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Líderes y Partidos

junio 6, 2011

Russell distinguió tres tipos ideales en lo que se refiere a la relación humana con el poder político: caudillos, secuaces y “los que se apartan”. Decir que la casta política pertenece al grupo de los “caudillos”, mientras que el resto de la ciudadanía se reparte entre “secuaces” y aquellos que “se apartan” es extraordinariamente impreciso. Primero porque caudillos son pocos, poquísimos, incluso dentro del orbe del activismo político. En los partidos o agrupaciones de cualquier tipo, la inmensa mayoría de los miembros reproducen a la perfección el patrón definido de “secuaz”. Es más, son infinitamente más secuaces quienes militan en un partido a las ordenes de uno o varios caudillos, que el resto de ciudadanos, por muy pasional que sea su particular experiencia política en el día a día. “Los que se apartan” no siempre se quedan en casa cuando toca votar, o huyen de los debates y la controversia entre propios o extraños. Pero vayamos a lo que nos interesa, el tema de este comentario: líderes y partidos.

Nuestro régimen político, tan extenso e intervencionista, genera la necesidad de que los partidos políticos mayoritarios, o partidos de gobierno, mimeticen su propia estructura con aquella que aspiran dominar algún día. Se trata de organizaciones donde miles, decenas de miles e incluso cientos de miles de afiliados, compiten por alcanzar puestos de gestión y control internos, que no siempre han de servir como trampolín para puestos de idéntica relevancia, esta vez dentro de la administración del Estado. Tenemos a un puñado de caudillos que domeñan y aborregan a miles y miles de cabezas. No todos ellos llegan a vivir gracias a su militancia, pero gran parte del poder que terminan reuniendo esos caudillos depende de su capacidad para liderar una estructura dispensadora de puestos de responsabilidad. Surge entonces la figura del político funcionario, el político secuaz, un tipo singular de burócrata cuya naturaleza puede explicarse a la perfección integrando las ideas de Mises y Weber.

Si aplicamos esta sucinta radiografía política a los recientes, y aún vivos, sucesos del PP asturiano, comprobamos como estamos manejando una buena teoría. La partición de los cuadros internos del PP entre aquellos que prefirieron mantenerse fieles al partido y sus direcciones regional y nacional, representan algo menos de la mitad del apoyo potencial que tuvo la derecha en las elecciones autonómicas y municipales del 22m. La otra mitad, aproximadamente, prefirió apostar por una aventura personalista donde Cascos aparecía como gran caudillo presuntamente independiente. Se le unió medio partido y, llegado el momento, también la mitad del electorado favorable a las tesis conservadoras.

Eso son los partidos en España: no sólo maquinaria, siglas y colores que despiertan pasiones y suscitan adhesiones inquebrantables entre la ciudadanía. Los partidos son también sus líderes, la imagen de un caudillo visible que inspire seguridad e iniciativa entre sus virtuales seguidores. El régimen descompositivo que protagoniza la partidocracia del Estado de Bienestar, resiste gracias a la dirección de implacables dictadores. Los fallos de Rajoy al frente del PP, dejando que las crisis se pudran, resolviendo mal cismas como el navarro o el asturiano, o no refundando contubernios como el valenciano, dejan en evidencia una curiosa manera de concebir y administrar su liderazgo. Son muchos los que desde fuera, pero también desde dentro de su partido, advierten que la pata que hace tambalearse las posibilidades electorales del PP nacional es precisamente el anómalo caudillaje que representa Rajoy.

Curiosamente en las próximas elecciones generales tendremos frente a frente a dos líderes desprovistos por igual de las dotes y las bazas organizativas que en otros sí ayudaron a consolidar férreas dictaduras. Rubalcaba no maneja el PSOE porque el PSOE sea sabe a la deriva. Tampoco maneja el gobierno porque Zapatero ha conseguido resistir con la esperanza puesta en que su mandato no concluya sin culminar su idilio con ETA. Rubalcaba es la mejor baza de aquellos que sí tienen poder dentro del Partido, pero también la única esperanza del resto de “políticos funcionario”, que serían los grandes damnificados ante una derrota socialista. No es un caudillo, sino un agente al servicio del interés de todos. Rajoy, sin embargo, es la constatación de que en el PP no quedó resuelta la marcha de Aznar. Porque si tanto este último como Zapatero o Felipe González, fueron grandes caudillos, (sólo superados en esas lides por el caudillo nominativo de Ferrol), Rajoy se parece más a Suárez, mientras que Rubalcaba viene a ser una versión mucho más aguerrida que la original, pero en su caso, de Calvo Sotelo.

