado para que el engendro socialista no acabe como acaban los servicios públicos en países totalmente colectivizados.
      En cuanto a la educación, si fuera competitiva, también en los currículos, seguramente acabaríamos en dos o tres criterios mayoritarios, y unos cuantos elitistas. Confías demasiado en el poder homogeneizador del Estado. Supongo que te encantaría que tus hijos hicieran la mili, donde en teoría iban ricos y pobres, tontos y listos, paletos y urbanitas, y todos convivían en armonía bajo un patriotismo sano y homogeneizador. Porque se trata de eso, creo que temes el efecto que tendría más libertad en nuestras vidas. Pero no tienes motivos: nos parecemos porque convivimos, y acabamos creyendo en las mismas cosas y buscando una sanidad y una educación parecida para nuestros hijos. Espontáneamente nos moveríamos como hoy se guía la gente por marcas, por tiendas de ropa, estética, tipos de música… Acaso el mercado deja desamparado a alguien? Aplica lo que ya sucede en muchas cosas, como la producción y distribución de comida a cualquier servicio que se te ocurra. ¿Muere la gente que va al Día a comprar? ¿Existen castas inamovibles que distingan a quienes van al mercadona, de los que optan por el Carrefour? ¿Acaso el supermercado de El Corte Inglés pide pase VIP para entrar? Seguro que habrás ido alguna vez al SanchezRomero en busca de alguna delicatesen. Hay de todo para todos, las masas mandan, los que menos tienen son los que más favorecidos salen, y la libertad no disgrega, sino que agrega pacíficamente, sin adoctrinamiento ni inspectores de hacienda, trabajo o sanidad.
      Saludos!

    • Pedro permalink
      abril 16, 2011 9:58 pm

      Sólo quiero daros mi opinión de forma generalizada sobre la sanidad pública (donde trabajo) y la privada (a la que acudo como paciente):
      -Pública: La mayoría de médicos son competentes pero, especialmente en las consultas, se encuentran sobresaturados de pacientes a los que no pueden a veces dedicar más de 3 minutos. En ocasiones encontramos los que a su vez tienen consulta privada y se dedican a crear largas colas en la seguridad social para que los pacientes tengan que recurrir a la privada si quieren tratarse pronto. Por otra parte, es frecuente que quiten importancia a las afecciones de los pacientes (cuando estas unicamente afectan a la calidad de vida y no tienen peligro real para la salud) con el fin de ahorrar trabajo. Otra táctica puede ser la de recurrir a ser desagradables con los pacientes, a ver si no vuelven, digo yo (aunque tambien es una forma de hincharse el ego)
      Enfermeros y celadores: El trabajo que hacen tres de ellos puede hacerlo uno. Las dos terceras partes del tiempo se dedican a desayunar, dar paseos y juntarse para charlar. En definitiva, sobran.
      Pacientes: En atención primaria gran parte de los pacientes acude por aburrimiento (ancianos sobre todo). Si pagaran 3 o 4 euros por la consulta como creo que se hace en Portugal quitaríamos bastante paja. Este tipo de pacientes en el hospital son menos frecuentes, pero por supuesto también los hay.
      Instrumental: Hay escasez y frecuentemente se utilizan los instrumentos que no son específicos para la tarea que se quiere desempeñar, por falta de material. Como ejemplo: estando yo presente en la toma de una biopsia, se mantuvo al paciente esperando cerca de una hora con la garganta anestesiada porque el medico tuvo que ir a su consulta privada a por el instrumento que le hacía falta.
      También es cierto que no hay seguridad y hay gente que entra a los hospitales a robar.

      -Privada: El mayor problema que he visto es que, al contrario que en la seguridad social, los médicos tienden a alarmismo y a diagnosticar enfermedades que el paciente no padece. Todo ello debido a que cobran por los tratamientos y por cada consulta realizada (siempre recomiendo segundas opiniones). A parte de eso el trato personal es mejor y el material excelente. Enfermeros mucho más eficientes.
      El problema es evidentente el precio de los tratamientos.

