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La ambición pasa por el Estado

diciembre 14, 2011

Según la RAE, “ambición” es el deseo ardiente de conseguir poder, riquezas, dignidades o fama. Su vicio es la codicia, que se define el afán excesivo de riquezas, aunque bien podría aplicarse al resto de propósitos.

Sólo mediante la utilización de un poder desmedido, monopolístico o absoluto, puede la ambición extrema alcanzar su máxima expresión. A través del poder del Estado, aprovechando su margen de arbitrariedad, corrompiendo a políticos y funcionarios, a quienes se les presupone acatamiento de las normas y servicio escrupuloso a los fines decretados, el ambicioso logrará sus objetivos más elevados. Lo que no puede hacerse en el Mercado, se trata de conseguir gracias a la intervención del Estado.

Siempre que saltan a la opinión pública casos donde el vicio de la codicia domina la conducta denunciada, está presente el Estado. Bien en forma de amiguismo, clientela, corrupción, malversación, cohecho, tráfico de influencias, o fraude a alguno de sus organismos en la concesión de licencias, recaudación tributaria o sanción. El ambicioso sabe que en el mercado resulta mucho más complicado medrar sin ofrecer algo que realmente valoren el resto de sus congéneres porque satisfaga sus necesidades más urgentes. Los ambiciosos que caen en la codicia tienen un gran interés en arrimarse a los servidores públicos (e incluso ser uno de ellos), lograr contratos con las administraciones, prestarles servicios, consejo y asesoramiento, vender su imagen o sustituirles en sus funciones. Forman una camarilla de ambiciosos que se enriquecen gracias a su labor como conseguidores sin escrúpulos.

Cuando se habla de “trama”, es porque existe una red de contactos que se dispersa de forma natural una vez hallado el nicho, o los nichos, de corruptela más lucrativo. Los ambiciosos, una vez empiezan, no saben dónde y cuándo detenerse, y pese a que en algún momento sean conscientes de que podrían contener su negocio normalizando sus actividades (incluso “legalizándolas”), siempre surgen nuevas oportunidades que no son capaces de despreciar.

La ambición y la codicia forman parte de la naturaleza humana. Lo relevante es comprender las causas que provocan verdaderos escándalos. Si las Administraciones no intervinieran tanto, gastarían menos, reducirían sus contratos, limitarían el requisito de obtener su plácet arbitrario para lograr determinadas licencias o concesiones. La corrupción pasa por el Estado, y es la dimensión y forma que éste adopta, lo que dará alas a los corruptos y corruptores.

Las tramas no siempre son investigadas, ni aún en el caso de serlo, acaban formando parte de un sumario judicial. Las tramas muchas veces son tan públicas como respetadas. Sólo en algunos casos se actúa contra ellas, y es entonces cuando se exageran las perversiones de la que cae en desgracia. El resto, seguirán en pie, como si nada. Tal estado de cosas funciona del siguiente modo: nadie es un corrupto o un evasor hasta que le apunta un poder capaz de poner en su contra al número suficiente de detractores. Sólo entonces, cuando resulta rentable romper el statu quo, aparecen en las portadas los grandes escándalos de corrupción.

Saludos y Libertad!

7 comentarios leave one →
  1. VivalaPepsi permalink
    diciembre 14, 2011 10:41 pm

    Hola,

    Muy buena entrada, felicidades, has dado en el quid de la cuestión: es el Mercado el medio natural de los honrados. No sé si hablas inspirado solo por el caso Urdangarin, de cualquier manera es muy acertado y cierto lo que argumentas. También llama la atención la poderosa manera que tiene el corrupto, o el ambicioso, de mantener el statu quo y engañar a la gente honrada de su alrededor. Esperemos que no sólo dependa siempre de un poder poner en su contra suficientes detractores, y que baste simplemente el esclarecimiento de la verdad con la ayuda de la acción de la justicia o del periodismo honrado.

    • diciembre 14, 2011 10:52 pm

      Si la prensa fuera independiente y menos sectaria, el escándalo sería mayúsculo. Urdangarines hay muchos, bueno, no exactamente. Lo grave de este tipo es que es el yerno del rey. Pero al cobijo de las administraciones hay mucho listo montando tinglados parecidos, y a hacienda se la defrauda de forma masiva, y por cantidades muy superiores, me temo. Los gürtel, filesas, malayas, campeones y demás, son la versión “excesiva” de lo habitual.
      En otros países simplemente se normaliza, se legaliza de algún modo, y hay cierta institucionalización del abuso. Hay una variante civilizada, y luego está la propia de una república bananera. España está a medio camino.

