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El contrato de seguro y la energía nuclear

abril 5, 2011

La cultura del seguro forma parte de nuestra civilización del bienestar. Desarrollar cualquier actividad especializada, o sencillamente vivir el día a día, llegar a viejo e incluso la eventualidad de una muerte imprevista y prematura, exigen un esfuerzo por prevenir posibles riesgos y sus consecuencias tanto para nosotros, como para terceros que puedan sentirse afectados. El cálculo actuarial favorece que la mutualización de riesgos proporcione una cobertura segura y garantizada con activos y liquidez suficientes. Quienes se aseguran, pero también aquellos que interactúan con estos individuos asegurados, logran prevenir graves quebrantos patrimoniales, compensar la pérdida económica y/o moral, generando así una sensación de tranquilidad y confianza sin la que no sería posible un orden social dinámico.

El debate estriba en si la cultura del seguro debe o no imponerse en determinados ámbitos, dada la importancia de los efectos que tiene la actividad humana en ellos así como su correspondiente siniestralidad. En la automoción, donde la legislación obliga a contratar un seguro mínimo que proporcione cobertura a terceros. Como garantía excepcional, se crea un fondo común destinado a dar protección a quienes sufran daños provocados por conductores no asegurados. El Consorcio de Compensación de Seguros, que se nutre principalmente a través de un gravamen sobre las pólizas de seguro, representa un papel singular en el esquema asegurador español. Su naturaleza o carácter público podrá ser discutible, pero no así su función.

Pensemos ahora en los primeros años de la aviación comercial, donde los accidentes con daños eran mucho más frecuentes que hoy día. Aun con todo, asegurar un vuelo transatlántico únicamente debía tener en cuenta previsibles daños sobre los propios pasajeros, la tripulación, la aeronave, y en el peor de los casos, las instalaciones aeroportuarias, otros aviones en tierra o en aire, y remotamente, y además con un carácter muy limitado, las personas y propiedades situadas en la ruta de transporte. Relativamente pocos daños potenciales frente a una baja probabilidad matemática de que ni siquiera el menos lesivo de los siniestros llegara a suceder. Siendo así, la prima de seguro pagada por las compañías como un coste más de su actividad no suponía (ni supone) un freno considerable a la expansión de la industria. Las inversiones en seguridad reducen exponencialmente la consideración del riesgo asegurable.

Lo que sucede con otras actividades, como en el caso de la energía nuclear, es que los daños, aunque remotos, resultan difícilmente cuantificables por su evidente envergadura. La alta improbabilidad de que el peor de los escenarios llegue a plantearse, no elimina el riesgo, y por tanto, no impide que la garantía patrimonial frente a un siniestro así deba ser inmensa. Los daños producidos por Fukushima, en las propias instalaciones de la central, el lucro cesante en lo que a energía comercializada se refiere, lesiones de todo tipo sobre empleados, la producción pesquera, los desplazados y los contaminados a varios kilómetros de distancia, son enormes. En tanto que sea el Gobierno quien asuma dichos costes no podremos comprobar si, efectivamente, son unos costes asegurables mediante el pago de un prima que permita al empresario nuclear hacer rentable su actividad a precios competitivos con otros tipos de fuentes de energía.

Los riegos de este tipo de industria, por muy remotos que sean, encierran unas consecuencias de alcance prácticamente global. No se trata de un avión con 300 pasajeros que se estrella en medio de una ciudad matando a 500 vecinos, y destruyendo 20 edificios, entre otros daños. Un escape radiactivo puede afectar a un territorio de cientos de kilómetros a la redonda, y lo que es más importante, su impronta se prorroga durante de varios años, decenios, siglos e incluso milenios. Sobre estos daños improbables, pero no imposibles, aún cuando se pudiera establecer un límite cuantificable, resulta muy complicado fijar el cálculo de un prima, establecer cuál debe ser la garantía patrimonial de la mutualidad de riesgos, o cualquier otro elemento propio del contrato de seguro.

