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Una torpeza inoportuna

septiembre 11, 2011

Pese a que la situación de privilegio resulte evidente, el controvertido recorte presupuestario en la educación pública no va a salirle gratis al PP. La cuestión es, en el caso madrileño, que por 80 millones no merecía la pena tamaño despropósito. Me explico. Si lo que se quería era racionalizar recursos, aumentar las horas lectivas dentro de la horquilla que la ley permite, de 18 a 21 horas, y así ahorrarse la necesidad de recurrir a todos o casi todos los profesores interinos, la estrategia tendría que haber sido otra. Primero, no hacerlo a pocos días del comienzo de curso, cuando del orden de 3.500 interinos esperaban la cartita ofreciéndoles ser contratados. Segundo, no hacerlo aún a costa de dejar fuera a un buen puñado de titulares sin plaza, que seguirá un curso más cobrando y sin destino. Tercero, en todo caso, haber contado con los equipos directivos de los distintos centros, con varios meses de antelación, analizando las necesidades reales de cada uno para concretar el recorte definitivo. Lo que se ha hecho es calcular: cuántas horas daban los interinos del curso 2010-2011, y a cuánto sale cada titular con plaza adjudicada. Esto, que se hace en un momento y da como resultado un ahorro aproximado de 80 millones de euros, ha supuesto un desbarajuste capaz de consolidar una masa de damnificados que, a partir de ahora, van a tener mucho tiempo libre y muy mala leche.

Los funcionarios fueron víctimas del recorte de salario primero porque su efecto es inmediato en lo que a reducción del gasto se refiere, y segundo, porque difícilmente iba nadie a solidarizarse nadie con ellos, siendo como son unos auténticos privilegiados ante la precariedad y las dificultades en las que se hallan el resto de trabajadores. Pedir un esfuerzo suplementario a los profesores, exigiendo más horas lectivas a costa de ajustar el resto de su horario, y con ello ahorrarse 3.500 sueldos mensuales de los interinos, en principio podría haberse movido en el mismo terreno: profesores de la privada, y padres de alumnos, no habrían sentido demasiada simpatía por quienes es cierto que, cobran más y trabajan menos, además tienen el puesto garantizado, y para mayor inri, amenazan con paros que se traducirían en una infinidad de “¿con quién dejo a los niños hoy?”.

Lo que ha sucedido es que la izquierda política, sindical y mediática ha visto por fin el primer filón de la nueva etapa que, previsiblemente, se inaugurará el próximo 20-N. Actúan como si el PP ya fuera gobierno de España. Lo cierto es que se rebelan contra gobiernos populares que ya son, pero no lo harían de este modo, en las circunstancias críticas a las que todas las administraciones públicas deben enfrentarse, a no ser que se diera por seguro el cambio político del país. La educación es, además, uno de los temas en los que más demagogia puede utilizarse para tratar de confundir a la opinión pública.

Se dice que a los conservadores no les gusta la pública y tiene entre sus objetivos desmontarla. Lo cierto es que no es así, ya que de lo que se trata es de mantener la “gratuidad” y universalidad del servicio, pero cambiando al prestador del mismo. La vía del concierto ha crecido fuertemente en los últimos años, y los alumnos madrileños, por ejemplo, ya acuden casi en partes iguales a la pública 100% como a la concertada. Entonces, no es ya que la derecha quiera quitar un derecho, sino que lo adapta a su concepto de libertad educativa, abriendo la puerta a agentes privados, subvencionados y en competencia. Esto es discutible, por supuesto, pero no permite decir que aquello de que el PP es enemigo de lo público. Todo lo contrario. Potencia una alternativa, pública, pero menos costosa y que, aparentemente, hace más libre la decisión de los padres sobre el tipo de educación que quiere para sus hijos.

Se dice por tanto, que el PP quiere acabar con “la pública”, es decir, con los centros de titularidad pública habitados por funcionarios. Tampoco debería aceptarse con tanta claridad este hecho. Expulsar a los interinos y racionalizar recursos no va en merma de la calidad del sistema, sino que plantea la posibilidad de hacerlo competitivo con la alternativa concertada. En ella, los profesores trabajan más y cobran menos. El coste por alumno es inferior, ergo, si algún día un gobierno regional decidiera instaurar el cheque escolar, la estructura de gasto de los centros públicos no podrían competir con los concertados en absoluto. La oportunidad que ahora se plantea es la de que los funcionarios, que son unos privilegiados, aproximen sus condiciones laborales a las de sus compañeros de la concertada y la privada.

La izquierda, o los socialistas en general (de todos los partidos, como decía Hayek), blanden con ligereza la máxima de que a mayor inversión en educación (más recursos, más aulas, más ordenadores, libros de texto gratis, menos alumnos por profesor, etc), mejor será el resultado educativo a todos los niveles. Esto se ha demostrado falso. Y es que, como sucede en cualquier actividad económica, enfrentada a la escasez de recursos y la necesidad de ordenarlos de manera eficiente para conseguir la mayor y mejor producción, llega un momento que la suma de factores deja de incrementar los resultados deseados. El ideal socialista es tener un profesor por alumno, como si pudiera concederse a la sociedad entera la atención que sólo los más adinerados podrían recabar para sus retoños. De este modo, educando entre algodones y con todos los medios, cualquier alumno lograría alcanzar un nivel de excelencia incontestable. Esto no es así. De hecho las máximas facilidades hacen mella en el tono, la disciplina y dedicación del estudiante. Nuestros padres aprendían más y mejor con menos medios que nosotros.

