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La trama SGAE

julio 5, 2011

Lo curioso es que la AN investigue con tanto despliegue de medios una trama de este estilo. El Estado corporado es lo que tiene. Intereses particulares que forman corporaciones encargadas de conseguir del Estado premios, privilegios, presupuesto e incluso impuestos, como sucede con el Canon compensatorio por copia privada. Mafias organizadas con patente de corso que campan a sus anchas con el plácet público. Estado corporado, decía, Estado social en resumidas cuentas. No es tanto que el Estado se extienda sobre la sociedad, como que la sociedad se infiltre en el Estado renunciando a la libre competencia como medio para conseguir sus fines. En eso ha terminado la política, y la SGAE es sólo una de tantas, entre sindicatos, partidos políticos, asociaciones de empresarios, etc (todas manejan lo que no es suyo). No hablo de Lobbies, que también. Sino de administraciones de lo particular que adquieren, vía concesión, ley especial o gracia de su majestad (la casta política), la categoría de “agentes sociales”, dotados de una representatividad presunta, por cuya merced toman asiento en las mesas de decisión, consiguen reuniones con los mandamases, quitan y ponen ministros, retuercen leyes, modelan presupuestos…

La trama de la SGAE, por espectacular que nos parezca, es una de tantas. No por ello debemos de obviarla, porque lo cierto es que su gravedad se suma a la mala imagen que se ha ido ganando esta asociación de rufianes y pedigüeños en la que se ha convertido la Sociedad General de Autores. Quieren vivir de sus creaciones, incluso cuando sus creaciones hace tiempo que dejaron de generar ingresos. No niego con esto la legitimidad de los derechos de autor, moralmente plenos, pero económicamente restringidos al lucro efectivo logrado en la explotación de cierta composición creativa discernible. Esto sí, pero no articulado de una forma tan antijurídica, estableciendo un derecho de compensación por copia privada al tiempo que se reconoce la copia privada como un derecho. O presumiendo el lucro más allá de su efectiva consecución. O impidiendo que el autor disponga sobre sus derechos de exclusión o participación en ese lucro, permitiendo así que cada cual decida la manera como desea difundir su obra y obtener, si esa fuera su intención, un rendimiento pecuniario, ya sea directa o indirectamente. En mi opinión la ley de propiedad intelectual vigente se salvaría eliminando el canon, así como la patente de corso para este tipo de asociaciones particulares de autores, en la medida que no toda comunicación pública de obras protegidas, creadas por sus asociados (que esa es otra: se postulan en defensa universal e indeterminada de derechos que en ningún caso han reclamado semejante amparo) genera un lucro en el que tengan derecho a participar. El problema es congénito a nuestro sistema: colectivismo frente a individualismo, corporativismo y un Estado social que ya no persigue (siquiera formalmente) el interés general, sino que se pliega ante determinados intereses parciales o sectoriales, generando así desequilibrio y violencia política.

Aquí, todo lo que he escrito sobre el tema.

Saludos y Libertad!

2 comentarios leave one →
  1. julio 5, 2011 9:30 pm

    Estoy de acuerdo en casi todo. Pero cabe apuntar que el problema no es lo colectivo, si no su instrumentalización particular. Aunque desde luego sí es un problema colectivo, en tanto que no hay semana en la que no descubra una nueva manera de latrocinio. Con una sociedad así se llega a no respetar nada, puesto que nadie parece actuar respetablemente. Y precisamente lo acontecido con la SGAE me parece un ejemplo icónico de la podredumbre moral de esta sociedad. Las leyes actuales hacen una interpretación torticera de la propiedad. Y siendo esto insuficiente para el apetito de ciertos particulares, de personas con nombres y apellidos, se procede a vulnerar esa misma ley que se dice defender. Es el colmo de la sinvegûenza.

    Así que en realidad el panorama es que da igual lo que diga una ley, los negocios se hacen indistintamente de forma legal o ilegal. Y a los demás nos queda poner la cara de tontos y tratar de escaquearnos de pagar y pagar. Este es el día a día de España y se puede hacer extensible a un gran abanico de servicios: Energía, banca, telecomunicaciones, servicios sociales, sanidad… Todo podrido de arriba a abajo. El problema es que en este estado de cosas aparece el populismo, incluso el fascismo, que en naciones como Finlandia o Dinamarca, pero también en Austria, Francia o Alemania empieza a asomar peligrosamente. Unos movimientos que no tendrían pábulo si previamente la política ortodoxa no perdiera su credibilidad.

    • julio 5, 2011 10:06 pm

      Y el 15m, que es otro tipo de fascismo, que malentiende la realidad que cree estar criticando, puesto que el problema no está en el lado de la libertad y el mercado, sino de ese Estado corporado, social, extenso, que, como ya dijo Bastiat hace más de siglo y medio, es el instrumento mediante el cual todos pretenden vivir del resto. Eso es el estatismo. No estamos en el siglo XVII. En esto se ha convertido, y no hay marcha atrás, salvo en la dirección de la única alternativa teórica, práctica, filosófica y moral: la libertad individual. Todo lo demás, son vueltas de rosca, evasivas, ideas poco consistentes. Quien da el paso de profundizar en los hechos y los conceptos, no puede sino percatarse de lo que digo.
      Un saludo!

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