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Redecadencia

abril 12, 2011

Pocas naciones son tan sensibles a la decadencia como la española. De ser un tigre hemos pasado a cumplir a la perfección el rol del pobre gatito atropellado. Aznar vivió los años dorados de nuestro reajuste expansivo. Podríamos haber frenado a tiempo, pero a nadie le interesó, menos aún a Zapatero, ávido de bonanza con la que justificar sus estragos políticos y morales. Pero el juguete se rompió y de nuevo la decadencia sirve de excusa para que todos volvamos la vista cuando nos hablan de España. El que más o el que menos, en Cataluña o en Madrid, es víctima, cada uno a su manera, de la pérdida paulatina del orgullo o la autosatisfacción que hace apenas un lustro permitía a muchos creerse la mentira del expansionismo perpetuo. Resulta que España ya no es la octava economía del mundo, ni siquiera la novena. Tenemos la posición más gafe del ranking artificioso que posiciona a las naciones como un todo en función de su PIB. Somos la decimotercera potencia en paridad de poder de compra, que viene a ser la versión menos cochambrosa de esta fórmula. Lo cual no es debido al decrecimiento económico, sino a que hay otras naciones que crecen exponencialmente mientras la española vive estancada desde hace 3 o 4 años. La decadencia no es tal si se comprende que los países que escalan posiciones, superando incluso a las viejas glorias europeas, son “potencias emergentes”, muchas de ellas súper pobladas, con superabundancia de materias primas, y que gracias a la globalización y a cuatro reformas, están recibiendo a manos llenas las ventajas del libre mercado. Lo triste es que hasta las noticias que no deberían afectarnos, contribuyen a deprimir mucho más el ánimo nacional de los españoles. Fue Aznar quien quiso equiparar nuestro PIB a nuestra presencia internacional, en casi cualquier frente que pudiera abrirse. Fue Zapatero quien se jactó de superar en pib per cápita a los italianos, estar a punto de hacerlo con los franceses, o de tener más PIB que Australia y Canadá. La “Champions League de las economías del mundo”. En ella estamos, efectivamente, y no debe extrañarnos que China, con sus 1400 millones de habitantes y su tremendo ascenso supere en breve a los mismísimos EE.UU. El mundo libre, o más libre, tiene estas cosas, que redundan en beneficio de todos los individuos que habitamos este planeta, si los gobiernos no meten la patita o se empeñan en mantener distorsiones y taras institucionales graves. La chorrada de medir la economía en términos agregados tiene sentido en clave de juegos de guerra y poco más. Las naciones, en paz, se miden en campos deportivos y pistas de atletismo. Curiosamente España ha brillado en el deporte rey cuando peor le iban las cosas en todo lo demás, y quizá haya sido la impronta que tuvo nuestra victoria en el mundial lo único positivo o a contracorriente en esta nueva espiral de decadencia y descomposición que padecemos. Zapatero, por un lado presumía de indicadores, mientras que por otro les hacía la cama a los nacionalistas, que son junto con sindicatos y partidos políticos en general, los particularismos que más hacen peligrar la unidad social y política española. Otros países hacen su travesía por el desierto sin espasmos secesionistas o debates identitarios. Esto no quiere decir que no exista en su interior suficiente materia prima para generar procesos similares a los que vivimos en España. Nuestro sino, por lo que parece, es el de ver siempre la botella medio llena, sumidos en la propia conciencia de una decadencia que posiblemente no haya sido nunca tan grave ni tan insuperable, sino que sencillamente se nos antojaba y antoja como parte integrante de nuestro propio ser nacional. Un sentir acomplejado que deriva, en según qué ambientes o realidades, en nacionalismos y regionalismos que poco a poco acaban creyéndose entes autónomos, obviando la realidad que los hace meras protuberancias, costras o carcinomas con idéntica genética del cuerpo corrompido del que pretenden desprenderse. La decadencia española no es particional, sino gangrenante, duradera y de incierto desenlace. A eso no ayuda que se trate de alimentar el orgullo patrio con nimiedades desprovistas de sustancia. Zapatero hizo el ridículo entonces y lo hace ahora, marchándose como si nada con la casa sin barrer, revuelta y agitada.