Es por ello que la energía nuclear, que es hoy una energía eficiente, barata y limpia en términos generales, parece razonable que más allá de la mera estimación técnica, suscite un debate político sobre su conveniencia en términos no sólo de seguridad, sino de costes en el más amplio y económico sentido de la palabra. Si no asumimos los costes íntegros de nuestras acciones, incluso aquellos que resultan tan remotos que casi los sentimos como inexistentes, nuestro cálculo estimativo de beneficio no se estará ajustando a la realidad institucional en la que vivimos. Si se nos permite evadir ciertos costes, no indemnizar externalidades, o directamente no reconocer la legitimidad de determinados derechos de otros individuos, nuestra acción podría presentársenos como artificialmente rentable.

Para que la industria nuclear conserve su etiqueta de eficiencia, no sólo técnica, sino también económica, debemos plantear una clarificación de las circunstancias que en ella concurren, eliminando todo tipo de intervención que pudiera corromper los hechos tal y como deriven del estricto engarce entre instituciones e interacción libre y competitiva de los distintos agentes. A la demagogia y la superchería ecologista sólo puede vencérsela con una concepción de mercado puro, desnudo, que sirva para justificar, o en su caso desechar, la defensa a ultranza que muchos enarbolan respecto de esta manera de producción energética.

Soy partidario de la energía nuclear, pero no a cualquier precio.

Saludos y Libertad!

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12 comentarios leave one →
  1. Currela permalink
    abril 5, 2011 10:48 am

    El accidente en Fukushima Daiichi no es asegurable, dado que no es un accidente de la planta. Es un accidente inducido por un suceso de “fuerza mayor”, que por definición, no es asegurable. Mire en su contrato de seguro del coche o la casa y verá de qué hablo.

    • abril 5, 2011 2:19 pm

      Primero, sí que se puede asegurar ante ese tipo de eventos, lo que sucede es que la legislación española les concede cobertura a través de consorcio que es quien responde ante los siniestros sufridos por asegurados de compañías privadas. Es decir, aunque tu seguro de hogar no cubra determinadas catástrofes, indirectamente proporciona dicha cobertura mediante el fondo de compensación de seguros.
      Pero en escenarios donde ciertas catástrofes son frecuentes, y puede realizarse cierto cálculo actuarial al efecto, seguro que es mucho más sencillo calcular una prima. Desconozco como funciona esto en Japón.
      Aquí en España tenemos el Consorcio de Compensación de Seguros. En el artículo 9 de su Estatuto se prevé lo siguiente:
      1. El Consorcio asumirá la cobertura del riesgo de la responsabilidad civil derivada de accidente nuclear acaecido en España del siguiente modo:
      -En el caso de que no se alcanzara por el conjunto de las entidades aseguradoras el límite mínimo de la responsabilidad civil prevista en la Ley 25/1964, de 29 de abril, reguladora de la energía nuclear, el Consorcio participará en la cobertura asumiendo la diferencia hasta el límite indicado.
      -Actuará como reasegurador en la forma y cuantía que se determine por el Ministerio de Economía y Hacienda.
      2. A los efectos de este Estatuto Legal, se entiende por accidente nuclear el definido como tal en el artículo 2.17 de la Ley 25/1964, de 29 de abril, reguladora de la energía nuclear.

      Es decir, en España sí estamos asegurados frente a catástrofes nucleares, pero… cuál es el coste que debería asumir el empresario nuclear por este tipo de cobertura. Obviamente el CCS lo distribuye entre todos los asegurados. Este carácter distributivo debería corregirse en favor de una asunción más directa del coste del seguro. La compensación o el reaseguro deben funcionar como lo harían en un mercado libre, con precios y costes de mercado.

      Saludos!

  2. Bastiat permalink
    abril 5, 2011 1:21 pm

    A diferencia del comentario que he colgado en el comentario de José Carlos Herrán, y espero que publiquen a no mucho tardar, aunque eso parece difícil, parecen funcionarios los moderadores del IJM, tú planteas muy elegantemente el asunto de los costes de la energía nuclear desde el punto de vista de asegurar el riesgo. Lo cierto es que para asegurar algo hay que cuantificar la probabilidad de que ese riesgo se cumpla, y los costes derivados del mal funcionamiento y de que se incurran en daños a terceros, como en el caso de los accidentes de coche.

