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14 de abril: Viva la República!

abril 14, 2011

España ha sido especialista en viciar o dejar pudrirse todos los intentos dignos por modernizar su organización política o aprovechar los diferentes caminos para limitar el poder del Estado. No nos engañemos, entre unos que patrimonializan todo aquello que les sirve como excusa para encubrir sus proyectos totalitarios o de disenso, y otros que son incapaces, llegada la hora de la verdad, de hacer suyos los valores liberales de la moderación, casi cualquier intento por hacer de España un referente internacional, ha terminado fatal. Sólo el conocido como “espíritu de la transición” puede enorgullecernos como nación política, aunque visto su irresponsable abandono por parte de la izquierda, resulta sencillo intuir que hemos vuelto a las andadas.

El 31 de abril de 1931 sucedió algo magnífico, el advenimiento de la Segunda República. Un día glorioso que fue quizá el único que duró el nuevo régimen. Banderas republicanas por doquier en un Madrid ejemplar y exultante…

Yo ese día, habría sido republicano. Algunos se empeñan en explicarnos aquellos 5 años de cambios, inestabilidad y revolución totalitaria como si la República fuera cosa sólo suya. No se dan cuenta de que la clave de la política es saber contar con el otro. Lo dijo Ortega, y quedó grabado a fuego como la carencia más importante de la convivencia entre españoles. La excusa republicana, como decía, sirvió a cada totalitario para enmascarar su particular proyecto de dominación bajo la enseña de la reforma y la libertad. Hoy sucede lo mismo, por cuanto que los únicos que se divierten coloreando sus algaradas con la tricolor republicana son tan socialistas, intolerantes y radicales como lo fueron sus antepasados del frente popular. La República murió cuando una parte no aceptó la alternancia en el poder, cuando ese mismo bando quiso estigmatizar personas, partidos e instituciones como antirepublicanas, llevando el régimen mismo a su ineluctable colapso. 1933, 1934 o 1936, poco importa en qué momento exacto la emocionante aventura de modernidad acabó en manos del totalitarismo y el cainismo más atroz.

Si hace 80 años mi corazón hubiese sido republicano, no sé si en 1939 me habría o no quedado. Lo cierto es que por necesidad, convicción o pura indiferencia, lo hicieron la inmensa mayoría de los españoles. Y la vida siguió bajo un nuevo régimen que se hizo a imagen del anterior sirviéndose de sus descalabros, disensos y venganzas para consolidar una dictadura en la que muchos republicanos prefirieron llorar su amargura antes de recurrir a viejos aliados para luchar nuevamente por su sueño convertido en pesadilla. Eso es España, por mucho que le pese a tanto analfabeto que ahora cree saber algo por llevar Público doblado bajo su brazo. Podrán repartir camisetas y alimentar mitos, pero nunca lograrán que la historia se ajuste a su ficción particular sobre los hechos. De relatos épicos están llenos los discursos más peligrosos que ha conocido el Hombre. El revisionismo de hoy pretende revivir esas mismas viejas taras que condujeron a la buena República al agujero de una guerra entre hermanos. Ese es el legado que quieren remozar ahora que todo es gratis, todos tenemos de todo, y parece indiferente escupirle en la cara a quien se tercie con tal de mantener una imagen perfectamente estudiada de progre irreverente.

En “Cuatro historias de la República”, con textos de Josep Pla, Manuel Chaves Nogales, Julio Camba y Gaziel, puede encontrarse una lectura conveniente e ilustrativa para celebrar con calma y reflexión el que será por siempre un gran día en la Historia de España.

Saludos y Libertad!

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6 comentarios leave one →
  1. ATR permalink
    abril 14, 2011 8:25 pm

    En el supuesto de que hubiese una Tercera República espero que el texto constitucional fuese menos chapucero que el de la del 31. Mi único temor es que, si algún día se reforma la Constitución, esta va a ser como los planes educativos en el país: todavía peor que la precedente, y acuciada por las “deudas” intelectuales (las ansias proyectadas por una izquierda que quiso y quiere apropiarse de la verdad absoluta) con la del 31. Es decir, que se llegará a una suerte de confederación de Estados, o de países, o a cualquier engendro neofederalista.

    • abril 15, 2011 1:24 pm

      En ese aspecto, la del 31 era menos dada al abuso y la disgregación que la del 78. Pero estas cuestiones no dependen tanto de lis limites formales como del ánimo político y los sentimientos colectivizados. La CE republicana no era peor que la del 78, si más radical en dos o tres cuestiones q entonces eran graves pero que hoy nos producirían indiferencia a la mayoría. Era una constitución De disenso justo por esos cuatro puntos controvertidos. El régimen habría durado sin ser en lo institucional sustancialmente muy distinto, si se hubiera contado con la derecha desde al menos 1933.

    • abril 15, 2011 1:30 pm

      Por otro lado creo que se mitifica la idea misma de república, como si todo dependiese de que una jefatura de estado sin facultades políticas efectivas estuviera en manos de un cargo electo con regularidad, y no de un rey sometido al refrendo sucesivo del régimen en su totalidad. No es lo mas grave. Ya república se define por los limites del poder publico, por tender al no-estado. Desgraciadamente el republicanismo continental heredó gustoso el absolutismo monárquico creando la partidocracia democrática. En esos términos, yo no soy republicano.

      • ATR permalink
        abril 15, 2011 1:53 pm

        Jeje, no podían faltar los matices antijacobinos…

        Pero echo de menos una concreción en cuanto a esos puntos radicales (hoy, al parecer, sin importancia) a los que te refieres como de pasada.

      • abril 15, 2011 7:05 pm

        Bueno, la del 31 fue una constitución muy avanzada para su tiempo, en cuanto a derechos “sociales” e intervención económica. Las constituciones de finales de los cuarenta, en la posguerra, fueron incluso más lejos que la republicana. La nuestra del 78 define mejor los ámbitos de regulación social y económica, pero reproduce casi punto por punto las previsiones de aquella.
        Es radical porque su aconfesionalidad es además anticlerical, persigue a los jesuitas y constriñe a las ordenes religiosas… Luego sigo

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