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¿Qué se esconde detrás de la defensa a ultranza de la sanidad pública?

junio 20, 2012

Parece de sentido común que deba existir una cobertura sanitaria universal, que garantice asistencia y tratamiento para cualquier tipo de enfermedad a todo ciudadano que manifieste una dolencia y reclame atención. Este consenso básico resulta innegable, pero no está desprovisto de contradicciones. Todo el que puede huye de la pública, aunque esto suponga pagar dos o tres veces por lo mismo. Quienes contratan un seguro privado, también pagan impuestos y cotizaciones. Por los tres conceptos se cree cubierto en su enfermedad, si bien suele emplear uno solo de los proveedores a su disposición. Aun así, la mayoría de quienes migran hacia la sanidad privada, mantienen la clara convicción de que una sociedad avanzada debe garantizar con el dinero de todos unos mínimos asistenciales, cuando no unos máximos. Da igual que al mismo tiempo se quejen por los impuestos que pagan, o por tener precisamente que huir hacia la sanidad o la educación privadas para recabar un servicio adecuado, temprano y eficaz ante sus dolencias. Existe un factor psicológico propio de nuestro tiempo que nos lleva a mantener estas posiciones morales e ideológicas, en gran medida contradictorias. Veamos brevemente en qué consiste dicho factor.

El culto a la salud es la otra cara del miedo a la muerte y el sufrimiento. En sociedades acostumbradas a la muerte temprana y el dolor físico o la penuria, garantizar al prójimo una sanidad plena no representa un imperativo moral o religioso. Si se trata de atender a alguien frente a su sufrimiento, si acaso apaciguarlo, siempre se hará bajo un principio de resignación ante el inevitable desenlace. La muerte es en estas sociedades precarias y pobres una circunstancia presente, cotidiana, que debe ser aceptada e incorporada en la rutina y la meditación personales. Darle agua al sediento, o pan al hambriento, son los grandes mandatos civiles y religiosos. Roma construyó su estado de bienestar sobre estos pilares, además del circo. En el caso judeo cristiano la muerte se atisba con esperanza en una vida transmundana y eterna en compañía de la divinidad.

¿Qué sucede cuando la vida se alarga, el ocio se convierte en un objetivo plausible, y el hedonismo adorna nuestro discurrir por este valle de lágrimas? ¿Qué sucede cuando el Dios transcendente deja de interesarnos y demandamos la presencia de un Dios secular, práctico, que nos proporcione seguridad, riqueza, placeres y nos evite el dolor y el padecimiento físico y psicológico? ¿Qué sucede si vivimos en un sueño de mundana eternidad? La respuesta es bien sencilla: la salud se convierte en una exigencia, y el acceso a la sanidad en un derecho que debe satisfacerse a costa y sobre cualquier otro.

Lo anterior es la manifestación de un ethos miserable que confía en el poder sobrehumano del Estado. Una suerte de comunitarismo que asegure la felicidad removiendo los males de este mundo, y traiga el cielo a la tierra sin precio ni condición. Miedo a la muerte, no aceptación de la realidad de la vida, ateología que Dalmacio Negro define perfectamente en El mito del hombre nuevo, cuya lectura recomiendo.

Quienes defienden a ultranza la sanidad pública, muy por encima de las razones económicas, que denuncian su falta de eficiencia y la insostenibilidad de cualquiera de sus versiones, sea más pura, o incluso mixta, se agarran a razones éticas. Estas no dejan de ser una manifestación del grave error intelectual de nuestros días, que construye una ética sobre la coacción y la indignidad del individuo, y no sobre la integridad del mismo, la autoposesión y los derechos de propiedad. Considerar que es ético garantizar prestaciones a todos a costa de coaccionar a algunos para que sean ellos quienes las sufraguen con carácter universal, es tan forzado como aferrarse al lugar común que certifica que resultaría imposible establecer en el mercado contratos que asegurasen incluso las enfermedades más largas y costosas. Es muy diferente considerar bueno y loable preocuparse por el prójimo y asistirle en sus necesidades, a que dicha conducta se convierta en un imperativo cuya vulneración acarree determinada pena o apremio personal y patrimonial. He ahí el error ético. La moral es voluntaria y sólo puede exigirse en un plano de igualdad sin que ninguno de los agentes esté legitimado para imponerla al resto. Los principios que se dicen éticos, sin embargo, son en realidad aquellos que vertebran el propio sistema de conducta en tanto conectan con los principios fundamentales de la propiedad, la dignidad y la integridad personal.