    Pero para poder cuantificar la prima, y los costes debe haber conocimiento sobre el alcance real de los daños y, en este caso, de la responsabilidad de que se produzcan.

    Y ahora estamos ante una situación de accidente, de mal funcionamiento y podremos comprobar con un caso real el alcance de los riesgos, los daños y las cuantías.

    Ahora los seguros si van a tener constancia de esos datos.

    Es una magra consolación ante tamaña catástrofe

    • abril 5, 2011 3:08 pm

      Creo que sí se puede asegurar casi cualquier previsión de daños que puedan derivarse de un fallo técnico (da igual que la causa sea la impericia de un operario, la falta de inversión en sistemas de seguridad, revisiones, o circunstancias por el estilo, o un terremoto, un ataque terrorista o un maremoto) ocurrido en una central nuclear. La cantidad de ahorro que podría dar cobertura ante ese tipo de siniestros exige recurrir al reaseguro, o la integración en fondos de compensación. La prima sería previsiblemente baja en proporción a la inversión en seguridad. El resultado es parecido al de ahora, pero no igual, ni tan eficiente: el gobierno de Japón pagará vía impuestos y déficit todos los costes derivados del accidente en Fukushima. Para ello no sólo se endeudará, sino que tendrá de desviar multitud de partidas presupuestarias a ese nuevo destino. Con un buen sistema de compañías de seguro, bien provisionadas, con activos sólidos y una liquidez aceptable, mediante el reaseguro o la compensación, podría darse respuesta suficiente sin que por ello se produjese la ruina de una nación o la quiebra de su Estado.
      Sin un mercado de seguros libre y dinámico, ni se clarifican los costes (no sabemos cuánto cuesta realmente la energía nuclear, y por tanto, desconocemos si es el mejor uso que podemos darle a nuestros recursos), ni se crea un sistema sostenible y eficiente que propicie la reducción de dichos costes y, en el peor de los escenerios, una cobertura solvente que no paralice por completo la economía de un país.
      Saludos!

  3. A.Chena permalink
    abril 5, 2011 3:30 pm

    Al principio de los años 50 las aseguradoras norteamericanas se negaron a asegurar las plantas nucleares. Fue cuando papa Estado creo una ley de responsabilidad limitada cuando las aseguradoras (que solo tendrían que pagar hasta cierto límite) aceptaron asegurar las centrales. Esto no lo deberían olvidar nunca esos liberales que últimamente tanto defienden la energía nuclear.
    Energía nuclear sí, pero con plena responsabilidad.

    • abril 5, 2011 8:04 pm

      Estoy de acuerdo. Pero creo que en un mercado libre, sin reserva fraccionaria y esas cosas, las aseguradoras, dedicadas a todo tipo de eventos asegurables, consolidarían un patrimonio suficiente para que, como he dicho, incluso la producción de energía nuclear fuera asegurable. Con dicha garantía enorme, a través de sistemas de compensación y reaseguro, la prima de las centrales sería relativamente asequible. Como coste de producción conviviría con la necesaria inversión en seguridad, la incontestable eficiencia técnica de este tipo de industria, y la competencia directa con otras fuentes de energía. Sin Estado interviniendo en este ámbito, salvo en el detalle de exigir cierto nivel de cobertura, garantía patrimonial y mínimo de seguridad, el mercado clarificaría mejor los costes y beneficios de la energía nuclear.
      Lo que alguien tendría que estudiar aquí es si el Consorcio de Compensación de Seguros contribuye o no a clarificar los costes de los que hablo. El artículo 9 de su Estatuto establece lo siguiente:

