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Democracia económica

junio 27, 2011

La única democracia económica viable se llama libre mercado. En él son los consumidores quienes determinan el éxito empresarial y el destino de la producción. Su alternativa, más allá de versiones intermedias, se llama socialismo. Quienes pretenden confundir con sus proclamas esta evidencia, haciéndolas pasar por novedosas y ciertamente contrastadas por sabios y expertos, olvidan que en el orden económico no ha lugar a lo que en ciencias políticas se denomina Imperio.

Los agentes que intervienen en el mercado, intercambiando bienes, persiguiendo fines particulares, y definiendo las instituciones sociales de forma no deliberada y a través de las consecuencias no queridas que se derivan de sus acciones racionales, no actúan imponiendo al otro cierta posición de absoluta sujeción.

El imperio, como poder inapelable, excluyente y absoluto, es una manifestación genuina del poder político. En el mercado las relaciones sociales se definen en función de otro factor, el  dominio, que se define por no ser necesariamente absoluto, ni inapelable o excluyente, y nunca referirse a personas, sino exclusivamente a cosas.

La propiedad, partiendo de una esencia relativamente clara y definida, evoluciona como institución garante del interés particular, la libertad individual y el orden jurídico, pero no de forma dogmática e inalterable, sino como una institución dinámica y flexible, pero consistente.

Hablar de democracia económica excluyendo por completo el principio propio del libre mercado, que hemos llamado “soberanía del consumidor”, subvierte el orden económico sometiéndolo completamente a lo político. En la teoría de órdenes, sólo el Derecho, u orden jurídico, somete al económico, y nunca a la inversa, quedando el orden político como factor de intervención capaz de corromper la lógica propia de cada orbe o ámbito de acción y conducta humanas.

Si entendemos democracia económica como la posibilidad de que la política interfiera en lo económico, a través del ejercicio del Imperio, bien de forma directa, o indirectamente transfiriendo dicho imperio a determinados agentes en forma de concesión o privilegio, queda deslegitimada la soberanía del consumidor y el dominio plural. Cuando esto sucede, el individuo pierde la capacidad de ser él, y no el Estado, quien, persiguiendo sus propios fines, mostrando sus gustos e intereses en el mercado, determine el éxito o el fracaso empresarial, o el destino de la producción, siempre orientada en función de los fines que son más valorados por los consumidores.

La alternativa es lo que denuncian incluso los mayores enemigos del libre mercado, y ahí radica el problema. Oligarquías, grupos de presión, corrupción, burocracia, mercados sobredimensionados que generan burbujas durante años provocando crisis sectoriales y/o generales, con los efectos que todos conocemos… Los abanderados del cambio y la indignación olvidan lo fundamental, y en sus propuestas, mezclando ideas o errando en la identificación de quienes son los enemigos reales del bienestar de los ciudadanos , caen en contradicciones que corrompen incluso lo poco bueno que podría encontrarse en sus manifiestos y conclusiones.

Saludos y Libertad!

16 comentarios leave one →
  1. Bastiat permalink
    junio 27, 2011 9:53 pm

    Como siempre muy buen comentario, YSH, y ya e vale pasarte por algunos sitios a riesgo de salirte una úlcera….

    Pero como no soy de los que ando por ahí haciendo entradas para alabar los escritos de otros me gustaría que me aclararas estas frases:

    “En la teoría de órdenes, sólo el Derecho, u orden jurídico, somete al económico, y nunca a la inversa, quedando el orden político como factor de intervención capaz de corromper la lógica propia de cada orbe o ámbito de acción y conducta humanas.”

    ¿Por qué el orden jurídico, el derecho, somete al económico? ¿Te refieres al poder económico que ha de someterse a la ley, o estas justificando que mediante el derecho, institución a día de hoy fundamentada en el orden político, intervenga el lo económico alterando la libertad de contratación que es, o debería de ser, lo que garantizara el orden jurídico, el respeto a los contratos?

    Lo digo porque me parece una cierta contradicción según lo dices.

    • junio 27, 2011 10:24 pm

      Siempre que aludo al “Derecho” lo interpreto como institución social evolutiva, nunca como legislación producto del poder político. Una puntualización necesaria, Bastiat. Gracias!

