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Un paso atrás

abril 24, 2012

Políticos y economistas han trasladado a la opinión pública un debate en falso sobre las alternativas que se nos presentan en materia de reformas y políticas anti crisis.

En primer lugar, existe la tendencia a utilizar el debate monetario como seña de identidad ideológica, que demasiadas veces llega a perturbar el rigor científico de algunos economistas. No es extraño que políticos y periodistas discutan sobre la conveniencia de ser o no tan fieles a la disciplina del euro inspirada por el gobierno alemán, o por el contrario, abrazar las tesis expansivas e inflacionistas practicadas por los anglosajones de uno y otro lado del Atlántico. Esta primera discusión nos lleva a la segunda. Careciendo de las herramientas monetarias clásicas, se hace más difícil, cuando no imposible, aplicar políticas fiscales de estímulo económico. Si no se puede devaluar, y el objetivo es mantener a raya la inflación, los Estados se encuentran atados de pies y manos ante la posibilidad de incurrir en excesivo déficit público. Los mercados financieros someterán a los Estados a exigencias de riesgo y fiabilidad. No será tanto el nivel de deuda o la necesidad de financiación adicional, como la expectativa de que la economía nacional pueda ir pagando los sucesivos vencimientos. España, que no está especialmente endeudada (casi la mitad que Italia) y tiene un déficit similar al de Reino Unido, tiene serias dificultades para financiar el gasto público por encima de sus ingresos fiscales.

En esta tesitura, opinadores, políticos y economistas defensores del gasto público como único resorte para salir de la crisis económica, dirigen su ira contra la causa que impide hasta cierto punto su realización. A pesar de lo cual nuestros Estados mantienen déficits elevados, y no han contraído apenas su presupuesto en lo que llevamos de crisis. Durante los años de bonanza el Estado se sobredimensionó tanto como los sectores más afectados por la burbuja. La diferencia con aquellos, es que el Estado no ha emprendido su particular redimensionamiento, mientras que muchos de esos sectores se hallan hoy en su mínima expresión. Si en 2001, por ejemplo, España tenía sanidad y educación públicas, no deberíamos tener ningún problema para regresar a ese año presupuestariamente hablando. Sin embargo, nuestros gobernantes se resisten a retroceder, como si creyeran posible conservar siquiera una parte de lo conseguido durante la burbuja.

A pesar de lo dicho, quizá estemos ante una de esas situaciones curiosas en la historia, cuando una misma línea de acción política puede servir a intereses contrapuestos. Conscientes de que la inflación es un monstruo al que debemos combatir, y que la devaluación no es posible a nivel europeo, y mucho menos deseable gracias a una hipotética salida de la moneda única, unos y otros deberían reconsiderar sus propuestas. Los más liberales apoyarán la disciplina monetaria y fiscal al tiempo que aplauden el retroceso del Estado (que está siendo muy leve, por cierto). Los más socialistas, si desideologizaran sus razonamientos políticos y económicos, verían que la oportunidad que les brinda la disciplina fiscal y monetaria permite al mismo tiempo replantear y asegurar la viabilidad del Estado en sus tareas asistenciales básicas. No resulta tan disparatado proponer un consenso en torno a la reforma de la sanidad, la educación, la estructura administrativa del Estado, la política industrial, etc. Me temo que de todas estas reformas el Estado saldrá reforzado, como lo ha hecho en los países nórdicos, por ejemplo, donde se ha redimensionado lo público redirigiendo la presión intervencionista más en los resultados, con una redistribución de la renta mucho más ajustada, que en la producción y la iniciativa empresarial.

Puede parecer contradictorio que un liberal apunte las bases de un nuevo consenso estatista. Pero tened en cuenta que, como en cualquier otro momento histórico, si el Estado ha existido, ha sido gracias a que el libre mercado permitía y soportaba determinados niveles de coacción. Un Estado de Bienestar sostenible debe entenderse con el mercado del cual extrae recursos que redistribuir. La única alternativa razonable. La menos dañina. La más coherente en términos teóricos y políticos, es que el Estado de un paso atrás.

Saludos y Libertad!

2 comentarios leave one →
  1. Bastiat permalink
    abril 25, 2012 7:52 am

    Que los liberales sean capaces de asumir parte del Estado del bienestar es fácil… ya lo llevan haciendo desde hace mucho para cabreo y frustración de los Ancaps… Pero el conseguir que los socialistas renuncien a la labor del Estado, a esa pretendida justicia llamada social, a aumentar hasta el extremo total su tamaño en pos de garantizar la custodia de los ciudadanos desde la cuna hasta la sepultura, es mucho mas complicado.

    No hay más que ver cómo sólo ante una crisis enorme en Suecia se logró que la sociedad comprendiera que el Estado ha de tener límites, y para ello votó un partido liberal para esa tarea. En España, no hace mucho, uno de los presidentes autonómicos más nefastos que ha tenido cualquier autonomía, sólo le supera el bachiller Montilla, dijo esa famosa frase nacida de la ideología de los hermanos Myrdal. El Sr. Barreda que ha dejado la comunidad más endeudada y con mayor déficit, y con mayores trampas en los cajones de todas las comunidades autónomas de este país llamado España.

    Por tanto salvo que la ciudadanía se dé cuenta de la situación, y si no se explica con cuidado puede ser fatal, y salvo que quienes se apuntan a darle solución, y como no lo explican, ni con cuidado ni sin él porque no son un partido liberal, sino un socialdemócrata de derechas….. por tanto no creen en ello, la situación es tan grave y será tan difícil de superar que se atisban situaciones dramáticas sobre todo viendo la beligerancia que muestra el principal partido de la oposición y que se supone debería de tener mas sentido de Estado.

    No lo veo.

    No veo solución salvo que las tímidas reformas llevadas a cabo por este gobierno den rápido un fruto por encima de lo esperado por los mercados… y sobre todo, por los propios ciudadanos. Porque la percepción, ahora mismo, es de fracaso, en el plano político, en el económico, en el institucional y en el sentido mismo de la nación.

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  1. Un paso atrás « LA LIBERTAD Y LA LEY « El Blog de Gonzalo

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