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La desutilidad del trabajo y el subsidio de desempleo

marzo 5, 2012

Incluso para un calvinista el trabajo puede superar el umbral de la desutilidad. Trabajamos porque valoramos más lo que obtenemos a cambio del esfuerzo que el tiempo de ocio sacrificado en el empeño.

No hay nada más placentero que incrementar o mantener nuestro saldo sin mover ni un solo dedo. La forma más común para conseguir un flujo de renta suficiente como para desmotivar la búsqueda de empleo es “la paga”.

“La paga” nos la pueden dar nuestros padres en forma de retribución directa a través de una asignación pecuniaria semanal o mensual, como también mediante el techo, los gastos y alimentos que disfrutamos mientras vivimos en casa. ¿Para qué trabajar, o trabajar más tiempo, si tenemos cubiertas las necesidades básicas y alguna más por la mera pertenencia a nuestra familia?

Pero hay otra forma de paga cuyo fundamento moral es harto más discutible. Quien vive de lo que le da el Estado por haber perdido su puesto de trabajo corre el riesgo de caer en una crisis de desutilidad del trabajo. Por muy baja que sea esta paga es posible que su montante resulte suficiente para cubrir los gastos básicos que tiene que afrontar un parado. Será entonces cuando se produzca el juicio valorativo entre ocio, trabajo y los bienes que podría satisfacer con cargo a dicho esfuerzo.

En épocas depresivas, donde el entorno se regodea en su desgracia e instala en el pesimismo conformista del “está todo mal”, lo más probable es que de nuestra escalara valorativa se descarten y releguen muchos de los fines que antes habría perseguido con ahínco. Acomodados, por así decirlo, en su miserable situación, el parado que recibe una paga, tenderá en muchos casos a multiplicar su sentimiento de desutilidad del trabajo, y preferirá permanecer ocioso pero cobrando el mayor tiempo posible, salvo que le ofrezcan unas condiciones realmente ventajosas. Es decir, aumentan las expectativas salariales y con ello, las reticencias a aceptar cualquier ocupación. El subsidio de desempleo crea paro, compitiendo contra salarios relativamente inferiores en función del esfuerzo que exigen para lograrlos.

Imponer una contraprestación al beneficiario de este tipo de ayudas y subvenciones no busca tanto perseguir el fraude como incentivar a los parados para que encuentren lo antes posible una ocupación. Esto se consigue ligando el derecho a la prestación con cierto esfuerzo que haga más atractiva la posibilidad de, por un esfuerzo idéntico o algo mayor, ganar un salario relativamente superior. De otra forma, y por la razón psicológica, entre otras muchas, comentada más arriba, la tendencia será a que crezca la desutilidad del trabajo entre los parados subvencionados. Por eso conviene elegir contraprestaciones incómodas, a poder ser que evidencien la situación de quien las realiza. No hacerlo de este modo hará que la medida quede en fuegos de artificio sin ningún resultado.

 

Saludos y Libertad!

2 comentarios leave one →
  1. marzo 6, 2012 12:58 pm

    Lo que dice es cierto, pero hay que contrapesarlo muy bien con lo que supondría que hubiera gente muriendo de hambre debido a que son más inútiles (ellos o sus familiares de los que son dependientes directos) de lo que el mercado de trabajo estima en este momento (ya que se supone que los más inútiles son los que tienen más papeletas para acabar en el paro). Además es cierto que se crea menos empleo del que se podría, pero tampoco se trata de que todos estemos trabajando a toda costa, se trata de que trabajen los mejores y los más necesarios; y que estén bien retribuidos. El resto puede pasarse una temporada de “vacaciones” cuando nadie (ningún consumidor) requiere sus servicios. También hay que reconocer que estar en el paro no es una situación suficientemente agradable para casi nadie, excepto para los que son muy jóvenes y tienen una percepción del paro como “la paga” a la que usted hace referencia (no es casualidad lo de nuestro paro juvenil) y no tienen prácticamente necesidades básicas. No es agradable por la incertidumbre que genera en el futuro del parado (la “paga” nunca es para siempre), porque percibes menos dinero de lo que estabas acostumbrado a percibir, porque tu pensión se ve reducida (si no eres joven, como antes dije) y porque no sabes si alguna vez alguien volverá a verte necesario.
    Tal y como yo lo veo, lo que se debe garantizar es que, realmente, esas personas que están en el paro en ningún caso tengan más ingresos que los que no lo están, porque eso sí que sería injusto y contraproducente.
    Un saludo.

    • marzo 6, 2012 3:42 pm

      Son los menos capacitados o dotados que quieren trabajar quienes en un mercado libre reciben más posibilidades de alcanzar su empeño. Lo cierto es que hoy vivimos 46 millones de españoles gracias al trabajo de 15 millones y el capital existente. Y no vivimos nada mal, por cierto. El hecho de que haya paro involuntario se debe fundamentalmente a que no puede ajustarse lo suficiente en materia salarial, es decir, hay desempleo masivo porque el precio del trabajo no ha caído tanto como debería en muchos sectores. Quizá en alguno donde se demande trabajadores de baja cualificación. Por tanto son los parados que pertenezcan a este grupo quienes más perjuicios reciben por culpa de la regulación, y a quienes más se les desincentiva para aceptar puestos de trabajo que, por sus condiciones, están muy próximos a lo que cobran en forma de subsidio de desempleo. Resumiendo: la mayor víctima del intervencionismo es aquella a la que se dice proteger.

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