Las próximas elecciones pueden hacer saltar a España.

Saludos y Libertad!

8 comentarios leave one →
  1. junio 6, 2011 10:06 pm

    Pues yo creo que son los dos un par de Calvo Sotelos.

  2. ATR permalink
    junio 7, 2011 8:06 am

    Tu radiografía de los líderes del momento es más que acertada, pero no tiene tanto que ver el hecho de que sea un estado “extenso e intervencionista” pues, siéndolo igualmente en otros países, se aprecia una mayor madurez y capacidad de los líderes de los mismos. Es decir, no entiendo la relación directa entre una cosa y la otra.

    • junio 7, 2011 1:16 pm

      España es un país en el que mola más pertenecer a uno de dos bandos (llámense PP/PSOE, Real Madrid/Barça, homo/hetero, antiIglesia/proIglesia, proaborto/antiAborto) que exigir curriculum y profesionalidad en las funciones políticas y sociales.

      Si a los políticos (en democracia, claro está) se les tratase como lo que deben ser –es decir, como profesionales a los que se les contrata para resolver una serie de problemas, igual que uno contrata a un fontanero para arreglar las cañerías– y no se les rindiese pleitesía como a monarcas o a estrellas del rock, otro gallo nos cantaría.

      Sólo hay que echar un vistazo a los “programas” electorales para saber de qué va el cotarro. Si alguien juntase todos los programas y eliminase las referencias a los partidos, probablemente lo tendríamos muy difícil para distinguir unos de otros, pues prácticamente todos utilizan propuestas muy vagas y generales que se limitan a “vamos a arreglar la economía”, “crearemos tropecientos mil puestos de trabajo”, “la culpa de esta situación la tiene el partido X”, etc. etc.

      Como muestra de lo devaluada que está la política en este país, sólo hay que echar un vistazo a cosas como ésta:

      http://elmundodetrasdelcristal.blogspot.com/2011/05/el-pp-canario-utiliza-zapatero-como.html

      (que se trate del PP no tiene ninguna relevancia: podría haber sido cualquier otra fuerza política).

      ¿Se imaginan ustedes a un fontanero contratando un anuncio que, en vez de ofertar sus servicios y la calidad de los mismos, se dedique a machacar al colega de al lado?

      Así nos va…

      Saludos.

    • junio 7, 2011 3:33 pm

      ATR, lo primero es la teoría, que es general y abstracta, lo segundo es una aplicación parcial a los resultados electorales de Asturias, y lo último un comentario de los hechos, en concreto, sobre líderes políticos con nombres y apellidos. Es decir, la teoría es que cuanto más extenso e intervencionista es un Estado, más intensa será la tendencia a que se forme una casta que exceda la mera vocación polítiva de la que hablaba Weber. Esto, aplicado a la más general teoría de Russell, e introduciendo matices misianos sobre el tema de la burocratización o regimentación de la sociedad, nos proporciona la teoría expuesta. Pero no interpretes que mi crítica a Rajoy y Rubalcaba comprueba el contenido de la teoría, porque lo cierto es que si relees el post de nuevo, son dos argumentos independientes.
      Un saludo.

      • ATR permalink
        junio 7, 2011 3:54 pm

        Perfectamente captado.

  3. junio 7, 2011 3:34 pm

    Lo que critico es la falta de un liderazgo consistente tanto en Rajoy como en Rubalcaba, y los efectos que esto puede tener en unos resultados electorales, a la luz de lo sucedido en Asturias.

    • ATR permalink
      junio 7, 2011 3:53 pm

      Sí, pero los del PSOE saben que después de las elecciones Rubalcaba se va a la calle. En las próximas, la federalista Carme Chacón (por cierto, de origen andaluz por parte de padre) será la nueva líder. Me ha sorprendido la endeblez de Rubalcaba como líder, si te soy sincera. Lo esperaba más vigoroso. A lo mejor es una pose, pues astucia no le falta. Pero de la derrota electoral no le salva nadie. Eso sí, será menos abultada de lo que se espera.

      • junio 8, 2011 7:23 am

        Estoy de acuerdo, aunque tengo mis dudas sobre el futuro del PSOE tras una presumible derrota en las generales. Esta crisis ha puesto en jaque su modelo “social”, quizá opten por la unidad del Estado de Malestar antes que por su insostenible desintegración financiera.

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