Quienes defienden la sanidad pública a ultranza, además de adolecer del vicio religioso comentado, y de confundir lo moral con lo ético, defendiendo un sistema coactivo que traslada al Derecho lo que pertenece al orbe moral, pecan también de otros terribles males. Descontando que quien sea beneficiario neto de las prestaciones defienda su mantenimiento, por su propio bien, aquellos que en un mercado libre disfrutarían de idénticos e incluso mejores servicios, y aún así, defienden la sanidad pública, son seres terriblemente arrogantes. Creen por un lado que en ausencia de coacción, muchos, incluso pudiendo, serían tan irresponsables como para no contratar coberturas completas o suficientes que les garantizasen una asistencia adecuada. Como presumen que la mayoría de sus conciudadanos son unos necios, luchan por mantener la servidumbre de todos como precio inevitable para alcanzar el bienestar común. Además de esto, son terriblemente misántropos, puesto que desconfían de los sentimientos morales del Hombre. Aun en el caso de que en una sociedad libre alguien quedase sin asistencia por falta de capacidad económica, no habría nada más humano y previsible que la simpatía por estos desfavorecidos, que serían destinatarios de la caridad de muchísimos otros. Clínicas gratuitas, parroquias, ongs, discriminación en la oferta por parte de profesionales y empresarios. Un sinfín de mecanismos e instituciones que impedirían, gracias a actos voluntarios (morales) que hubiera personas sin atención médica. Quienes defienden a ultranza la sanidad pública además de tener miedo, de adorar ciegamente a una divinidad mundana, de abogar por una sociedad basada en la violencia y la coacción, desprecian a sus prójimos creyéndoles estúpidos y despiadados.

Poco importan las razones económicas. Nunca las querrán entender. Tampoco las morales, puesto que viven en la confusión que les produce esta nueva religión horrible en la que han caído nuestras sociedades. Los defensores de lo público mantendrán sus posiciones a pesar de razones y evidencias. No hay más.

Saludos y libertad!

19 comentarios leave one →
  1. i4everluis permalink
    junio 20, 2012 10:49 pm

    Me gustó su artículo, resume algo que he pensado, los izquierdistas son unos arrogantes que para darse aires de superioridad creen que los hombres son ruines cuando son ricos por ello incapaces de ayudar a los demás, y por otro lado, el que es pobre es un imbécil que no puede ayudarse a si mismo, por ello demandan gobernar.

  2. Rachel permalink
    junio 21, 2012 12:08 pm

    Interesante artículo, la verdad es que la mentalidad del siervo es muy difícil de cambiar, la gente tiene miedo, mucho miedo a ser libre y poder decidir, porque eso conlleva equivocarse y en esta época todos nos creemos perfectos, así que preferimos que sean otros los que elijan por nosotros: Estado, políticos, etc. Ánimo, que predicar en el desierto es tremendamente duro, igual que pensar por uno mismo, que poca gente lo hace.

  3. pravda permalink
    junio 21, 2012 12:48 pm

    Coacción, ese es el “quid” de la cuestión. Los “moralistas” actuales creen que pueden imponer coacciones por el mero hecho de que detestan la libertad de los otros a elegir y se creen con la potestad de imponer a los demás sus criterios. Son incapaces de respetar.

    Algo totalmente antihumanista, dicho sea de paso… y es que está claro que, por mucho que a muchos liberales “superficiales” les moleste, el catolicismo (que no cualquier cristianismo) y su libre albedrío son la base última del liberalismo.

    Buen artículo.

  4. junio 26, 2012 12:38 am

    Se esconde el miedo a la muerte y a que la gente suele querer estar viva.

    • Bastiat permalink
      junio 26, 2012 8:15 am

      Igualmente que detrás de la religión, sólo que ella nos promete, además de llevar una determinada forma de vida, que tras la muerte habrá otra mejor.

      ¿De dónde sacas que sólo la sanidad pública, la gestionada por funcionarios, es el único medio de tener sanidad para todos?

      ¿Qué pensarías si te dijera que en país más icónico, al menos hasta lo que te voy a contar, se han dado cuenta de las virtudes de que la sanidad sea gestionada de manera privada aun cuando el pago lo realice el Estado? Pues sí, en Suecia es ahora así, al igual que en la educación. Existe la Mutualización de la sanidad y el Cheque Escolar.

      Lo que el socialismo pretende con que esos dos servicios básicos de la sociedad, la educación y la sanidad, sean prestados por funcionarios, por gentes cuya labor profesional no sea cuestionada y quede al albur de su calidad moral como individuo, en tener una gran masa de afines viviendo pendientes de que se mantenga su forma de vida. De ahí que las grandes razones que esgrimen los profesores en las reivindicaciones contra lo que ellos laman recortes no van dirigidos a cambiar las nefasta leyes que nos han llevado a rebajar la calidad de la enseñanza basadas en conceptos pedagógicos cuanto menos cuestionables pero que se imponen a todos, sino en el hecho de que tengan que trabajar mas….

