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Ahora, los liberales

julio 23, 2012

En 1989, si no antes, se hundió el socialismo, o lo que algunos conocen como socialismo real. Quizá está última adjetivación sea más precisa, si tomamos el término socialismo desde su definición teórica (todo sistema de agresión institucional contra el ejercicio de la acción humana o función empresarial, que diría Huerta de Soto). Pero bien, a efectos estrictamente discursivos, admitamos en que con el fin de la guerra fría desapareció también en el debate político occidental, y mundial, la dicotomía capitalismo/socialismo. En realidad lo que supuso la crisis de los Estados que practicaban el socialismo real, o su evolución hacia nuevas formas de relación entre mercado y Estado, fue el nacimiento de la hegemonía socialdemócrata. Otro totalitarismo que lograba por fin adueñarse del pensamiento dominante, deshaciéndote de los utopistas, en un proceso de asimilación de ciertas ideas e instituciones hasta entonces consideradas “liberales”. Lo que muchos llamaron el éxito del neoliberalismo, no debe entenderse como tal. Ante la perplejidad del pensamiento dominante, se optó por ocultar los cambios acaecidos en el seno de la socialdemocracia, tachando estos de asimilaciones liberaloides perfectamente separables e incluso reversibles. Nada más lejos de la verdad. La socialdemocracia, y a eso debe su éxito en la batalla de los totalitarios os, ha sabido incorporar elementos importantes en el esfuerzo continuo por alcanzar su propia pervivencia. La sensación de que se trata del sistema definitivo y sostenible que las sociedades occidentales, y ahora mundiales, aguardaban desde el comienzo de los tiempos en su incansable búsqueda y anhelo de justicia (social).
La confusión a la que dio lugar es la que en nuestros días, y con especial intensidad desde que estalló la gran crisis global que padecemos, a que surgieran pensadores, políticos y corrientes de opinión obsesionadas en separar, aislar y definir los elementos “ajenos” a la estén la socialdemócrata que, por supuesto, eran los únicos causantes de esta terrible coyuntura. Se empezó entonces a hablar de la “desregulación”, del empequeñecimiento de los Estados, su retroceso, el avance de la economía financiera al margen de los organismos de supervisión… Patrañas todas que sirvieron de nuevo a la socialdemocracia para, en un esfuerzo catártico inconfesado, retomar las riendas de la situación y aparecer con la alternativa, de nuevo, a los extremos del pasado. Nada más lejos de la realidad. Ya hemos dicho que la socialdemocracia fue alternativa mientras que el socialismo real le opuso resistencia, pero nunca lo fue a nivel interno, ni una vez caído el bloque soviético, dado que su dominio es y ha sido absoluto desde al menos el final de la segunda guerra mundial.
¿Qué papel político ha ejido entonces el liberalismo en todo este desaguisado? Fundamentalmente ninguno. No a nivel organizado, como fuerza vinculante que haya logrado reformas completas. Sí como influencia, en el mundo de las ideas, de la mejora de las instituciones socialdemócratas. El liberalismo ha contribuido a hacer más libres a las sociedades, como siempre lo ha hecho en su historia. Pero nunca ha gobernado, ni limitado realmente el poder del Estado. Sencillamente lo ha transformado, haciéndolo compatible con la libertad individual en la medida que esta se antojaba como más eficiente en términos de coordinación, creación de riqueza y progreso humano. Ha sido, por lo tanto, una herramienta más al servicio de la socialdemocracia. Y es que la socialdemocracia ha triunfado con el mismo espíritu que lo hizo Roma, e incluso el cristianismo durante determinados momentos de su desarrollo histórico. La socialdemocracia asimila ideas e instituciones que en principio podrían parecer contrarias a su fin teórico e ideal. No obstante, se convierten en instrumentos a su disposición que nunca llegan a limitar completamente su naturaleza estrictamente totalitaria. La socialdemocracia nunca ha renunciado al imperio, al dominio social, a la doma del individuo, su conducta, sus valores…
La cuestión es si esta crisis va o no a suponer un antes y un después en la breve historia de la socialdemocracia. En realidad no puedo ser plenamente optimista, pero sí estoy seguro de una cosa: si hay una alternativa económica, moral y política al sistema en que vivimos, es el liberalismo. Por fin nos encontramos en una situación donde los Estados aparecen noqueados e incapaces de enfrentarse a la vorágine que ellos mismos han creado. La socialdemocracia no plantea respuestas completas, no concede esperanza a un pueblo cada vez más pesimista y desencantado. Del socialismo, que pretende resurgir merced de la desesperación y la incomprensión de muchos, no logra revivir su atractivo de antaño. Quizá sea muy pronto incluso para los más necios e ingenuos.
