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Asesinos

octubre 18, 2011

Todos los terroristas, con independencia de sus motivaciones, son considerados asesinos por sus víctimas. Sin embargo, no todo terrorista asume para sí tal condición cuando por lo que dice matar se corresponde con la aspiración política o religiosa de un grupo suficientemente amplio de parroquianos. Sucede que los etarras han tenido desde siempre el amparo moral e ideológico de una parte significativa de los vascos (al principio, incluso, de los españoles en sentido amplio). ETA mataba por unas ideas de ámbito colectivo, lo cual le diferencia de quien lo hace motivado por algo distinto, una razón estrictamente personal. Este halo de legitimidad, que para otros “gudaris” podrían admitir incluso muchas de las víctimas de ETA, abre la puerta al relativismo que se ha transformado en el arma principal al servicio de los etarras y su entorno.

La conferencia de paz de San Sebastián es la escenificación del fracaso de Zapatero en su empeño por liderar el final negociado del terrorismo etarra. La banda pedía exactamente lo que estos días ha conseguido: la teatralización del relativismo moral que, de alguna forma, avale toda su historia, su propia persistencia y perseverancia hasta nuestros días. Que se le pida el cese de actividades supone la mayor concesión realizada a ETA en las últimas décadas, a modo de entrega final a cambio del fin de las hostilidades. Su entorno lo entiende como un final digno y merecido para la banda. Sus activistas son considerados mártires de una causa superior, y aún en el caso de que se pudieran admitir errores, de lo que se trataría es que sus siglas pasasen a la posteridad como agente activo y legítimo dentro del proceso soberanista de Euskal Herria.

Ante semejante panorama solo nos cabe lamentar que Zapatero y quienes lo apoyaban (entre ellos Rubalcaba) decidieran en el minuto uno de su gobierno, hace más de 7 años, que con ETA había que cerrar un conflicto, con todo lo que ello conllevaba. Si se acepta su discurso, incluido su lenguaje, el reconocimiento de alguna de sus exigencias fundamentales resulta indiscutible. Lo único que podría exonerar a Zapatero (y a los suyos) de su inmensa indignidad, es que semejantes concesiones fueran parte de una maquiavélica estrategia de apaciguamiento y desarticulación de ETA y su entorno. Lo cierto es que hubo reacción en contra, y desde Barajas, pese a los éxitos policiales, y la presión política y judicial sobre la izquierda abertzale, ETA ha liderado el proceso. El gobierno, por su parte, ha tratado de jugar al palo y la zanahoria, ilegalizando partidos, luego algunas candidaturas, y finalmente violentando al TC para que contradijese un fallo motivado del TS. Para ETA, el plan B de Zapatero ha servido para consolidar su propia estrategia.

La violencia, tal y como la veníamos sufriendo, ha terminado. ETA quiere crecer electoralmente a través de sus esbirros. Y en la negociación tratará de conseguir excarcelaciones extraordinarias, y sobre todo, la no disolución formal. Sabe que tendrá que ceder en algo, pero su precio de salida es tan ambicioso que, difícilmente saldrá perjudicada en extremo. Ahora todo depende de la estabilidad social y parlamentaria con la que gobierne el PP. En la medida que el nuevo gobierno se cierre en banda ante la negociación planteada por los etarras, su objetivo será el de desestabilizarlo en las instituciones, y en la calle, haciendo causa común, aunque no evidente, con todo lo que pudiera representar un obstáculo para los populares.

Los pasos de ETA hasta el 20N, y el resultado de estos comicios, condicionarán los próximos cuatro años. El régimen constitucional puede volar por los aires si necesidad de que ETA vuelva a mancharse las manos de sangre. El terror al que puede contribuir, será mucho más efectivo que el que haya podido provocar en sus cuatro décadas de existencia. Igual que en 1978 su actividad fuera determinante en la conformación del régimen, volverá a serlo para su definitiva voladura. Y el PSOE, junto con la izquierda patria e indignada, le allanará el camino. Qué cosas.

Saludos y Libertad!

2 comentarios leave one →
  1. Bastiat permalink
    octubre 20, 2011 7:02 pm

    Ya está, ya lo han hecho

    Ya han hecho el paripé a cambio de nada. Dejar de matar no es el precio. El precio es pedir perdón y ser juzgados los asesinos.

    Sólo así se podrá justificar cualquier acción a posteriori

    Quien piense que con esto nos vale a todos los que hemos sufrido la violencia es que están equivocados.

    ¿Qué dirá Zapatero?

    En este momento me importa poco. Su precio será el mío o no será

  2. Adicinarit permalink
    octubre 31, 2011 1:01 am

    Estupendo: que se juzgen a todos los franquistas con la ley de memoria histórica. Ellos son más asesi8nos al matar a muchísima más gente una vez terminada la guerra. En realidad por su culpa se creó ETA.

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