      Un saludo!

  2. Bastiat permalink
    diciembre 15, 2011 9:24 am

    De hecho, Hayek, lo que creo es que la corrupción, en todas sus variantes que tu detallas, sólo se puede dar en el Estado. No en sí sólo por el concepto sino por su permanencia.

    En una empresa, y casos hay conocidos, un director general, un jefe de grupo, un mando intermedio o menos intermedio puede alterar el precio de un servicio o quedarse con una “subcontrata” por encima de precio de mercado o alterando lo que sería el normal funciónenlo del mercado al buscar el beneficio de la empresa y no el beneficio personal. Puede montar una empresa para aprovecharse de una externalización o para contratar un suministro obteniendo él una ganancia fruto del conocimiento oportuno de tal necesidad por parte de la empresa que le paga. Eso sería corrupción… pero el perjuicio lo paga la empresa que le tiene contratado y a ella le compete el consentirlo y el solucionarlo porque ella, sus dueños, y por añadidura sus empleados serán los que paguen las consecuencias de tales hechos.

    Pero en el Estado no. En la administración pública si se dan esos casos quien paga los prejuicios de esa acción somos todos los ciudadanos que pagamos a dicha administración.

    ¿Qué métodos hay para tratar de controlarlo cuando resulta que los políticos eligen quienes les juzgan, los fiscales son dirigidos por el poder político y… además, y si no es así espero que me corrijas, resulta que tan corrupto es el funcionario o el político como el empresario que paga la mordida para hacerse con un contrato?

    Dice Rodbard, creo, que no debería ocurrir así, porque en la naturaleza del empresario está la de obtener beneficios y para ello el valerse de regalos y comisiones para realizar una venta a otro empresario está dentro de “lo normal”. Pero lo que no es normal, y aquí está el quid de la cuestión, es que quien tome la decisión de optar por unos o por otros ofertantes lo haga motivado por los regalos que va a recibir en virtud de su puesto, de que tiene la oportunidad, y lo hace en beneficio propio a costa de quienes le pagan con los cuales tiene un contrato en el que se les exige un comportamiento leal.

    Por ello, insisto, mi conocimiento del hecho legal es sólo de recuerdo, si existe tal igualación en cuanto al delito cometido entre el empresario y el funcionario o político, lo que ocurre es que se está haciendo mediante ese método es que aquellos que participan en la corrupción están más interesados en mantenerla que en salirse de ella. Si yo caigo tú caes, le puede decir el uno al otro, así que mejor nos entendemos, nos seguimos entendiendo.

    ¿Qué ocurriría si no fuera así?

    Un funcionario que aceptara el soborno, el regalo, quedaría en manos de un empresario, si, pero el interés del funcionario estaría en no caer en la tentación porque el coste lo pagaría sólo él. Y al fin y al cabo, él estaría cometiendo un delito puesto que está faltando al juramento realizado al tomar posesión de su puesto.

    ¿No evitaría eso más la corrupción que lo que ahora tenemos?

    • diciembre 15, 2011 11:36 am

      Es una reflexión muy interesante la que haces. Lo cierto es que la tipificación de estas conductas, incluso la criminalización de las personas que corrompen a funcionarios, o se benefician de su corrupción, no han conseguido evitar que la administración siga incentivando conductas abusivas. Y no hablo sólo de lo que finalmente llega a procesarse, si no de tantísimas empresas y personajes que viven al cobijo del Estado, y que hallan incluso amparo legal en sus actividades. La línea que los separa de aquellos que finalmente acaban siendo encausados, es muy fina y termina dependiendo más del juego de poder, que de la estricta observancia legal.
      Un saludo.

  3. Bastiat permalink
    diciembre 15, 2011 12:32 pm

    La cuestión es que en el momento en el que las dos partes se ponen de acuerdo, los igualas, cuando es el funcionario el que tiene la obligación legal de ser leal y honesto, ha de servir a la ley y al procedimiento administrativo, es por eso que se les da prerrogativas y privilegios. Al no ser así…. lo que se acaba haciendo es cubrir el conchabeo….