      1. El Consorcio asumirá la cobertura del riesgo de la responsabilidad civil derivada de accidente nuclear acaecido en España del siguiente modo:
      -En el caso de que no se alcanzara por el conjunto de las entidades aseguradoras el límite mínimo de la responsabilidad civil prevista en la Ley 25/1964, de 29 de abril, reguladora de la energía nuclear, el Consorcio participará en la cobertura asumiendo la diferencia hasta el límite indicado.
      -Actuará como reasegurador en la forma y cuantía que se determine por el Ministerio de Economía y Hacienda.
      2. A los efectos de este Estatuto Legal, se entiende por accidente nuclear el definido como tal en el artículo 2.17 de la Ley 25/1964, de 29 de abril, reguladora de la energía nuclear.

      Lo que hay que intentar es que esto sea real.

      Un saludo!

  4. Bastiat permalink
    abril 6, 2011 12:17 pm

    Yo soy uno de los convencidos que un eficiente sistema de seguros dentro de un mercado libre es mejor garantía de seguridad en cualquier actividad humana que la intervención del Estado en cualquier campo.

    Lo que quería decir, es que en este momento sí estamos en condiciones de evaluar coste ante daños producidos por un mal funcionamiento de una determinada industria, que hasta el momento no habría sufrido un accidente similar, porque ni Vandellós ni Three Mile Island alcanzaron la gravedad de Fukushima y, sobre todo, ahora se pueden evaluar los resultados de las defensas existentes, los protocolos de seguridad y actuación y mejorar todo ello en la medida de los posible.

    Y estos dos aspectos, el coste de las indemnizaciones, aspecto fundamental por lo que uno se hace un seguro, el coste de reposición de lo dañado, que interesa más a la empresa para cubrir su pérdida, eso es sí, pero igualmente, el incidir cobre la capacidad de los seguros en la responsabilidad de ser auditores de los sistemas de seguridad de aquello que están asegurando. Digamos como si fueran los inspectores independientes y mucho más interesados en que la seguridad sea la máxima puesto que ellos serían los que pagarán los daños.

    De esta forma evitaríamos una de las lacras de la intervención estatal que es la posible corrupción en la inspección que algo de ello ha tenido que haber en el caso de TEPCO.

  5. abril 6, 2011 7:42 pm

    Tal como señaló Andreyev en la Vanguardia (http://www.lavanguardia.es/internacional/20110317/54129422489/andreyev-en-la-industria-nuclear-no-hay-organismos-independientes.html) el problema es de costes, entre los que incluiremos los seguros. Desde este punto de vista me parece que, simplemente, una nuclear con unos mínimos de seguridad no resulta nada rentable. Por eso están los estados detrás, por que ninguna empresa privada está dispuesta a asumir los costes. Así de simple.

    ¿Por qué no se acerca a este interesante debate acerca de lo acaecido en Fukushima? http://www.lapaginadefinitiva.com/2011/03/14/festival-nuclear-del-humor/

    Un saludo

    • abril 7, 2011 7:32 am

      ¿Cómo puedes afirmarlo así, con tanta seguridad? Yo no lo sé, es más, creo que incluso el riesgo puede asumirse a un coste relativamente bajo, siempre y cuando exista una garantía patrimonial suficiente gracias a un mercado del seguro libre y eficiente.

      • abril 13, 2011 2:39 pm

        Lo afirmo en el sentido de que tras 50 años, todavía no hay ninguna empresa privada que se haya hecho integralmente responsable de una sola central, por ejemplo al decidir construir una. De que para justificar su rentabilidad se están realizando actividades peligrosas, como el almacenamiento al aire libre del Uranio empobrecido, que quiero recordar es estupendo para crear armas genocidas. De que existe opacidad informativa acerca de las medidas de seguridad reales a las que están sometidas y que son la parte del león de los gastos de mantenimiento. Para ejemplo contundente, las negligencias y engaños alrededor de la gestión de Fukushima. De que los seguros son claramente insuficientes, dados los efectos de un accidente mayor… No es nada, pero nada difícil, concluir que esto de la fisión no sólo no es viable, es que es indeseable.