  2. julio permalink
    junio 28, 2011 7:33 am

    Proyecto para una Constitución Universal: “Artículo 1º y único.- Todo es mera mercancía, o susceptible de ser considerada como tal.”
    Tiene la ventaja de que es breve y muy clarita.

    • yosoyhayek permalink
      junio 28, 2011 8:13 am

      Todo lo apropiable, no las personas

    • junio 28, 2011 1:05 pm

      ¿Y qué? Si el intercambio se hace LIBREMENTE (palabra clave), ¿cuál es el problema? Lo de si es “mera” o “no mera” o poco o mucho “mera” ya es cuestión muy personal y subjetiva de cada uno, y eso es un tema aparte, Julito, en el que ni tú ni nadie puede ni debe meter las narices. No tiene nada que ver.

      Esto me recuerda a cuando los pollíticos del PSOE y sus perroflautas allegados hablan de los LIBROS y quieren hacernos pagar más por ellos. Que si “no pueden ser mera mercancía” y bla bla bla bla…… ¡Valiente gilipollez! ¿Qué tiene que ver la velocidad con el tocino? Cada uno le dará el “valor intelectual” que le salga del braulio, y eso va desde “una mierda pinchá en un palo” hasta “una obra maestra”.

      • julio 1, 2011 8:43 pm

        Pues permíteme opinar que lo realmente subjetivo es el el adverbio LIBREMENTE.

        ¿Cuánto libre es una persona que, para subsistir, y debido a sus circunstancias (entorno, etc.) sólo puede optar entre prostituirse por cuatro perras o trabajar por otras cuatro en condiciones infrahumanas? ¿Mucho, poco, nada?

        Saludos

  3. julio permalink
    junio 29, 2011 7:18 am

    Perropaco, pues y nada. Sólo he dicho lo que he dicho, sin narices, sin tocino y sin braulio. Bueno, añado un 2º artículo, aunque viene a ser lo mismo con otras palabras:
    “Es bueno todo lo que es rentable.”

    • junio 29, 2011 7:47 am

      Confundes lo que es propio del orden moral con aquello que pertenece al económico, suspenso!
      Exige un poquito de inteligencia y juicio crítico, no te rindas

  4. julio permalink
    junio 29, 2011 8:03 am

    Yosoyhayek, yo no confundo nada, está ya ampliamente confundido. De todas formas, prometo intentar regenerarme para llegar a ser tan inteligente y tan crítico como tú.

  5. julio permalink
    junio 30, 2011 7:27 am

    Me despido de este foro. No se han enterado todavía de que entre la teoria y la práctica hay alguna diferencia. Y me llama la atención el cabreo que se han cogido los bienpensantes sacerdotes del Mercado (o mercaderes) con mi modesto proyecto de Constitución Universal, cosa que, por otra parte, me resulta muy alentadora. Adios.

    • julio 2, 2011 8:37 am

      ¿”Sacerdotes del Mercado”? Quedaría bien para una banda de rock neo-psicodélico: The Market Priests.

      De todas formas, si te refieres a que la religión también es una “mercancía”, estoy totalmente de acuerdo. Me viene a la mente un perroflauta palestino muy famoso, hijo de un aparejador judío, hace unos veinte siglos. Como el tío era un monopolista del copón, sacó a ostias (y nunca mejor dicho) a los demás mercaderes del templo. Tela marinera apostólica….

  6. julio 2, 2011 10:20 am

    Pues permíteme opinar que lo realmente subjetivo es el el adverbio LIBREMENTE.

    ¿Cuánto libre es una persona que, para subsistir, y debido a sus circunstancias (entorno, etc.) sólo puede optar entre prostituirse por cuatro perras o trabajar por otras cuatro en condiciones infrahumanas? ¿Mucho, poco, nada?” (Los Círculos de Plomo).

    Esto me recuerda a una cita de Enrique Jardiel Poncela:

    Hay una moralidad sexual y otra económica; la primera se derrumba ante la segunda, y la segunda se derrumba ante la primera.

