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Más por menos. Lujo soviético

enero 5, 2012

Una campaña del metro de Madrid desata la crítica de algunos usuarios. Estaría bien que los ciudadanos nos quejásemos del abuso de la propaganda y publicidad institucional que hacen nuestros gobernantes. No hace falta que nos vendan sus bondades de manera tan insistente. Es cierto que el billete sencillo del metro de Madrid es más barato que en otras capitales del mundo, y que la calidad del servicio es por el contrario significativamente superior al de estas ciudades. La polémica surge cuando a alguien se le ocurre establecer una comparación en términos relativos, es decir, en relación al poder adquisitivo de los usuarios.

Los más demagogos recurren al salario mínimo interprofesional, cuya cuantificación depende de un criterio arbitrario. Parece más razonable tomar el salario medio de la Comunidad de Madrid y compararlo con los respectivos salarios de las otras ciudades, en relación al precio del billete sencillo en cada una de ellas. Esto hace El País, y las cuentas dan el siguiente resultado: el de Madrid sigue siendo el más barato de las capitales europeas, y sólo es superior al de Nueva York.

Ahora atendamos a otro dato importante. Hace cuatro meses el precio del billete sencillo subió un 50%, de 1 euro a 1,5 euros. No lo hicieron tanto ni los bonos de 10 viajes, o los abonos mensuales. Esta decisión es estrictamente de estrategia comercial. Si no recuerdo mal fue el Gobierno de Esperanza Aguirre quien tomó la decisión de bajar el billete sencillo a un euro, desde el 1,3 euros, más o menos, que había alcanzado con anterioridad. Esto hizo que el bono de 10 dejara de suponer una rebaja en cada viaje. Fue también esto lo que se corrigió al subirlo a 1,5 euros, y desconozco los motivos de semejante estrategia. La cuestión, sin embargo, es otra.

Dos son las críticas más comunes en contra de esta campaña de propaganda. Primero, que no tiene sentido ocupar espacio publicitario, con el coste de oportunidad que esto supone, para vender las bondades de un servicio público. Segundo, que, asumiendo la comparación en términos relativos respecto del salario medio de cada lugar, no es tan barato el billete sencillo como lo pintan. Vale, pero qué sucede con la tercera vía de discusión, esa de la que pocos se percatan o a la que nadie hace alusión. ¿Cuánto cuesta realmente el metro de Madrid? Cuando adquirimos un título de viaje, del tipo que sea, lo que hacemos en realidad es “copagar” el servicio que vamos a recibir. El precio del metro no es un precio de mercado, sino una tarificación que completa el presupuesto público recibido por Metro cada año. Es decir, sólo una parte del coste de nuestro viaje lo pagamos directamente a través de ese euro y medio, o lo que resulte en cada caso. Lo demás se soporta con cargo a impuestos, como un ejemplo más de redistribución. La política comercial de Metro de Madrid, al señalar unas tarifas u otras, establecer descuentos a jubilados o menores de cierta edad, o promocionar su uso para las juventudes católicas en agosto de 2011, no asume ni de lejos el coste real del servicio.

En Madrid se ha invertido mucho en el metro. Así lo han decidido nuestras autoridades, tras someter esta política al refrendo ciudadano elección tras elección. “Todos” queremos tener una boca de metro cerca del portal de nuestra casa. Se han trazado líneas de dudosa rentabilidad, con giros absurdos y un diseño que en un mercado libre quizá no se habría dado. También se ha invertido en calidad, estética, seguridad, accesibilidad… Esto tiene un coste, y el precio que pagamos directamente no lo cubre ni por asomo. En esas otras ciudades a las que se refiere la publicidad controvertida, París, Nueva York o Londres, el metro es como es. Muchas veces más cochanbroso, menos puntual e inseguro. Quién sabe si sus ciudadanos prefieren que con sus impuestos se paguen otras cosas, o se despilfarre en otra dirección. Lo cierto es que en Madrid tenemos un metro de lujo, y la pregunta es si podemos o no permitírnoslo, y en su caso, si podría privatizarse tal cual es y que del resultado derivara un precio que el suficiente número de madrileños estuviera dispuesto a soportar para hacerlo rentable. Esa es la prueba a la que debemos someter a nuestros gobernantes. O no. Porque es posible que haya mucha gente dispuesta a vivir por encima de sus posibilidades y disfrutar de un metro extraordinario, excesivo, sólo comparable al que los soviéticos hicieron en Moscú.

Todo depende de lo socialistas que dejemos ser a nuestros gobernantes, me temo.

Saludos y Libertad!

3 comentarios leave one →
  1. jeremias permalink
    enero 5, 2012 3:43 pm

    Lo que cuesta poner un metro a las Carcavas o al ensanche de Vallecas, tambien lo recuperan via aumento de precios de suelo, reclaificaciones,licencias de construccion etc
    Al principio Metro era una empresa privado, no la conficaron los Rojos sino Primo de Rivera.

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