        Me pregunto, aquí y en cualquier lugar dónde he expresado mi opinión, acerca de cómo se van a acordar nuestros descendientes, y no para bien, de nosotros. Por dejarles un peligroso legado radiactivo que va a durar 200.000 años. Si es que para entonces existe la humanidad.

        Dada la naturaleza de las decisiones políticas y energéticas al respecto, dudo muy mucho de que en el fondo se haya tomado en serio esta consideración. Y acaso siempre quedará el riesgo de que un fallo perjudique a un numero indeterminado de personas. Como mínimo, las medidas de seguridad frente a un uso militar-terrorista tanto de objetivos como las centrales, o de las ubicaciones de residuos, ya supondrá un gasto extraordinario, especialmente teniendo en cuenta que no se podrá bajar la guardia durante generaciones. Al menos hasta que a alguien se le ocurra algo para deshacernos de la patata caliente.

        Así que por un poco de electricidad yo no veo más que gastos y dolores de cabeza. Por número estadístico, el siguiente accidente grave podría ser en Francia, veremos lo que dicen entonces las autoridades.

        Opino que precisamente la escasez energética debería ser un acicate para desarrollar otras soluciones. Ya sean nanocélulas de combustible, espejos solares o bacterias secretoras de hidrocarburos. Y en este sentido sí creo que España debería apostar y fuerte.

      • abril 14, 2011 1:13 pm

        Es una opinión muy sensata. Desgraciadamente nuestro sector energético no es libre, los precios no incentivan la investigación, si no el calculo político, generalmente corrompido por intereses e ideas que en nada favorecen la investigación en líneas realmente prometedoras y alternativas.
        Un saludo!

  6. Xaviar permalink
    abril 22, 2011 3:46 pm

    Como pequeño comentario al post de Currela, aunque generalmente en nuestro sistema jurídico la responsabilidad se basa en culpa, lo cierto es que hay actualmente un progresivo avance hacia sistemas de responsabilidad objetiva en determinados ámbitos. Ya te ha citado yosoyhayek, muy acertadamente, por cierto, los supuestos de responsabilidad en la Navegación Aérea, que son indemnizables por daños incluso en supuestos de que el accidente sobrevenga por caso fortuito o fuerza mayor.

    Esta responsabilidad objetiva se basa en las teorías de riesgo-beneficio. Si tú estás aprovechándote de los beneficios que una actividad que origina un riesgo produce, también has de soportar los daños que de este mismo riesgo se derivan. Es cierto que en ámbito de la responsabilidad nuclear, la Ley de Energía Nuclear y el Reglamento sobre Cobertura de Riesgos de Daños Nucleares eximen al explotador de responsabilidad en caso de un supuesto de catástrofe natural imprevisible o conflicto armado, pero eso no significa que no pudiese exigirse la responsabilidad. Que no se haga no significa que sea imposible.

    En cuanto a Ashigaru, la verdad es que si bien es cierto que hay componentes que aguantan miles de años desprendiendo radioactividad, estos son precisamente los elementos con una semivida más amplia, y los menos peligrosos para el ser humano y el medio ambiente. Un ataque en un depósito de residuos nucleares de Siberia apenas produciría efectos graves si se produce pasada una buena cantidad de años desde que se produjo el depósito. Los residuos más peligrosos son los que tienen una semivida corta, precisamente porque expulsan la misma radioactividad que los otros elementos, pero en vez de en 1000 años, en 10.

    A parte, no veo yo muy acertado que para evitar una posible contaminación en una zona despoblada por fallo del depósito (véase Siberia, o, siendo más radicales [y se podría hacer, aunque no se si siendo rentable] la Antártida) debamos continuar con los combustibles fósiles, que simplemente lo contaminan todo indiscriminadamente. Prefiero una “zona de residuos” concreta y controlable, aunque ocupase mucho espacio, a contaminar el planeta entero. La cosa es si, por un poco de electricidad como tú dices, resulta más rentable, más ecológico y más seguro una cosa o la otra.

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