    Pensando detenidamente en ella, me dí cuenta de que, además de graciosa, es muy inteligente y tiene “sustancia”.

    Mira esta escena de la película Nueve Reinas:

    “Putos no faltan, lo que faltan son financistas.”

    Otro ejemplo: Una proposición indecente.

    Entonces yo me pregunto: ¿Sólo es inmoral prostituirse si el precio es bajo? ¿O es al revés (precio alto)? ¿La moralidad o inmoralidad de la cuestión está en función del precio, pues? ¿O es inmoral en todos los casos?

    Pero centrándonos en mi respuesta a Julio, en esta ocasión yo usé el adverbio “libremente” como lo opuesto a la ausencia total de libertad. Es decir, por ejemplo, una prohibición. Siguiendo con la prostitución, supongamos que un politiquillo de tres al cuarto de estirpe zapateril dijera: “La sexualidad no puede ser una mercancía. Por lo tanto, prohibamos la prostitución”. Y aquí es donde entraría entonces mi respuesta. Más o menos así es como habría que entender mi comentario. Esto es, teniendo en cuenta esa otra palabra clave: susceptible. Es decir, no digo que todo sea (ni mucho menos que tenga que ser) “mercancía” forzosamente. Digo que es susceptible de serlo, y a priori no veo motivos para poner impedimento legal a ello.

    Digo todo esto porque, después de haber leído otros comentarios de Julio en el blog, lo identifico con la línea de “pensamiento pánfilo” perrofláutico actual. Esa especie de neo-hippismo naif simplista y tontorrón que repite siempre los mismos topicazos superficiales. Como eso de “lo material” (palabreja de moda) frente a “los valores” y bla bla bla bla….

    La gilada perrofláutica suele decir que “la salud no puede ser un negocio”. Pero luego vemos, por ejemplo, como uno de sus gurús, el viejo pedorro José Luis Sampedro, se opera en la privada y carísima Clínica Ruber. Entonces, mi respuesta a Sampedro y sus acólitos sería equivalente a la que le dí a Julio. Esto es: si nadie le puso una pistola en la sien ni a los médicos del Ruber ni al escritor paciente para que le operaran, ¿cuál es el problema, pues? De hecho, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que el Ruber ha hecho negocio con la (mala) salud de Sampedro. A ver quién tiene huevos a negarlo. Y esto no es incompatible con la existencia de una sanidad pública ni con el juramento hipocrático. Hipócrita, sí, por parte de los mencionados individuos panfletarios.

    • julio 2, 2011 10:49 am

      Entonces yo me pregunto: ¿Sólo es inmoral prostituirse si el precio es bajo? ¿O es al revés (precio alto)? ¿La moralidad o inmoralidad de la cuestión está en función del precio, pues? ¿O es inmoral en todos los casos?

      Fíjate que respondes a mi cuestión planteando la inmoralidad de un acto en función del precio necesario para ejecutarlo, pero no fue ése mi planteamiento: ¿es libre una persona que sólo puede elegir entre n opciones –para satisfacer sus necesidades básicas– todas vejatorias desde su punto de vista y circunstancias?

      En el caso de 9 Reinas el pibe tiene cubiertas sus necesidades básicas, entonces simplemente pone precio a su sentido de la moral en función de su ambición (por conseguir mayores riquezas, prestigio, etc.). En ese sentido, posee amplias cuotas de libertad. Pero no es ese el caso de una persona que pasa necesidades, evidentemente.

      No planteo la cuestión para juzgar la moralidad del que vende su mercancía, sino su libertad (que, al fin y al cabo, entiendo que es lo primordial en el liberalismo).

  7. julio 3, 2011 8:06 pm

    Y yo que pensaba que el objeto de la producción social era la capitalización. Desde luego que sin consumo no se producirá pero el consumo simplemente es un medio de enriquecimiento, es decir, de ahorro absoluto. En otras palabras el trabajador sólo ha de tener lo suficiente para querer vivir y a de querer vivir sólo para tener.

    • julio 3, 2011 9:24 pm

      ¿Qué? No se entiende lo que dices, por favor, explícate de tal forma que sea comprensible, manejando los términos con cierto rigor. Gracias.

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