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¿Qué supone realmente “abaratar la contratación”?

octubre 30, 2011

Rubalcaba hace frente a los malos datos del paro en España, proponiendo una alternativa al abaratamiento del despido como fórmula para crear empleo. En realidad, ni lo uno ni lo otro ayudarán a reducir las cifras de desempleo si no se integran en una política de reforma mucho más ambiciosa.

Rajoy propone simplificar el Estatuto de los Trabajadores, en 6 o 7 tipos de contrato laboral, donde el indefinido deje de ser una alternativa extraordinariamente privilegiada, y por ello onerosa para el empleador. Para conseguirlo se centra, entre otras cuestiones, en la reducción de la indemnización por despido improcedente. Este hecho hará que los empleadores no teman firmar nuevos contratos fijos por la incertidumbre que genera su duración, bien por la idoneidad del trabajador para el puesto, o por la situación económica en la que pueda hallarse la empresa a medio, largo plazo.

Rubalcaba, para alimentar el mito de que la izquierda protege a los trabajadores con ventajas como la indemnización por despido improcedente, promete mantener ésta en un nivel alto, y a sabiendas de que esto hará a los empleadores preferir contratos que prevean menores compensaciones, o directamente, no contratar en absoluto, centra su política de estímulo en las cotizaciones a la seguridad social. Éstas son el impuesto inmediato y directo al trabajo. Lo que percibe el empleado por un contrato indefinido, tiende a estar próximo a la mitad del coste real que soporta el empleador por tenerlo en su plantilla. La otra mitad se traduce en retenciones del IRPF y cotizaciones sociales. ¿Cómo reducir este coste sin que se note en lo que el trabajador percibe como neto en su nómina? Bonificando cuotas y reduciendo retenciones. Sobre todo lo primero. Esto supone una reducción inmediata del coste laboral que soportan los empleadores, y es cierto que tendría un efecto sustancial a corto plazo como estímulo a la contratación. Pero, en tal caso, ¿quién pagaría las prestaciones de la Seguridad Social? Si ésta no ingresa vía cotizaciones, tendrá que hacerlo vía impuestos. Es decir, bonificando la cuota de la seguridad social, lo que se hace en realidad es SUBVENCIONAR la contratación de trabajadores, con recursos que habrá que desviar y captar desde otra fuentes. Rubalcaba dice que con el impuesto de patrimonio dará para pagar el invento, compensando a la seguridad social por las bonificaciones realizadas en los nuevos contratos. Esto no es nada nuevo, ya que el origen de la temporalidad en España es este mismo, y la mejor prueba es la reciente reforma del gobierno extendiendo la posibilidad de encadenar contratos temporales. De esta forma, el empleador se beneficia de un coste menor. El empleado siente que gana lo mismo, pero Seguridad Social ve mermada su recaudación mediante cotizaciones.

La diferencia entre lo que propone Rajoy y la alternativa que plantea Rubalcaba, es la siguiente. Si seguimos la senda que parece atisbarse en el programa del PP, tenderemos a eliminar barreras de salida que son barreras de entrada, ajustando para un número menor de clases de contrato, las cotizaciones sociales y la previsión de indemnización por despido. Esto hace que se reduzca la incertidumbre de los empleadores, al tiempo que aminora la carga impositiva al trabajo. Sus efectos son más estructurales que inmediatos, pero lo cierto es que unido a otras reformas, liberalizaciones y modificación del modelo de previsión social, nos sacarían del callejón sin salida en el que estamos.

Rubalcaba propone más de lo mismo: no liberalizar el mercado de trabajo, subvencionar la contratación a costa de comprometer la independencia y la sostenibilidad de la seguridad social. Temporalidad, y un coste que en realidad no se elimina, sino que se reparte por toda la economía con los efectos que esto siempre tiene en la actividad y el crecimiento. En definitiva, un caro parche con efectos muy a corto plazo, y seguramente exiguos, que ahondarán en los vicios de nuestro sistema, contribuyendo a que la rigidez y la parálisis se perpetúen.

No es que Rajoy sea la luz al final del túnel, pero al menos sus propuestas son más razonables, siempre y cuando sean lo que parecen, y lleven aparejadas las otras reformas que se hacen inevitables cuando se afronta la situación desde semejante perspectiva.

Saludos y Libertad!

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