Saludos y Libertad!

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4 comentarios leave one →
  1. ATR permalink
    abril 12, 2011 11:43 am

    Un artículo muy pesimista, muy a tono con el pesimismo de otros que ya reflexionaron sobre esa parada cíclica de nuestra España en el sumidero de la Decadencia; muy a tono, también, con nuestra realidad económica presente y con el mal incomprensible de los nacionalismos, que afilan sus dientes más que nunca ahora, precisamente ahora que no deberíamos entretenernos con nimiedades. Cada loco con su tema, dicen, pero es que no me consta que nosotros nos hayamos centrado todavía en el nuestro seriamente.

    Un saludo

  2. inxs5000 permalink
    abril 12, 2011 1:31 pm

    Decimotercera, no treceava.

  3. abril 18, 2011 7:41 pm

    Bueno, en algo estamos de acuerdo. Desde luego el papelón de Zapatero da para escribir el guión de una comedia. Pero nadie podrá negar que el aspirante a “califa en lugar del califa”, tampoco se queda corto. Vaya, que en estos momentos existe en España un índice de mediocridad política que asusta. Lo cierto es que el estamento político ha fallado miserablemente en pergueñar un estado mínimamente funcional. Un ejemplo de ello es mi pregunta acerca de qué ha pasado con los cientos de millones de euros que las regiones más desfavorecidas de España han recibido. No sólo de otras CCAA, también de los fondos de cohesión europeos.

    Lo cierto es que han servido para proyectos estelarmente inútiles, como el AVE Sevilla-Madrid. Por que lo que es generación de condiciones para el desarrollo económico brillan por su ausencia. Pero bueno, esto es común a toda España, nación a la que doy ya por perdida. Sólo espero que cuando se produzcan los primeros conatos de secesión, las partes se comporten civilizadamente.

    Y hablando de secesióm, en Cataluña está Mas, que como dijo un contertulio, protestará enérgicamente cuando violen, económicamente se entiende, a los catalanes, pero no hará absolutamente nada. De ahí que la tendencia secesionista va a seguir creciendo, y CiU sólo podrá salvar la cara si consigue algo que se parezca a un pacto fiscal. Le recuerdo que según estimaciones del propio gobierno el déficit fiscal catalán se situa en 18.000 millones de euros, 3 billones de las antiguas pesetas. Y 22.000 millones según cáculos de la Generalitat. Con este argumento hasta los empresarios catalanes se preguntan para qué seguir en España. Así que pintan bastos.

    Adicionalmente leo que los finlandeses parecen poco dispuestos a financiar los rescates de los PIIGS. Si Portugal les parece una ruina, imagínese que dirán si le llega el turno a España.

    Creo que hace falta una regeneración a fondo de la clase política. La que hoy detenta el poder en el gobierno y en las CCAAs ya ha demostrado suficientemente su ineptitud. Es una pena que no haya partidos ni a izquierda ni a derecha que propongan soluciones coherentes. Están demasiado preocupados con mantener sus poltronas como para examinar los problemas objetivamente. Y lo que es peor, demasiado obcecados con sus mantras como para ver más allá de sus narices.

    Ante la crisis espantosa, que como también leo, parece que promete jugosos capítulos en los EEUU, me parece que hay que dejar los dogmas a un lado y ser pragmáticos. Desde luego, para un liberal de pro, que el mercado esté plagado de leyes trucadas a favor de negocios ineficientes. Que los políticos no sólo no trabajen por la transparencia, si no que además se nutran de la opacidad con la que operan gestionando sus cuotas de poder… todo esto no lleva ni a la libertad ni a nada. Sólo al gobierno de oligopolios que se mantendrán arriba aún al precio de hundir el medio en el que se hallan.

    Me quedan pocos días en España, tal es mi desconfianza en el futuro aquí. Antes me daba rabia y pena. Ahora creo que, simplemente, lo han permitido.

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