      Por ello yo también abogo por medidas sobre la sanidad que la conduzcan a una semiprivatización. Esto permitiría una mayor eficiencia de los profesionales y de los hospitales en general y reducción de impuestos. Ni la sanidad publica ni la privada al 100% parecen ser la mejor opción, pero entiendo que hay que tener muchas pelotas como para tratar de hacer modificaciones hacia la semiprivatización.

  2. ATR permalink
    marzo 29, 2011 8:48 am

    Hombre, a veces me río con tus respuestas. Tienen gracia. Gracia genuina. Un toque de humor. Honestamente.
    Dejando a un lado el humor, no mezcles supermercados con la Educación o la Sanidad. La injerencia estatal en materia de Educación no debería sino traducir esas similitudes que la convivencia nos hace tener. No se trata de hacer la mili ni de enviar a las señoritas a clases de calceta. Hablamos de si un modelo hipotéticamente privado de Educación o de Sanidad no resultaría (o sí) catastrófico para determinadas capas de la sociedad. Lo cierto es que tengo mis reservas acerca de la Educación pública hoy en día, puesto que no ha sabido responder a las necesidades de la sociedad moderna. Me gustaría que el dinero público se emplease mejor. Me gustaría, también, que el dinero no fuese la puerta hacia el triunfo, en materia de educación. Como he vivido en el Reino Unido, país que ha despilfarrado en Educación ´Pública y país en el que la Educación privada es elitista y costosísima (pero también las elites acaban en el poder: sólo hay que ver quiénes copan los puestos políticos en el país con mayores desigualdades del planeta, mayores diferencias entre ricos y pobres: véase el Economist de hace un mes) conozco en qué tipo de engendro puede resultar la Privatización de la Educación.
    La sanidad, espero que no tengas una enfermedad grave, porque mendigarás por la cobertura pública, te lo aseguro. Costosa o no, satisface mejor las necesidades, especialmente en casos de enfermedad grave. Los impuestos han de servir para eso, para garantizar una serie de cosas sin las cuáles la sociedad iría a la deriva. No demasiadas. Y tampoco con despilfarro. La privatización es una opción calamitosa y sólo beneficia a quienes beneficia.

    Un saludo

    • yosoyhayek permalink
      marzo 29, 2011 9:21 am

      El argumento “privatización caca”, no es suficiente, aunque tengas razón que ciertas experiencias presuntamente liberalizadoras han acabado en una mayor descoordinación, costes excesivos y demás. Lo que digo en el post es que debe reducirse el carácter redistributivo en estos ámbitos, además de acercarlos al mercado en aras de conseguir que sus mecanismos sirvan para racionalizar su uso, precios, costes, etc. No creo que sea políticamente viable deshacerse de la sanidad “pública”. Tu juicio lo demuestra: sois ingenuos, incluso los que aún confiáis en la excelencia de lo público a través de una planificación cabal de lo común. Pero si ni siquiera el mercado garantiza nada, ¿cómo crees que la mera centralización de las decisiones y la universalización del servicio estatizándolo es capaz de solucionar las taras que ello mismo causa o intensifica?
      La planificación curricular es un desastre, sometida a la pugna política e ideológica, envenenada de religiosidad, munda o trascendente, me da igual. La planificación del servicio en sí, es deficiente, costosísima e insatisfactoria. El mejor ejemplo es que en Madrid la pública pública se ha quedado en menos del 50%, es decir, el resto de niños van a concertados (privados subvencionados) o privados (un poco menos subvencionados, pero más caros para los padres; curioso, verdad?). El Estado se sabe incapaz de administrar los recursos sin acabar en el despilfarro. No existen experiencias que demuestren lo contrario. En términos de libertad, es terrible, y también en cuanto a los resultados sociales a los que aspiras: los pobres siguen condenados a que sus hijos se queden al margen. Funcionó hace décadas, pero desde los 80 no ha parado de degenerar, admítelo.
      El modelo anglosajón es distinto no sólo porque su privatización no fue tal, sino por su propia naturaleza social. Aquí se pueden hacer mejor las cosas, se puede dejar que los que ya eligen y optan por lo privado puedan deducirse el coste íntegro, por ejemplo. Y eso seguro que bastaría para que los centros públicos adoptasen su verdadera función, abandonando teorías pedagógicas sesentayochistas.
      Un saludo!