La crisis de la socialdemocracia deja paso a varios mundos: una socialdemocracia agónica que arrastre consigo a toda la civilización occidental hasta su ocaso definitivo; una socialdemocracia reformista, que sorprenda como siempre lo hace haciendo propios instrumentos liberales que logren asegurarla durante, digamos, los próximos veinte años; o un panorama de sensatez y auténtica desesperación donde se vea en el liberalismo la única baza nunca utilizada, la alternativa real al sistema que tanto desagrado e indignación, por uno u otro motivo, nos provoca a todos.
Al decir esto, que el liberalismo es la única alternativa jamás aplicada en nuestra historia, algunos tendrán la tentación de sacar el siglo XIX a relucir, valiéndome de tópicos, historia y literatura ficción, propaganda marxista, propaganda reaccionaria… Cualquier tipo de argumento les complacerá para auto convencerse de que una “vuelta” a los valores del XIX, según ellos liberales, nos llevarían a un mundo de explotación y precariedad para la mayoría de la población.
Este pensamiento es la traducción de graves deficiencias teóricas e históricas en el conocimiento particular de quien lo practica. No voy a entrar en cuestiones económicas, porque creo haberlas tratado demasiadas veces y desde distintos puntos de vista. Pero sí me interesa analizar los factores moles, religioso y políticos que conducen a este error. Primero, porque no llegan a entender, estas víctimas del oscurantismo del pensamiento políticamente correcto, que la socialdemocracia es la evolución del cristianismo en su versión estrictamente colectivista. Con la diferencia de que aquel se basaba, al menos en términos filosóficos, en la voluntariedad de la entrega a la comunidad. Sin embargo, y aprovechando los instrumentos ensayados por el totalitarismo comunista y nacionalista, el estado de guerra, y otras cuestiones, la religiosidad atea de la socialdemocracia, y su parroquia universal, se sirven de la coacción, admitida en términos filosóficos morales, racionalizada y practica de manera institucional. Este fenómeno supone una auténtica novedad que blinda en van medida el pensamiento socialdemócrata. Lo bueno se enreda con lo recto, y la caridad se colectiviza en forma de solidaridad forzada. Nace la parroquia por Via de apremio y asimilación moral.
En cuanto al factor político, el siglo XIX no ninguna manera un mundo donde la libertad dominase sobre la coacción, como tampoco lo hizo el libre pensamiento sobre la unificación moral y religiosa, en los términos ya expuestos. El siglo XIX es la centuria de los Estados. Estados que crecen y comienzan a planificar sus economías con las armas de la época, privilegiando a industriales, reorganizando ciudades, estableciendo la expropiación forzosa por función social, etc. El colonialismo y el imperialismo son consecuencias de ese avance de la coacción sobre la libertad en el seno de los Estados, que no tardarán en asimilar, o quizá dejarse dominar, por el pensamiento socialista. Dulcificado, y de esta simbiosis, surgirá un tipo de socialismo que poco a poco se hará llamar socialdemócrata. El mal llamado Estado Liberal (solo un gobierno puede ser tal cosa, en oposición al gobierno tiránico), se hace social a medida que avanza una ideología, un pensamiento, y un tipo de totalitarismo que se concibe, tanto desde el convencimiento como desde el pragmatismo conservador, como el paso fundamental en la evolución de la organización política de las sociedades occidentales. Es el germen de los totalitarismo, y parte indiscutible del gran colapso o crisis que precipitó las dos guerras mundiales, cada una en su momento y con sus causas. El siglo XIX, por tanto, incubó y vio nacer al Estado mastodonte, burocratización, expansionista, social e intervencionista. Resulta absurdo atribuir a la sociedad de aquel entonces siquiera un ramalazo liberal, cuando su progresión era claramente orientada hacia la coacción. Muchos de los “liberales” de esa época fueron en realidad socialistas con piel de cordero, al estilo de Mill. Es curioso que se denomine liberales a tantos constructivistas, cundo la realidad es que los poco que hubo, quedaron muy pronto relegados al papel que seguirían cumpliendo por los restos: meros susurradores a los que recurrir en momentos puntuales de crisis. No obstante, y a pesar de lo negativo de mis palabras, debemos tener en cuenta que el Estado no lo era todo, como no lo es ahora. Las ideas y valores defendidas por el liberalismo, eran fuertes entonces como lo son hoy, incluso en personas que ni siquiera son conscientes de su importante función dentro del orden social liberal del que viven los Estados, y del que se aprovecha la socialdemocracia, como sanguijuelas hipócritas que son.
Saludos y libertad!