    No es legal, es ilegal, si, pero es muy difícil que un empresario denuncie a un funcionario porque el también va a la cárcel. Y es muy difícil que un funcionario denuncie un intento de soborno cuando sabe que si sale bien, si se hace bien, tanto él como el que le paga tienen las mismas probabilidades de ira a la cárcel.

    Ese es el asunto.

    De todas formar, como digo, lo que habría que saber es qué dice la ley en este asunto y yo ahí…me pierdo.

  4. VivalaPepsi permalink
    diciembre 15, 2011 5:03 pm

    Entonces, ¿es inevitable la corrupción incluso en el Mercado? ¿Qué se puede y se debe hacer para evitarla o erradicarla y fortalecer las instituciones?

  5. Bastiat permalink
    diciembre 15, 2011 6:06 pm

    Como digo hay dos tipos de corrupciones, la de la empresa, en cierta medida el que el hijo del dueño de una tienda meta la mano en la caja para ir a comprar chuches es, en cierta forma, corrupción y la corrupción en el Estado.

    Lo cierto es que el ser humano busca SU beneficio. Esa búsqueda del beneficio puede ser de manera…. normal, es decir ofertando productos que el público quiera, o el hacerlo de manera… menos normal, es decir aprovecharse del conocimiento o de la posición para obtener un beneficio de algo que… sale del mercado, como es el saber cuándo se va a aprobar una fusión o cuándo se va a necesitar un servicio externo a una empresa y quien tenga a que decidir sobre ello…. pues actúe para obtener dicho contrato para sí o para alguien que esté de acuerdo con él. Eso se da más en grandes empresas, pero de igual manera se puede dar en las pequeñas.

    Y otra muy distinta en el Estado. ¿Por qué? Porque en el Estado no existen los mecanismos de depuración ecológicos, podríamos decir, que existen en el Mercado. En él la corrupción, si encarece los costes, disminuye los ingresos, crean malos climas en el interior de la empresas esto puede llevar a la desaparición de dichas empresas y hay un interés alto en tratar de evitarlos y depurarlos si se producen antes de que afecten gravemente a esa empresa. En el Estado eso no pasa.

    Salvo que den situaciones en las que alguno quiera ser más honesto que la media, y entonces “cante” el aliciente hacia el buen gobierno sólo queda a expensas de la catadura moral de los funcionarios y de los políticos. Es la misma razón por la que la productividad dentro del funcionariado es muy baja, irrisoria en algunos casos. La práctica imposibilidad de que un funcionario sea despedido salvo delito fragrante, y ya he dicho lo que he dicho, los derechos en cuanto a la permanencia en el puesto y los continuos traslados que permiten a muchos funcionarios vivir de nómadas, sin encuadrarse en un equipo de manera efectiva, y eso hace que puedan ir coleccionando concomimientos y conocidos con los que poder llegar a conchabeo. Y cómo la pérdida no la asume “la empresa” sino el común de los ciudadanos salvo que sea tan claro, tan descarado, tan infame normalmente no nos enteramos del delito. Y no nos enteramos porque el corruptor y el corrompido han de mantener el secreto porque ambos, los dos, acabarían en la cárcel. El interés, por tanto, estriba en llevarse bien.

    Pero como digo, el que existan “corruptores” no es extraño al mundo empresarial. Las ofertas, los regalos, las comisiones, los descuentos por prontopago son habituales y hasta incluso tienen su reflejo en las normas de contabilidad. En el mundo de la administración, el mover una mano de un punto del plano del término municipal a otro, en el caso de declarar una zona u otra como urbanizable, el funcionario o el político se lleva el premio si el empresario paga.

    ¿Pero qué pasaría si el empresario paga, pero nunca sería considerado culpable….?

    Ay amigo. Lo más probable es que el corrupto, el funcionario o el político, acabe siendo extorsionado hasta la nausea, estrujado, violado incluso ante la amenaza de hablar por parte del primero…. Y entonces, ante ese miedo, seguro que se cuidaría muy mucho…

    Pero la ley, salvo que alguien me diga lo contrario… precisamente, al igualarse… defiende al funcionario y al político corrupto.

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