    • yosoyhayek permalink
      marzo 29, 2011 9:24 am

      Ah, y lo de la enfermedad grave equivale a decir: espero que nunca tengas un accidente en el que impliques a varias víctimas, te quedes hemipléjico, mates a una madre de familia, lesiones a un chaval de doce años y destroces un masseratti. ¿Sabes cuánto se paga de seguro de automoción? Eso de que un seguro sanitario privado sería incapaz de dar una cobertura total es un tópico.

  3. marzo 29, 2011 3:29 pm

    http://www.publico.es/espana/368660/aguirre-en-madrid-no-habra-copago-mientras-yo-sea-presidenta
    Aguirre se consolida como la posibilista que arrasa en las urnas. Lo único que puede exigírsele es que controle el presupuesto. Parece obvio que no quiere hacer la revolución liberal que muchos esperan. También prometió reformar la ley electoral, o la del suelo, y quedó todo en más de lo mismo…

    • A.Chena permalink
      marzo 29, 2011 7:49 pm

      Hace poco dijo que el estado tenía que fomentar el golf. Una liberal por los cuatro costados, vaya.

  4. ATR permalink
    marzo 31, 2011 8:39 am

    No me has dejado claro lo siguiente, si quieres o no erradicar la presencia de lo público en materias como Educación y Sanidad. Cito tus palabras: . A lo mejor te has mostrado demasiado ambiguo.
    La privatización no siempre ha beneficiado al consumidor. Ni en términos de servicio ni en el de costes. El metro de Londres (bueno, el transporte en general) es un ejemplo. Ruinoso para el consumidor, pésimo en términos de servicio, incapaz de financiarse…. Hay ámbitos en los que la presencia o financiación (cofinanciación, si se quiere) pública no es perniciosa y redunda en beneficio común. Que se exija rigor y ausencia de despilfarro es lógico, pero no va a beneficiar al consumidor (es más, resultaría en un caos) su privatización. Tal y como están yendo las cosas, con una mala gestión de lo público (con una presencia excesiva del dinero público en ámbitos que, te doy toda la razón, deberían no tenerla) lo único que se está consiguiendo es destrozar el sistema. Perfeccionar las bases, minimizar (no erradicar) la presencia pública, la contribución del contribuyente, en definitiva, e incluso hacerla competitiva, habría de ser el objetivo que persiguiésemos. Como no crees en la capacidad humana de planificar, es decir, de preveer a través de su razón, mis argumentos no te convencerán. Yo tampoco creo que el radicalismo privatizador (con toda su justicia pura y la justificación de la misma) beneficie a la sociedad.
    Un saludo