6 comentarios leave one →
  1. julio 23, 2012 8:37 pm

    Que asiento tiene Huerta de Soto en la RAE para hacer una definición?

    • julio 23, 2012 8:48 pm

      Anda, anda…

      • julio 23, 2012 9:02 pm

        Soy un provocador. Buen manifiesto.

      • Luis permalink
        octubre 6, 2012 5:31 am

        Si crees que para “hacer” una definición hay que estar legitimado por la RAE no eres un provocador, eres TONTO.

    • JFJ permalink
      julio 24, 2012 12:03 pm

      Te has pasado. El lenguage es citado como uno de los casos más evidentes de órdenes espontáneos. La RAE e instituciones similares no tienen más misión, o debería ser así, que registrar los usos del lenguage, en especial en los medios cultos, de forma que constituya un código que nos permita comunitarnos y entendernos sin ambigüedad.

  2. Bastiat permalink
    agosto 14, 2012 7:34 am

    E intentado en las vacaciones no pensar demasiado. Las olimpiadas me han ayudado mucho pero en cuanto hacía zapping y veía una tertulia o las noticias….. me entraba el tembleque y pasaba de largo.

    Pero con todo he llegado a una conclusión: Zapatero ha hecho un gran favor a los liberales en España.

    ….

    Si.

    Ha logrado demostrar que el estado es absolutamente ineficiente en la gestión de la sociedad y que su forma asistencial, el Estado de Bienestar, es insostenible. Y todo esto en muy poco tiempo. En unos cuantos años.

    Cierto que la semilla de la quiebra estaba ya puesta antes, con la manipulación monetaria de los bancos centrales y una regulación muy deficiente de la actividad bancaria, pero el comprobar cómo las medidas del gobierno para estimular la economía en el mas puro estilo keynesiano, aunque de aquella manera, no sólo no han servido para el fin que creían poder conseguir, reactivar la economía, si no que lo que han logrado es ahogar en tal medida la capacidad financiera del Estado que ahora es el Estado el gran problema de España, de varios países europeos y…. de los EEUU.

    El Estado Socialdemócrata no sólo ha fracasado en gestionar la economía, la sociedad, la moral, sino que es ahora mismo el gran problema de las sociedades.

    Sólo estableciendo un estado verdaderamente liberal, es decir dedicado a lo que le es propio, la seguridad, la justicia, la defensa y la administración de territorio bajo los principios de protección de la libertad, la vida y la propiedad privada para lo que surgió podrán las sociedades evolucionar, progresar y generar la riqueza suficiente para salir del estado natural del hombre que es la pobreza.

    El problema es que los liberales no estamos lo suficientemente organizados como para aprovechar que nos han dejado el toro en suerte para entrar a matar y conseguir convencer a la sociedad de lo inmoral que es tratar de vivir a costa de los demás o el imponer límites a los acuerdos voluntarios favoreciendo a unos frente a otros.

    El problema es que los liberales no somos capaces de unirnos para dar un mensaje claro, conciso, comprensible para la mayoría de los ciudadanos. El problema es que los liberales vamos de puristas o de acomodados.

    Lástima.

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