      ¿El miedo a la muerte o el mantener los privilegios?

      • junio 28, 2012 12:35 pm

        Los privilegios de seguir con vida. Como dice el amigo con el que vivo que es medico, la gente tiene la mala costumbre de preferiría estar vivo a estar muerto. Que cosas!

      • Bastiat permalink
        junio 28, 2012 2:53 pm

        David…. los privilegios de seguir con vida…. Majo estoy hablando de los privilegios de los señores funcionarios de la sanidad pública, de la educación pública.

        Nadie quiere morir salvo lo suicidas. Pero la sanidad pública no garantiza la vida eterna. Que yo sepa. Incluso, si en urgencias hay algún seguidor del doctor Montes….. la acorta.

      • junio 28, 2012 3:39 pm

        Asegura muchas prestaciones que si no mucha gente no podría pagarse, al igual que la educación publica segura que muchos alumnos, sobre tos en el campo, accedan a una educación decente allí donde la iniciativa privada nunca llegaría o seria insuficiente. Porque también tienen derecho a una educación. Esos señoritos fincuOnarios como mi compañero de piso en medicina. Yo mismo en educación nos echemos pateado muchos centros sobre todo en el campo para saber como están las cosas para que los señoritos de Madrid vengan a darnos lecciones de nada.

      • junio 28, 2012 3:42 pm

        Y no se de que privilegios hablas, porque los médicos de la publica trabajan como animales para cobrar un sueldo bastante raquítico atendiendo a sus horas de trabajo y a su extensa formación. Eso de privilegios….

  5. junio 26, 2012 9:49 am

    No sé muy bien si me encuentro ante una homilía o ante una encendida arenga. Empezamos con el introito (primer párrafo),luego entra Dios, luego sale Dios y entra el hedonismo, luego entra la muerte (no, que entró antes, pero hay un análisis del cambio de percepción de la muerte, y resulta que el NOMORALISTA YOSOYHAYEK se nos descubre como un gran moralista llamándonos al estoicismo, a aceptar la enfermedad, la calamidad, y haciendo un alegato contra la libertad, pues es indigno pensar siquiera en la vertiente práctica de garantizar salud a todos….). Sácame de dudas, yosoyhayek, que estoy muy confundida.
    En primer lugar, las razones que nos mueven individualmente a defender la sanidad pública no son condenables. Aduces que es una suerte de remanso judeocristiano, por conmisearción, o algo similar. Si me detengo a analizar el porqué de una sanidad pública encuentro múltiples razones, y moralmente no tan execrables, por cierto. He repetido hasta la saciedad que la salud no es algo que dependa de nosotros. Al menos no en cierta medida. Podemos empeorarla si nuestros hábitos de vida no son del todo adecuados, pero hasta cierto punto no depende de nosotros tener o no buena salud. Cierto es que en sociedades primitivas ese problema no se planteaba.Tampoco se había llegado a la sofisticación en las relaciones humanas de todo tipo. En este caso, parece beneficioso garantizar cobertura sanitaria a la población de un país (cubierta esta, por supuesto, con impuestos) como respuesta precisamente a esa suerte de lotería que es la salud. Coacción, tú lo llamas, pero pareces no caer en la cuenta de que se puede tener una población más sana sirviéndose de un plan público que haciéndolo con el empleo de medios privados. Esto es, no todos pueden costearse un seguro privado. Mejor dicho, no todos pueden costearse determinados seguros privados. Cuando la calidad de vida es la que se pone en juego y es el salario y no la integridad de la persona (sin atender a su sueldo) lo que te separa de un tratamiento u otro o, simplemente, de un tratamiento mejor y otro peor, creo que se puede reprobar esa suerte de versión cutre de la moral del más fuerte. Léase moral del más rico, perdón.
    Basar en la ganancia la cobertura sanitaria, en la responsabilidad individual, implica desigualar. Y es esa desigualdad productiva? Es esa desigualdad verdadera fuente de más libertad? Realmente se es más libre cuando, siéndose más pobre no se puede acceder a una cobertura óptima? No lo tengo yo tan claro.
    La sanidad pública podría, bien gestionada, no ser excesivamente costosa. Y perseguiría (qué demonios, ya lo hace) invertir en investigaciones que redundarían en beneficio de la salud general. Estás tan seguro de que la competencia satisfaría esta meta? Yo siempre pongo en tela de juicio no la capacidad de la privada para hacerlo sino su interés por hacerlo. Creo que no me equivoco. No es que sea perverso, es que busca el beneficio, y acaso el beneficio esté reñido, a veces, con la salud general. Casos así suceden, lamentablemente en el laboratorio que algunos países africanos es.
    Sinceramente, espero que los españoles salgamos a la calle en el momento en el que se den pasos demasiado temerosos hacia una privatización. Espero que (tengo el convencimiento de que la gran mayoría aboga por mantenerlo, por mejorarlo) los primeros en luchar por él sean los ciudadanos y planten cara a aquella minoría que no tiene derecho alguno a imponer su criterio frente a la voluntad del resto, por mucho que les moleste.