    • marzo 31, 2011 3:19 pm

      … faltan mis palabras entrecomilladas, jeje
      Primero, demuestras tu enorme confusión conmigo, o mi enorme incapacidad para explicarme, diciendo que no creo en la capacidad del hombre para planificar… pero si es lo que hace el hombre. Lo que pasa es que confundes la acción humana, que va unida a su planificación, con la acepción política de esta palabra, que conlleva hacerse con el control centralizado de toda la actividad humana en un determinado ámbito (si no en todo) con la expectativa de lograr resultados que no se confía obtener en un orden social libre. Es decir, organizar el orden coactivamente. Una gran empresa es un enorme ejemplo de planificación económica. La diferencia con el Estado es que las señales que la guían son espontáneas y ajenas a su voluntad, los intereses que la impulsan son particularistas, los recursos que la mueven proceden de la aportación libre o de la remuneración voluntaria por sus bienes o servicios, es parcial, compite dentro en orden de igualdad jurídica, y se hace en lo económico con aquello que otros, libremente, le conceden fruto de sus preferencias. El Estado encarna la negación de todo esto, y su planificación, que es el tipo que critica el liberalismo, compromete hasta hacerlo desaparecer la viabilidad misma del orden social en cuanto a su capacidad de coordinación de necesidades y transmisión de información y conocimiento. Es mucho más sutil de lo que tú pareces entender.
      Respecto a tus ejemplos, se caen por su propio peso. Si yo, Estado, pretendo “privatizar” (vendiéndola) una línea de ferrocarril previamente planificada y diseñada por mí, es probable que me encuentre con un serio problema a la hora de encontrar un postor. Puede que la haya concebido sin atender a factores estrictamente económicos, es decir, su trazado, distancia entre estaciones, recorrido o infraestructura, puede que no sean las que un agente privado habría hecho. El ejemplo es claro: si Gallardón sacase a subasta la M30 queriendo amortizar el gasto realizado en ella hasta la fecha en el precio de salida, ¿la compraría alguien sin más compromiso que su mera entrega a cambio de dicho precio? Es decir, sin subvenciones encubiertas, privilegios, ayudas, peajes en la sombra o lo que fuera.
      Muchas veces se privatizan medios de producción que resultarían indigestos para el mercado si no fuera porque van acompañados de todo tipo de prebendas públicas. Seguramente el metro de Londres, o los ferrocarriles británicos, o el sistema de sanidad madrileño, tal y como los hicieron las administraciones públicas, no serían atractivos para el mercado en su integridad. Habría que despiezarlos, o, lo que siempre le viene mejor a las empresas “adjudicatarias”: unir su adquisición a una ayuda o privilegio. En la medida que dichas ayudas o privilegios basten, la cosas seguirá como hasta entonces. Quizá la gestión sea más eficiente, pero en tanto que la administración tape los agujeros sin límite, el servicio “privatizado” tenderá a hacerse más costoso y más ineficiente en términos dinámicos. Algo así como lo que ha sucedido con la sanidad norteamericana, que lejos de ser de libre mercado, es un híbrido horrible con todos los males de la estatización y ulterior externalización y privatización de lo público.
      No te quedes en lo superficial.
      Saludos!