Dicho todo esto, y aún compartiendo la voluntad política de los gobiernos del PP que han tomado estas decisiones, reitero la sensación que tengo sobre su falta de oportunidad, incluso torpeza, y lo que es más importante, la ausencia del rigor que habría proporcionado una mayor previsión del ajuste, planeándolo desde el conocimiento que sólo tienen los equipos directivos de los distintos centros públicos que son los destinatarios del recorte. No se trata de ser corporativista, y dejar en manos del gremio cualquier decisión que le afecte. Esto sería catastrófico. Sino que, ante medidas de este calado, en el momento político y económico que vivimos, y calculando las más que previsibles reacciones entre la izquierda y los sindicatos, las cosas, o se hacen bien, o casi es mejor dejarlas para otro momento.

Saludos y Libertad!

7 comentarios leave one →
  1. Espectador permalink
    septiembre 11, 2011 8:35 pm

    Aunque lo hicieran todo de forma inmejorable, la izquierda y los sindicatos montarían algaradas contra el PP. En la enseñanza, en la Sanidad, en el Metro y en todos los sitios que puedan.

    Aceptada esta premisa, quizás sea esta la ocasión de plantar cara a los sindicatos. Usando el mismo tipo de demagogia que ellos, basta repetir que los huelguistas son unos privilegiados, con puestos vitalicios, dos meses de vacaciones, menos trabajo que en la enseñanza privada, … y que protestan porque, sin alargarles su horario laboral ni reduclrles el sueldo (a diferencia de ZP, y entonces no hicieron nada), les piden que den 20 en vez de 18 horas de clase a la semana. ¡Que horror! ¡que explotación!

    Presentado así, de forma insistente, ante una población que teme perder su puesto de trabajo, ve reducido sus sueldos, y encima ahora va a tener que encargarse de sus hijos durante la huelga, no se quien va a ser más impopular. A los que les parece mal la medida, no iban a votar al PP de ninguna forma. Se trata de ver que piensa la población en general, si se les planta cara de forma decidida.

    Y de todas las maneras, habrá que hacerlo alguna vez, así que más vale ahora, cuando su posición es indefendible. Lo peor que se puede hacer ante un chantaje, es ceder.

  2. Espectador permalink
    septiembre 11, 2011 8:59 pm

    Mas abajo en este mismo agregador, bajo el título de “desastre Educativo”, hay más argumentos:

    http://www.typepad.com/services/trackback/6a00d8341c603c53ef014e8b753fbc970d

    Es lamentable que para contestar al sectarismo de unos pocos, haya que resaltar la catastrófica situación de la Educación española en general, pero los datos están ahí y no son discutibles. Ellos han empezado una guerra, y no pueden pedir contemplaciones a aquellos a los que quieren destruir. Las guerras se luchan para ganarlas, no para empatar. Vae victis.

    Cuando las Trade Unions inglesas le echaron un pulso a Margaret Tatcher, la Dama de Hierro, esta lo aceptó y les rompió la espalda (traducción de la expresiva frase inglesa). Desde entonces las Trade Unions no han tenido la misma fuerza para chantajear a la sociedad inglesa. Ya es hora de que aquí pase lo mismo.

    • septiembre 11, 2011 9:37 pm

      Bueno, este post es un modesto toque de atención. Aunque se tenga la razón, debe procurarse hacer las cosas bien y en el momento oportuno. Eso, o tener una estrategia de comunicación mucho más agresiva y bien dirigida. Están a tiempo. Esperemos que así sea.

  3. JFM permalink
    septiembre 12, 2011 8:17 am

    Sin querer defenderlos, vamos a dejar eso de que los profesores trabajan menos. Te olvidas de que, en principio, los profesores corrigen deberes y preparan las lecciones. Por haber convivido con alguien que ejercia de rofesora (acabo dimitiendo) puedo asegurarte que al menos ella excedia las cuarenta horas semanales.

    Ahora bien, el problema esta en el impacto emocional de cualquer recorte presupuestario en al educacion. Por ejemplo, aqui en Francia ya esta un candidato socialista diciendo que quiere crear 70,000, puestos de profesores. Ole el salero, por los masde 5,000 millones de euros al ańo. Es que ademas si el objetiv fuiese realmente el mejorar la educacion,lo mejor seria echar a los profesores que dan por bueno un deber en el que la suma de las lineas y las columnas no coinciden (caso real), los cuales profesores dicho sea de paso raramente exjercen en barrios de postin sino en las zonas donde viven esos que el PSF dice defender.

    • Espectador permalink
      septiembre 12, 2011 8:41 am

      No me olvido de nada: soy perfectamente consciente de que el trabajo de un Profesor va mucho más allá de dar unas clases con una cierta solvencia, que se supone, como el valor a los militares. Y el trabajo de un buen MAESTRO, palabra en desuso, es impagable; debería ser un ejemplo no solo de saber, sino de ser.

      Pero puesto que se han dejado arrastrar por unos sindicatos que solo se representan a si mismos y por los perroflautas del 15-M, no pueden quejarse si se emplea con ellos la misma demagogia que sus manipuladores usan. De eso trataban mis intervenciones: si quieren jugar sucio y hacer de mamporreros de la izquierda, que se atengan a las consecuencias. Ese es un juego que pueden jugar todos, y si se juega adecuadamente, tienen muy malas cartas.

      A veces no hay más remedio que combatir el fuego con el fuego, para evitar que se extienda más.

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  1. La educación pública « LA LIBERTAD Y LA LEY

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