    • junio 26, 2012 2:52 pm

      Gracias por tu comentario. Es el apéndice necesario para mi post, una demostración de incalculable valor. Mil gracias!

      • Bastiat permalink
        junio 26, 2012 10:14 pm

        ¡¿Eihn?!

      • junio 26, 2012 10:22 pm

        Su discurso es el de una persona cuya defensa a ultranza de la sanidad pública encaja perfectamente con el perfil descrito : miedo a la muerte, culto al Estado, desprecio por el prójimo, arrogancia y prepotencia, actitud moralizante, defensa de la coacción, etc. Su comentario la define. Por eso le agradezco la intervención en la discusión.

      • Bastiat permalink
        junio 26, 2012 10:33 pm

        No….. Si ya…..

        Pero…..

        Con esta pequeña aclaración todos más contentos. ¿No?

        O al menos yo.

        Es menos…. cortante. Me parece.

  6. Bastiat permalink
    junio 26, 2012 10:35 pm

    Por cierto, algunos abogamos por el fin de la sanidad pública pero por fracaso frente a la sanidad privada mediante la mutualización… A la Sueca.

    Lo que pedimos es libertad, poder elegir. A eso ATR…. ni le interesa. La libertad para poder elegir independientemente del poder adquisitivo… no le va.

    También le define.

    • junio 28, 2012 12:37 pm

      Yo también defiendo el derecho a elegir:
      Pondría unos hospitales dotados por una cobertura publica y universal y otros con un seguro privado que cubra SOLO lo que has pagado o contratado. Ya veríamos.

      • Bastiat permalink
        junio 28, 2012 2:51 pm

        David…. Tu pagas impuestos y yo pago impuestos. ¿Por qué habría de haber coberturas diferentes al querer poder elegir quien me presa la asistencia sanitaria?

        Porque lo que se propone es que sea el Estado el que pague las facturas a través de la mutualización sanitaria como ocurre con los funcionarios de la MUFACE. Uno se apunta a un seguro médico y la cuota la paga el Estado igual para todos los ciudadanos, igual para todos los seguros médicos. Y si quieres una gestión hecha por funcionarios, es decir, ir a un medico funcionario, con una enferma funcionaria, en un hospital gestionado por funcionarios… pues me parece bien. Pero todos cobrarían según los servicios que prestaran, según los clientes que tuvieran. De esa manera, independientemente del poder adquisitivo, garantizamos el derecho a elegir puesto que todos pagamos la sanidad con nuestros impuestos.

        ¿NO?

        Otra cosa es que me digas que puedo quedar libre de contribuir con mis impuestos a la sanidad pública y que sólo tuviera la asistencia sanitaria que yo eligiera libremente… y que yo pagara o pudiera pagar.

        Vale….

        ¿Me dejas?

      • junio 28, 2012 3:41 pm

        A eso me refería. Te dejo elegir, yo prefiero pagar impuestos y gozar de la sanidad. Tu deberías tener derecho a elegir algo privado y no paga esa cuota. Pero ojo, si te quedas sin cobertura o si tienes enfermedad que no te cubre entonces game over amigo, no vale acudir a papa estado para salvarte como hace siempre el se tor privad en este pais.

      • Bastiat permalink
        junio 28, 2012 10:37 pm

        Vale… Proponlo clarito. Porque de eso se trata, de pagar por lo que uno quiere recibir. De tal manera que uno pagaría por el servicio, su calidad y no por la obligación de sustentar un sistema que no le merece la pena.

        Sin ir más lejos. Tengo cita con el otorrino. Cuando fui a pedirla, hace ya casi un mes, me dieron… para octubre. Al poco me llegó una carta diciéndome que me habían cambiado la cita…….. Para noviembre.

        Pago por que me retrasen ir al médico.

        Eso es la sanidad pública. Por eso estoy obligado a pagar. Si me dais permiso todos aquellos que creéis tanto en la pública… yo me borro. Y así no tendría que pagar dos veces por querer estar sano.

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