  5. ATR permalink
    marzo 31, 2011 4:16 pm

    Vaya, la cita era crucial, a ver si la recupero: No creo que sea políticamente viable deshacerse de la sanidad “pública”. Tu juicio lo demuestra: sois ingenuos, incluso los que aún confiáis en la excelencia de lo público a través de una planificación cabal de lo común. Pero si ni siquiera el mercado garantiza nada, ¿cómo crees que la mera centralización de las decisiones y la universalización del servicio estatizándolo es capaz de solucionar las taras que ello mismo causa o intensifica?
    En cualquier caso, estamos hablando de servicios privatizados hace muchos años, y que, por tanto, han tenido tiempo suficiente de ser privatizados. No estamos hablando, tampoco, de que una única empresa se haya hecho cargo del transporte (en el caso del metro sí ha sido así, pero en el caso de los trenes hay multitud de compañías, cada cual peor, todas similares, que no han sabido gestionar ni las líneas ni el servicio; ya no es culpa del Estado si hace tantos años de aquello, no?). En USA se tuvo que hacer algo, porque claramente el sistema privado no era óptimo. Si se ha hecho bien o mal, si la situación es ahora mejor o peor, es algo que hay que juzgar cuando haya pasado un poco de tiempo. Tú auguras un desastre. yo opino que lo que había era bastante desastroso.
    No niegues que no confías en la capacidad humana de planificar porque pones en duda todos tus asertos hayekianos. Ahora estoy leyendo por segunda vez tu libro y en realidad, te refieres a que estimas que la Planificación estatal es fatal pues se basa en un presupuesto falaz, el de que la razón humana puede predecir, por así decirlo, las reglas del juego (de ahí todo el tema antiestatista, etc). A eso me refiero (acaso me he explicado torpemente). La iniciativa privada (que planifica, pero sin esa pretensión racionalista, controladora, cientista, por utilizar términos que tú has empleado), por no estar viciada por esos prejuicios racionalistas, daría lugar a un estado de cosas más justo (justicia según tu posición, claro)…. Cierras los ojos a la situación de USA. No negarás que no era muy buena. No negarás que se tuvo que hacer algo precisamente por éste motivo. Aunque tal vez argumentes que lo mejor es que las cosas se regulen por sí misma, sin agentes (el ESTADO), que la tuerzan y que luego hagan irreversible, o casi, la situación.
    Sigo encontrando muy jugosos tus argumentos (en este post en concreto, pero también enlazo con tu libro), pero hay algo que no acaba de cuadrarme y no sé si es que la simpleza de los mismos (que en ocasiones, parecen emanar de la nada y refutar como si nada, también, las erróneas supercherías racionalistas) me hace dudar de ellos o si, por el contrario, debería indagar y buscar objeciones más profundas y contundentes. Me inclino más hacia esto último.

    Un saludo

    • marzo 31, 2011 10:07 pm

      Tenemos mucho que precisar y que discutir para que sea capaz de plasmar mis ideas de una forma mucho más clara, concisa y profunda. Espero no caer en una forma de abstracción que me termine por dejar solo y a la deriva. Pero admite que hay cosas que te resistes a incorporar en tu manera de ver el mundo. Y en tu lucha, tratas de racionalizarlo hasta dejar los argumentos sin ningún fundamento que los sostengan. Contra eso, hay que luchar.
      Por cierto, los ejemplos que pones esconden mucho más de lo que tú o yo conocemos. En concreto, en los EEUU, me asombra que consideres que todos los males de la sanidad proceden de su cara privada, y no de los sistemas de protección, las subvenciones, el gasto público dirigido a los seguros privados, y demás elementos que sólo contribuyen a disolver cualquier oportunidad de alcanzar una coordinación y un ajuste típicos del mercado libre.
      Te complace creer que los defectos de las cosas se deben a la ausencia de una planificación sinóptica y centralizada, arbitraria y monopolista. Detrás de esto se esconde, como decía, una manera de asomarte a la realidad, de mirar hacia dentro y medir tus propias capacidades. Ese es el primer escollo que debe salvar un científico social.
      Saludos!

  6. ATR permalink
    abril 1, 2011 8:47 am

    O sea, que ahora el problema es que las causas son tan complejas (que sí, es verdad), que es mejor no indagar en ellas. O, por si acaso, y como el Estado es siempre perverso y malvado, culpar a éste de envenenar al sistema privado con sus subvenciones.. No es otra la causa, claro. No puede ser, por supuesto, el hecho de que la iniciativa privada no haya sido suficiente. Tampoco cabe la posibilidad de plantearse si a lo mejor el Estado puede hacer más bien que mal en materia de Sanidad. Hay sanidades que funcionan maravillosamente bien, vamos países en los que la Seguridad Social, costeada por el contribuyente (lógicamente), funciona y se gestiona bien. En eso no tengo problema. El estado, se supone, persigue el bien público en materia de Sanidad y su acción, por tanto, no tiene por qué ser perniciosa. En cambio, desconfío más de que la iniciativa privada permita que determinadas capas de la sociedad puedan quedar cubiertas. Todos ganamos con un buen sistema Sanitario, pese a que lo costee el contribuyente (y pese a las quejas que tantas he escuchado, por parte de individuos que, con salarios absolutamente cósmicos, no paran de murmurar…).

    • abril 1, 2011 12:45 pm

      Indaguemos, pero no con la superficialidad que demuestras. Conoces la idea de “coste de oportunidad”, o el de “libertad de elegir”, o la mera lógica de la propiedad privada?
      Tu modelo si es eficaz, no es eficiente, si es universal no es libre y si es publico, es, necesariamente un latrocinio indiscriminado. Repito, del conocimiento, la información y la coordinación de intereses legítimos que solo son posibles en un mercado libre, los más beneficiados serán siempre los menos dotados, capaces o afortunados. Mira a tu alrededor y separa el grano de la paja, y no seas superficial ni recurras a tantos lugares comunes inoculados por el socialismo.

      • ATR permalink
        abril 1, 2011 1:44 pm

        del conocimiento, la información y la coordinación de intereses legítimos que solo son posibles en un mercado libre, los más beneficiados serán siempre los menos dotados, capaces o afortunados…. He tenido que releer esta frase, porque tiene trampa. En efecto, la coordinación de intereses y acciones humanes redunda en beneficio común, pero no siempre. Como niegas que la planificación sea una posibilidad pues zanjamos la discusión.
        Ya te he dicho que tiendes a meterme en el saco de los malos, de los socialistas y de los oliverstonianos…. muchos de esos adjetivos (no he puesto la lista entera, es muy larga) forman parte, también, de lugares comunes que sueles manejar pues sigo considerando que te ciega tu dogma: crees que se ha descubierto El Dorado con las teorías de Hayek y confías plenamente en que su aplicación sería beneficiosa. No sólo eso, al analizar (bueno, analizar no es lo que haces en algunos casos, sino partir de un lugar preestablecido, tu posición, sin ánimo de cambiarla, pues crees estar en posesión de la razón) lo que consideras sistemas perversos (que son los que imperan) no puedes resistir la tentación de demonizarlos. Y hay parte de verdad en tus asertos, pero no todos son compartidos. Rechazas de lleno todo lo que no sea compartido por ti, lo compartimentas y lo clasificas dentro de ése cajón desastre de adjetivos de que he hablado antes. Desprecias la labor que políticos, economistas y juristas han realizado en Europa durante 80 años (ahora me refiero a tu “amado Keynes”, por tener una referencia temporal, y remitirme a su perniciosa influencia, a su indeleble y no por ello menos deleznable influencia). En efecto, las convicciones de uno han de llevarle a sostenerlas hasta las últimas consecuencias, pero aportando no sólo argumentos de peso, sino alternativas sostenibles y cimentadas (corpus sistemáticos, como los de Hayek), con los que contribuir a alimentar ese conjunto ideológico (lo siento, no puedo llamarlo de otro modo, y no hay connotaciones negativas)que defiende, mas sin oponente no hay vencedor, no hay cambio. Y no todo es malo en el bando contrario.Lo siento, eso es un ejercicio de desprecio continuo. Pese a que respeto la pasión y la fuerza con la que defiendes tus ideas en ocasiones repruebo tu aproximación a aquellos elementos contra los que dices luchar, por ser demasiado parcial en tu aproximación a ellos.

        Un saludo,

      • abril 2, 2011 6:59 pm

        Claro que es posible la planificación centralizada, pero resulta ineficiente. Se justifica en reducir el despilfarro, distribuir más equitativamente, o más igualitariamente (depende) y poner los mandos en las organizaciones que promueven los mejores valores morales y políticos: altruismo, interés general, progreso… Se propone objetivos, promete resultados, pero… Mira a tu alrededor: las contradicciones se agudizan, las desigualdades se mantienen y crecen, los recursos no se emplean allí donde más se demandan… Analfabetismo funcional, fracaso escolar, listas de espera, déficit público, funcionarios absentistas, chupopteros profesionales, gobernantes corruptos, empresarios subvencionados, paro… Dónde estàn las ventajas? Te quedas con lo aparentemente mejor.

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